dilluns, 26 de març de 2018

Aspectos médicos de la muerte de Cristo (I): La flagelación






Gregorio Fernández

Cristo flagelado
(1615)

Talla de madera policromada 168 cm de alto
Iglesia penitencial de la Vera Cruz. Valladolid




El relato del prendimiento, procesamiento y condena a muerte de Jesucristo -conocida habitualmente como Pasión- se basa en el relato que de estos hechos dejaron los evangelios, una narración más dirigida a suscitar la piedad y la reflexión religiosa que a plasmar con rigor unos sucesos. Pero cotejando la información evangélica con otros datos históricos de otros ajusticiamientos coetáneos, podemos entresacar una información médica de los sufrimientos a los que fue sometido Jesús antes de morir. Ante todo hay que insistir en que ésta no es una visión confesional ni religiosa, sino simplemente unos comentarios fisiológicos en los que se examina la figura humana de Jesús. 

El relato de la Pasión comienza poco antes de la detención de Cristo en el huerto de Getsemaní, en el monte de los Olivos. Según el evangelio, Jesús, profundamente angustiado ante lo que se le avecinaba, sufrió un episodio de hematidrosis (sudó sangre) fenómeno excepcional que puede acontecer en casos de angustia extrema, como ya hemos comentado en otra entrada de este blog


Caravaggio: Cristo atado a la columna.
Museo de Nápoles.
 
Tras su prendimiento y su atribulado juicio (en el que se sucedieron los interrogatorios ya que se tuvieron que solucionar adecuadamente los conflictos entre diversas competencias jurídicas), Cristo aparece finalmente ante Poncio Pilato, el prefecto romano que gobernaba la Palestina ocupada. A Jesús se le imputan cargos de sedición y rebelión, basándose en que se proclamaba Rey de los Judíos. Frente a la presión de la turba, Pilato que no ve muy fundamentadas las acusaciones, ordena que sea flagelado. 

No tenemos una opinión unánime de si la práctica de la flagelación era un preámbulo habitual de la crucifixión. La mayoría de los escritores romanos de este tiempo no las asocian, pero algunos estudiosos del tema opinan que consistiría en una práctica previa a la pena capital, para debilitar a los condenados. Aún así otros creen que Pilato originalmente ordenó, como castigo único, que Jesús fuera flagelado. Los preparativos para la flagelación se llevaron a cabo. Al preso se le despojó de sus ropas, y le ataron las manos sobre la cabeza. Es dudoso que los romanos intentaran seguir las leyes judías con respecto a la flagelación. Los judíos tenían una ley antigua que prohibía más de cuarenta azotes. Los fariseos, que siempre fueron estrictos en asuntos de ley, insistieron en que solamente le dieran treinta y nueve. (En caso de perder uno en el conteo, estaban seguros de permanecer dentro de lo legal). 




Gregorio Fernández: Ecce Homo (1612-1615). 
Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid
(Abajo: detalle de la espalda)


El látigo usado en el castigo era llamado "flagrum" o "flagelum" en la mano (de donde deriva el nombre del castigo). Era un látigo corto que consistía en muchas correas pesadas de cuero, con dos bolas pequeñas de plomo, piedras ó huesos, en las puntas de cada una. El látigo pesado se lanzaba con fuerza una y otra vez sobre los hombros, espalda y piernas del condenado. En general la flagelación era practicada por dos soldados (lictors) que descargaban alternativamente sus flagelos sobre la espalda, hombros, nalgas y flancos del preso.

El resultado era que se producían heridas de relativa profundidad en la piel de las zonas golpeadas. En los primeros golpes, las pesadas correas cortaban simplemente la piel. Después, mientras los golpes continuaban, las heridas eran cada vez más profundas, llegando hasta  el tejido subcutáneo, produciendo un flujo de sangre de los vasos capilares y venas de la piel. Al final, la profundidad del traumatismo era mayor y llegaba a provocar una hemorragia de sangre arterial de los vasos de los músculos. 


Fco Salzillo. La flagelación (1777). Talla de madera policromada. Museo Salzillo. Murcia 

La adrenalina es una hormona de la glándula suprarrenal que se libera en gran cantidad en estas situaciones (estrés y dolor). Actúa produciendo por una parte una gran sudoración (hiperhidrosis) y por otra una vasoconstricción de la piel y del tejido celular subcutáneo a costa de aumentar el volumen hemático muscular. Por esta razón, al llegar el flagelo a la zona muscular se produce una gran hemorragia. Las bolas pequeñas de plomo, produjeron primero moratones grandes y profundos que se abrieron con los golpes sucesivos. El flagelo desprendía largas tiras de piel, tejido subcutáneo e incluso tejido muscular con la consiguiente hemorragia, hasta que el área entera fue una masa irreconocible de tejido sangrante y desgarrado, donde podían verse músculos e incluso costillas. Las esculturas de Gregorio Fernández que adjuntamos dan una visión bastante realista de lo que debía ser el aspecto de un cuerpo humano tras la flagelación. 

La gran pérdida de sangre ponía al flagelado al borde del shock hipovolémico. Dependiendo de la mayor o menor hemorragia, la posterior muerte en la cruz sería más o menos rápidaDurante esta tortura, era previsible que los condenados perdieran el conocimiento a causa del dolor y de la pérdida de sangre. La flagelación debía detenerse antes de que el condenado muriera por shock hipovolémico o por punción de un pulmón, lo que produciría el colapso del mismo. Según el relato evangélico, a Jesús, medio desmayado, lo desataron y se desplomó sobre el pavimento de piedra, empapado en su propia sangre. 

Velázquez. Cristo después de la flagelación y el alma cristiana. National Gallery

Suponiendo que Jesús fuera de corpulencia y peso medio (70 kg y 1,75 m de estatura), su volumen de sangre circulante debía de ser aproximadamente 4,5-5,5 litros. Tras la flagelación habría perdido de 10-12 % del total hemático, sin tener en cuenta otras pérdidas menores y a los efectos fisiológicos del estrés y el ayuno y por la falta de sueño. Por lo tanto podríamos considerar que en este momento se encontraría en la clase I del shock hipovolémico.  

En otras entradas nos referiremos a otros sufrimientos padecidos por Jesús de Nazaret, como la corona de espinas o la crucifixión, que culminaron con su muerte

Bibliografía


Bucklin R: The legal and medical aspects of the trial and death of Christ. Sci Law 1970; 10:14-26

Edwards WD, Gabel WJ, Hosmer FE. On the Physical Death of Jesus Christ. JAMA, 1986, 255: 1455-1463 

Hengel M: Crucifixion in the Ancient World and the Folly of the Message of the Cross, Bowden J (trans). Philadelphia, Fortress Press, 1977, pp 22-45, 86-90

Tenney SM: On death by crucifixion. Am Heart J 1964; 68:286-287 


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