jueves, 29 de marzo de 2018

Aspectos médicos de la muerte de Cristo (y IV): muerte y descendimiento







Rogier van der Weyden

Descendimiento de la Cruz
(1499-1500)


Óleo sobre tabla  220 x 262 cm
Museo del Prado. Madrid 



Como ya hemos visto el tormento de los condenados a ser crucificados era terrible. En el caso de Jesús fue la culminación de una serie de sufrimientos, incluyendo la hematidrosis, la flagelación y la corona de espinas. Nos referiremos hoy a la muerte propiamente dicha. 

Las causas de la muerte en la cruz eran multifactoriales, aunque los principales mecanismos eran el shock hipovolémico, la asfixia y tal vez el fallo cardíaco agudo con la posibilidad que sobreviniese un "cor pulmonale". Otros fenómenos que podían producirse eran la deshidratación, las arritmias por estrés y el fallo congestivo cardíaco por derrame pericárdico y pleural.  

El tiempo que tardaba un condenado en morir en la cruz era muy variable, y oscilaba entre 3 o 4 horas o 3-4 días. La mayor o menor duración estaba en relación a si se había practicado previamente la flagelación, que como hemos visto producía una considerable pérdida de sangre, lo que aceleraba el shock hipovolémico. 


Fra Angelico: Longinos atraviesa el costado de Cristo
con la lanza. Museo de San Marco. Florencia
Los soldados no se retiraban del lugar de la crucifixión hasta que se producía la evidencia de la muerte del reo. A veces, para acelerar la muerte, procedían a romper las piernas del crucificado por debajo de la rodilla (práctica conocida como crurifragium skelokopia), acelerando el fatal desenlace al evitar que el reo pudiese erguirse sobre sus pies, lo que como ya vimos al hablar de la crucifixión, le era imprescindible para poder respirar. Este método fue el utilizado para acelerar la muerte de los dos ladrones que fueron crucificados junto a Jesús.

Otras veces se atravesaba el corazón con una lanza. En el caso de Jesús el relato evangélico precisa que no le quebraron las piernas, porque ya estaba muerto y no hacía falta acelerar el desenlace. Sin embargo, para asegurarse, le atravesaron el costado con una lanza. El evangelio de San Juan no aclara si la lanza le hirió en el lado izquierdo o en el derecho, aunque previsiblemente fue en el izquierdo, en un intento de perforar el corazón. Lo que sí comenta el evangelista es que de la herida del costado manó sangre y agua. El "agua" puede identificarse fácilmente con el líquido seroso acumulado por una pleuritis o de la pericarditis que la crucifixión solía producir. 
Rosso Fiorentino: Descendimiento de la cruz.
Pinacoteca Comunale Volterra

Aunque muchas veces los cadáveres de los ajusticiados solían dejarse en la cruz a merced de los insectos y aves carroñeras, a veces se autorizaba a los familiares y allegados del ajusticiado a descolgar su cadáver para enterrarlo. En el caso de Jesús, la proximidad de la festividad de la Pascua aconsejaba que así se hiciese. Por eso, se solicitó el sepulcro de José de Arimatea para depositar el cuerpo
(Mateo 27, 57-60; Marcos 15, 43-46; Lucas 23, 50-55; y Juan 19: 38-42). Un discípulo de Jesús, Nicodemo, colaboró aportando 100 libras de mirra y áloe (unos 30 Kg) para embalsamarlo según la costumbre judía. 

La representación del Descendimiento de la Cruz es un icono clásico en las obras de arte alusivas a la Pasión y Muerte de Jesús. Pero tal vez es en el retablo de Rogier van der Weyden donde alcanza el grado más sublime.


Composición del Descendimiento de Rogier van der Weyden 


Los personajes del Descendimiento de Rogier van der Weyden
El retablo fue pintado para la capilla que el gremio de ballesteros tenía en Lovaina (Ntra. Sra. Extramuros)  en 1499 o 1500, y tras varias vicisitudes, forma hoy parte de la colección del Museo del Prado de Madrid. 

El centro del retablo lo ocupa la figura de Cristo, que todavía lleva en la cabeza la corona de espinas, y que muestra un cuerpo grácil, bello pero no atlético. La barba, rala, parece crecida solamente en los días de su detención. Los ojos aparecen en blanco, levemente abiertos. De la herida del costado mana sangre, a medio coagular y agua (Juan, 19, 34). El perizoma o paño de pureza transluce la sangre que fluye por debajo y que sin embargo no llega a mancharlo. 

Tres hombres están bajando el cadáver. El más viejo es Nicodemo, una alta jerarquía judía y fariseo(Juan, 3, 1-21; 7, 50). El más joven, que parece un criado, sostiene dos clavos muy largos y manchados de sangre que acaba de quitar de las manos de Cristo. La figura con vestidos dorados es José de Arimatea, el hombre rico que consiguió que le entregasen el cuerpo de Cristo y lo enterró en un sepulcro nuevo que reservaba para sí (Mateo, 27, 57-60). Llama la atención su fisonomía, muy parecida a la del Retrato de un hombre robusto. El gesto trasluce la pena profunda por la muerte de Jesús, las venas frontales marcadas revelan la tensión emotiva y el gran realismo de sus lágrimas constituyen una de las referencias obligadas en la pintura flamenca. 

El hombre vestido de verde y con barba que está detrás de José de Arimatea se interpreta como otro criado, que sostiene un tarro, probablemente el que contenía el perfume de nardo, auténtico y costoso con que la Magdalena ungió los pies de Jesús (Juan, 12, 3). A ella la vemos en el extremo derecho, entrecruzando las manos. 

A la izquierda, la Virgen se ha desvanecido y se ha caído al suelo. Su postura, en S itálica es totalmente paralela al del cuerpo muerto de Cristo, en un claro simbolismo. Su cara ha perdido el color y tiene los ojos en blanco, entrecerrados. La sujeta san Juan Evangelista, ayudado por una mujer vestida de verde que es probablemente María Salomé, hermanastra de la Virgen y madre de Juan. Y la mujer que está situada detrás del santo puede ser María Cleofás, la otra hermanastra de la Virgen.

He pasado muchas horas contemplando el Descendimiento de van der Weyden, sin duda una de mis obras preferidas en mis numerosas visitas al Museo del Prado. La composición y sobre todo, el gran realismo de las caras de los personajes hace de esta obra un referente inolvidable. 


Hans Holbein el Joven: Jesús muerto en su sepulcro



El descendimiento de Rogier van der Weyden 







No hay comentarios: