lunes, 12 de junio de 2017

Calígula, el irascible calvo








Busto de Calígula 
 Mármol
Glyptotetek. Copenhague.





Cayo Julio Cesar Augusto Germánico, más conocido como Cayo César o Calígula, fue el tercer emperador romano, de la dinastía Julio-Claudia, iniciada con Augusto. Nacido en el año 12 d.C. reinó entre los años 37 y 41, momento en el que fue asesinado por sus propios guardias.

Calígula era hijo de Germánico, que fue uno de los generales más importantes de la historia de Roma. El padre de Germánico, Nerón Claudio Druso era el hermano pequeño de Tiberio y murió prematuramente, por lo que el emperador adoptó a Germánico cuando quedó huérfano. 

Germánico, fue un gran estratega y un destacado militar. Siendo todavía un niño, su hijo Cayo César (Calígula), le acompañó a su padre en algunas de sus campañas. A pesar de su corta edad, vestía como un soldado más y se calzaba unas pequeñas botas como las que llevaban los legionarios (caligae). A pesar de que estaban adaptadas a la talla infantil, las botas todavía le venían un poco grandes, por lo que pronto los legionarios romanos le llamaron cariñosamente "botitas" (caligula). El mote hizo fortuna y así es habitualmente conocido, aunque Cayo no soportaba que le llamaran por este apodo y cuando fue emperador mandó ejecutar a más de uno que se atrevía a llamarle así a la cara. Sin embargo - ironías del destino - este es el nombre con el que ha pasado a la historia. 

Tiberio, antes de morir, dispuso que el Imperio fuese regentado de forma conjunta por su nieto Tiberio Gemelo y Calígula. A Calígula, que era ambicioso y falto de escrúpulos, le faltó tiempo para hacer asesinar a Gemelo, por presunta conspiración. 


Caligae, calzado de los legionarios romanos.
El nombre Calígula es un diminutivo de este calzado,
ya que Cayo César durante su infancia calzaba pequeñas
caligae, como los legionarios. Museo de St. Germain en Laye


Tras deshacerse de Gemelo, el nuevo emperador tomó en solitario las riendas del Imperio. De natural violento y sádico, amante de la sangre derramada, ordenó que se sacrificaran 160.000 animales en los templos dedicados al culto del emperador. Su administración tuvo una época inicial marcada por una creciente prosperidad y una gestión impecable. Concedió diversos galardones a los militares, eliminó los impuestos injustos y liberó a los que habían sido encarcelados injustamente. Organizó lujosas competiciones de carros, espectáculos de gladiadores y obras de teatro. No obstante, una grave enfermedad que sufrió el emperador marcó un punto de inflexión en su modo de reinar. Se sospechó que pudo tratarse de un posible intento de envenenamiento. A pesar de que se recuperó de su enfermedad, parece ser que fue, a partir de ese momento, cuando comenzó a realizar todo tipo de locuras, como matar o exiliar a personas de su entorno arbitrariamente y gobernar de forma tiránica y cruel. 

A pesar de que una serie de errores en su administración habían derivado en una crisis económica en la que el hambre afligió al pueblo romano, el emperador emprendió un conjunto de reformas públicas y urbanísticas que acabaron por vaciar el tesoro. Acuciado por las deudas, puso en marcha una serie de medidas desesperadas para restablecer las finanzas imperiales, entre las que destacaba la creación de un impuesto por la prostitución y también la de pedir dinero a la plebe. En el plano internacional, su reinado se caracterizó por la anexión de la Mauritania, a cuyo rey asesinó durante una visita a Roma. 

Calígula tenía una avanzada alopecia androgenética, con profundas entradas mal disimuladas. Se echaba continuamente el flequillo hacia adelante y se colocaba la corona de laurel para no dejar descubierta la calva. Evidentemente, los retratos oficiales estaban censurados, aunque se logra vislumbrar una incipiente pero clara calvicie, Tenía además un importante hirsutismo corporal y una implantación muy baja del pelo occipital que le cubría buena parte de la nuca y cuello (una característica genética de la familia Julia-Claudia, ya que tanto Tiberio como Claudio presentaban este rasgo). Todo esto le daba una cierta apariencia caprina, que había sido motivo de chanzas y burlas en su juventud. Según cuenta Cayo Suetonio en su obra “El libro de los doce césares“, Calígula no permitía que nadie lo mirara desde lo alto, ya que se veía claramente su calvicie. Tampoco permitía que nadie osara mirar fijamente a sus despobladas sienes ni que se pronunciara cerca de él la palabra "cabra", cosa que consideraba un delito capital, que no dudaba en castigar con desproporcionada dureza. 

Calígula tenía unas facciones duras, un carácter irascible, y los ojos hundidos y una mirada exorbitada. Todo eso hace pensar en un posible hipertiroidismo. Su rostro era feo y repugnante, a juzgar por los testimonios de algunos coetáneos. Él sabía que lo odiaba todo el mundo por ser como era, pero solía decir: “Que me odien, con tal de que me teman”.

Suele afirmarse que Calígula estaba loco y que podría haber sufrido una esquizofrenia o una epilepsia. Sus actos gratuitos de crueldad y de violencia hacen creíble esta teoría, aunque siempre es conveniente considerar que tal vez sus acciones hayan sido exageradas por sus detractores como parte de un plan de socavamiento y desprestigio político. 

Estatua de Calígula.
Museo Archeologico Nazionale. Nápoles
Uno de los actos que más han llamado la atención es su proclamación como dios en vida. Un hecho que hoy podemos atribuir a su egolatría o a una megalomanía casi esquizoide. Sin embargo, hemos de considerar que la divinización del emperador era en aquel momento una cuestión política. En un Imperio Romano vasto y plural, con gran variedad de lenguas y culturas, en donde ni siquiera la lengua era un elemento común (la parte oriental del Imperio desconocía prácticamente el latín y hablaba normalmente en griego) únicamente existían dos elementos comunes: el derecho romano y el reconocimiento de la divinidad del emperador (a modo de los reinos orientales o de Egipto, en donde tradicionalmente el rey era considerado un dios). Los romanos eran muy tolerantes con las religiones de los pueblos agregados al imperio. Y tampoco aceptar la divinidad imperial era un problema grave para la mayoría de civilizaciones romanizadas. Se trataba de pueblos con creencias religiosas politeístas para los que añadir un dios más (el emperador romano) no suponía mayor problema. Pero este era precisamente el escollo con el que topaban los súbditos monoteístas (judíos y cristianos): para ellos adorar al emperador era idolatría, ya que creían en un solo dios (el suyo), y por lo tanto adorar a otro dios, por muy emperador que fuese era un grave pecado. Esta falta de aceptación del culto imperial es a lo que muchos romanos paganos llamaban "el ateísmo cristiano" (porque se negaban públicamente a reconocer la divinidad más obvia, la del emperador). Esto daría lugar más adelante, a las persecuciones de los cristianos, por   

Muchos de los actos calificados de locura de Calígula derivaban de intentar reproducir los hechos de los dioses con los que se quería identificar: su matrimonio incestuoso con su hermana (como los faraones de Egipto); devorar a su propio hijo (como Saturno) etc. Naturalmente tales actos son de una violencia y de un sadismo difíciles de justificar, pero están en relación por su obsesión por divinizarse (como un objetivo político) y en un posible transtorno esquizofrénico.  



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