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martes, 4 de abril de 2017

La dermatitis seborreica de San Agustín






Onofrio Palumbo

San Agustín
(1635)

Óleo sobre lienzo
Galeria G. Sarti. París.  





Onofrio Palumbo (1606 - después de 1654) fue un pintor barroco napolitano, que se formó con Battistello Caracciolo y Artemisia Gentilleschi, durante su estancia napolitana (1630). La principal temática de su obra es la religiosa. 

Vista general de la obra de Onofrio Palumbo "San Agustín"

Esta obra, San Agustín, fue realizada sin duda como un estudio previo al cuadro Virgen con el Niño, Santa María Egipcíaca y San Agustín, una "sacra conversazione" realizada para la iglesia de Sta. María Egipcíaca en Pizzofalcone. En ella se ve a San Agustín escribiendo mientras recibe la inspiración divina. 

La cara de San Agustín presenta una lesión eritematosa, rojiza, que sigue más o menos la distribución del surco nasogeniano. Puede corresponder al diagnóstico de dermatitis seborreica, en la que aparecen lesiones rojas y ligeramente descamativas en la zona entre nariz y mejillas. En ocasiones puede también afectarse la frente, mentón, parte central del pecho y zona interescapular. Normalmente no se acompaña de sintomatología subjetiva. Los brotes de dermatitis seborreica pueden ser desencadenados en ocasiones por estados de nerviosismo o de estrés, como los que previsiblemente pasó San Agustín al escribir sus Confesiones.  

jueves, 2 de febrero de 2017

Ergotismo (II): El "Mal de San Antonio" y los monjes antonitas







Retablo de San Antonio
(Fragmento)

MNAC. Barcelona




Ya hemos visto la denominación de Mal de San Marçal con la que se conocía al ergotismo durante la Edad Media en ciertos lugares. En otros, esta enfermedad era conocida con otras sinonimias, entre las que sobresalía la denominación de fuego del infierno o fuego de San Antonio. Tal denominación derivaba de la llegada al Delfinado francés de las reliquias de este santo ermitaño de la Tebaida en el s. III-IV. Tales restos habían llegado desde Constantinopla, y se instalaron en la abadía de San Antonio (Saint-Antoine-l'Abbaye), cerca de Grenoble. Pronto comenzaron a llegar este santuario muchos peregrinos afectos de ergotismo con la esperanza de ser curados milagrosamente ante la tumba del santo. 




Canecillos en iglesias románicas. A la izquierda, en Iguacel,
representando un exvoto de pierna y pie. A la derecha, en Javierrelatre (Huesca), en el que aparece un demonio
 devorando un pie. En ambos casos se trata de posibles alusiones al ergotismo, muy frecuente en el Camino de Santiago

En 1095, el gentilhombre francés Gaston de Valloire, agradecido por la curación de su hijo, fundó una pequeña hermandad religiosa con la principal misión de acoger, proteger y prestar ayuda a los enfermos de este mal. La orden, que fue aprobada este mismo año por el papa Urbano II, tomó el nombre de Orden de los Caballeros de San Antonio (Canonici Regulares Sancti Agustini Ordinis Sancti Antonii Abbatis), popularmente conocidos como los antonianos o antonitas. Los primeros antonianos, vestidos con hábito negro y letra tau azul en el pecho, eran seglares hasta que, en 1218, recibieron los votos monásticos de Honorio III. Ochenta años después, en 1297, adquirieron cánones propios, adscritos a la regla de san Agustín, por parte de Bonifacio VIII.


Fachada del monasterio de Saint-Antoine-l'Abbaye

Esta orden, que tuvo una considerable implantación en Alemania y Países Bajos, y en menor medida en Francia, e Italia, es una prueba de la alta incidencia de la intoxicación por el cornezuelo de centeno en aquel tiempo, que afectaba por igual a ambos sexos. En Castilla, el primer convento se estableció en Castrojeriz, bajo la protección de Alfonso VII. 

