lunes, 28 de diciembre de 2015

Blanquear la ropa con orina: Pecunia non olet



 
En las fullonicae (lavanderías), la ropa sucia era depositada en grandes tinas, con una mezcla de agua orina y arcilla. Los esclavos (algunos de ellos niños, como puede verse) chapoteaban la ropa y la mezcla detergente durante horas. 



 Fullonica de Stephanus
(s. I d.C)

Pompeya



En una entrada anterior nos referíamos a como se organizaban las letrinas públicas en el Imperio Romano y aludíamos a la reutilización industrial de la orina. 

En efecto, la orina era reaprovechada por las fullonicae (lavanderías), por su alto contenido en amoníaco, de efecto blanqueador, desengrasante y fijador del color. Estas industrias compraban la orina, que se recogía aparte en las letrinas públicas y también en algunas grandes mansiones. En ausencia de detergentes y lejías para blanquear la ropa se recurría a las cenizas y la orina para tratar las nobles togas de lana, que tan habituales eran (recordemos que Augusto se refería a Roma como el pueblo de los ciudadanos togados). 

La ropa sucia se introducía en grandes tinas junto con agua, orina y a veces cenizas. Los trabajadores (jóvenes esclavos del dueño de la industria) se introducían dentro de las tinas y pisaban la ropa, agitando la mezcla durante bastante tiempo (algo parecido a lo que hacen hoy las modernas lavadoras). la ropa tratada así era luego secada al sol y alcanzaba un grado de blanqueo aceptable. Otro uso industrial de la orina era el curtido del cuero. 




Busto del emperador Vespasiano
(British Museum)
Busto del emperador Tito
(British Museum)






















Según refiere el historiador Suetonio, cuando el emperador Vespasiano (69-79 d.C) intentó gravar el comercio de orina  con un impuesto especial (por el uso industrial que se hacía de ella) su hijo, Tito (que después sucedería a su padre en el trono) le recriminó sacar dinero de algo tan vil como el comercio de orina. Vespasiano, entonces, cogió un puñado de monedas recaudadas con el nuevo impuesto y se lo acercó a la nariz: 

- ¿Te molesta su olor? (Scitans num odore offenderetur) le dijo, sarcástico, Vespasiano.

- No, contestó Tito, azarado. 

- Y sin embargo, procede de la orina (Atqui est Lotio est). El dinero no huele (Pecunia non olet), concluyó el emperador.

Hoy la última frase de VespasianoPecunia non olet, se sigue citando cínicamente para subrayar que el dinero es dinero, independientemente de donde se obtenga. Y todavía hoy, en algunos países, como Francia, Italia y Rumania, a los retretes públicos se les denomina, expresivamente vespasianos, en recuerdo de este poco escrupuloso emperador de la dinastía flavia. 



La ropa se tendía al sol tras lavarla  para completar el proceso de blanqueado.
Fullonica de Stephanus (Pompeya)







Tabernae fullonica o tintorería:




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