viernes, 5 de febrero de 2021

Vampiros de ficción y enfermedades

 



Anónimo

Retrato de Vlad III el Empalador 
(circa 1560) 

Óleo sobre lienzo 
Cámara de arte y curiosidades 
del palacio de Ambras (Innsbruck)




Vlad III de Valaquia, más conocido como Vlad tepes o Vlad el Empalador (1428-1477) fue príncipe de Valaquia entre 1456 y 1462 y está considerado como uno de los gobernantes más importantes de la historia de Rumania. 

También era conocido por el nombre de Vlad Draculea. Su padre, el príncipe o voivoda Vlad II de Valaquia, había ingresado en 1428 en la Orden del Dragón (Drac, en húngaro), por privilegio concedido por el emperador Segismundo de Luxemburgo. Por ello fue conocido en adelante como Vlad Dracul, mientras que a su hijo se le llamó Vlad Draculea, esto es, hijo de Dracul. Sin embargo, en la mitología rumana la figura del dragón no existía y el término dracul designaba al diablo, con lo que Vlad III pasó a ser en rumano “el hijo del diablo”. Un nombre que unido a su crueldad y ánimo sanguinario de Vlad, contribuyó a forjar su leyenda.  En las crónicas de su época, se le presenta como un príncipe aficionado a la tortura y entusiasta de la muerte lenta, que según dicen solía cenar bebiendo la sangre de sus víctimas o mojando pan en ella. Se calcula que en sus tres períodos de gobierno, que suman apenas siete años, ejecutó a unas 100.000 personas, en la mayoría de las ocasiones mediante la técnica del empalamiento. De ahí su sobrenombre de Vlad el Empalador. 

La historia de Draculea, sirvió para dar lugar a un mito, la leyenda del vampiro, que fue inmortalizado en la novela de Bram Stoker Drácula (1897), que consultó diversos libros, entre los que cabe destacar Supersticiones en Transilvania (1885) de Émily Gérard. En la construcción de este mítico personaje el escritor describe con gran imaginación la fisiología de los vampiros, en la que encontramos elementos de diversa procedencia.  

En el modelo literario de vampiro, fijado por la obra de Stoker, es un hombre muerto cuyo cuerpo no se descompone y que sale de noche para chupar la sangre de sus víctimas de la que se alimenta. Huye de la luz, de los ajos y del agua bendita y transmite su vampirismo a través de la mordedura. La supuesta fisiología vampírica construida por Stoker es el producto de diversos elementos: 
- Históricos basados sobre todo en la vida y la leyenda de Vlad el Empalador, con algunos elementos tomados de leyendas de Persia y del Lejano Oriente, así como el mito del strigoi, un ser del folklore rumano.
- Patológicos, como algunos signos de enfermedades como las porfirias o la rabia humana (hidrofobia, agresividad, alteraciones de la conducta, fotofobia, tendencia a morder)  
- Zoológicos, tomados del vampiro común (Desmodus rotundus) hematófago que transmite la rabia en las zonas tropicales y que se alimenta mordiendo al ganado para alimentarse con su sangre. 

 


El murciélago Desmodus rotundus, que
contribuyó a la leyenda de los vampiros



Los elementos patológicos se basan en algunas enfermedades comunes en Transilvania en aquel tiempo: anemia, tuberculosis, rabia y pelagra por mencionar algunas.

La anemia y la tuberculosis producen una gran delgadez y emaciación al tiempo que confieren a la piel un tono pálido característico que coincide con la descripción del conde Drácula de Bram Stoker.  

La pelagra es una enfermedad carencial debida a la carencia de niacina, una vitamina del complejo B, o de su precursor el triptófano, que también debía ser frecuente en aquel momento en Rumania. Provoca una atrofia de los epitelios tanto de la piel como del tracto digestivo, así como una degeneración neuronal. La dermatitis empeora considerablemente con la exposición a la luz solar (los vampiros huyen del sol). El daño en la mucosa oral se puede manifestar en forma de sangrado y retracción gingival, que puede dar la impresión de poseer dientes desproporcionados o colmillos bañados en sangre. Además la pelagra presenta otros síntomas como demencia e insomnio, que refuerzan el carácter noctámbulo de los vampiros literarios. 


