jueves, 11 de mayo de 2017

Una solución de urgencia





François Boucher

La toilette intime
(1760 circa)

Óleo sobre lienzo




François Boucher (1703-1770) fue un pintor que reflejó con frecuencia hechos cotidianos y algo anecdóticos como la higiene íntima femenina. En otra entrada de este blog ya hemos comentado algunas de sus obras en las que ilustra el uso de los primitivos bidés. 

Bourdaloue de la fábrica de Andrew Stevenson.
Cobridge, Staffordshire, Inglaterra (1812-1830)

Col. Winterthur Museum & Country State
En esta ocasión nos documenta el uso del bourdaloue, un recipiente parecido a una jofaina alargada que hacía las funciones de bidé portátil y que era usado para la higiene íntima o incluso para orinar. Tenía una forma de ocho (en forma de judía) con los bordes un poco inclinados hacia dentro para evitar roces y generalmente estaban decorados con motivos florales, los preferidos en aquel tiempo por las damas. Se introdujo en la corte francesa en tiempos de Luis XIV y alcanzó una gran popularidad entre este reinado y el de Luis Felipe. 

Bourdaloue con tapa. Hecho en Jigdezhen, China (1790-1820)
Col. Winterthur Museum & Country State
Aunque actualmente nos puede parecer raro, estos utensilios eran no sólo útiles sino necesarios. Imaginad a una dama de la época con diversas faldas y enaguas hasta los pies y que tenía una súbita necesidad higiénica o miccional. La sirvienta le acercaba un bourdelue y la señora, alzándose la falda podía proceder a satisfacer sus necesidades. 

Bourdaloue realizado en porcelana de Sèvres
con decoración etrusca en oro (1831), realizado para el
apartamento de la princesa Cléméntine en el Gran Trianon.
Museo de Versalles. 
En una época en la que todavía no se habían implantado los bidés, los bourdeloues eran absolutamente imprescindibles. 
Los había también de viaje, pensados para acomodarse entre los objetos personales. Muchos de ellos estaban profusamente decorados y a veces resultan difíciles de distinguir de una vajilla de una casa noble. Incluso en muchos de ellos aparece el escudo familiar. 

Escuela de Antoine Watteau. La toilette intime.
Óleo sobre lienzo 33x 25 cm
Además de Boucher, el uso de bourdaloues está documentado por otros pintores de la época como el de un discípulo de Antoine Watteau (1684-1721). 

También disponemos de un grabado anónimo de una dama en el curso de su higiene íntima. La señora se lleva la mano con una esponja a la zona genital en presencia de un sirviente. En este caso podemos observar el bourdaloue en el suelo, ante ella, junto a una caja-neceser de cosméticos.

La higiene íntima (1765). Grabado anónimo 17,2 x 12,8 cm. Museo Carnavalet

Según algunos, el curioso nombre de bourdaloue parece ser que proviene de Louis Bourdaloue (1632-1704), un jesuíta de la corte de Luis XIV que hacía unos sermones muy largos y apasionados, tal como atestigua Madame de Sévigné:
"Después de comer fuimos a oír el sermón de Bourdaloue, que grita como un sordo, diciendo verdades como puños, hablando de adulterios a diestro y siniestro..."
Predicador de gran prestigio, era llamado "el rey de los predicadores y el predicador de los reyes" y su oratoria electrizaba a todo París. Debían ser sermones muy interesantes porque muchas señoras llevaban con ellas un bourdaloue, por si tenían que satisfacer sus necesidades, ya que preferían esta solución "de urgencia" a tener que abandonar la iglesia. 

Bourdaloue pequeño (tal vez de viaje) con una inscripción
en su interior: Au plaisir des Dames
(Para el placer de las Damas)
Ya sea realidad o leyenda, lo cierto es que el nombre ha persistido para designar a esta curiosa pieza.  

El padre Louis Bourdaloue condenó repetidamente en sus prédicas contra el pecado de la gula. A su muerte se le dedicó una calle (rue Bourdaloue, un callejón tras la iglesia de Nôtre Dame de Lorette, entre la rue Châteaudun y la rue Saint-Lazare). Pues bien, en esta calle se instaló hacia 1900 un pastelero que se hizo famoso por una de sus golosinas: un postre a base de peras, que hoy es conocido en la terminología gastronómica como "tarta Bourdaloue". Ironías del destino. 
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