domingo, 10 de abril de 2016

La cabellera de la bailarina







Ostrakon de la Bailarina  
(1570-1070 a.C.)

Piedra caliza policromada. 16,8 x 10,4 cm
Imperio Nuevo  
Museo Egipcio. Turín.  



Se conoce como ostrakon (pl. ostraka), los materiales desechables como cerámicas rotas o lascas de piedra, que en la antigüedad podían ser reutilizados para escribir o dibujar. El nombre ostrakon deriva de una palabra griega que  significa "vasija rota". En los alrededores de Tebas es relativamente frecuente encontrar este tipo de materiales que ofrecen importantes datos sobre la creación artística en el antiguo Egipto y que nos hacen llegar escenas de la vida cotidiana

Uno de estos fragmentos es el de la danzarina acróbata conservada en Turín, que llama la atención por la postura contorsionada de la mujer, que se sostiene con las puntas de los pies y las manos, mientras curva su espalda hacia atrás y su cabellera cae libremente hacia al suelo. Una melena negra y rizada natural, ya que por su aspecto y por los detalles de su implantación en las sienes, frente y nuca es difícil que pueda tratarse de una peluca postiza. 

La indumentaria de la mujer es muy sucinta, lo que era frecuente en las danzarinas egipcias: luce tan sólo una leve tela anudada bajo el ombligo y unos pendientes de aro. El maquillaje negro de los ojos resalta una mirada serena y tranquila. 

Las danzas más o menos acrobáticas eran habituales en el Antiguo Egipto. Este tipo de exhibiciones amenizaban banquetes y probablemente tenían una importante carga erótica, que en este caso queda subrayada por la sensualidad de la cabellera, que se agita junto con el cuerpo formando también parte de la danza. La cabellera es así en este caso una parte muy importante del baile.

Por otra parte, las danzas formaban parte de determinadas ceremonias litúrgicas y funerarias, en las que agitar rítmicamente el cabello y cubrirlo de arena o ceniza podía ser también una expresión de duelo

En todo caso es de destacar la destreza y expresividad del dibujante y su composición marcadamente circular, así como el uso del color que lo han convertido en una de los más representativas muestras de arte egipcio. 




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