Fotograma de la película Drácula, protagonizada
por el actor Béla Lugosi (1931) 

Otra patología en la que probablemente se basó el mito vampírico es la rabia (una infección viral del encéfalo) ocasiona en una de sus fases una gran excitabilidad del sistema nervioso central, de tal manera que el menor estímulo resulta doloroso. Por esta razón se podían desencadenar contracciones musculares intensas al ingerir ajo y agua. Esto último se designa como hidrofobia, y podría explicar el horror de los vampiros ante el agua bendita. Incluso el observar la imagen propia reflejada en un espejo puede resultar pavoroso. Además, el hecho de que se trate de una enfermedad que se transmite por medio de la mordida de un mamífero infectado, como los cánidos, pudo alimentar esta co nexión que algunas personas han querido establecer con los vampiros de ficción. 

El grupo de enfermedades conocidas como porfirias también jugó probablemente un papel importante. Se trata de un grupo heterogéneo de enfermedades metabólicas, generalmente hereditarias, ocasionadas por un déficit de las enzimas que intervienen en la biosíntesis del grupo hemo (componente de la hemoglobina, parte esencial de los glóbulos rojos). Etimológicamente la palabra porfiria deriva del griego πορφύρα, porphura, que quiere decir “púrpura”, muy probablemente debido al halo facial heliótropo rojo purpúreo presente en algunos de los individuos afectados. 

Las porfirias se clasifican como hepáticas o eritropoyéticas, dependiendo del sitio primario de sobreproducción y acumulación de las porfirinas. Las manifestaciones principales de las porfirias hepáticas son neurológicas (Tríada de Günther: dolor abdominal neuropático, parestesias y alteraciones mentales). 


En Nosferatu, de F. W. Murnau (1922) se reflejan bien las
características cicatriciales de las porfirias eritropoyéticas


Las porfirias eritropoyéticas se relacionan característicamente con la intolerancia solar, que hace que estos individuos tengan una vida casi exclusivamente nocturna. La fotosensibilidad termina por producir un consecutivo daño celular, que se manifiesta macroscópicamente como cicatrización desfigurante, pérdida de algunos apéndices distales de las extremidades (por ejemplo la falange distal de los dedos), así como de partes del rostro —la nariz, los párpados y los pabellones auriculares (cosa que se plasma muy bien en el film Nosferatu de F.W. Murnau, 1922). La enfermedad también se manifiesta por una repulsión al ajo, porque el disulfuro de alilo, un componente del ajo, produce la destrucción del grupo hemo.

En la repulsión al ajo, también puede haber influído una costumbre de los enterradores medievales. En la Edad Media no era raro que pasaran varios días hasta que un cadáver fuese enterrado. Incluso semanas si las condiciones meteorológicas eran adversas o si, como consecuencia de alguna epidemia, los cadáveres permanecían insepultos muchos meses. Los enterradores utilizaban un collar de ajos alrededor del cuello para protegerse de los efluvios fétidos de los cuerpos en descomposición. Este hábito pragmático pudo ser confundido con algún tipo de práctica esotérica. El remedio se perpetuó en la costumbre de colgar ajos en ventanas, puertas y chimeneas, al creer que esto ahuyentaba los malos espíritus, como a los vampiros.


Christopher Lee protagonizando Drácula, en la película de Terence Fisher (1958) 


Hay que mencionar también la existencia de una condición conocida como vampirismo clínico o síndrome de Renfield, el cual es un trastorno psiquiátrico cuya característica principal es la obsesión por la ingesta de sangre (hematofagia). El epónimo fue acuñado en alusión a Renfield, el asistente de Drácula en la novela de Bram Stoker. 

Debemos reconocer que, aparte de las patologías mencionadas, pueden haber muchas otras en las que se ha basado, en mayor o menor grado algunos aspectos del vampirismo de la literatura: rabia transmitida por murciélagos, cadáveres hallados retorcidos debido a una catatonía o a un diagnóstico erróneo de defunción, necrofilia, sadismo, canibalismo, el crecimiento continuo de uñas y cabellos aún después de morir e incluso ciertas anomalías psicodinámicas (complejo de Edipo, experiencia del objeto perdido, tendencias orales, etcétera).

