lunes, 31 de agosto de 2015

Las abejas del papa




Gian Lorenzo Bernini

Escudo del papa Urbano VIII 
(1623-1633)

Bronce sobredorado
Relieve del baldaquino del altar mayor
San Pedro del Vaticano, Roma



En la base de las columnas salomónicas del altar mayor de la Basílica de San Pedro del Vaticano puede observarse este escudo papal con tres abejas. Es el escudo del papa Maffeo Barberini, Urbano VIII

Los baldaquinos o doseles se usaban en el s. XVII para encumbrar la figura del papa y también la de los reyes de España. Muchas celebraciones eucarísticas tenían lugar bajo estos doseles que cubrían al pontífice en la procesión de entrada a la iglesia. Urbano VIII quiso dotar a la iglesia de un baldaquino permanente, de más de 28 metros de alto, apoyado en columnas salomónicas (referencia a las columnas del templo de Salomón) para dar una mayor pompa y espectacularidad al culto. En la base de las columnas el Santo Padre quiso dejar constancia de su patrocinio: las tres abejas del escudo nobiliario de su familia. Todo el baldaquino es una clara apología del poder del papa Barberini. Las abejas también campean en los lambrequines de la cubierta. Y hasta las borlas que penden del palio son abejas transformadas. 

Esta obra fue encargada al escultor preferido del papa, Gian Lorenzo Bernini, que trabajó en ella casi dos lustros. Uno de los problemas con los que se enfrentó fue la gran cantidad de bronce que necesitaba para la realización de esta obra, problema que se solucionó expoliando todo el bronce romano del Panteón, con la venia de Urbano VII. Esta usurpación suscitó más de una crítica, como la del médico papal Mancini, gran amante de las artes, a quien se atribuye la siguiente frase: 
"quod non fecerunt barbari, 
fecerunt Barberini"

(Lo que no hicieron los bárbaros 
lo hicieron los Barberini) 























La predilección que sentía Urbano VIII por Bernini era manifiesta. Nada más ser elegido papa, lo recibió en audiencia en el Vaticano y le espetó directamente:

"Es gran fortuna la vuestra, caballero, la de ver papa al cardenal Maffeo Barberini, pero bastante mayor es la nuestra, que el caballero Bernini viva en nuestro pontificado" 

El amplio interés por las artes del papa posibilitó una gran amistad entre el pontífice y el artista, que tenía libre acceso a las estancias papales y a quien le encargó un gran número de trabajos casi en exclusiva. El  monopolio de Urbano VIII sobre la obra de Bernini fue tal que a partir de 1623 todo aquel que quería encargarle algo a Bernini tenía que obtener primero el permiso del papa. 



Así es fácil de comprender que el baldaquino de San Pedro no es el único lugar en el que encontramos las abejas de los Barberini. Urbano VIII fue un importante mecenas de las artes y dejó su firma heráldica en muchos otros lugares, como en la Fuente de las abejas al inicio de Via Veneto o en la Fuente del Tritón en la plaza Barberini de la Ciudad Eterna y en otras construcciones: la iglesia de Santa Maria in Aracoeli, Palazzo Barberini, y en muchas otras obras de los Museos Vaticanos. Según el especialista Sandro Barbagallo se pueden contar más de 500 abejas solamente en la Basílica de San Pedro (Barbagallo, S: Lo zoo sacro vaticano. Iconografia e iconologia zoomorfa nella Basílica di San Pietro




Pero ¿qué simbolizan las abejas del escudo Barberini?

Las abejas han representado siempre la laboriosidad, dedicación y elocuencia. Dos grandes santos de la Iglesia, San Ambrosio y San Bernardo de Claraval se asocian tradicionalmente con las abejas. Ya desde tiempos antiguos la Iglesia se representa como una colmena a la que acuden las abejas (los fieles) a libar la miel de la Palabra de Dios. 

Como dermatólogo, las abejas me traen el inevitable recuerdo de algunos pacientes con picaduras complicadas o de casos de hipersensibilidad a su veneno. Cada año hay algunas muertes por picaduras múltiples o por reacciones alérgicas a su toxina. Algo sin duda mucho más prosaico que las abejas heráldicas del blasón de Urbano VIII



Gian Lorenzo Bernini: 







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