dijous, 19 d’abril de 2018

Heridos de guerra








Otto Dix

La Guerra
(Der Krieg) 
(1932-1936)

Óleo. Tríptico 
Retablo central: 204 x 204 cms.​ 
Retablos laterales: 204 x 102 cms.​ 
Predela: 60 x 204 cms.​

Gemäldegalerie Alte Meister. Dresden. 





Otto Dix (1891- 1969) fue un destacado pintor expresionista alemán encuadrado en el movimiento Nueva Objetividad. Con una considerable obra (más de 500 bocetos, dibujos, retratos y acuarelas) fue considerado como un artista degenerado (Ertantete Kunst) por los nazis (1937) y depuesto de su cargo de catedrático por sus ideas contrarias al régimen, que le valieron incluso algunas semanas, acusado de haber participado en el atentado contra Hitler. Sin embargo, esto no pudo acallar su fama y siguió siendo uno de los artistas alemanes mejor valorados en todo el mundo. 



Otto Dix: Recuerdo de días gloriosos. 

Cuando empezó la I Guerra Mundial, Otto Dix se alistó como voluntario en el ejército y agregado a un regimiento de artillería de campaña en Dresde. En el otoño de 1915, fue asignado como suboficial de una unidad de ametralladoras en el Frente Occidental y tomó parte en la Batalla del Somme. En noviembre de 1917, su unidad fue transferida al Frente Oriental hasta el cese de hostilidades con Rusia y en febrero de 1918 estaba estacionado en Flandes. De vuelta al Frente Occidental, luchó en la Kaiserschlacht. En reconocimiento a sus méritos militares le fue concedida la Cruz de Hierro de segunda clase y alcanzó el rango de Vizefeldwebel. En agosto del mismo año fue herido en el cuello, poco tiempo después tomó lecciones de vuelo. Se le dio de baja en diciembre de 1918.














Dix quedó profundamente afectado por el horror de la guerra, posteriormente descrito como una pesadilla recurrente en la cual él se arrastraba a través de casas destruidas. Él representó sus traumáticas experiencias en muchas de sus obras posteriores, entre las que destaca un portafolio de 50 grabados titulado Der Krieg (La Guerra), publicado en 1924. Un momento en el que toda Alemania estaba llena de tullidos, mutilados y heridos de guerra en general que arrastraban sus secuelas en una sociedad que también arrastraba graves consecuencias morales y económicas. 

Otto Dix: Quirófano
En muchas de estas obras se pueden ver los efectos de la metralla o de las bombas en los soldados, con graves lesiones en la cara. Las pérdidas de sustancia del tejido son realmente dramáticas y consiguen poner al espectador ante la tragedia de los enfrentamientos armados. Algunos de sus dibujos también presentan a los soldados en el hospital, mostrando la actividad de los quirófanos de campaña, así como algunas de las reconstrucciones quirúrgicas efectuadas. 

También plasmó la dura realidad de las trincheras o los ataques con gases tóxicos, que tanto caracterizaron los combates de la Gran Guerra. 

La sátira descarnada de Otto Dix constituye una de las más evidentes denuncias de los desmanes bélicos  y del inmenso dolor que pueden causar las guerras a la humanidad. 

Tal vez la obra culminante en este sentido es el Tríptico de la Guerra. El pintor recurre al formato tradicional del tríptico para darnos una visión panorámica que nos transmite su juicio de valor sobre las guerras. 

La escena del retablo izquierdo muestra un pelotón de soldados, la mayoría de ellos anónimos, sin rostro, que marchan  en la lejanía. Únicamente podemos ver el perfil de dos soldados que se miran a los ojos. Estos combatientes se desvanecen hacia el campo de batalla en medio de una espesa niebla, que podría aludir al gas venenoso utilizado por primera vez en Ypres, Bélgica, en 1915.
Otto Dix: Panel central del Tríptico de la Guerra. El impacto de la bomba en el refugio.


En el retablo derecho podemos observar a un herido que es transportado por uno de sus compañeros, encarnado por el propio Otto Dix, que nos contempla con cara deshumanizada, en medio de una batalla campal.  El suelo, sembrado de cadáveres, presenta una zona todavía en llamas, deformada por los cráteres de las bombas.

El panel central del tríptico expone el resultado de la refriega: En un refugio ha impactado una bomba, que ha dejado tras la explosión un profundo cráter, lleno de heridos y lesionados. El resguardo se convierte en una fosa común en donde solo un miliciano permanece erguido. Aquí ya no se pone en ejecución una acción militar. Es una visión panorámica de la Guerra total que encierra cuerpos destrozados, árboles carbonizados, ruinas y cenizas.

La predela remata con la lógica consecuencia: bajo una lona diversos cadáveres, alineados. La muerte, consecuencia directa de la guerra, el alto precio en vida, dolor y sangre que se paga desde tiempos inmemoriales para solventar los conflictos humanos. 







            







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