En todo caso, el mito del vampiro, del conde Drácula, forma parte ya de nuestra cultura. Se han filmado numerosas películas e incluso se puede hablar de un subgénero del cine de terror. Un mito del s. XX en el que la historia y la medicina se aliaron para dar lugar a un popular personaje de ficción.   


Bibliografía 

Goens J. Loups-garous, vampires et autres monstres. CNRS ed. Paris, 1993. 

González Torga A, González-Hernández M, Ros Vivancos C, Navarro Vicente de Vera B, Martínez Vicente M, Navarrto Gracia JF. La rabia en la Historia. Prevención y tratamiento. Revista Española de Medicina Preventiva y Salud Pública. 2020; 25: 33-45

Peinado Lorca M. Drácula debería comer ajos. 
https://theconversation.com/dracula-deberia-comer-ajos-114784

Muñoz Heras M. Licantropía. Realidad y leyenda del hombre lobo. El Garaje ed. Col. Géneros. Madrid, 2008. 

Salazar MF, del Sagrado Corazón MA. Licántropos, hematófagos y brujas. ¿Enfermos incomprendidos de su época? Ciencias 2011; 103: 5-11. 

Monstruos y Seres Imaginarios en la Biblioteca Nacional. Catálogo exposición. Biblioteca Nacional. Madrid, 2000.  

 

Drácula (1931) 



 
The best of Dracula (1931) 





 Nosferatu (1922) F.W Murnau






miércoles, 3 de febrero de 2021

Las 10 entradas más leídas en 2020

 Las 10 entradas más leídas en 2020


Dos chicas leyendo, Pablo Picasso | La biblioteca del Nautilus

Pablo Picasso: Dos mujeres leyendo


Como es ya costumbre en este blog, pasamos revista a las entradas que han sido más leídas en el año y que han suscitado más interés entre nuestros seguidores.

Aquí tenéis la relación, comenzando por la que más lecturas ha conseguido: 


1. Las Meninas (V) Bucarofagia

http://xsierrav.blogspot.com/2020/06/las-meninas-v-bucarofagia.html


La hija heredera del rey Felipe IV


El cuadro de Velázquez Las Meninas es uno de los cuadros más importantes de la pintura mundial. En él aparecen diversos cuadros patológicos (enanismos, síndrome de Albright...) pero hay un aspecto que frecuentemente pasa por alto a los espectadores: el pequeño búcaro de agua que la menina María Agustina ofrece a la infanta Margarita Teresa. Es solamente agua lo que le ofrece? o es algo más? 


2. El error del desconfinamiento precoz de San Francisco (1918)

http://xsierrav.blogspot.com/2020/05/el-error-del-desconfinamiento-precoz-de.html


Mascarillas para otros tiempos


Durante la epidemia de la llamada gripe española (1918-1920) la ciudad de San Francisco fue sometida a un confinamiento que recuerda al que hemos vivido en el pasado año 2020 a causa de la epidemia de COVID-19. En aquella ocasión el confinamiento dio muy buenos resultados pero el desconfinamiento excesivamente precoz y brusco dio lugar a un gran rebrote. Una lección que deberíamos recordar en la actual situación. 


3. Las gotas de Flügge

http://xsierrav.blogspot.com/2020/03/las-gotas-de-flugge.html


Carl Flügge (1847-1923), un microbiólogo e higienista alemán de Hannover describió unas pequeñas gotas de saliva y moco que son expulsadas al toser, hablar o estornudar. Estas gotas pueden llevar virus o bacterias que pueden contagiar enfermedades por vía aérea. 


4. Atarse el pene

http://xsierrav.blogspot.com/2020/03/atarse-el-pene.html



Los atletas griegos competían completamente desnudos, sin azararse por ello. Sin embargo sentían pudor por mostrar su glande, por lo que se anudaban el prepucio con un pequeño cordón. Una práctica conocida como cinedesma y que podemos observar documentada en algunas cerámicas áticas de la época.


