miércoles, 8 de febrero de 2017

La mano del esposo






Sarcófago de los esposos
(520 a.C.)

Terracota pintada. 1900 x 1140 cm
Museo Nazionale Etrusco (Villa Giulia). Roma.   




Los etruscos constituyeron una antigua civilización en la parte central de la península Itálica, antecesora de la civilización romana. Nos dejaron múltiples obras de arte que testimonian una cultura alegre, amante de los placeres y con una gran energía vital. 

Los etruscos icineraban a sus muertos. Pero solían conservar sus cenizas en urnas o en túmulos funerarios antropoides. En estos últimos se representan a los difuntos tendidos en triclinios, ataviados de fiesta y disfrutando de un banquete eterno. Frecuentemente las figuras de los esposos aparecen juntas, sonrientes, abrazándose tiernamente, y nos transmiten una gran sensación de paz, felicidad y serenidad.

Uno de los ejemplos más característicos es el Sarcófago de los esposos, hallado en Monte Albano, en el curso de las excavaciones de Cerveteri en el s. XIX. Se trata de una urna en forma de triclinio (kliné) de terracota pintada. En la tapa del sepulcro hay las figuras de una pareja, con una clara influencia jonia. 

Vista general del Sarcófago de los esposos


La mujer, con los ojos almendrados, trenzas, sonríe dulcemente. La expresión feliz de su rostro contrasta con el hieratismo general del cuerpo, mucho más rígido, al que el artista no ha concedido la misma importancia. La risueña esposa está con una mano vertiendo el contenido de un ungüentario (alabastron) sobre la otra. Sin duda, se está perfumando. El contenido simbólico del perfume es muy alto: el aroma persiste sin ser visto, como las almas de los difuntos que persisten en el recuerdo, sin que los podamos volver a ver. Pero aparte del manifiesto simbolismo, este gesto también nos aporta un claro testimonio sobre los usos cosméticos de esta sociedad, que sin duda, se perfumaba habitualmente durante los banquetes.  

La señora está ricamente vestida: lleva un largo chitón, el habitual gorro etrusco (tutulus) y zapatos de punta (calcei repandi). Luce también ricas joyas: pendientes de disco, collar y brazaletes. Sin duda se ha engalanado para entrar en la otra vida vestida de fiesta.

El esposo, tiende su brazo tras ella plácidamente, como si la fuera a abrazar o a acariciar. Lleva barba recortada y largos cabellos también trenzados, el torso desnudo y extiende su mano como solicitando a su mujer que vierta sobre ella el preciado perfume. 

Me sorprendió extraordinariamente la palma de la mano del esposo que, expectante, muestra con todo detalle los surcos cutáneos de esta parte del cuerpo. El interés de los etruscos en representar los detalles de la mano no es baladí. Solían realizar predicciones y vaticinios sobre el futuro. Aunque estas previsiones solían basarse en el vuelo de las aves o en el examen de sus entrañas, no es descartable que también se fijaran en la palma de la mano. 

Como dermatólogo, no pude dejar de recordar que la hiperlinearidad palmar, es decir la exageración de los surcos de la mano, se puede ver también en algunos caso de dermatitis atópica. De hecho, es un criterio secundario para el diagnóstico. Con eso no quiero decir que el esposo del sarcófago de Monte Albano tuviera una atopia, ni mucho menos. Simplemente que a veces, aún cuando voy a un museo, me asaltan estos recuerdos clínicos. Cosas del subconsciente.  




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