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martes, 7 de febrero de 2023

Los parásitos de los agustinos

versió catalana | versión española







 Cementerio del convento 
de los Agustinos 

(s. X-XIV)
 
Restos humanos
Cambridge




Una reciente excavación arqueológica, liderada por la Universidad de Cambridge (Reino Unido), he estudiado los restos humanos del cementerio de los canónigos de San Agustín, más conocido como agustinos, una orden religiosa bastante extendida entre los siglos X y XIV en Cambridge. La sorpresa ha sido encontrar entre los esqueletos evidencias de parásitos intestinales en una proporción muy superior al resto de la población coetánea, según un artículo aparecido en agosto de 2022 en la revista International Journal of Paleopathology 

Desde luego, no es ningún secreto que los parásitos estaban muy extendidos en la Europa antigua y medieval. Las excavaciones en el norte del continente han descubierto rastros de muchos especímenes, como nematodos, la tenia del cerdo o incluso trematodos hepáticos de gran tamaño. El origen de algunas de estas infestaciones procedían del consumo de alimentos o bebidas contaminadas con heces, pero en otros casos se produjeron tras el simple consumo de carne o pescado. Como sucede en la actualidad, la contaminación era más frecuente cuanto menos medidas de higiene se aplicaban. Y hay que recordar que los medios de conservación de los alimentos eran muy precarios o casi inexistentes. 

En este sentido, el estudio de una comunidad monástica que vive en comunidad es muy interesante. En los monasterios habían instalaciones de letrinas, y fuentes de agua corriente procedente de cisternas, donde realizar preceptivas abluciones antes de comer y tras realizar las tareas habituales. Las normas de higiene están especificadas en la regla de San Benito, documento en el que se basaron después todas las reglas monásticas. En cambio, estas instalaciones no eran habituales en las casas de los campesinos. El saneamiento de las ciudades estaba basado en pozos negros en los que se acumulaban excrementos humanos, estiércol y otros desechos orgánicos. 

Sin embargo parece que en el caso de los Agustinos de Cambridge concretamente, el suministro de agua corriente no estaba garantizado y todavía no se ha excavado la zona de letrinas.

Los investigadores analizaron muestras de la pelvis de 19 agustinos que habían sido enterrados desde el s.X al s. XIV. Tras tratar adecuadamente las muestras y examinarlas al microscopio pudieron detectar huevos de parásitos intestinales. 

La sorpresa fue que mientras en el cementerio parroquial, en el que se enterraban los campesinos encontraron parásitos en un 32% de los casos, la proporción aumentaba a un 58% en los agustinos, que en teoría gozaban de mejores condiciones higiénicas y de agua corriente. 

Los arqueólogos creen que probablemente los agustinos solían abonar su huerto con el contenido de las letrinas, y que probablemente no practicaban habitualmente el lavado de manos regular (a pesar que así está estipulado en las reglas de San Agustín). Esto podría explicar la alta incidencia de parásitos intestinales en sus restos. 

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Religiosos medievals infestats de paràsits







 Cementiri del convent 
dels Agustins 

(s. X-XIV)
 
Restes humanes
Cambridge



Una recent excavació arqueològica liderada per la Universitat de Cambridge (Regne Unit), ha estudiat les restes humanes del cementiri dels canonges de Sant Agustí, més coneguts com a agustins, una ordre religiosa força estesa entre els segles X i XIV a Cambridge. La sorpresa ha estat trobar evidències de paràsits intestinals entre els esquelets en una proporció molt superior a la resta de la població coetània, segons un article aparegut l'agost del 2022 a la revista International Journal of Paleopathology . 

Sens dubte, no és cap secret que els paràsits estaven molt estesos a l'Europa antiga i medieval. Les excavacions al nord del continent han descobert rastres de molts espècimens, com nematodes, la tènia del porc o fins i tot trematodes hepàtics de grans dimensions. L'origen d'algunes infestacions procedia del consum d'aliments o begudes contaminades amb excrements, però en altres casos es van produir després del simple consum de carn o peix. Com passa actualment, la contaminació era més freqüent en la mesura que hi havia menys mesures d'higiene. I cal recordar que a l’època, els mitjans de conservació dels aliments eren molt precaris o gairebé inexistents.

