lunes, 19 de junio de 2017

La historia de la penicilina (II): Experimentando la droga mágica






Henry Marvell Carr

Howard Walter Florey, 
barón de Florey
(1956)

Óleo sobre lienzo
The Queen's College. Universidad de Oxford.




Los hombres que llegarían un día a compartir el Premio Nobel de Medicina con Alexander Fleming se llamaban Ernst Boris Chain (1906-1979) y Howard Walter Florey (1898-1968) y a ellos se les debe la mayor parte de la investigación que fue necesaria para disponer de este preciado medicamento.

Chain, ucraniano de origen judío se vio forzado a emigrar huyendo de la persecución nazi, trasladándose a Inglaterra en 1933, donde trabajaba como químico en la famosa Escuela de Patología "Sir William Dunn" de Oxford. Era un excelente bioquímico de extraordinaria inventiva. 

Florey había nacido en Adelaida, Australia. Era médico y había estado en España estudiando con Ramón y Cajal y De Castro. Se interesaba por los problemas de la circulación capilar y los linfocitos, pero cambió su trayectoria profesional cuando conoció a Chain. 

John Dowie. Monumento a Howard W. Florey. North Terrace, Adelaida (1966)

Junto a ellos un puñado de grandes colaboradores (Heatley, Abraham, Robinson, Fletcher, Jennings, Gardner, Orr-Ewing, Sanders y Miss Florey) formaban el "grupo de Oxford", y a los que se debe la investigación de la penicilina. 

La gran batalla comenzó en 1938 Suele decirse que la Guerra Mundial fue la causa fundamental del esfuerzo de Florey y Chain, pero no es totalmente cierto. Las investigaciones habían comenzado mucho antes y ya estaban bastante avanzadas en septiembre de 1939, cuando las tropas alemanas invadieron Polonia. En 1944 el propio Florey lo aclaró durante una conferencia pronunciada en Londres: 
"El comienzo de los trabajos acerca de la penicilina no tuvo relación alguna con la guerra, sino que fueron iniciados antes de ésta, con un criterio de investigación puramente científico" 

Unos años antes, en 1930, Harold Raistrick, una autoridad mundial en bioquímica, había leído los trabajos preliminares de Fleming. Pero sospechaba que Fleming se equivocaba al identificar el hongo como Penicillum rubrum. Raistrick solicitó la opinión del micólogo Charles Thom quien había concluído que se trataba de Penicillum notatum. Raistrick se puso a trabajar con él y consiguió aislar una sustancia activa a la que le dió el nombre de penicilina. Hay que decir que no tenía una gran actividad, pero la sustancia había sido aislada. 

Ernst Boris Chain en su laboratorio
Florey y Chain, en Oxford, retomaron los trabajos de Raistrik. 

Efectuaron varias experiencias y consiguieron obtener una penicilina de gran actividad, aunque sumamente débil comparada con la que se usó unas décadas más tarde. 

La investigación pasó entonces a otra fase: comprobar que era una sustancia inocua para las células y tejidos del cuerpo. Sir Peter Madawar, del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford, la experimentó en embrión de pollo "in vitro" y pudo comprobar que la sustancia se podía usar sin riesgo. 

Se llegó así a la fase más importante. La de experimentar con ratones vivos. El primer ensayo se hizo el 25 de mayo de 1940 y tuvo un testigo excepcional: el médico catalán Josep Trueta. Ocho ratones fueron inoculados con estreptococos hemolíticos y a cuatro de ellos se les inyectó penicilina subcutánea. Los ratones tratados se curaron con gran rapidez. El 24 de agosto se publicaba en The Lancet el artículo que daba la gran noticia: se había obtenido el primer antibiótico. 








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