jueves, 18 de mayo de 2017

De la tabaquera anatómica al rapé







Georges Croegaert
(1848-1923) 

Un pellizco de rapé


Óleo sobre lienzo 45.7 x 37.5 cm.
Colección privada



Una traumatóloga y fiel lectora del blog, Eugènia Miranda, me ha solicitado recientemente que dedique una entrada a la tabaquera anatómica. Realmente es un tema poco tratado y sobre el que casi nadie comenta gran cosa .

Lo primero que tenemos que aclarar es su nombre. Se conoce como tabaquera anatómica un hueco triangular que se forma en la región radial dorsal de la mano al nivel de los huesos del carpo (específicamente entre el escafoides y el trapecio). Aunque en la nómina anatómica internacional figura como foveola radialis, es más conocido por el nombre de tabaquera, debido a su uso para depositar ahí el rapé o tabaco molido y esnifarlo posteriormente. En la actualidad, algunos adictos usan este hueco para esnifar cocaína, aunque sigue siendo más frecuente el método de aspirar la "raya" con un canutillo. 

Los límites de la tabaquera están formados por: 
  • El borde posterior se encuentra el músculo extensor radial corto del carpo.
  • El borde anterior (más cercano al borde de la mano) está formado por un par de tendones paralelos del radial posterior y el abductor largo del pulgar. En consecuencia, la tabaquera es más visible, con una concavidad más pronunciada, durante la extensión.
  • El borde proximal está formada por la apófisis estiloide del radio.
  • La base varía dependiendo de la posición de la muñeca, pero pueden ser palpados el hueso trapecio  y, principalmente, el escafoides.

La cavidad de la tabaquera se obtiene, sobre todo, al extender el pulgar, con lo que se produce un hueco entre el extensor largo del pulgar medialmente y los tendones del extensor corto del pulgar y el abductor largo del pulgar lateralmente. El suelo de la tabaquera queda conformado por el primer y segundo radial externo. 

La importancia médica de la tabaquera deriva de que por ahí pasa la arteria radial y de lo frecuentes que son las fracturas de escafoides al caer con la mano extendida. Esto produce un ablandamiento de la zona de la tabaquera que permite el diagnóstico. 


Cajitas de rapé,
primorosamente decoradas.
Algunas se aprovechaban
como portarretratos 



Que se haya dado el nombre de tabaquera anatómica a una parte de nuestra anatomía ya nos indica que el uso del tabaco en polvo absorbido por vía nasal fue muy extendido. Hoy en día esta práctica ha caído en desuso, en general, aunque todavía es practicada de forma minoritaria. 


Cucharilla para tomar rapé
El nombre de rapé viene del francés y se explica fácilmente: tabac rapé, tabaco rallado. El polvo de tabaco se obtiene a partir de las hojas secas y prensadas que eran llamadas por su forma carotte (zanahoria). El tabaco así pulverizado era guardado en unas cajitas (algunas de ellas, auténticas obras de arte) y tomado en pequeñas porciones para depositarlas en la tabaquera anatómica y luego aspirarlas con fruición. Los más sofisticados recurrían a unas cucharillas para tomar la ración exacta, pero algunos, menos ceremoniosos, se introducían el polvo directamente en las fosas nasales.


Tomando rapé (s. XIX)

El uso del rapé data de los primeros tiempos del Descubrimiento de América. El fraile Ramon Pané, que acompañó a Colon en su segundo viaje a las Américas, en 1493, observó que los indígenas de la actual Haití absorbían tabaco por medio de un tubo. Lo mismo vieron los portugueses en los indígenas del Brasil, que «utilizaban una mano de almirez de rosa y un mortero para moler el polvo», según cuenta Dunhill en el libro El noble arte de fumar.

Los españoles importaron esta costumbre y la introdujeron en Holanda. También los portugueses la llevaron a Inglaterra, donde se popularizó mucho tras la Gran Peste de Londres (1665-1666), ya que se le atribuían propiedades antisépticas. 

En 1561, el embajador francés en Lisboa, Jean Nicot (que por cierto, dió nombre a la nicotina), envió a Catalina de Médicis (reina madre de Francia, con Francisco II, Carlos IX y Enrique III) algo de rapé para combatir las migrañas de su hijo. No tardó la reina a volverse adicta y en propagar su uso. 