En aquest sentit, l’estudi d’una comunitat monàstica que viu en comunitat és molt interessant. Als monestirs hi havia instal·lacions de latrines, i fonts d'aigua corrent procedent de cisternes, on fer preceptives ablucions abans de dinar i després de fer les tasques habituals. Les normes d'higiene estan especificades a la regla de Sant Benet, document en què es van basar després totes les regles monàstiques. En canvi, aquestes instal·lacions no eren habituals a les cases dels camperols. El sanejament de les ciutats estava basat en pous negres on s'acumulaven excrements humans, fems i altres deixalles orgàniques.

Tot i això sembla que en el cas dels Agustins de Cambridge concretament, el subministrament d'aigua corrent no estava garantit i encara no s'ha excavat la zona de les latrines.

Els investigadors van analitzar mostres de la pelvis de 19 agustins que havien estat enterrats des del s.X al s. XIV. Després de tractar adequadament les mostres i examinar-les al microscopi van poder detectar ous de paràsits intestinals.

La sorpresa va ser que mentre al cementiri parroquial, on s'enterraven els pagesos van trobar paràsits en un 32% dels casos, la proporció augmentava a un 58% en els agustins, que, en teoria, gaudien de millors condicions higièniques i d'aigua corrent.

Els arqueòlegs creuen que probablement els agustins adobaven adobar el seu hort amb el contingut de les latrines, i que probablement no practicaven de forma habitual el rentat de mans regular (tot i que així està estipulat a les regles de
Sant Agustí). Això podria explicar l'alta incidència de paràsits intestinals a les seves restes.

martes, 9 de febrero de 2021

Santa Apolonia, patrona de los dentistas

 





Francisco de Zurbarán

Santa Apolonia
(ca. 1636)

Óleo sobre lienzo 116 x 66 cm
Procedente del convento de la Merced 
Descalza del Señor San José de Sevilla.  

Museo del Louvre. París.  



Francisco de  Zurbarán (1598-1664) fue un pintor barroco, célebre por sus pinturas de santos y santas, encargadas en general por diversas órdenes religiosas de Sevilla. En esta pintura, encargada por el convento de mercedarios descalzos de Sevilla, se representa a Santa Apolonia, representada como una joven, en probable referencia a la eterna juventud y lozanía de los mártires en el Paraíso. Va vestida a la moda barroca, con prendas de seda de hermosos colores, suaves y sorprendentemente armónicos, aunque en atrevida combinación cromática. Los atributos que la identifican son varios: la corona de flores frescas como virgen, la hoja de palma como mártir y las tenazas que sostienen el diente, alusión a su martirio. 

El 9 de febrero, la Iglesia Católica celebra el día de Santa Apolonia de Alejandría, que está considerada por los dentistas como patrona de su especialidad. 

El motivo de este patronazgo lo encontramos en la vida y martirio de esta santa, según la tradición.  Apolonia vivió en la ciudad mediterránea de Alejandría, en Egipto, en la primera mitad del s. III, cuando esta ciudad, como todo el norte de África formaba parte del Imperio Romano. El nombre de Apolonia etimológicamente procede del dios Apolo, divinidad pagana de la mitología romana. Curiosamente, Apolo era el padre de Asclepio o Esculapio el dios de la Medicina en el mundo clásico. Un caso similar a otros nombres, como Apolinar. 



Ercole di Roberti: Santa Apolonia (1475)


Como la mayoría de los primeros mártires cristianos, la biografía de Apolonia, tiene más de leyenda que de historia. Sea como fuere, nos ceñiremos a lo que acepta la tradición. Bajo la época del emperador romano Filipo el árabe, hubo una algarada contra los cristianos, que eran vistos con malos ojos por los romanos por negarse a rendir culto al emperador.

Aunque los romanos eran bastante tolerantes en cuestiones religiosas, el culto al emperador era una manera de mantener la unidad política del imperio. Algo sencillo para un politeísta, pero imposible para un monoteísta (como judíos y cristianos que solamente aceptaban la existencia de su dios, y se negaban a adorar al emperador). Si a esto añadimos el pacifismo de algunas corrientes ideológicas del cristianismo, que estaban bastante extendidas por el norte de África y que se oponían a servir al Imperio con las armas, entenderemos mejor la animadversión popular contra los cristianos, que eran vistos como traidores al emperador. 

En este contexto debemos entender el motín contra los cristianos en Alejandría. Según el cronista Dionisio, se saquearon numerosas viviendas de cristianos y fueron ejecutados algunos de ellos al negarse a adorar el emperador. Torturas, lapidaciones y asesinatos. 


Guido Reni: Martirio de Santa Apolonia. Colección particular


Guido Reni: Martirio de Santa Apolonia. Museo del Prado

Dionisio nos refiere el caso de Apolonia, una diaconisa cristiana que predicaba y catequizaba: 

«En este tiempo Apolonia era considerada importante. Estos hombres la agarraron también y con repetidos golpes rompieron todos sus dientes. Entonces amontonaron palos y encendieron una hoguera afuera de las puertas de la ciudad, amenazando con quemarla viva si ella se negaba a repetir, después de ellos, palabras impías, como blasfemias contra Cristo o invocación a dioses paganos. Por su petición propia, fue entonces ligeramente liberada, saltando rápidamente en el fuego, quemándose hasta la muerte».
Esta forma de morir es la causa de que santa Apolonia no sea venerada en las iglesias orientales, a pesar de haber vivido y muerto en Alejandría, ya que se consideraba que al precipitarse a las llamas en cierto modo podía considerarse un suicidio. Su admisión en las iglesias occidentales se debe a la interpretación que San Agustín hizo de ese acto final. El santo obispo de Hipona explicó que el acto de Apolonia para acelerar su final fue inspirada por el Espíritu Santo para evitar el pecado de apostasía, con lo que dejaba zanjada la cuestión de su posible suicidio.

Otras versiones sostienen que Apolonia, se mantuvo viva entre las llamas, y que sus torturadores tuvieron que recurrir a un enorme alfanje para cortarle la cabeza. Así según esta versión, murió finalmente degollada.  


Relicario con un presunto diente de Santa Apolonia. 
Catedral de Oporto (Portugal)

Ante esta discrepancia sobre los momentos finales de su vida, el principal atributo de la santa se basó en su tormento previo: los dientes arrancados. Per eso era invocada por todos aquellos que sufrían dolores odontológicos y más tarde fue venerada por los propios dentistas. 

La comunidad cristiana quiso recordar la figura de la mártir virgen y recogieron las piezas dentales para repartirlas entre los creyentes. El resultado es que se han contabilizado más de 500 dientes repartidos entre diferentes iglesias de medio mundo. Con todas las reservas que el caso exige, parece ser que la relación de reliquias dentales de la santa lleva a ermitas, templos, capillas y catedrales. Un listado provisional de estos lugares en donde hay reliquias dentales de la santa incluye: Plasencia, Madrid, Oporto y Lisboa en la península ibérica (en la capital portuguesa su estación ferroviaria recibe también el nombre, de Santa Apolónia). También encontramos dientes de la santa en Brindisi, Roma y Nápoles (Italia), Kilstett y Toulouse (Francia) y Tournai (Bélgica). También hubo piezas dentarias atribuidas a la santa en Barcelona, en una iglesia que le estaba dedicada, pero que desapareció durante la guerra civil española y con ella se perdieron también los santos relicarios dentales. También se dice que la cabeza de Santa Apolonia se conserva como reliquia en el interior de un busto custodiado en la iglesia de Santa María de Trastevere de Roma.


