lunes, 9 de enero de 2017

San Gallicano, el primer hospital para enfermedades cutáneas









Giuseppe Palazzi 

Bóveda del antiguo Anfiteatro Anatómico
(1826)

Hospital de Santa María y de San Gallicano
Barrio del Trastevere, Roma.




Pocos visitantes de Roma - e incluso muchos romanos - conocen el Anfiteatro Anatómico del Hospital de San Gallicano, que es único en la ciudad. Los anfiteatros anatómicos (Padua, Leiden, Uppsala, Barcelona), eran salas especialmente diseñadas para la enseñanza de la Anatomía, y que se estilaron mucho en los s. XVII al XIX. Pero no es éste el único motivo de atención que nos lleva hoy a San Gallicano. El propio hospital tiene un notable interés. 

Frecuentemente se cita al Hospital de Saint Louis, de Paris, como el nosocomio más antiguo dedicado específicamente a las enfermedades de la piel. Sin embargo no es así. Es cierto que Saint Louis se construyó en el s. XVI para llevar allí (en aquel tiempo en las afueras de la ciudad) a los enfermos de peste. Pero no fue hasta principios del s. XIX que se dedicó a las afecciones dermatológicas. Una función que el Hospital de S. Gallicano, de Roma cumplía desde su fundación, en 1726. Mucho antes de que Jean Louis Alibert llegara al Hospital de Saint Louis y emprendiera el estudio  y clasificación de las dermatosis.

La fachada de la iglesia anexa al Hospital de S. Gallicano
A pesar de que la tiña y la sarna estaban muy extendidas en el s. XVII, especialmente entre las clases menesterosas, no existía en Roma ningún hospital dedicado a atender a este tipo de enfermos, en general estigmatizados, marginados y olvidados de todos. Apenas algunos de ellos eran atendidos en el pequeño nosocomio anexo a la iglesia de S. Lázaro, en la ladera del Monte Mario. Pronto estos enfermos fueron segregados de los otros para evitar contagios y llevados a un pequeño departamento en el Hospital del Espíritu Santo, en donde se les albergaba durante los meses de invierno. 

En 1710 don Emilio Lami, rector y fundador del hospicio de S. Galla, donde se acogía por la noche a los sin techo, comenzó a cuidar con éxito a estos enfermos, que pasó así de ser un hospicio a un hospital. En 1722, con la ayuda del cardenal Pietro Marcellino Corradini, alquiló una casa cercana a la iglesia de S. Benedetto in Piscinula, y la transformó en hospital. La iniciativa llegó a los oídos del cardenal Vincenzo M. Orsini, que poco después fue elegido papa con el nombre de Benedicto XIII. El nuevo pontífice encargó en 1723 al cardenal Corradini que fundara un hospital en condiciones. 

En la puerta del Hospital se recuerda que la institución fue
creada por el papa Benedicto XIII para socorrer a los
enfermos abandonados y rechazados por todos (1725)
Corradini eligió un solar cercano a la iglesia de S. Crisógono, y encargó el proyecto al arquitecto Filippo Raguzzini (1680-1771) que inició los trabajos en diciembre de 1724. Tres meses más tarde el papa colocó la primera piedra y ofició una misa inaugural y dos años más tarde (6 de octubre de 1726) dedicó el edificio a Sta Maria y S. Gallicano, rubricando el mismo día la bula "Bonus ille", con la que se establecían reglamentos, privilegios y rentas, como que el hospital adquiriría los bienes de todos los que murieran sin testamento y sin herederos legítimos en Roma. Un sobrino del papa, Filippo Orsini, duque de Gravina, cedió el agua procedente de su palacio en Monte Savello para el abastecimiento del hospital.

Finalmente el hospital de S. Gallicano se inauguró el 8 de octubre de 1729. El cardenal Corradini fue nombrado protector y Emilio Lami fue su primer rector. 


Vista del Hospital de San Gallicano. Roma. 

El hospital nacía con el fin de ejercer la caridad socorriendo a los enfermos de enfermedades cutáneas o de fiebres, de forma totalmente gratuita y abierto a todos. La atención de los varones estaba encomendada a una comunidad religiosa, mientras que la de las mujeres estaba a cargo de "devotas doncellas" (divote zitelle). Pronto San Gallicano fue considerado uno de los mejores hospitales de su tiempo. Disponía de dos salas paralelas: una para hombres con 120 camas y otra de mujeres, con 88. A medida que el hospital recibía importantes ayudas del Santo Padre y de otros soberanos europeos se ampliaron las plazas. En 1754, Benedicto XIV separó a los niños de los adultos, creando una sección con 30 camas para los "tiñosillos".

