dimecres, 6 de juny de 2018

Los signos de vejez








Jörg Syrlin "el Viejo" 
o Michel Erhart

Grupo Vanitas
(1470-1480) 

Talla de madera policromada 46x19 cm
Procedente de Ulm
Kunsthistorische Museum. Viena 




En el Kunsthistorische Museum de Viena encontramos esta curiosa talla de madera de tilo policromada, del s. XV. Se trata de un grupo escultórico en el que aparecen tres cuerpos desnudos. Dos de ellos, un hombre y una mujer, en plenitud de la belleza y lozanía de la juventud. El tercero representa una mujer anciana, en la que el escultor se recrea en señalar las señales que en el cuerpo deja el implacable paso del tiempo. Se trata pues de una obra que se encuadra en las Vanitas, ya que la reflexión que el artista plantea es la de la fugacidad de la vida humana y la ineluctable caducidad de la belleza juvenil.  


Un detalle de la obra, mostrando la
figura femenina de la juventud


La obra procede de Ulm y se atribuye a Jörg Syrlin "el Viejo" (1425-1491), un escultor de madera activo en Ulm y autor entre otras cosas de la sillería de la catedral de esta ciudad alemana. No obstante hay ciertas dudas sobre esta autoría. Hay quien piensa que podría ser obra de Michel Erhart (1425-1522), escultor formado en el taller de los Syrlin y que posteriormente, con su propio taller realizó el altar mayor de la catedral de Ulm en 1474, una fecha cercana a la de la realización del grupo escultórico que nos ocupa.

Llamaron nuestra atención los signos de vejez que el escultor plasma en la anciana. Para articular su discurso, el escultor se fija en las alteraciones que tienen lugar en el cuerpo con el paso del tiempo. La vieja aparece con arrugas en cara y cuello y una marcada alopecia androgénica que le deja despoblada de cabello toda la zona frontoparietal. En medio de la frente aparece una tumoración cutánea, que recuerda un nevus intracelular (aunque también pudiera interpretarse como una queratosis seborreica incipiente o un carcinoma basocelular en pastilla). 

Otro detalle es la marcada asimetría facial. La boca entreabierta deja ver la lengua, que se tuerce hacia la derecha del personaje. El aspecto es el de un ictus, un accidente vascular cerebral, o el de una parálisis facial. Los ojos aparecen hundidos en las órbitas y abiertos desmesuradamente, como en un intento infructuoso de hablar (¿tal vez una afasia?).



La figura de la anciana pone de manifiesto los cambios
que se observan en el cuerpo con el paso del tiempo

El cuerpo de la figura pone de manifiesto una notoria emanciación, con pérdida de tejido muscular en tronco y extremidades. Las mamas aparecen fláccidas y colgantes, como corresponde a una mujer añosa. La piel, especialmente en el abdomen, aparece arrugada, con el aspecto de la típica sequedad cutánea senil. 

Para terminar su observación, el artista no olvida las varices, que surcan las piernas y otras zonas del cuerpo. La policromía pone de relieve esta circulación colateral, plasmando el color azulado de la red venosa, con una gran precisión. 



Las varices y la circulación venosa colateral se refleja con precisión


A la vista de esta obra, cabe destacar la correcta y precisa observación del artista, que se traduce en una perfecta descripción de los cambios que acontecen en el cuerpo con el paso del tiempo. Una visión descarnada de la realidad que sirve de base a la reflexión filosófica sobre la efímera belleza de juventud.   

 




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