Caspar de Crayer: Santa Apolonia. 
Iglesia de los agustinos. Bruselas. 

Aunque Dionisio se refiere a ella como una virgen de cierta edad (murió a los 49 años, lo que para la época era ya una edad relativamente avanzada), lo cierto es que siempre se la representa como una mujer joven. Como todas las imágenes de mártires lleva una palma en la mano, símbolo de su martirio, y en la otra suele sostener un diente con un instrumento odontológico. Esto es un detalle de gran interés ya que nos permite estudiar la evolución del instrumental odontológico a través del tiempo. 



Santa Apolonia.
Mosaico de baldosas valencianas (socarrats)


Con la introducción de la anestesia, los dolores dentales fueron menos intensos y aminorados por una clara acción farmacológica, con lo que la devoción y las invocaciones a la santa por parte de los aquejados por el dolor de muelas fueron menos frecuentes, y el culto de la santa decayó. Sin embargo sigue estando vivo su patronazgo entre los odontólogos y también encontramos referencias a esta santa en el callejero de algunas ciudades en donde encontramos algunas calles o plazas dedicadas a santa Apolonia. La estación de ferrocarril de Lisboa se llama de Santa Apolonia. Y en el Estado Español algunas poblaciones le han dedicado calles: Avilés (Asturias), Cariño (A Coruña), Peñaranda de Bracamonte (Salamanca), Cáceres, Soria, Madrid e Higuera de Vargas (Badajoz). Y en estos dos últimos casos, aparece sorprendentemente, como Polonia, sin la A: Santa Polonia, sin duda una corrupción de su nombre original.  



 

lunes, 13 de agosto de 2018

La cara impasible y sin dolor de los Cristos románicos

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Taller de Ripoll (?)

Majestat Batlló
(s. XII)


Escultura de madera policromada. 
1,56 x 1,20 cm.  
MNAC, Barcelona



En la Edad Media, las imágenes talladas en madera constituían uno de los elementos fundamentales de las iglesias como objetos de culto. Uno de los tipos iconográficos más habituales en Catalunya fue la del Cristo en Majestad, una imagen del crucificado que simboliza su triunfo sobre la muerte. 


Majestat de Serrateix. Museu Episcopal de Vic
La imagen lleva la corona real, símbolo de su poder
Una de las piezas más representativas de esta tipología escultórica es sin duda la Majestat Batlló (s. XII). La talla impresiona por su carácter solemne, gracias a una composición basada en la simetría geométrica y por su frontalidad. Al verla, enseguida llama la atención sus facciones serenas, que no expresan dolor alguno,  sino frialdad e incluso cierta indiferencia. Por otra parte, Cristo aparece vestido con una rica y lujosa túnica, que recuerda los refinados tejidos imperiales bizantinos o las suntuosas vestiduras hispanomusulmanas.


Las facciones del Cristo en Majestad de Lluçà no traslucen dolor ni bondad.
La intención del artista era infundir temor. Museu Episcopal. Vic


El arte románico insiste continuamente en la idea del poder de Dios (sociedad teocéntrica). En esta concepción social, muy jerarquizada, Dios ocupa el máximo nivel y ostenta el poder de crear, de juzgar, de proclamar la ley i el orden del mundo. Pero sobre todo el poder de reinar, ya que la monarquía es el sistema político medieval por antonomasia. Por eso, la representación de Dios por excelencia en el arte bizantino y románico és el Pantocrator, una expresión neoplatònica, que llega al medioevo a través de San Agustín y de Juan Scoto. El Cristo distante, mayestático, es desde luego una idea neoplatónica: Dios vive en una luz inaccesible y nadie se le puede acercar (1 Tim, 6-16). En los textos sagrados también encontramos una base ideológica : Nadie ha visto nunca a Dios (Jn 1, 18 y Ex 3, 20) 



La imagen de Dios Cosmocrator, del Dios Juez y Rey fue la más habitual
en el arte románico. Ábside de Sant Climent de Taüll. MNAC. Barcelona. 

