miércoles, 16 de noviembre de 2016

San Bartolomé (VI): Rubens





Peter Paul Rubens

San Bartolomé 
(1610-1612)

Óleo sobre tabla. 107 x 82,5 cm.
Museo del Prado. Madrid.  


Peter Paul Rubens (1577-1640) pintó este cuadro dentro de un apostolario entre 1610-1612. San Bartolomé sujeta un cuchillo con una de sus manos mientras lleva la otra al pecho, en una actitud idéntica a San Felipe. Es conocido que entre San Felipe y San Bartolomé había una gran amistad.

El cuchillo es uno de los atributos más destacados de San Bartolomé. Es el cuchillo usado para desollar, ya que según la leyenda, murió martirizado tras ser desollado. Su rostro muestra una gran expresividad, mostrando el cuchillo en primer término con el filo dirigido hacia el exterior de la composición. La túnica verde oscura hace que la luz destaque las partes de su anatomía que son visibles, centrando más la atención en ellas.

Así vemos que su cabeza muestra una gran alopecia, que sorprende por extenderse por las zonas temporales (cosa no demasiado frecuente) dejando ver el relieve de la arteria temporal. Este tipo de alopecia es conocido con el nombre de ofiasis. La arteria temporal aparece algo ingurgitada, lo que a veces puede ser un síntoma de la arteritis de la temporal. 

El cuadro debe entenderse en el conjunto del apostolario, que muestra como unos meditan y se recogen sobre sus libros, otros exhiben desencajados sus símbolos de martirio. Mientras unos miran directamente al espectador, otros dirigen la mirada perdida al cielo. El apostolario debe entenderse en conjunto, como un todo y no como una serie de cuadros aislados y contiguos. 

En el siglo XVII, tras el Concilio de Trento fue muy habitual pintar estos apostolarios. Rubens, un artista muy relacionado con los dogmas católicos y su representación intentó en este apostolario potenciar la idea de sacrificio de los doce apóstoles.

Al igual que sucede con La Adoración de los Magos, en esta obra se puede ver el aprendizaje de Rubens tras su viaje a Italia. Las formas son corpulentas, vigorosas y fuertes, recordando en cierto modo al estilo de Miguel Ángel, y la penetrante miradade recuerdo miguelangelesco. Las figuras representadas en tres cuartos, se recortan sobre un fondo oscuro, ganando todavía más en en peso y rotundidad. Sin embargo, cada uno está representado en diferente postura, girando la cabeza, con la mirada dirigida a distintos puntos y colocando las manos en diferentes planos. Rubens se inspira también en Caravaggio, cuya influencia es manifiesta en la Adoración de los Magos. Aquí podemos detectar esta influencia en el tratamiento pictórico de las telas, que presentan grandes pliegues y caídas, y en el estudio de la luz, que incide tangencialmente, dejando parte de la figura en sombras. Los rostros son naturalistas, y rehuyen de toda idealización, lo que también recuerda el influjo de Caravaggio, que había sido criticado por la excesiva humanización de sus pinturas religiosas. 

La paleta cromática, a pesar de su sobriedad, está muy trabajada. Cabellos y carnaciones se construyen a base de pinceladas de diferentes colores y texturas, lo que consigue un gran realismo. 





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