lunes, 2 de enero de 2017

Las Tres Gracias de Rubens (I): la obra






Peter Paul Rubens

Las tres gracias 
(1630-1635) 

Óleo sobre tabla de madera de roble. 220,5 x 180 cm
Museo del Prado. Madrid   




Es sin duda una de las obras maestras y más conocidas de Peter Paul Rubens (1577-1640). Representa a las tres hijas de Júpiter y Eurímone, Aglae, Eufrosina y Talía. Según En la Ilíada, Homero las relaciona con Afrodita, y por lo tanto simbolizaban la belleza, la sexualidad y la fertilidad. Pero también se las relacionaba con la generosidad y la amistad, ya que eran muy pródigas y solían otorgar dones.  

Rubens las representa entrelazadas en un escenario, enmarcadas por un telón, y con un paisaje con ciervos de fondo. El árbol que se tuerce y se quiebra, en el ángulo superior izquierdo, está pintado con tonalidades muy oscuras, que contrastan vivamente con la gasa blanca colgada de la rama. En la parte superior, el cuadro está rematado con una guirnalda de flores, de calidades matéricas, que le da un cierto empaque. En un ángulo, un apagado Cupido sostiene una cornucopia de la que mana agua. Pero las tres figuras están en primer plano y ocupan la práctica totalidad del cuadro, por lo que nada distrae de la plena contemplación de sus cuerpos. El resto solamente tiene la función de realzar la exaltación de las tres mujeres desnudas.


El detallado tratamiento de las joyas realza
los voluptuosos cuerpos de las tres mujeres 
La intención del autor de reclamar la atención para los tres personajes queda todavía más clara si nos fijamos en el minucioso detalle de las joyas que lucen las tres hermanas, en vivo contraste con los ciervos del fondo, que apenas están esbozados. La luz incide sobre sus cuerpos, dejando en penumbra el telón que las enmarca e incluso la figura de Cupido monocroma y oscura queda reducida a una anécdota, como una mera parte del marco pictórico. 

El arte de un Rubens maduro aparece pletórico, recreándose con pinceladas sueltas en las carnaciones y sensuales relieves del cuerpo femenino, del que se nos revela como un gran conocedor. La piel de las tres mujeres se hunde al contacto de las manos de las otras, provocando huecos y pequeñas ondulaciones cutáneas. El espectador, así, no solamente capta las  impresiones visuales, sino que casi puede sentir las sensaciones táctiles evocadas por la pintura. El resultado es de una gran sensualidad. 

El personaje de la derecha, tal vez representa a la cuñada de Rubens
En las Tres Gracias, Rubens opta por una representación de las tres Carites muy diferente de la que se había realizado hasta entonces, especialmente las tres mujeres castas y recatadas del cuadro de Raffaele Sanzio, que seguro que el pintor flamenco conocía muy bien. Rubens al pintar las Tres Gracias está maduro y pletórico y entona un decidido canto a la belleza, a la voluptuosidad y a la vitalidad. Pintada poco después de haber contraído matrimonio con la joven de 16 años Helena Fourment (1630) el artista quiere transmitir la felicidad y alegría que caracterizan a esta etapa de su vida. Suele aceptarse que la diosa de la izquierda está inspirada en los rasgos idealizados de su propia esposa. 

La obra no fue fruto de ningún encargo, sino que fue concebida como un proyecto personal, por lo que todavía deja más claro el entusiasmo de su autor al pintarla. Rubens se convierte así en el primer artista conocido que pinta un cuadro de gran formato para su propio deleite.


En la obra de Rubens, las tres hermanas aparecen entrelazadas en círculo, retrasando cada una de ellas un pie, como si quisieran iniciar una danza, lo que da una sensación de movimiento armónico y delicado, circular, en un diálogo con las formas curvilíneas de los cuerpos, resaltado aún más por las transparencias de las vaporosas gasas. 

Las formas de las diosas son voluptuosas y abundantes, y se corresponden con el ideal de estética femenina de la época. Debemos subrayar este detalle, sobre el que volveremos más tarde. Lo mismo podemos decir del tinte clarísimo de la piel de las diosas. El artista les da un color blanco que obtiene a partir de la fusión de los tres colores primarios, consiguiendo así una carnación muy real. Los peinados también son los habituales del s. XVII. 

Aparte de representar a su segunda mujer, Helena Fourment en el personaje de la izquierda, algunos críticos creen que la figura de la derecha está inspirada en su hermana, Suzanne Fourment, aunque otros se inclinan por creer que podría representar a su primera mujer, Isabelle Brandt. 


Las Tres Gracias, de Rubens: 




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