jueves, 3 de noviembre de 2016

Del mito de Dafne al hombre-árbol






Gian Lorenzo Bernini

Apolo y Dafne 
(1622-1625)

Escultura en mármol
Galleria Borghese. Roma.   



A mi hija Marta,   
amante de la música 
y de los mitos clásicos


Apolo, que era un dios engreído y burlón, muy orgulloso de los triunfos obtenidos con sus flechas, se permitió reírse del pequeño dios Eros (Cupido), porque empuñaba el arco y las flechas siendo un niño, y además, las tiraba a ciegas, sin apuntar siquiera. Pero Eros respondió a sus chanzas diciéndole que no debía reírse de él y que sus flechas eran más poderosas que las del mismo Apolo, ya que podían hacer surgir el amor, que es la más poderosa de las pasiones humanas. 

Veronese: Apolo y Dafne (1560-1565)
Eros tenía en su carcaj dos tipos de flechas: unas con la punta de oro que hacían que quien las recibía pudiese sentir amor. Otras tenían la punta de plomo y producían el efecto contrario, causando el rechazo del amor.  

Eros se sintió ofendido por la sorna y las mofas de Apolo, y lleno de furia le disparó una flecha de oro, haciendo que se enamorase perdidamente de la ninfa Dafne, hija del dios-río Peneo. En cambio, a ella le disparó una de plomo, haciendo que sintiese una viva aversión por Apolo. 

Como consecuencia de los fatídicos flechazos, Apolo perseguía sin cesar a Dafne, mientras que ella huía de él como si de un monstruo se tratara. Apolo imploraba continuamente a la bella ninfa, pero ella hacía caso omiso de los ruegos de su ansioso pretendiente, escondiéndose en la espesura del bosque. 

Jakob Auer. Apolo y Dafne (1685)
Kunsthistorische Museum. Viena. 
Pero un día Apolo encontró a la ninfa distraída en un claro del bosque. Corrió tras ella y aunque ella huyó de él como acostumbraba, al final estuvo a punto de darle alcance. Al verse sin escapatoria, Dafne invocó a su padre Peneo para que la convirtiera en cualquier cosa que le permitiera conservar su libertad. De repente, la piel de la ninfa se engrosó, convirtiéndose en la corteza de un árbol, su cabellera en hojas y sus brazos en ramas. Sus pies se unieron y enraizaron en la tierra, Dafne se había convertido en un árbol, en un laurel. Apolo, que ya sonreía victorioso por haberla alcanzado, se encontró abrazado a las ramas de un árbol. 

Apolo, abrazado al laurel, percibió como su musa, transformada, seguía viva en aquel árbol. Sentía como se contraían las ramas, como latía el espíritu de Dafne en las verdes hojas, que exhalaban un agradable perfume. Al ver que Dafne no sería ya nunca su amante, le prometió amor eterno. Concedió al laurel el don de lucir siempre verde y bonito, como símbolo de la eterna juventud y de la inmortalidad. El laurel fue el árbol simbólico de Apolo. Crecía alrededor de todos sus templos y las coronas de laurel serían el premio que Apolo otorgaría a todos los héroes. 


Paul Delvaux (1938). L'appel de la nuit. Óleo sobre lienzo 145 x 110 cm. Scottish National Gallery of Modern Art.

El mito de Dafne me trae ciertas evocaciones. Algunas de ellas de tipo simbólico, como la de los cabellos vegetantes, convertidos en ramas o en hojas, un aspecto muy repetido en la iconografía o en la literatura. El paralelismo de la cabellera con la frondosidad del bosque, de flores o de hojas es típica y la podemos encontrar en diversas obras de arte. Baste recordar cuadros como L'appel de la nuit de Paul Delvaux (1938)  o en muchas de las obras de Mucha. 


         


Dos obras de Mucha con cabellos "vegetales". A la izquierda, Fruits . A la derecha, Flowers. Ambas de 1897. 


Como dermatólogo, la transformación de Dafne en arbusto recuerda también algunos cuadros patológicos. Las escamas de la corteza pueden evocar algunos casos de hiperqueratosis o de ictiosis, en los que hay un gran aumento de la queratinización. Y sobre todo a una rara enfermedad, a la que muchas veces se llama el síndrome del hombre-árbol. Se trata de un síndrome afortunadamente muy poco frecuente, llamado epidermodisplasia verruciforme (descrita por Lewandowski y Lutz en 1922), en la que pueden aparecer un gran número de verrugas en manos y pies que confluyen en unas placas, que dan a la piel de la zona un aspecto característico de corteza lignificada, como la de los troncos de los árboles. 



Dede Koswana, de Indonesia, que acabó falleciendo a
consecuencia de la extraña enfermedad el 30 de enero 2016.  
La causa de la enfermedad es una mutación que inactiva los genes TMC6 (EVER1) o TMC8 (EVER2) que están situados uno junto a otro en el cromosoma 17. La función de estos genes no está todavía bien precisada, pero parecen desempeñar un papel en la distribución y regulación de zinc en el núcleo de la célula. Se ha demostrado que el zinc es un cofactor necesario para muchas proteínas virales, y que la actividad del complejo EVER1/EVER2 parece restringir el acceso de las proteínas virales, lo que limita su crecimiento.

El engrosamiento cutáneo es tal que compromete los movimientos de los dedos, y requiere una difícil intervención quirúrgica para conservar en parte su movilidad. Este fue el caso de Abdul Bajandar, que ya tenía una masa informe y queratinizada que hacía que sus manos fueran irreconocibles. Abdul, tras numerosas intervenciones quirúrgicas ha recuperado una cierta funcionalidad de sus dedos. En cambio, Dede Koswara de Indonesia, falleció hace unos meses, el 30 de enero de 2016 en el Hasan Sadikin hospital in Badung (Indonesia) a los 45 años de edad, víctima de esta extraña patología. 

Naturalmente, esto nada tiene que ver con el hermoso mito de Dafne, aunque el inquietante aspecto de corteza de árbol de esta rara enfermedad y el apelativo de hombre-árbol que muchas veces se da a los infortunados enfermos, nos ha sugerido este comentario.

El "hombre árbol" Abdul Bajandar, que tras pasar muchas veces por el quirófano
pudo recuperar  parcialmente la movilidad y funcionalismo de los dedos. 


Bernini - Apolo y Dafne:




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