dimecres, 24 de gener de 2018

El sueño de Morfeo (III): de la morfina a la heroína





Albert Matignon

Morfina 
(1905)

Óleo sobre lienzo 105 x 145 cm
Castillo-museo de Nemours 



En un artículo anterior dábamos cuenta de que en el s. XIX el uso de la morfina se extendió considerablemente en Europa. Pero ¿cómo se produjo esta situación? 


Lámina botánica representando la flor y el fruto
de la adormidera  (Papaver somniferum L.) 
La savia de la adormidera (Papaver somniferum L.), contiene los principales alcaloides activos. La savia que mana de las cápsulas de la adormidera (normalmente por incisiones) se deja secar y se muele dando como resultado el opio. Las virtudes de la adormidera eran conocida en Europa desde el Neolítico (6 milenio a.C.). Se han encontrado evidencias de su cultivo en asentamientos de finales de la Edad de Piedra en los alrededores de los ríos Rin, Ródano, Po y Danubio, así como en Bélgica y en las riberas del Mediterráneo. 

Pero el auge de su consumo tuvo lugar a partir de finales del s. XVIII. En aquel momento, China exportaba muchos productos a Inglaterra (té, seda, especias) pero en cambio los británicos tenían poco que ofrecerles y esto provocó un gran desequilibrio comercial. En 1773, el Imperio Británico conquistó la provincia de Bengala, en la India, que era en aquel momento el mayor productor de opio. Los británicos decidieron exportar opio a China para intentar compensar su balanza comercial. Pronto, el apego al opio se había extendido tanto en China que en 1839 el emperador mandó quemar todo el opio introducido a través de las naves británicas. Esto supuso el inicio de las guerras del opio, en las que el Imperio Británico derrotó a China y pudo reanudar el comercio del opio. Muchos chinos, ya adictos al opio, emigraron posteriormente a Norteamérica, introduciendo allí su consumo. 


Friedrich Wilhelm Sertürner (1783-1841)
En la primera década del s. XIX, un ayudante de farmacia alemán llamado Friedrich Wilhelm Sertürner (1783-1841) sumergió opio crudo en agua caliente amoniacal, obteniendo una pasta cristalina de color blanco amarillento. Lo administró a unos perros, que murieron poco después. Luego, Sertürner probó dosis más pequeñas en sí mismo y observó que producía euforia y alivio del dolor. También observó que a altas dosis la droga causaba náuseas, vómitos, estreñimiento y dificultad respiratoria. También eliminaba la tos. Los efectos analgésicos de este producto eran 10 veces superiores a los observados con el opio. Sertürner decidió dar a su compuesto el nombre de morfina, en honor a Morfeo, el dios de los sueños.  

Eugène Grasset: La morfinómana (1897)
El consumo de morfina pronto comenzó extenderse. La droga era producida comercialmente a mediados del s. XIX y se usaba tanto como alternativa al opio y como terapia substitutiva para curas de desintoxicación de opio. En 1853, se perfeccionó la primera aguja hipodérmica, con lo que su administración era más rápida y eficaz. Las inyecciones de morfina se convirtieron en una práctica habitual de las clases sociales distinguidas.

Al llegar la I Guerra Mundial, el consumo de morfina se extendió en el ejército, que ya se había popularizado considerablemente entre los combatientes de la Guerra de Secesión americana. Los soldados encontraban en la morfina un analgésico eficaz que les hacía olvidar las heridas, congelaciones y sobre todo del "pie de las trincheras", una temido mal que afectaba a las tropas de primera línea. Durante esta guerra las trincheras tuvieron un especial protagonismo. A veces los soldados permanecían horas en unas condiciones extremas, en trincheras anegadas de agua. La humedad constante, el frío y la falta de circulación sanguínea - dificultada por la compresión de las botas militares - causaban la maceración e infección del pie con gran hinchazón, linfangitis y dolor. En estos casos el potente efecto analgésico de la morfina era un gran consuelo. Al mismo tiempo, les permitía evadirse de su nada envidiable situación. La adicción a la morfina llegó a conocerse como la "enfermedad del soldado".


Paul Besnard: Adictas a la morfina (1887)



En 1878 Charles Romey Adler Wright obtuvo un derivado, la diacetilmorfina, al acetilar el clorhidrato de morfina. A finales del s. XIX, otro químico, Felix Hoffmann, la resintetizó. Creyó que su poder adictivo iba a ser mucho menor que la morfina y que podría salvar muchas vidas al conservar sus propiedades analgésicas y sedantes sin los riesgos de la dependencia. Por este motivo decidió llamarla "heroína" ya que creía que sería un producto que salvaría heroicamente muchas vidas. Su visión no fue desde luego nada profética.  
Uno de los envases de Heroin®,
comercializada por Bayer

También hay quien cree que el nombre de "heroína" Pero los Laboratorios Bayer comercializaron esta sustancia con este nombre: "Heroína" en 1898. Hay quien cree que este nombre se derivaba sobre todo de la los efectos de la sustancia: la exaltación que producía hacía que quien la consumía se sintiera como un héroe

Podemos corroborar que era una opinión generalizada que la heroína tenía menos efectos secundarios que la morfina. En la 11ª edición de la Enciclopedia Británica (1910) se afirmaba: 
"En la tos de la tuberculosis es de recibo utilizar pequeñas dosis de morfina, pero para esta enfermedad en particular es mejor reemplazarla con frecuencia por codeína o heroína, que alivian la tos seca sin los efectos narcóticos posteriores a la administración de morfina".

Publicidad de un jarabe de heroína
Más tarde se descubrió que la heroína se convierte en gran medida en morfina al ser absorbida en el hígado. En poco tiempo se demostró que la adicción generada por utilizar este compuesto es mucho más intensa en comparación a la de la morfina. Durante muchos años, los médicos no se dieron cuenta de los peligros de usar clínicamente la heroína. Finalmente, se descubrió que algunos pacientes que habían estado usando grandes cantidades de heroína durante mucho tiempo comenzaban a presentar síntomas de adicción.

El consumo de heroína se extendió mucho en la segunda mitad del s. XX, y particularmente a partir de los años 70. 

A finales de la década de 1970 y la década de 1980, la guerra de Afganistán, en la que intervino la URSS , condujo a un aumento de la producción en las regiones fronterizas de Afganistán y Pakistán, ya que los rebeldes muyahidines que luchaban contra la URSS y el gobierno socialista afgano necesitaban financiación para la compra de armas.​  En 1980, el 60% de la heroína vendida en Estados Unidos, país que apoyaba a los muyahidines, provenía de Afganistán. 


Cartel ruso alertando de los
peligros de la heroína
Cartel alemán alertando a los
heroinómanos del peligro de
contraer sida al que se exponen





















Cuando apareció el sida en 1981, su propagación se hizo en gran medida entre los heroinómanos, que solían compartir la misma jeringuilla. Al principio incluso se llamaba al sida "la enfermedad de las 4 H" (heroinómanos, homosexuales, hemofílicos y haitianos. La dramática irrupción del sida y la concienciación del peligro que suponía para los adictos a la heroína provocó la disminución en el uso de las drogas de administración parenteral y también que se extremaran las medidas higiénicas entre los adictos, evitando compartir jeringuillas entre ellos.   




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