martes, 23 de mayo de 2017

Médicos que fuman







Ubaldo Oppi

Il chirurgo (El cirujano)
(1913)


Óleo sobre lienzo  154 x 113,5 cm
Museo di arte moderna e contemporanea
 di Trento e Rovereto



Seguramente esta entrada no es políticamente correcta. Mostrar a un médico fumando mientras trabaja es actualmente poco oportuno. Y sin embargo, así era hasta hace pocos años. Había muchos médicos que fumaban, en los pasillos, en los vestíbulos y hasta en las consultas. 

Ubaldo Oppi (1889-1942) fue un pintor italiano, que formó parte del movimiento del Novecento. Se le considera uno de los representantes del realismo mágico. La simplicidad es el rasgo que define mejor este movimiento, dominado por las miradas y los gestos melancólicos de los personajes, enjutos, pálidos y con ojos almendrados. Una luz fría y espectral suele iluminar la escena. 

En esta obra, Oppi representa un cirujano, probablemente entre intervención e intervención, fumando en el vestíbulo del quirófano. También tiene otra obra, Los tres cirujanos, también fumando mientras conversan. Una escena que en aquel momento era bastante habitual. Recuerdo en mis años de estudiante haber presenciado escenas parecidas tanto en el Hospital de Sant Pau como en el de Vall Hebrón de Barcelona o en el Hospital Clínico de Madrid. Todavía más frecuente era que el anestesista, una vez administradas las drogas oportunas al intervenido, salía a fumar al vestíbulo mientras los cirujanos se concentraban en la operación. 


Ubaldo Oppi. Los tres cirujanos (1930).
Musei Civici. Vincenza.
 
Entonces era habitual fumar en cualquier lugar. Se fumaba también en las clases o en las bibliotecas. Y por supuesto, se hacía en las consultas médicas, mientras se visitaba a los pacientes. Recuerdo grandes médicos de aquel momento fumando mientras realizaban una conferencia o mientras se dirigían a pasar consulta en las salas del hospital. A un ilustre dermatólogo, fumador inveterado de puros se le llegó incluso a prender una solución alcohólica de yodo al aplicarla a una paciente. Un caso que fue muy comentado.


En los años 30, muchos anuncios testimoniaban que el tabaco
era un hábito extendido entre los médicos 
Todo esto es hoy - por fortuna - inconcebible. El tabaco es una de las mayores amenazas para la salud pública que ha tenido que afrontar el mundo. El humo del tabaco tiene más de 4000 sustancias, de las que se ha demostrado que son nocivas unas 250. Causan cáncer unas 50 de estos productos, especialmente cáncer de pulmón y vías respiratorias, pero también cáncer de estómago, vejiga urinaria y de labio. Mata a más de 7 millones de personas al año, de las cuales más de 6 millones son consumidores directos y alrededor de 890 000 son no fumadores expuestos al humo ajeno. La mitad de sus consumidores morirán a causa de sus efectos. En los adultos el tabaco causa graves trastornos cardiovasculares y respiratorios, en particular coronariopatías y cáncer de pulmón. 

También el tabaco ajeno provoca un gran número de muertes (cerca de 900.000, de las que un 28 % son niños. En los lactantes puede causar muerte súbita. En las mujeres ocasiona bajo peso en el recién nacido. 


Vincent Van Gogh. Cráneo con cigarrillo en llamas (1885-86).
Óleo sobre lienzo. Museo van Gogh. Amsterdam.  
Afortunadamente, las campañas de concienciación y la prohibición de fumar en locales cerrados y las dificultades a hacer publicidad del tabaco han mejorado un poco la situación. Pero todavía hay muchos adictos. No olvidemos que el tabaquismo es una drogadicción y que el fumador frecuentemente suele necesitar ayuda para abandonar su hábito. 

La lista de los médicos fumadores en el pasado es muy larga. La de los que murieron por consecuencias de su adicción, también. A los médicos actuales nos toca predicar con el ejemplo y luchar con todas sus fuerzas para que este hábito nocivo desaparezca de la sociedad, para tener una mejor salud y calidad de vida. 
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