También está muy extendida la imagen de Dios Juez, en el Juicio Final, inspirada en el Apocalipsis y en el Evangelio de San Mateo (Mt. 25, 31-46).  En estas escenas suele representarse también a San Miguel efectuando el peso del alma (psicostasia), así como la resurrección de los muertos, un tema obsesivo en el arte medieval. Para el cristiano de la Edad Media, Dios no es misericordioso ni  amoroso, sino la encarnación del poder, del feudalismo que articula la sociedad. La concepción que se tiene de Dios en los años del románico es la que podemos encontrar descrita en la antífona Dies Irae, interpretada en las misas de difuntos:  


Quantus tremor est futurus, 
quando judex est venturus, 
cuncta stricte discussurus !
Que gran temor sobreventrá 
cuando venga el estricto Juez
a sentenciar implacablemente 
(...)



Rex tremendæ majestatis,
qui salvandos salvas gratis,
      salva me, fons pietatis. 
         Rey de tremenda majestad
que salvas a quien tu designas 
sálvame, fuente de piedad



La crucifixión era una imagen mucho menos extendida. De hecho, no comienza a representarse hasta el s. VI (la primera crucifixión de la que tenemos constancia aparece en la puerta de la iglesia de Santa Sabina, en Roma y data de esta época). Es lógico que este icono no apareciera previamente, ya que para los primeros cristianos la cruz era un símbolo de tortura, de humillación. Cuando por fin se toma la crucifixión como un relato evangélico, Cristo se representa con los brazos abiertos y rígidos, totalmente adaptados a la cruz, siguiendo la ley de adaptación al marco. El cuerpo de los crucifijos románicos no pende y es totalmente hierático, ya que se intenta inculcar respeto y temor. La cara, totalmente inexpresiva, no trasluce ningún gesto de dolor.  La sangre es escasa o incluso puede faltar y los 4 clavos son una representación meramente ritual, colocados simétricamente como si fueran botones. 


La primera imagen de crucifixión.  La postura de los cuerpos no es realista,
sino simbólica. Puerta de Santa Sabina, Roma (s. VI)


La base ideológica de esta representación es platónica, pero también deriva de las teorías monofisitas,  que sostenían que Jesucristo solamente tenía una naturaleza divina, y no podia sufrir como un hombre. Dios no puede identificarse con la muerte, ya que según Orígenes, la sombra de Dios es la vida, mientras que la muerte refleja la ausencia de Dios. La idea del poder de Dios, de Cristo Rey, choca con la del crucificado, desnudo, torturado y ajusticiado, imagen que no liga con la magnificencia del poder, y que podría dar argumentos visuales a ciertas herejías (como cátaros, o valdenses..) que ya criticaban la vida opulenta y dispendiosa del clero.  


Pirámide social del feudalismo
Es entonces (s. XII - inicios del XIII) cuando aparecen los Cristos en Majestad, ataviados con ricas vestiduras y tocados con la corona real. Una decidida apología del orden feudal establecido, fuertemente jerárquico: rey (cuyo poder deriva de Dios), nobles, guerreros (bellatores), monjes (oratores) y bajo toda esa pirámide aparece, distante y oprimido, el pueblo, los siervos de la gleba (laboratores) 






Bibliografía



Puigarnau,  A. Imago Dei y Lux mundi en el siglo XII La recepción de la Teología de la Luz en la iconografía del Pantocrátor en Catalunya. Tesis doctoral dirigida por Amador Vega Institut Universitari de Cultura Universitat Pompeu Fabra. Barcelona,1999. http://www.tdx.cbuc.es/TESIS_UPF/AVAILABLE/TDX-0620105-125650//tapt1de2.pdf

Sant Bernat.  Sermó sobre el Càntic dels Càntics (cit. Per Davy MM: Initiation a la symbolique romane. Paris: Flammarion, 1977.

