viernes, 11 de diciembre de 2015

Retratos de viejos en la antigua Roma








Retrato de anciano
(Época republicana, s. I a.C.)

Escultura de mármol
Museos Vaticanos. Roma.



Una de las características del arte romano es su profundo naturalismo, es decir la imitación fiel de la naturaleza. La base ideológica de esta tendencia la encontramos en Aristóteles que defendía que el arte debe imitar a la Naturaleza. 



El arte romano estaba influído por el arte helenístico, que ya era bastante realista, pero se enriqueció además con la aportación artística de los etruscos. 

Entre las costumbres etruscas estaba la de realizar máscaras de sus antepasados (imago maiorum), que tenían un gran parecido fisionómico con su fisonomía real, siendo perfectamente reconocibles. Estas máscaras desfilaban en los entierros demostrando así públicamente la vinculación entre los miembros de la familia y la estirpe de la misma. Estas máscaras fúnebres sentaron las bases del retrato romano, un género que alcanzó gran popularidad, y que fue uno de los más practicados en Roma. 



Vieja borracha. Museos Capitolinos. Roma.
Retrato de vieja. Museo de Trípoli (Libia)



Posteriormente, los retratos realistas fueron usadas para ensalzar a los emperadores, tribunos y patricios influyentes, siendo usadas como un elemento de prestigio y poder. En todo caso era muy importante que los personajes fuesen rteconocidos en sus imágenes y para ello, debían imitar fielmente sus rasgos, incluso aquellos modelados por el paso del tiempo. 




Retrato de vieja desdentada, de clara influencia helenística. British Museum


Así, el aspecto fundamental del retrato romano era su parecido con los rasgos reales del representado. No se ocultaban pues, los signos de la vejez, si el retratado era una persona de edad. Las arrugas, la calvicie, las bolsas de los párpados formaban parte de los aspectos que nos hacían reconocer el parecido con tal o a cual personaje y no eran ocultados ni enmascarados, sino que se representaban fielmente. 



Retrato de viejo de época republicana, 
con arrugas, calvicie y marcado 
relieve de la temporal. 
En otras civilizaciones los personajes debían aparecer siempre jóvenes y era impensable representar un anciano con los atributos propios de la edad. No así en Roma. La imitación de la naturaleza era la norma. Lo podemos ver en claramente en el retrato de un anciano (Museos Vaticanos) o en las representaciones de la vieja arrugada y desdentada del British Museum, o de la vieja borracha de los Museos Capitolinos, en la que se refleja bien la descarnadura clavicular y las arrugas de la cara y cuello, pero sobre todo en el Retrato del Viejo Torlonia, que algunos han identificado con Catón. 
  


Retrato del llamado "Viejo Torlonia", una imagen de un patricio romano, 
que algunos identifican con Catón



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