viernes, 27 de enero de 2017

El pálido tono de la piel clorótica



Samuel Dirksz van Hoogstraten (1627–1678).




Samuel van Hoogstraaten
 

La dama clorótica
(1667)

Óleo sobre lienzo. 2




El pintor holandés Samuel van Hoogstraaten (1627-1678) fue discípulo de Rembrandt, y la influencia del gran maestro está bien patente en sus primeras obras, en las que cultivó sobre todo el retrato. Luego realizó diversos viajes a Viena, Roma y Londres, ampliando su arte con diversos estilos, instalándose finalmente en Dort. 

Pronto, van Hoogstraaten destacó como pintor de arquitecturas, realizando muchos cuadros curiosos en los que utiliza hábilmente la perspectiva para posibilitar que pueda verse el exterior de una casa y por las ventanas o orificios de la misma las escenas que tienen lugar en su interior.  También tuvo una notable actividad como grabador, destacando en la técnica del aguafuerte.  

Van Hoogstraaten alcanzó pronto fama no sólo por su pintura sino porque también cultivó la poesía, la tragedia  y la filosofía del arte, así como una importante actividad social como preboste de una ceca. También recopiló una gran cantidad de dichos de Rembrandt. Como escritor, su obra más importante es Introducción a la Academia de Pintura (Inleyding tot de Hooge Schoole der Schilderkonst, Rotterdam 1678) en la que trata la relación entre persuasión pictórica e ilusionismo, los estandares morales del pintor y la relación entre pintura y filosofía. Sin lugar a dudas esta obra es un claro exponente del pensamiento artístico holandés y puede considerarse como el tratado de pintura más importante publicado en los Países Bajos en el s. XVII. 

Como otros pintores holandeses, van Hoogstraaten mostró un gran interés por las escenas cotidianas, siendo un fiel testimonio de la sociedad de su tiempo. Nos dejó pinturas como esta de La Dama clorótica.

El cuadro está presidido por una mujer enferma, que está sentada lánguidamente frente al espectador. Las manos, entrelazadas, manifiestan su actitud pasiva. Su mirada cansada y lejana, como ausente. Se calienta los pies con un pequeño braserillo puesto bajo una especie de escabel. Cerca de ella, el detalle anecdótico de un gato subraya el carácter doméstico de la escena. 

Tras la mujer se ven las figuras de dos hombres, de pie. Uno de ellos, el de la derecha, está vestido de negro y tocado con un sombrero del mismo color. Con la mano derecha coge un par de guantes, por lo que podemos imaginar que su estancia en la sala va a ser breve, transitoria. Hace poco que ha llegado y no piensa estar mucho tiempo por lo que considera que no merece la pena dejar los guantes sobre la mesa. Con la mano derecha sostiene una redoma, que examina atentamente al trasluz. Sin duda es la orina de la enferma. La uroscopia o examen visual de orina (y frecuentemente también olfactivo y gustativo) era un método muy usado en aquel tiempo para establecer un diagnóstico. Una especie de analítica avant la lettre, en un tiempo en el que la química no había llegado a ser la aliada del médico. Sobre la mesa camilla, cubierta con un mantel blanco descansa una ventosa, un remedio muy usado para sacar los malos humores

El otro hombre, vestido de manera más modesta es sin duda, el marido de la enferma. Coge el respaldo del sillón de su esposa, mientras mira con atención la redoma de orina, esperando el ansiado diagnóstico, el posible tratamiento y sobre todo el pronóstico. Al fondo se ve una escalera y se vislumbran otras dependencias de la casa, unos detalles en los que como ya hemos apuntado van Hoogstraaten era un maestro. 

Lo que llama más la atención es la coloración cutánea de la mujer. Aparece extremadamente pálida, de un blanco exangüe, con tintes casi verdosos. Por estos signos y por el título del cuadro (en el que se especifica explícitamente), sabemos que se trata de un caso de clorosis. 


La clorosis es el nombre que se daba a un tipo especial de anemia, llamada así por el tinte amarillento-verdoso de la piel del paciente (del griego χλωρος, chlōros, verde). Aparte de la pérdida de coloración cutánea, este tipo de anemia ferropénica cursa con pérdida de energía, cefalea, dispepsia, respiración corta y anorexia. Hay una clara tendencia a perder peso. 

La clorosis era una enfermedad de adolescentes y podemos identificarla con una anorexia con anemia por falta de hierro. Una enfermedad frecuentemente asociada al "mal de amores" y que incluso estaba bien vista en el s. XIX. Muchas muchachas para alcanzar por la vía rápida el estado clorótico (que tenía reputación de "sexy" y atractivo para el sexo opuesto) dejaban de comer y tomaban grandes vasos de vinagre en ayunas. Con este método lograban muchas veces un estado de debilidad tal que caían desmayadas en brazos de sus admiradores. 


Bibliografía:


King, Helen. Historia de la clorosis: "Enfermedades en vírgenes; Enfermedad Verde, Clorosis y los Problemas de la Pubertad"

Dixon LS. Perilous Chastity: Women and Illness in Pre-Enlightenment Art and Medicine. Cornell University Press 1995



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