5. Epifanía: El rey negro

http://xsierrav.blogspot.com/2020/01/epifania-el-rey-negro.html

Tradicionalmente, uno de los tres reyes magos se representa con la piel negra. Sin embargo, no siempre ha sido así. Hasta el siglo XV no apareció esta interpretación en un intento de simbolizar los tres continentes entonces conocidos. 


6. Historia de las mascarillas (II): Origen de las mascarillas quirúrgicas

http://xsierrav.blogspot.com/2020/05/historia-de-las-mascarillas-ii-origen.html

Mascarillas, de la necesidad a la banalidad - Portal de Noticias ...


Las mascarillas fueron ideadas en paralelo por Berger y Miculicz a finales del s. XIX y encontraron aplicación en algunas epidemias de los inicios del s. XX, y se popularizaron durante la epidemia de gripe española. Posteriormente fueron introducidas en los quirófanos para evitar que las exhalaciones de los cirujanos infectaran el campo operatorio. 


7. Los héroes de la Medicina: In memoriam

http://xsierrav.blogspot.com/2020/04/los-heroes-de-la-medicina-in-memoriam.html


"Alejando la muerte" de Julian Hoke Harris.  Escultura en el edificio del condado de Fulton cerca del Hospital Grady Memorial


La actual pandemia de COVID-19 ha causado víctimas entre el personal sanitario. Los nuevos mártires de la profesión que dieron su vida en el intento de salvar la de sus semejantes. Siempre estaremos en deuda con estos héroes, dignos de nuestro agradecimiento y homenaje. Su recuerdo debe ser preservado por siempre. 


8. El pene torcido de Enrique II de Francia

http://xsierrav.blogspot.com/2020/09/el-pene-torcido-de-enrique-ii-de-francia.html


Enrique II de Francia - Wikipedia, la enciclopedia libre


El rey Enrique II de Francia padecía una induratio penis plástica y su esposa Catalina de Médicis una retroversión uterina. Ambos trastornos dificultaban la reproducción. Por el consejo de Fernel variaron la postura de acoplamiento y consiguiendo así la ansiada descendencia (ocho embarazos) 

 

9. Contagios y restaurantes 

http://xsierrav.blogspot.com/2020/05/contagios-y-restaurantes.html


Pierre-Auguste Renoir - Luncheon of the Boating Party - Google Art Project.jpg


La actual pandemia de COVID-19 ha aconsejado diversas restricciones y confinamientos dirigidas a obtener el distanciamiento social y a evitar el contagio, que han originado ciertas polémicas y discrepancias. Aportamos datos a tener en cuenta para comprender algunos mecanismos de transmisión en los restaurantes.  


10. La epidemia provocada por mantas contaminadas

http://xsierrav.blogspot.com/2020/04/la-epidemia-provocada-por-mantas.html


La guerra bacteriológica no es una novedad. Ya durante la conquista del Canadá por las tropas inglesas. El comandante Sir Jeffrey Amsherst mandó distribuir mantas contaminadas por la viruela a algunas tribus indígenas provocando una gran mortalidad a consecuencia de la epidemia de esta enfermedad. 

viernes, 29 de enero de 2021

La marca de la oración del Islam






Mariano Fortuny 

El rezo del árabe
 
(1868)

Acuarela sobre papel 18x26 cm 




En otra entrada del blog comentamos las alteraciones que podían presentar las rodillas a causa de estar mucho tiempo arrodillado. La posición de rodillas es habitual en los oradores cristianos.

Aunque no siempre ha sido así. Los primitivos cristianos oraban cubriéndose la cabeza y extendiendo las manos, como aparece en algunas escenas de arte paleocristiano. Una postura probablemente tomada del judaísmo. Entre los judíos se distingue la oración que suele hacerse de pie, de la súplica, en la que se imploraba por algún don urgente, que se efectuaba de rodillas. Los varones siempre deben cubrirse la cabeza, y por eso la kippah es preceptiva en las sinagogas o recintos sagrados. 

Rezar con la cabeza cubierta era también una costumbre practicada por los paganos, que solían poner un pliegue de la toga sobre su cabeza. Así aparece por ejemplo en la estatua de Augusto de Via Labicana, en la que sostiene una pátera de ofrendas en una mano y lleva la cabeza ligeramente cubierta con su manto. 