La Tau de San Antonio en el antiguo Hospital Antoniano de Fráncfort-Höchst
Los antonitas, también conocidos como los monjes de la Tau azul (el símbolo de S. Antonio) acogían al parecer, no sólo enfermos de ergotismo, sino también a afectos de otras formas de locura, prostitutas, madres solteras, peregrinos y personajes juglarescos. Tal vez la convivencia entre estos elementos en los hospitales regentados por antonitas pueda también explicar la destacada presencia del ergotismo en las cantigas, generalmente interpretadas por juglares, y a la que ya nos hemos referido.

Los monjes, tras los ritos religiosos pertinentes lavaban a los enfermos y los alimentaban adecuadamente. Al parecer, algunos de ellos conseguían curarse, al mejorar su dieta y evitar el centeno parasitado. Entre los métodos terapéuticos usados por los antonitas, podemos destacar:

1.    Los panes de San Antonio, hechos con harina de trigo purísima, que no podía presentar la contaminación del cornezuelo, que es un parásito exclusivo del centeno. Tenemos noticia de la elaboración de estos panecillos por lo menos desde el s. XI (y que aún hoy se distribuyen entre los fieles el día de S. Antonio Abad, 17 de enero en múltiples santuarios y abadías). Una nutrición adecuada podía contribuír a la mejoría de los pacientes.


Los panes de San Antonio eran de trigo y por lo tanto estaban libres de cornezuelo. 

2.    Las unturas con manteca de cerdo, que aparte de su carácter simbólico y mágico (el cerdo es el símbolo de S. Antonio) podían contribuir en parte a moderar la sobreinfección de las zonas necrosadas.

3.    El agua de San Antonio, brebaje que era distribuído en las abadias y del que no conocemos la composición exacta.

4.    El Santo Vino, elaborado con las uvas de los viñedos de la abadía y que había estado en contacto con las reliquias del santo, y que probablemente contenía también mandrágora, planta con cierto efecto anestésico que debía contribuír por una parte a calmar los dolores lancinantes, y por otra a posibilitar el adormecimiento suficiente para realizar las amputaciones de los miembros gangrenados.

5. La cirugía. Numerosos cirujanos acudían a colaborar con los monjes antonitas, ya que los monjes no podían tomar parte en estas intervenciones: por disposición del Concilio de Tours (1163), los clérigos no podían ejercer la medicina. Muchos enfermos tras ser operados practicaban la mendicidad y solían exhibir el miembro amputado para inducir la compasión de las almas generosas. El Hospital de la Orden de San Antonio de Vienne, ya bien avanzado el siglo XVII, poseía una abundante colección de miembros, unos blanqueados y otros ennegrecidos, recuerdo de los enfermos que ahí habían recibido asistencia y que los depositaban allí como exvotos.




Bibliografía




Ciaconi A, Lenzi E. (1975) L’Ordine Ospedaliero dei Cavalieri del Tau. Rivista di Storia della Medicina I, 98-111, p. 110.



martes, 7 de febrero de 2023

Los parásitos de los agustinos

versió catalana | versión española







 Cementerio del convento 
de los Agustinos 

(s. X-XIV)
 
Restos humanos
Cambridge




Una reciente excavación arqueológica, liderada por la Universidad de Cambridge (Reino Unido), he estudiado los restos humanos del cementerio de los canónigos de San Agustín, más conocido como agustinos, una orden religiosa bastante extendida entre los siglos X y XIV en Cambridge. La sorpresa ha sido encontrar entre los esqueletos evidencias de parásitos intestinales en una proporción muy superior al resto de la población coetánea, según un artículo aparecido en agosto de 2022 en la revista International Journal of Paleopathology 

Desde luego, no es ningún secreto que los parásitos estaban muy extendidos en la Europa antigua y medieval. Las excavaciones en el norte del continente han descubierto rastros de muchos especímenes, como nematodos, la tenia del cerdo o incluso trematodos hepáticos de gran tamaño. El origen de algunas de estas infestaciones procedían del consumo de alimentos o bebidas contaminadas con heces, pero en otros casos se produjeron tras el simple consumo de carne o pescado. Como sucede en la actualidad, la contaminación era más frecuente cuanto menos medidas de higiene se aplicaban. Y hay que recordar que los medios de conservación de los alimentos eran muy precarios o casi inexistentes. 

