dimarts, 27 de març de 2018

Aspectos médicos de la muerte de Cristo (II): La corona de espinas







Anton van Dycck

La coronación de espinas
(1620)


Óleo sobre lienzo  223 × 196 cm
Museo del Prado. Madrid




En entradas anteriores iniciamos algunas apreciaciones médicas sobre las torturas sufridas por Cristo antes de su muerte en la cruz (sudar sangre, flagelación...) Hoy comentaremos lo que llegaría a ser uno de los principales atributos de su Pasión y Muerte: la corona de espinas. 


Lucas Cranach el Viejo: Cristo coronado de espinas    
Un estudio publicado en abril de 1991 en el Journal of the Royal College of Physicians of London, destaca que después de la flagelación, Jesús de Nazaret fue llevado al Pretorio y entregado como «juguete a las tropas», una costumbre que solía permitirse una vez al año. 

Jesús era visto con desprecio y mofa por las fuerzas de ocupación romanas, que lo veían como un líder provinciano que intentaba llamar a la rebelión a los judíos proclamándose rey, enfrentándose al poder del César Tiberio y capitaneando la independencia de Palestina. Jesús, recién flagelado y medio desmayado por la importante pérdida de sangre fue llevado a una estancia apartada y dejado en manos de la soldadesca. 


      Aelbrecht Bouts: Ecce Homo. Óleo sobre tabla 
Como suele suceder en estos casos, poco se sabe a ciencia cierta de lo que pasó entre aquellas paredes. Según el relato evangélico, los soldados, entre insultos e injurias, quisieron burlarse de él como presunto culpable de rebelión y sedición, al proclamarse "rey de los judíos". Intentaron un escarnio, disfrazándole como un rey de pacotilla. Para remedar la púrpura imperial, le pusieron una capa de soldado sobre sus hombros aún ensangrentados y le colocaron una caña en la mano, a modo de cetro. Faltaba ponerle una corona para completar su burla. No tenían ningún laurel a mano y decidieron una burda imitación con una mata de espinas. Así lo coronaron, en medio de carcajadas, llamándole "Rey de los Judíos". Un rey imaginario, de un reino inexistente y anexionado por la fuerza al Imperio Romano. 


Marteen van Heemskerck: Cristo siendo coronado con espinas (1555)


El espino que usaron los soldados fue probablemente el que se conoce como "corona de espinas de Cristo" (Euphorbia milii), una planta oriunda de Madagascar pero que ya estaba naturalizada en Palestina en aquel tiempo. Las ramas de este pequeño arbusto son flexibles y están cubiertas con espinas muy largasLos soldados lo trenzaron someramente en forma de corona, y se lo incrustaron en el cuero cabelludo. Las agudas espinas ocasionaron otra vez un sangrado abundante (hay que recordar que el cuero cabelludo es una de las áreas más vascularizadas del cuerpo). 

La corona, probablemente no tenía la forma clásica de aro que estamos acostumbrados a ver representada. Tenía más bien una forma de gorro o casquete. Un fresco existente en las catacumbas de Pretexto, de mediados del siglo II, representa la corona en esta forma. 


Van Baburen: Coronación de espinas

Después de las burlas, golpes e insultos, los soldados lo llevaron al Pretorio, ante el gobernador Poncio Pilatos, que al verlo así quiso mostrarlo a la multitud congregada en la calle. Fue entonces cuando pronunció aquella famosa frase: Ecce Homo (= Aquí tenéis al Hombre). Ni viéndolo en tan lamentable estado se conmovió la multitud, que siguió reclamando la pena de muerte. Pilatos, disgustado ante lo que consideraba una condena a muerte sin fundamento jurídico optó por lavarse las manos en público, como símbolo de que no quería hacerse responsable de tal sentencia, ya que no consideraba probadas las acusaciones que se le hacían.  

En general, los condenados a ser crucificados eran obligados a cargar con su propia cruz hasta el lugar de la ejecución, fuera del recinto amurallado de la ciudad.  En el caso de Jerusalén, las ejecuciones tenían lugar en el Gólgota, una colina situada a unos 600-700 m de la muralla de Jerusalén. De hecho, los romanos conocían al lugar como Calvario o monte de las calaveras, un apelativo que deja clara su función de patíbulo. Así fue como Jesús tomó su cruz para encaminarse al lugar donde iba a morir. Pero antes, le arrancaron la capa, que se había ya adherido a los coágulos de sangre y al suero de las heridas. Desprenderle la capa le causó grandes dolores, casi como si lo hubieran flagelado otra vez. Las heridas sangraron copiosamente de nuevo. 


Interior de la Sainte Chapelle, París.

En la iconografía artística, la corona de espinas aparece alguna vez ya durante el s. IX, aunque toma auténtico impulso a partir del s. XIII, momento en el que sustituye a la corona real con la que se representaban los llamados "Cristos en Majestad" románicos. Tal vez en esta popularización de la corona de espinas influyó la adquisición de la supuesta reliquia de la corona de espinas de Cristo por el rey Luis IX de Francia (San Luis). El rey, orgulloso de su compra, mandó construir una iglesia-relicario, la Sainte-Chapelle de París, un precioso ejemplo de arquitectura gótica. Curiosamente, el monarca pagó mucho más dinero por la pretendida reliquia que por el magnífico templo dedicado a albergarla. Algo que choca bastante con la mentalidad del s.XXI. 

Sea como fuere, la corona de espinas pasó a ser un icono obligado en las representaciones de Cristo crucificado y a partir de entonces es casi imposible encontrar un crucifijo desprovisto de este atributo. 


Bibliografía 


Bucklin R: The legal and medical aspects of the trial and death of Christ. Sci Law 1970; 10:14-26

Edwards WD, Gabel WJ, Hosmer FE. On the Physical Death of Jesus Christ JAMA 1986; 255:1455-1463 
http://www.godandscience.org/apologetics/deathjesus.pdf


Publica un comentari a l'entrada