Tomadores de rapé


La nueva costumbre fue pronto denostada. El papa Urbano VIII promulgó una bula (Cum Ecclesiae, 1642) en la que se excomulgaba latae sententia a quien tomara tabaco dentro de las Iglesias de Sevilla, ya que en esta ciudad, tanto clérigos como laicos 


"mientras realizan sus servicios en el coro o en el altar, o mientras asisten a la Santa Misa o a los divinos oficios, con gran irreverencia toman tabaco y con sus fétidos excrementos mancillan el altar y los lugares santos de las iglesias de la diócesis"

Algunos años más tarde, Inocencio X extendió la prohibición a algunas iglesias de Roma (S. Pedro del Vaticano y S. Juan de Letrán). Finalmente Benedicto XIII (gran consumidor de rapé) revocó la prohibición


El uso del rapé se generalizó sobre todo entre aristócratas
Pero a pesar de todo el uso del rapé se extendió y poco a poco se hizo indiscutible aliado de la aristocracia. Probablemente, su uso adquirió fama de elegante por el ritual que lo acompañaba: las preciosas cajitas, las cucharillas, el rallador, el alfiler para limpiar el rallador... El rapé quedó como patrimonio de las clases altas, mientras que el uso del tabaco de humo quedaba como una costumbre popular. Es larga la lista de los aspiradores de rapé, entre los que encontramos a Luis XIII; Carlos II de Inglaterra; Federico el Grande; Guillermo III , Jorge III y su esposa la reina Charlotte (que consumía tanto rapé que la llamaban Stuffy Charlotte); Marie Antoinette y tantos otros aristócratas. Y también intelectuales como Kant. Finalmente también se aficionaron a su uso eclesiásticos y diversos papas, como Pío X o Pío IX que según dicen se tenía que cambiar su sotana blanca varias veces al día ya que quedaba manchada de rapé. 

Se cuenta de Benedicto XIV, también aficionado al rapé, ofreció un día su cajita de tabaco molido al superior de una orden religiosa, que declinó el ofrecimiento con las siguientes palabras: 
- "Santidad, no tengo ese vicio"
A lo que el Papa imperturbable, le contestó: 
- "No es un vicio. Si lo fuera, usted ya lo tendría".
León XIII era aficionado al rapé. En una ocasión, cuando era nuncio en Bélgica, le ofrecieron rapé en una cajita con un esmalte de una mujer desnuda, en actitud erótica. El papa, tomó el rapé y sin decir nada, devolvió la caja. Al cabo de poco repitieron la invitación, con cierta mala intención. El nuncio, con una sonrisa socarrona, musitó:
- Es bonita, la caja. ¿Es su madre o su esposa?

También algunos santos consumieron rapé (S. Alfonso Mª de Ligorio, que mantenía que el rapé no rompe el ayuno eucarístico, S. Nicolás de Copertino, S. Juan Bosco, S. Pío de Pietralcina...) Incluso la vidente de Lourdes, Santa Bernadette Soubirous que era asmática y lo tomaba para dilatar los bronquios por consejo de su médico. En el proceso de beatificación de S. Felipe Neri, al examinar su cadáver se observó que tenía destruído el tabique nasal por el uso continuado de rapé y eso fue un argumento para no considerar el cuerpo como incorrupto.
  
Caja de rapé de Catalina la Grande
Entre los militares se propagó su uso. Napoleón, el duque de Wellington, Lord Nelson... 

El General Angerstein, oficial de la Brigade of Guards del ejército británico, tras vencer a Napoleón en la batalla de Waterloo, usó como tal una pezuña del caballo del emperador, el célebre Marengo. Un curioso trofeo, no exento de vejación hacia el vencido.  

En el s. XVIII el botánico inglés John Hill (1714-1775) señaló que el consumo de rapé podía provocar cáncer en las fosas nasales.

El uso del rapé - y por lo tanto, la utilidad de la tabaquera anatómica - ha disminuído bastante a partir del s XX, a pesar de ser una de las formas menos dañinas de consumir tabaco. Ojalá el consumo de tabaco fumado siga este camino hasta la desaparición de este nocivo hábito. 


Bibliografía 

Bourne, GE: Columbus, Ramon Pane, y los inicios de la antropología americana (1906), Kessinger Publishing, 2003, p. 5.

Buescher JB. In the Habit: A History of Catholicism and Tobacco. The Catholic World Report, 23 nov 2012
 http://www.catholicworldreport.com/Item/1762/in_the_habit_a_history_of_catholicism_and_tobacco.aspx

Dunhill AH. El noble arte de fumar. Parsifal ed, 1996

Porter, R., Teich, M .: Drogas y Narcóticos de la historia , Cambridge University Press, 1997, p. 39.









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