En este sentido, el estudio de una comunidad monástica que vive en comunidad es muy interesante. En los monasterios habían instalaciones de letrinas, y fuentes de agua corriente procedente de cisternas, donde realizar preceptivas abluciones antes de comer y tras realizar las tareas habituales. Las normas de higiene están especificadas en la regla de San Benito, documento en el que se basaron después todas las reglas monásticas. En cambio, estas instalaciones no eran habituales en las casas de los campesinos. El saneamiento de las ciudades estaba basado en pozos negros en los que se acumulaban excrementos humanos, estiércol y otros desechos orgánicos. 

Sin embargo parece que en el caso de los Agustinos de Cambridge concretamente, el suministro de agua corriente no estaba garantizado y todavía no se ha excavado la zona de letrinas.

Los investigadores analizaron muestras de la pelvis de 19 agustinos que habían sido enterrados desde el s.X al s. XIV. Tras tratar adecuadamente las muestras y examinarlas al microscopio pudieron detectar huevos de parásitos intestinales. 

La sorpresa fue que mientras en el cementerio parroquial, en el que se enterraban los campesinos encontraron parásitos en un 32% de los casos, la proporción aumentaba a un 58% en los agustinos, que en teoría gozaban de mejores condiciones higiénicas y de agua corriente. 

Los arqueólogos creen que probablemente los agustinos solían abonar su huerto con el contenido de las letrinas, y que probablemente no practicaban habitualmente el lavado de manos regular (a pesar que así está estipulado en las reglas de San Agustín). Esto podría explicar la alta incidencia de parásitos intestinales en sus restos. 

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Religiosos medievals infestats de paràsits







 Cementiri del convent 
dels Agustins 

(s. X-XIV)
 
Restes humanes
Cambridge



Una recent excavació arqueològica liderada per la Universitat de Cambridge (Regne Unit), ha estudiat les restes humanes del cementiri dels canonges de Sant Agustí, més coneguts com a agustins, una ordre religiosa força estesa entre els segles X i XIV a Cambridge. La sorpresa ha estat trobar evidències de paràsits intestinals entre els esquelets en una proporció molt superior a la resta de la població coetània, segons un article aparegut l'agost del 2022 a la revista International Journal of Paleopathology . 

Sens dubte, no és cap secret que els paràsits estaven molt estesos a l'Europa antiga i medieval. Les excavacions al nord del continent han descobert rastres de molts espècimens, com nematodes, la tènia del porc o fins i tot trematodes hepàtics de grans dimensions. L'origen d'algunes infestacions procedia del consum d'aliments o begudes contaminades amb excrements, però en altres casos es van produir després del simple consum de carn o peix. Com passa actualment, la contaminació era més freqüent en la mesura que hi havia menys mesures d'higiene. I cal recordar que a l’època, els mitjans de conservació dels aliments eren molt precaris o gairebé inexistents.

En aquest sentit, l’estudi d’una comunitat monàstica que viu en comunitat és molt interessant. Als monestirs hi havia instal·lacions de latrines, i fonts d'aigua corrent procedent de cisternes, on fer preceptives ablucions abans de dinar i després de fer les tasques habituals. Les normes d'higiene estan especificades a la regla de Sant Benet, document en què es van basar després totes les regles monàstiques. En canvi, aquestes instal·lacions no eren habituals a les cases dels camperols. El sanejament de les ciutats estava basat en pous negres on s'acumulaven excrements humans, fems i altres deixalles orgàniques.

