lunes, 6 de junio de 2016

Anécdotas secretas de Ramón y Cajal (V): Trabajar, investigar...








 Santiago Ramón y Cajal

Autorretrato con microscopio





Las selfies de Don Santiago


Muchas de las fotos que han llegado a nosotros de Santiago Ramón y Cajal son autorretratos. A Cajal, gran aficionado a la fotografía,  le gustaba mucho fotografiarse a sí mismo en su gabinete, leyendo o trabajando con el microscopio. 

En estos autorretratos generalmente aparece con el puño cerrado. La razón es que en aquel momento no había mandos a distancia que permitieran disparar las fotos, por lo que Cajal disponía un cable disimulado entre sus ropas y que accionaba con la mano cerrada, para disimular el dispositivo. En realidad, era un aficionado a hacerse selfies "avant la lettre".




Un ojo de feto sifilítico en la calle


Es conocida la afición que tenía Cajal por la fotografía, y la fluida correspondencia que mantenía con el Dr. Jaume Ferran i Clúa (descubridor de la vacuna anticolérica) sobre este tema. Algunos reactivos y técnicas fotográficas le sirvieron para realizar las tinciones que le permitieron el descubrimiento de la neurona. 

Algunas veces recurría a tinciones especiales para visualizar mejor los tejidos, que estudiaba en su propia casa. Un día trató un ojo de feto con sífilis congénita con nitrato de plata para visualizar mejor la retina. Necesitaba que el nitrato de plata oscureciera los tejidos al exponerlos a la luz, por lo que puso el ojo a estudiar en el alféizar de la ventana de su despacho, para que le tocara el sol. Pero aquel día se levantó una brusca ventolera que hizo que el ojo rodara y cayera a la calle. 

El revuelo que se originó entre los viandantes al ver aquel ojo deforme y ennegrecido en medio de la calle fue mayúsculo. Incluso llegaron a avisar a la policía que acudió rápidamente a aclarar lo que había sucedido. 



La maniobra de Cajal

En la última época de su vida, Cajal seguía investigando en su laboratorio, situado en el hospital Clínico de San Carlos (actual Museo Reina Sofía). Este edificio tiene larguísimos pasillos y el lavabo estaba bastante alejado del laboratorio, que quedaba en un ángulo. 


Los largos pasillos del Hospital de San Carlos, de Madrid,
actualmente Museo Reina Sofía, en los que los urinarios
estaban muy lejanos. 
Cajal, como todos los varones de cierta edad, tenía algunas urgencias urológicas, pero apasionado como estaba en la observación de lo que veía al microscopio, demoraba la necesaria micción más de lo que era prudente. 

Cuando ya no podía más, le decía a su fiel colaborador, Don Pío del Río Hortega: 
Don Pío, vigile!
Y el bueno de Don Pío se apostaba en la puerta del laboratorio, cuidando de que nadie entrara, mientras Don Santiago aliviaba su vejiga orinando en la pila de lavarse las manos, dejando luego correr el agua. 

Esta práctica era conocida por todo el mundo, y era muy comentada entre los médicos del hospital. Algunos la llamaban socarronamente "la maniobra de Cajal".


La vida y la obra de Santiago Ramón y Cajal




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