domingo, 3 de enero de 2016

El fumador de pipa.





Jan Baptiste de Wael "el Joven"

Fumador de pipa 
contando monedas
(1658-1669)

Aguafuerte. 89 x 13,2 cm 
Biblioteca Nacional. Madrid.



Este grabado flamenco del s. XVII, (cuya fotografía debo agradecer a la dermatóloga Paola Pasquali) refleja una escena popular, un género que gozó de gran difusión en los Países Bajos en esta época.  El personaje que se representa, con rasgos algo caricaturizados, probablemente con una cierta intención jocosa, está contando monedas y su cara refleja una cierta satisfacción. 

Lo que llama más la atención del protagonista es la pipa que lleva colgada en el sombrero. Es sin duda, un fumador empedernido, que lleva su pipa siempre preparada y que ha hallado este cómodo lugar para su transporte. 

La costumbre de fumar se había introducido con bastante éxito en Europa a partir del s. XVI. Las hojas de tabaco se mascaban, se aspiraban (rapé) e incluso se aplicaban en enemas. Pero sobre todo se fumaban, y lo más habitual era fumarlas en pipa. El tabaco (Nicotiana tabacum) había sido introducido en España en 1559 y un año más tarde llegó a Francia de la mano del diplomático Jean Nicot, a la sazón embajador de Francia en Lisboa, que envió unas muestras a la reina madre Catalina de Médicis por su supuesta acción medicinal (a Nicot se debe el nombre el nombre genérico de la planta Nicotiana y el de nicotina para designar a su principal alcaloide). 

Se suscitó entonces un gran interés por esta planta. Entre 1571 y 1578 el botánico español Francisco Hernández de Boncalo realizó una expedición a Nueva España para estudiar las nuevas plantas y le dedicó interesantes descripciones. En 1585 fue llevado a Inglaterra por Sir Francis Drake, y el navegante Walter Raleigh introdujo en 

 a corte isabelina la costumbre de fumar en pipa en donde pronto se consideró como un signo de elegancia y distinción. Tras la muerte de la reina Isabel (1603) le sucedió en el trono Jaime I, que odiaba la constumbre de fumar. Además el nuevo rey emprendió una política de persecuciones religiosas, por lo que muchos ingleses se refugiaron en  Holanda y Francia, llevando consigo sus pipas y las técnicas para su fabricación. Por eso, durante la Guerra de los Treinta años (1618-1648), las pipas holandesas adquirieron un verdadero auge. 



En el fumador que nos ocupa se ve una lesión en ábito inveterado de fumar. el borde del labio. Su interpretación clínica es difícil, debido a la escasez de detalles que podemos distinguir. Podría tratarse de una simple boquera, ya que está situada justamente en la comisura bucal. La costumbre de llevar la pipa en esta zona puede provocar acúmulos de saliva y la consiguiente proliferación de hongos del género Candida. Sin embargo, la lesión parece algo más engrosada, con un cierto aspecto indurado y bordes algo anfractuosos. El roce repetido puede inducir la aparición de una liquenificación.  O incluso - teniendo en cuenta el poder irritativo y cancerígeno de la nicotina - la presencia de un carcinoma espinoso, tan frecuente en personas con el hábito inveterado de fumar. 
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