jueves, 16 de marzo de 2017

La representación alegórica de la sífilis

       




Rambert

Alegoría de la sífilis
(1851)
 Grabado
Bibliothèque Nationale, Paris. 




A mediados del s. XIX Rambert realizó una serie de grabados con intención moralizante, denunciando a diversos vicios que podían acarrear funestas consecuencias. En el que hoy comentamos, un sifilítico, con su frasco de mercurio, la pierna vendada, muleta, y la cara deformada (llena de pústulas, también sujeta con una venda y sin nariz) se dispone a entrar en el claustro de un hospital. Antes de entrar, se gira para contemplar una orgía que se entrevé en el fondo del grabado, como una alegoría de quien reflexiona sobre su turbio pasado. En un ángulo, una filacteria nos lo aclara: "Desenfreno y lujuria": las causas de su lamentable estado actual. 

En la parte baja del grabado una ponzoñosa serpiente que se enrosca por el mismo tutor por el que se enreda una planta trepadora florida, al tiempo que estrangula a un recién nacido, como advertencia de las funestas consecuencias de la enfermedad para la descendencia. Las flores y los venenos pueden tomar el mismo camino, pero hay que saber distinguir y contemplar sus consecuencias. 

La leyenda al pie es espeluznante: 
"Ahora lamenta los placeres de los que abusó, el mal que le corroe, como una serpiente venenosa , devora a sus hijos. Cubierto de repugnantes llagas y pústulas, solo le queda la soledad y el dolor esperando la muerte, la única capaz de poner fin a su sufrimiento"
 (Traducción de Xavier Sierra) 

La representación de la sífilis en el s, XIX tiene pues una marcada tendencia a la hipérbole y está dirigida a aterrorizar al espectador. El miedo es el mecanismo disuasorio en el que se basa la prevención venérea decimonónica. 

El gran tratadista de arte Erwin Panofsky ha estudiado la historia de la representación de la sífilis, señalando que frecuentemente las imágenes de los primeros años de la epidemia de lúes se caracterizan por una cierta sobre descripción de la enfermedad, frecuentemente bienintencionada, pero que más tarde se ciñen a la clínica real. 

Después que la naturaleza venérea de la sífilis fue bien esclarecida por Durero y Holbein, los pintores procedieron a realizar alegorías y pasaron a la sátira social. Mediante su lectura iconográfica Erwin Panofsky señala la escasez de imágenes de sífilis, que se clasificaban clásicamente como astrológicas, satíricas, moralizantes o biográficas. 

Panofsky pronto  señaló que esta manera de estudiar la iconografía de la sífilis es caduca y obsoleta. Busca imágenes más cercanas a la clínica real, pero topa con un serio inconveniente: la clínica pluriforme, con síntomas muy diversificados y no siempre visibles. La sífilis es un estado patológico con diversas fases cuya principal característica es precisamente ser un proceso. Sin embargo la rareza de las representaciones de sífilis en arte no puede justificarse por el miedo a la sífilis.  Si bien se reconoce muy pronto un discurso moral dirigido a la sífilis, no se trata de ver los matices sociales del s.XIX en el que la sífilis aparece bajo el prisma del resentimiento moral, como una enfermedad vergonzosa que el cristianismo convertirá en el respaldo de la moralidad.  

La historia de la sífilis en la pintura es la historia de un vacío en la representación que ha dejado paso al suplemento, tal como lo entendía Jacques Derrida. La pintura del retrato se adaptará a la sífilis, disfrazando el cuerpo con pelucas, guantes, maquillajes y polvos que se aliarán para ocultar las marcas sifilíticas. Estos accesorios de disimulo permitirán a los pintores realizar retratos convenientemente correctos, de practicar una censura moral y un camuflaje adecuado, preservando el buen nombre del retratado. 


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