martes, 22 de marzo de 2016

Prostitución y enfermedades venéreas en Pompeya.








Pinturas eróticas 
(s. I d.C.)

Pintura mural. Lupanar. 
Yacimiento arqueológico de Pompeya 



Los yacimientos de Pompeya y Herculano son una auténtica joya arqueológica. Al quedar súbitamente sepultadas ambas ciudades por la erupción del Vesubio en el año 76 d.C. se conservaron indemnes todo tipo de objetos y edificios por lo que puede reconstruirse la vida cotidiana de los romanos que la habitaban hasta en los más pequeños detalles. Es éste el caso de uno de los lupanares o burdeles de la ciudad, que ha llegado hasta nosotros en perfectas condiciones, aportando datos sobre una actividad de la que no suele dejarse constancia escrita. 


Pinturas murales de los cubicula del lupanar de Pompeya,
con posturas sexuales explícitas
El lupanar presenta un largo pasillo con diversos cubicula o habitaciones en las que las prostitutas atendían a sus clientes. 

     Cada habitación presentaba una pintura mural con escenas de sexo que explicitaban la cópula en diversas posturas. Algunos arqueólogos creen que se trataría de una especie de catálogo de la especialidad de cada una de las meretrices. Un ejemplo gráfico de los usos sexuales de los romanos, no muy diferentes de los actuales. 


Además de las pinturas "oficiales" el lupanar presenta diversos graffitis de clientes. Muchos de ellos, como cabe esperar son procaces ("Aquí f... yo"). Otro indica su profesión  ("vendedor de ungüentos") o el precio pagado ("un denario"). Incluso hay quien escribe una cita de Virgilio en la pared. Los más frecuentes son los que apuntan su nombre, para dejar constancia de su estancia, sin duda satisfechos tras un buen servicio. 

Altorrelieve en mármol de tema erótico.
Gabinetto segreto. Museo Arqueológico de Nápoles

Sin embargo, como recuerda Mary Beard, la prostitución en Roma no se limitaba a las habitaciones del lupanar. Múltiples graffiti en letrinas o en las calles atestiguan que las prostitutución se extendía también entre camareras, taberneras, floristas, tejedoras... y tambien entre los varones, entre los que destacan los "fellatores". La felación, junto con el coito anal, eran prácticas muy despreciadas y vejatorias en Roma y generalmente para ello se recurría a la prostitución (aunque también eran los servicios más caros).

Tenemos constancia de la práctica de la felación por algunas inscripciones: "Secundus fellator rarus" (Secundus es un chupador especial), "Et quiscripit fellat" (quien lo escribe la chupa). También en algunos versos de Cayo Valerio Catulo (ca 84 AC - ca 54 AC) podemos encontrar alusiones a esta práctica sexual:

Pedicabo ego vos et irrumabo, 
Aureli pathice et cinaede Furi, 
qui me ex versiculis meis putastis, 
quod sunt molliculi, parum pudicum.

_____ 
Os daré por culo y me la vais a chupar 
Aurelio comevergas y Furio julandrónque, 
por mis versitos, como son lascivos 
me habéis considerado un desvergonzado    (Catulo, Carmina XVI)


La constatación de la prostitución en la antigua Roma nos plantea la cuestión de la posible transmisión sexual de infecciones. ¿Existían las enfermedades venéreas? ¿constituían un problema social? ¿se realizaba alguna prevención? 

Ciertamente en el mundo grecorromano eran abundantes las alusiones a las ETS. Heródoto refiere que los escitas, por haber saqueado el templo de Venus, fueron castigados por la diosa con el "mal de mujeres", cosa por otra parte nada sobrenatural, ya que en los templos de Venus las sacerdotisas practicaban la prostitución sagrada. Estrabón , por ejemplo refiere que en el de Corinto había más de mil meretrices y también médicos especialistas en tratar "enfermedades ocultas". 

Por pudor, las mujeres dudaban de consultar al médico por este tipo de afecciones, por lo que recurrían a personas de su mismo sexo. En la tragedia de Eurípides, la nodriza de Fedra le dice a su señora: 
"Si sufres de un mal que no debe mencionarse, aquí hay mujeres para ayudarte a calmarlo; si es un accidente que se puede revelar a los hombres, habla, para que tu caso se notifique a los médicos"

En los escritos de Galeno se confunde el pus blenorrágico con el semen. Precisamente esta confusión hace que Galeno acuñara el confuso término de γονόρροια  gonorrea (que etimológicamente deriva de γονή semen y ῥοία manar), nombre que contribuyó a perpetuar el error hasta los escritos de Areteo de Capadocia. 

Pintura erótica procedente de Pompeya. Museo Archeologico, Nápoles.









En la obra enciclopédica de A. C. Celso (s. I d.C.) se refieren diversas ETS genitales, orales y anales. Destacan entre ellas la balanopostitis, descrita con todo detalle, la phtiriasis, a la que también alude su coetáneo C. Plinius Secundus, y los condilomas, también mencionados por Scribonius Largus. A los condilomas, a los que los romanos llamaban ficus, ya dedicamos otra entrada de nuestro blog. 

De lo que no hay una referencia clara es de la sífilis, lo que constituye un argumento esgrimido por los defensores del origen americano de esta enfermedad.  


Bibliografía

Celso AC. Los ocho libros de Medicina (2 vol.)  Ed. Iberia. Barcelona 1966. 

Flacelière R. La vie quotidienne en Grèce au siècle de Péricles. Ed. Hachette, Paris 1959.

Graciansky P. Les maladies vénériennes. PUF. Paris, 1971.

Sierra X. Historia de las ETS. En: Vilata JJ. Enfermedades de transmisión sexual. JR Prous ed. Barcelona 1993.














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