Archivo:Augusto di via labicana 06.JPG - Wikipedia, la enciclopedia libre

Detalle de la estatua de Augusto de Via Labicana, con la cabeza cubierta por el manto, disponiéndose a la oración. Palazzo Massimo. Roma


En otras culturas, la comunicación con la divinidad adopta otras posiciones. En los relieves y pinturas del antiguo Egipto, la oración aparece generalmente representada de pie, con un pie avanzado y ofreciendo incienso al dios que se invocaba. Entre los budistas es conocida la postura del loto, sentado con las piernas cruzadas, una posición en la que el cuerpo se repliega sobre sí mismo, propiciando la meditación. 

Buddha y sus distintos significados: un viaje por la iconografía del budismo  | Ministerio de Cultura

Siddhartha Gautama, el Buda, meditando en la posición del loto. Museo Nacional de Arte Oriental. Buenos Aires. 

En el Imperio bizantino, el acatamiento y sumisión al emperador se exteriorizaba mediante la prosternación, posición arrodillada con el cuerpo en decúbito prono con la frente tocando al suelo y los brazos extendidos hacia adelante. Esta posición de acatamiento y sumisión se adoptó también para rezar en las grandes basílicas bizantinas, como símbolo de acatamiento total a la voluntad de Dios. El nombre de prosternación deriva del latín prosternere, palabra formada con pro, "delante" y sternere, "extender o expandir".



El emperador bizantino Basilios II Bulgaróctonos (958-1025), coronado por Jesucristo y los ángeles, ante sus vasallos, prosternados ante él. (Miniatura, s. XI)



El Islam tomó de Bizancio esta posición de prosternación para rezar. La oración musulmana comienza con las manos extendidas hacia delante, contemplándolas y recibiendo los dones de Allah. Según una leyenda musulmana, los pliegues de la mano se disponen en un dibujo que recuerda el 81 (٨١) en la mano izquierda y el 18 (١٨) en la derecha. La suma es 99: los 99 nombres de Dios según el Corán. 

La plegaria sigue de rodillas primero y prosternándose después. En esta posición la frente se abate contra el suelo (sobre la alfombra de oración). La plegaria se repite preceptivamente, cinco veces al día.

Merits of Prostration in Prayer

Prostración, durante la plegaria musulmana. La frente presiona repetidamente el suelo, lo que puede ocasionar una liquenificación. 

En los países de mayoría musulmana, es frecuente observar en medio de la frente de muchas personas (generalmente varones) una zona oscura. Es la llamada izbiba “uva pasa” o llamat el salah “marca de la oración”. Se trata de una liquenificación cutánea, producida por un roce repetido contra la alfombra de oración, efectuada con mayor ahinco en las personas más piadosas. En el acervo popular, esta marca oscura se vincula con una aleya de la azora coránica de "La victoria", en la que se asegura que a los creyentes musulmanes "se les ve inclinados o postrados, buscando el favor de Dios y satisfacerle. Se les nota en el rostro que se prosternan". Este versículo se interpreta popularmente como que al buen musulmán se le debe conocer por el rostro, y la marca de la izbiba se convierte, en este caso, en una señal inconfundible.

Según mi experiencia personal, la marca de este callo es más frecuente en Egipto, en donde lo he visto en mucha gente. Mi interpretación es que Egipto es un país muy pío, que llama la atención por la gran religiosidad de sus habitantes. 

También hay que decir que la formación de la liquenificación oscura es más fácil si tenemos en cuenta la tonalidad cutánea de los egipcios, en los que predominan los fototipos altos. Efectivamente, las liquenificaciones, en personas de piel oscura aparecen mucho más pigmentadas, casi negruzcas, y con la piel engrosada característica. 

Por eso, en muchas personas puede verse a simple vista el grado de devoción y de religiosidad que profesan. 

La "pasa" islámica es pues, un equivalente a nivel frontal de las “beatas”, que se veían hace algunas décadas con frecuencia en las rodillas de los cristianos muy piadosos.  


Qué sorpresa! La oración musulmana (también conocida como shitstain) está  supuestamente vinculada a una lesión traumática del cerebro y trastornos  mentales | PATRIA JUDÍA

miércoles, 27 de enero de 2021

Pobres países ricos

 




Georg Grosz  

Retrato del escritor 
Max Hermann Neisse 
(1927)

Óleo sobre lienzo. 100 x 101,5 cm
Kunsthalle. Mannheim.  