La bula fundacional permite comprender cuales eran las enfermedades que se atendían en el Hospital: 
  • 30 camas para "pruriginosis" 
  • 3 para "pruriginosis febricitantibus" 
  • 6 para "scabiosis in capite" 
  • 9 para "leprosis" 
  • 2 para "leprosis pruriginosis" 
  • 4 para "leprosis non pestilentibus" y 
  • 5 para "leprosis pestilentibus" 


En esta placa se mencionan otra vez que el hospital
acogerá a los enfermos olvidados y rechazados por todos,
mencionando especialmente la lepra y la sarna 
Vista lateral de la entrada del hospital de S. Gallicano, en pleno
Trastevere romano. 



Finalmente 10 plazas eran llamadas "lancisianas" ya que formaban parte del legado del famoso médico Lancisi, que quería reservarlas para las mujeres de los barrios Borghi, Lungara, Del Ponte de Scala Giulia y de l'Orso. A partir de 1743 se aceptaron ingresos en el Hospital de "rognosi febbricitanti" procedentes del Santo Spirito, por orden del papa Benedicto XIV. 

A pesar de la gran confusión de diagnósticos imperante en aquel tiempo, podemos entrever que se atendían muchas enfermedades dermatológicas como la sarna, tiña y "lepra", si bien en este último apartado se englobaban diversos diagnósticos actuales. En el ambulatorio anexo se trataban casos de sarna  y de "ulcuscula in cruris" (Úlceras de pierna, una patología que debía ser muy frecuente).  



Aspecto actual de la sala y de la ornamentación de la bóveda del antiguo Teatro Anatómico del Hospital. 



















Entorno al Hospital se fue configurando también la enseñanza de la Medicina. La Escuela de Anatomía fue confiada a Giuseppe Sisco (1786) y en 1812 se regularon las enseñanzas de Fisiología y Patología. En 1826 bajo el pontificado de León XII se añadió el anfiteatro anatómico. Este pontífice visitó el hospital en 1825 y él mismo se puso un delantal y sirvió la cena a los enfermos hospitalizados. 

Bajo la dirección de Schilling (1867-1893) se aceptaron los primeros casos de sífilis, que hasta entonces habían sido encomendados al Hospital de San Giacomo (llamado de los incurables). Poco después, en la época de Ciarrochi, se incorporó toda la patología venérea - como la gonorrea - configurándose así como un Hospital plenamente especializado en Dermatología y Venereología. 

Fue también Ciarrochi quien introdujo la terapia con rayos Roentgen para el tratamiento de las tiñas del cuero cabelludo y también potenció diversos tratamientos con la preparación de nuevas formulaciones galénicas en la farmacia del Hospital. 


Grabado representando el hospital de S. Gallicano

A principios del s. XX, el nombre de San Gallicano se unió de forma casi indisoluble a la sífilis. El Hospital se convirtió prácticamente en un centro de enfermedades venéreas, especializado en la lucha contra sífilis y gonorrea, debido a la gran extensión que alcanzaron estas enfermedades. Se habilitaron las llamadas "salas célticas" destinadas a personas afectas del "mal francés" o del "mal céltico" como se llamaba a la sífilis. La mayoría eran prostitutas infectadas por la enfermedad, y las salas célticas de S. Gallicano tuvieron un importante papel en el control de la prostitución, considerada la principal causa de difusión de las enfermedades de transmisión sexual. 

Durante muchos años S. Gallicano fue un claro exponente de la Dermatología Italiana. Se publicaba incluso una revista dermatológica: Bolletino dell'Instituto Dermatologico di S. Gallicano. Ejemplo de las aportaciones realizadas en S. Gallicano fue el aislamiento del ácido azelaico y los estudios sobre porfirias o dermatitis seborreica. 

Tras el descubrimiento de los antibióticos y la drástica disminución de las ETS en los años 50, San Gallicano se convirtió en un moderno hospital dermatológico, organizándose los correspondientes servicios de Anatomía Patológica, Laboratorio, Alergia y instaurando todas las técnicas diagnósticas (microscopía electrónica, microscopía confocal, teletermografía) necesarias para realizar una completa atención de las enfermedades de la piel.  






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