lunes, 10 de abril de 2017

Jonathan Hutchinson y la sífilis congénita

               




W. Swainson

Sir Jonathan Hutchinson

Óleo sobre tela. 80,5 x 63 cm
Museo Wellcome. Londres.





Sir Jonathan Hutchinson (1828-1913) fue un médico  inglés que destacó como cirujano, dermatólogo, venereólogo y oftalmólogo.

Jonathan nació en Selby, en el seno de una familia numerosa (12 hermanos)  cuáqueros practicantes. La pertenencia a esta "Sociedad de los Amigos" y el fervor religioso marcará de forma indeleble la personalidad de Hutchinson y su influencia reaparecerá una y otra vez a lo largo de su vida.

Como solía hacerse en aquel tiempo, Hutchinson se inició como aprendiz de médico con un cirujano farmacéutico, Caleb Williams en 1845. Tres años más tarde comenzó los estudios regulares en la Escuela de Medicina de York.  

Cromolitografía de Sir Jonathan Hutchinson realizada por 
Leslie Ward (bajo el seudónimo de Spy) para la revista "Vanity Fair", 
que publicaba retratos de personajes famosos a finales del s. XIX
Termina su formación en el Saint Bartholomew's Hospital en donde se diplomó. Allí conoció a Sir James Paget, un referente de la Medicina inglesa que ejercerá sobre él una gran influencia. Paget le consigue una plaza como asistente en el Liverpool Street Chest Hospital.

Durante dos años, Hutchinson lleva una agitada doble vida: de día ejerce de médico práctico y por las noches dedica una buena parte de su tiempo a ejercer como médico misionero asistiendo filantrópicamente a las clases más necesitadas de Londres. Pero la influencia de Paget y el trabajo cada vez más absorbente del hospital le obligaron pronto a dejar sus actividades caritativas para dedicarse en exclusiva a su carrera profesional. 

En 1853 obtuvo una plaza de cirujano en el Metropolitan Free Hospital, en donde realizó sus primeros trabajos de importancia. 

Intrigado por las deformidades de un cráneo de un muchacho hijo de madre sifilítica, se dió cuenta de lo poco que se sabía sobre la sífilis congénita. Se dedicó entonces concienzudamente a realizar un estudio de la clínica de la sífilis congénita, especialmente en adultos. En 1858 pudo presentar los resultados de su trabajo, perseverante y minucioso en la British Medical Association de Edimburgo. 

Sus descripciones son magníficas: 

"Estos enfermos presentan un aspecto que confiere a su fisonomía un carácter muy especial. Un color terroso y pálido, una piel espesa, una nariz aplastada y antiguas cicatrices en los ángulos de la boca les dan un aspecto general que puede reconocerse de un vistazo (...) el estado de los dientes es uno de los signos más característicos, especialmente los dientes de la segunda dentición (...) Por lo general, los incisivos son pequeños, redondeados, en forma de peonza, en vez de ser planos, presentando una melladura ancha y poco profunda que a veces apenas es visible por el desgaste dentario. Su tonalidad parda, sucia, que ninguna limpieza consigue hacer desaparecer es uno de los aspectos más característicos. A los 20 o 30 años, estos enfermos tienen los dientes tan gastados como los individuos no sifilíticos de 60."

Hutchinson, muy lúcidamente, concluye:

"Ninguno de estos síntomas tomado aisladamente es patognomónico de la sífilis hereditaria; solamente el examen completo y atento de la enfermedad y de sus ascendientes tiene valor; una confianza excesiva en algún aspecto aislado, aunque sea muy característico, puede conducir a errores graves, mientras que lo contrario puede en mi opinión conducir a conclusiones muy sólidas"

Fotografía de Jonathan Hutchinson

Hutchinson describió la tríada que lleva su nombre y que permitía el diagnóstico de la sífilis congénita: dientes mellados, sordera y queratitis intersticial. A partir de esta publicación, Hutchinson se convierte en el especialista más reconocido sobre sífilis. 

Las descripciones de Hutchinson eran muy imaginativas, buscando comparaciones fáciles de recordar y de identificar, como por ejemplo: 


- la sífilis, la gran simuladora 
- los gránulos del lupus vulgar se parecen a la compota de manzana
- los dientes de la sífilis congénita recuerdan el aspecto de un destornillador


Otra costumbre de Hutchinson era denominar las enfermedades no bien descritas con el nombre de los pacientes que las sufrían y no con el nombre de los médicos que las habían estudiado. Evitaba así el culto a la personalidad que tantos problemas ha acarreado (y todavía acarrea) a la Medicina. 


Panadizo melanótico de Hutchinson. Moldeado de cera.
Museo Olavide. Madrid. 
Finalmente, inspirado sin duda por Willan, Hutchinson dió una gran importancia al poder de las imágenes clínicas, que usó pródigamente para completar sus descripciones. En 1866 describió el melanoma subungueal (que ya había sido entrevisto por Boyer en 1854), destacando su mal pronóstico y su rapidez en metastatizar. Desde entonces se le conoce como panadizo melanótico de Hutchinson.  

Aunque en medio de todas estas virtudes, Hutchinson también se empecinaba a veces en el error. Así mantuvo siempre la falsa creencia que la pelada estaba provocada por un hongo. También negó el origen infeccioso de la lepra: en 1863 publicó un trabajo según el cual la lepra estaría causada por comer pescado en mal estado. Probablemente, en un viaje a Bergen observó la alta tasa de leprosos en Noruega y la costumbre de comer pescado y relacionó ambos observaciones. Pero persistió tanto en el error que cuando  Hansen, en 1874 descubrió el bacilo que lleva su nombre, Hutchinson siguió afirmando tozudamente: 
"Me alegro de este descubrimiento, y confío que pronto se podrá encontrar este parásito en el pescado"
En 1874 Hutchinson visitó el Hospital de Saint Louis de París y el museo Dupuytren, que le causaron una viva impresión. A partir de este momento dedicó todos sus esfuerzos a la creación de un museo que sirviera para la enseñanza de la Medicina a los jóvenes. Incluso llegó a instalar un museo de reducidas dimensiones en su propia casa de Halsmere.   

Además de las aportaciones sobre sífilis congénita, y del panadizo melanótico, Hutchinson realizó otras descripciones importantes como las queratosis arsenicales, hydroa estival y angioma serpiginoso.  



Bibliografía 

Tilles G. La naissance de la Dermatologie. Paris, Ed Roger Dacosta, 1989.

Crissey JT, Parish LC. Dermatology in the nineteen century. New York, Praeger, 1981. 

Sierra X. Historia de la Dermatología. Barcelona, Mra, 1994. 



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