Tot i això sembla que en el cas dels Agustins de Cambridge concretament, el subministrament d'aigua corrent no estava garantit i encara no s'ha excavat la zona de les latrines.

Els investigadors van analitzar mostres de la pelvis de 19 agustins que havien estat enterrats des del s.X al s. XIV. Després de tractar adequadament les mostres i examinar-les al microscopi van poder detectar ous de paràsits intestinals.

La sorpresa va ser que mentre al cementiri parroquial, on s'enterraven els pagesos van trobar paràsits en un 32% dels casos, la proporció augmentava a un 58% en els agustins, que, en teoria, gaudien de millors condicions higièniques i d'aigua corrent.

Els arqueòlegs creuen que probablement els agustins adobaven adobar el seu hort amb el contingut de les latrines, i que probablement no practicaven de forma habitual el rentat de mans regular (tot i que així està estipulat a les regles de
Sant Agustí). Això podria explicar l'alta incidència de paràsits intestinals a les seves restes.

lunes, 13 de agosto de 2018

La cara impasible y sin dolor de los Cristos románicos

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Taller de Ripoll (?)

Majestat Batlló
(s. XII)


Escultura de madera policromada. 
1,56 x 1,20 cm.  
MNAC, Barcelona



En la Edad Media, las imágenes talladas en madera constituían uno de los elementos fundamentales de las iglesias como objetos de culto. Uno de los tipos iconográficos más habituales en Catalunya fue la del Cristo en Majestad, una imagen del crucificado que simboliza su triunfo sobre la muerte. 


Majestat de Serrateix. Museu Episcopal de Vic
La imagen lleva la corona real, símbolo de su poder
Una de las piezas más representativas de esta tipología escultórica es sin duda la Majestat Batlló (s. XII). La talla impresiona por su carácter solemne, gracias a una composición basada en la simetría geométrica y por su frontalidad. Al verla, enseguida llama la atención sus facciones serenas, que no expresan dolor alguno,  sino frialdad e incluso cierta indiferencia. Por otra parte, Cristo aparece vestido con una rica y lujosa túnica, que recuerda los refinados tejidos imperiales bizantinos o las suntuosas vestiduras hispanomusulmanas.


Las facciones del Cristo en Majestad de Lluçà no traslucen dolor ni bondad.
La intención del artista era infundir temor. Museu Episcopal. Vic


El arte románico insiste continuamente en la idea del poder de Dios (sociedad teocéntrica). En esta concepción social, muy jerarquizada, Dios ocupa el máximo nivel y ostenta el poder de crear, de juzgar, de proclamar la ley i el orden del mundo. Pero sobre todo el poder de reinar, ya que la monarquía es el sistema político medieval por antonomasia. Por eso, la representación de Dios por excelencia en el arte bizantino y románico és el Pantocrator, una expresión neoplatònica, que llega al medioevo a través de San Agustín y de Juan Scoto. El Cristo distante, mayestático, es desde luego una idea neoplatónica: Dios vive en una luz inaccesible y nadie se le puede acercar (1 Tim, 6-16). En los textos sagrados también encontramos una base ideológica : Nadie ha visto nunca a Dios (Jn 1, 18 y Ex 3, 20) 



La imagen de Dios Cosmocrator, del Dios Juez y Rey fue la más habitual
en el arte románico. Ábside de Sant Climent de Taüll. MNAC. Barcelona. 

También está muy extendida la imagen de Dios Juez, en el Juicio Final, inspirada en el Apocalipsis y en el Evangelio de San Mateo (Mt. 25, 31-46).  En estas escenas suele representarse también a San Miguel efectuando el peso del alma (psicostasia), así como la resurrección de los muertos, un tema obsesivo en el arte medieval. Para el cristiano de la Edad Media, Dios no es misericordioso ni  amoroso, sino la encarnación del poder, del feudalismo que articula la sociedad. La concepción que se tiene de Dios en los años del románico es la que podemos encontrar descrita en la antífona Dies Irae, interpretada en las misas de difuntos:  


Quantus tremor est futurus, 
quando judex est venturus, 
cuncta stricte discussurus !
Que gran temor sobreventrá 
cuando venga el estricto Juez
a sentenciar implacablemente 
(...)



