miércoles, 18 de enero de 2017

Sudar sangre





Francesco Bassano

Oración de Jesús en el huerto de Getsemaní


Óleo sobre lienzo
Galeria Doria Pamphilij. Roma.  



Tras la Última Cena con sus apóstoles, Jesús decidió ir al Monte de los Olivos a rezar. Eligió a tres de sus más allegados apóstoles (Pedro, Santiago y Juan) y se dirigió al huerto llamado de Getsemaní. Jesús estaba muy angustiado por los terribles momentos que se le acercaban, y sentía una intensa soledad: sus seguidores se habían dormido. Jesús velaba y su padecimiento psíquico debía ser muy intenso. En estas circunstancias extremas, el Evangelio de San Lucas nos revela que sudó sangre:


"Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra". (Lucas 22:44)

Es curioso que sea San Lucas (que la tradición dice que era médico, como se comenta en Colosenses 4:14) el que nos transmite este detalle, que omiten los otros evangelistas. 


Detalle del cuadro de Bassano donde puede apreciarse representada
la hematidrosis de Jesús cayendo en grandes goterones  



Esto es precisamente lo que intenta  plasmar este cuadro de Francesco Bassano, un pintor véneto que encontramos en la Galleria Doria Pamphilj, de Roma. Parece ser que pintó diversas versiones de este tema que se pueden ver en otros museos. 

Pero ¿el relato evangélico es real o puede ser una hipérbole, un simbolismo? ¿Se puede realmente sudar sangre?

El sudor de sangre se conoce médicamente como hematidrosis (voz derivada del griego haima/haimatos αἷμα, αἵματος, sangre; hidrōs' ἱδρώς sangre). Se acepta que es posible, aunque rarísimo, y se puede dar en casos de un sufrimiento psicológico extremo. Se ha descrito en algunos casos de personas que sabían que iban a morir inmediatamente de muerte violenta, como condenados a muerte o a situaciones bélicas.  

Aunque la causa de este fenómeno no se conoce con exactitud, se ha apuntado la hipótesis de que pueda deberse a un intenso estrés que provoca una descarga del sistema vegetativo simpático (reacción de alarma) que cursa con una fuerte vasoconstricción α-1 cutánea y abdominal (desplazando un gran volumen de sangre). Esto haría subir mucho la tensión arterial, activando en el organismo una descarga colinérgica vasodilatadora que provocaría una gran sudoración como mecanismo compensatorio para perder volumen y así disminuir la presión: la sangre expulsada del intestino y de la superficie cutánea se dirigiría a donde hay vasodilatación, a las glándulas sudoríparas. El tejido no aguantaría bien la intensa presión y la sangre se podría extravasar saliendo al exterior mezclada con el sudor. 

Hay que señalar que se trata de un fenómeno excepcional, del que se han descrito muy pocos  casos durante los s. XX-XXI. 


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