Románico. Gótico y Primer Renacimiento. Colección Fundación Francisco Godia. http://www.liceus.com/cgi-bin/gui/03/4584.asp

Gombrisch E.H. Historia del arte. Barcelona: Círculo de lectores, 1995 (p. 202)

Bellosi, L. Giotto. Tutta la pittura. Firenze: Scala, 1981.

Gélis, J. Le corps, l’Église et le sacré. In: Corbin A, Courtine J-J, Vigarello G. Histoire du corps. Paris: Seuil, 2005 (pp. 23-25)

viernes, 30 de junio de 2017

Las enfermedades cutáneas en la obra de Lope de Vega (II)







Sor Micaela de San Félix, hija ilegítima de Lope de Vega presenciando el entierro de su padre


Óleo sobre lienzo
Museo del Prado. Madrid




El cuadro con el que comenzamos la entrega de hoy representa una escena que tuvo lugar en agosto de 1635. El día del entierro del célebre dramaturgo Lope de Vega el cortejo fúnebre se detuvo unos instantes ante el convento de Sor Marcela de San Félix (1605-1687), hija ilegítima de Lope y Micaela Luján, que había profesado como monja. Sor Marcela, que además de monja era también era una gran escritora y poetisa castellana, se asomó a la puerta para ver por breves instantes el féretro de su padre, "El Fénix de los Ingenios". Sor Micaela tuvo así la ocasión de despedirse de su padre desde la reja de su convento de clausura, acompañada por las hermanas de su orden, que intentabann consolarla e infundirle ánimo y esperanza.

Seguiremos hoy pasando revista a las enfermedades cutáneas mencionadas en la obra de Lope de Vega y que ya iniciamos en la entrada anterior. 

Los lobanillos (quistes epidermoides) aparecen en varias de sus obras. En La Dorotea los compara jocosamente a las voces esdrújulas, por ser éstas la "hinchazón del verso".

Lope alude al "escocimiento de las nalgas", en el que creemos debe ser interpretado como una micosis (probablemente un intertrigo o una tinea cruris). Su aspecto circular es comparado por el literato con ruedas de salmón (Fuenteovejuna, acto 3º). 

En los pies menciona los callos (La fe rompida, acto 1º) y hallux valgus o juanetes (El leal criado). De estos últimos se sirve para hacer un juego de palabras:

"A ser aquestos galanes  
que han de cantar también Juanes 
y llamarse Juan Beltrán,  
y tener todos juanetes,  
era linda juanería"
(El Hamete de Toledo, acto 1)

Lope menciona el panadizo de la zona periungueal, al que llama panarizo (sic) en La porfía hasta el temor; y las berrugas (sic) en La mayor corona


Placa de la calle Lope de Vega, en el madrileño
barrio de las Letras
El poeta menciona el fuego o mal de fuego en La gallarda toledana y en La corona merecida. Algunos autores - como Agustín Albarracín - interpretan esta enfermedad como impétigo, aunque a mí me parece mucho más probable que se refiera al herpes zóster, que ya en textos clásicos era denominado ignis sacer o fuego sagrado, por su dolor urente, similar al de una quemadura.  

En El gran duque de Moscovia se hace referencia al fuego de San Marzal , alusión clara al ergotismo o intoxicación por el cornezuelo del centeno (contaminado por el hogo parásito Claviceps purpurea, que segrega ergotamina). Hay que destacar que esta denominación es la misma que aparece en las cantigas galicoportuguesas medievales, debido probablemente al culto que se rendía en Limoges a San Marcial y que se debió extender por el camino de Santiago primero y a todo el reino de Castilla después. El ergotismo es más conocido en otras áreas geográficas como el sudoeste de Francia y Catalunya como el fuego de San Antonio

Bibliografía: 


Albarracín, A. La Medicina en el teatro de Lope de Vega. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto "Arnaldo de Vilanova". Madrid 1954. 

Sierra X. Lírica galaico-portuguesa medieval. Camí del Sorral ARC, Barcelona, 2013.