Rex tremendæ majestatis,
qui salvandos salvas gratis,
      salva me, fons pietatis. 
         Rey de tremenda majestad
que salvas a quien tu designas 
sálvame, fuente de piedad



La crucifixión era una imagen mucho menos extendida. De hecho, no comienza a representarse hasta el s. VI (la primera crucifixión de la que tenemos constancia aparece en la puerta de la iglesia de Santa Sabina, en Roma y data de esta época). Es lógico que este icono no apareciera previamente, ya que para los primeros cristianos la cruz era un símbolo de tortura, de humillación. Cuando por fin se toma la crucifixión como un relato evangélico, Cristo se representa con los brazos abiertos y rígidos, totalmente adaptados a la cruz, siguiendo la ley de adaptación al marco. El cuerpo de los crucifijos románicos no pende y es totalmente hierático, ya que se intenta inculcar respeto y temor. La cara, totalmente inexpresiva, no trasluce ningún gesto de dolor.  La sangre es escasa o incluso puede faltar y los 4 clavos son una representación meramente ritual, colocados simétricamente como si fueran botones. 


La primera imagen de crucifixión.  La postura de los cuerpos no es realista,
sino simbólica. Puerta de Santa Sabina, Roma (s. VI)


La base ideológica de esta representación es platónica, pero también deriva de las teorías monofisitas,  que sostenían que Jesucristo solamente tenía una naturaleza divina, y no podia sufrir como un hombre. Dios no puede identificarse con la muerte, ya que según Orígenes, la sombra de Dios es la vida, mientras que la muerte refleja la ausencia de Dios. La idea del poder de Dios, de Cristo Rey, choca con la del crucificado, desnudo, torturado y ajusticiado, imagen que no liga con la magnificencia del poder, y que podría dar argumentos visuales a ciertas herejías (como cátaros, o valdenses..) que ya criticaban la vida opulenta y dispendiosa del clero.  


Pirámide social del feudalismo
Es entonces (s. XII - inicios del XIII) cuando aparecen los Cristos en Majestad, ataviados con ricas vestiduras y tocados con la corona real. Una decidida apología del orden feudal establecido, fuertemente jerárquico: rey (cuyo poder deriva de Dios), nobles, guerreros (bellatores), monjes (oratores) y bajo toda esa pirámide aparece, distante y oprimido, el pueblo, los siervos de la gleba (laboratores) 






Bibliografía



Puigarnau,  A. Imago Dei y Lux mundi en el siglo XII La recepción de la Teología de la Luz en la iconografía del Pantocrátor en Catalunya. Tesis doctoral dirigida por Amador Vega Institut Universitari de Cultura Universitat Pompeu Fabra. Barcelona,1999. http://www.tdx.cbuc.es/TESIS_UPF/AVAILABLE/TDX-0620105-125650//tapt1de2.pdf

Sant Bernat.  Sermó sobre el Càntic dels Càntics (cit. Per Davy MM: Initiation a la symbolique romane. Paris: Flammarion, 1977.

Románico. Gótico y Primer Renacimiento. Colección Fundación Francisco Godia. http://www.liceus.com/cgi-bin/gui/03/4584.asp

Gombrisch E.H. Historia del arte. Barcelona: Círculo de lectores, 1995 (p. 202)

Bellosi, L. Giotto. Tutta la pittura. Firenze: Scala, 1981.

Gélis, J. Le corps, l’Église et le sacré. In: Corbin A, Courtine J-J, Vigarello G. Histoire du corps. Paris: Seuil, 2005 (pp. 23-25)