Georg Ehrenfried Groß, más conocido como Georg Grosz (1893-1959) fue un pintor expresionista alemán que participó del movimiento Dada y de la Nueva Objetividad, y plasmó la realidad social de la Alemania de la República de Weimar, antes de emigrar a los EEUU en 1933, al ver que Adolf Hitler subía al poder, ya que era un furibundo antinazi. El retrato que encabeza esta entrada es el del poeta Max Hermann Neisse, que además de padecer enanismo, se refleja en toda la decrepitud de su avanzada edad. 

Y no es de poesía ni de pintura de lo que os quiero hablar hoy, sino del envejecimiento de la sociedad occidental. Una sociedad que ha alcanzado una esperanza de vida como nunca antes se había soñado, a la par que un desarrollo social y económico sin precedentes, pero que está precisamente atrapada en su propia trampa: abundan las patologías relacionadas con la edad, cáncer, obesidad, diabetes, sedentarismo y cada vez hay más las personas dependientes, etc. Y éste es un problema que le puede traer inesperadas consecuencias.
 


Georg Scholtz. Of Things to Come (1922). New Gallery New York



Una de las consecuencias de esta situación se ha evidenciado con la pandemia de Covid-19. Los países desarrollados muestran una mayor fragilidad por su alto nivel de factores metabólicos y cardiovasculares. Esto es lo que demuestra un estudio realizado tomando los datos de 188 países en los que ha habido muertes por la pandemia antes del 31 de agosto de 2020 y que demuestra una mayor mortalidad de la Covid-19 en los países industrializados, con una esperanza de vida alta, frente a una menor incidencia en los países de menor nivel económico, en los que por lo general la esperanza de vida es mucho menor.  

Además en muchos países de África, por ejemplo, el contacto habitual con diversos tipos de coronavirus parece proporcionar una cierta inmunidad cruzada a la población, que además es mucho más joven que en los países industrializados. 

El precio que se paga desde el punto de vista sanitario parece depender de la adaptabilidad de las naciones frente a la agresión viral. Los países más desarrollados y más ricos son también los más envejecidos, los más expuestos a las patologías asociadas y por lo tanto los más vulnerables en términos de mortalidad por la infección del coronavirus SARS-CoV2. Paradójicamente, la riqueza de las naciones es también su debilidad. 

Tal vez podríamos decir, resumiendo:  "pobres países ricos"...



Georg Grosz. Acuarela. 



Bibliografía 

De Larochelambert Q y cols. : Covid-19 Mortality: A Matter of Vulnerability Among Nations Facing Limited Margins of Adaptation. Frontiers in Public Health 2020 doi: 10.3389/fpubh.2020.604339.



viernes, 22 de enero de 2021

Las rodillas de las beatas








Vincent van Gogh

Dos mujeres arrodilladas
 (1883)

Lápiz y tiza de carbón sobre papel 
Museo Kröller-Müller. 
Oterloo (Los Países Bajos). 




En este dibujo de Van Gogh se representa una escena de dos mujeres rezando. La postura preferida para la oración, entre los cristianos es la de rodillas y uniendo las manos, bien recogidas, como se muestra en este dibujo, o bien juntándolas palma contra palma.

La conveniencia de la postura genuflexa, que indica acatamiento ante una jerarquía superior está bien documentada en diversos textos clásicos del cristianismo:
"La rodilla se hace flexible, mediante lo cual se mitiga la ofensa al Señor, se aplaca la ira, se hace surgir la gracia"
(San Ambrosio, Hexaem., VI, IX).
"Por tal postura del cuerpo manifestamos nuestra humildad de corazón"(Alcuino, De Parasceve). 
"La flexión de la rodilla es una expresión de penitencia y dolor por los pecados cometidos" (Mauro Magnencio Rábano llamado Rábano Mauro, De Instit. Cler., II, XLI).
Esta posición se adoptaba hasta mediados del s. XX en ciertas partes de la misa, hasta que el Concilio Vaticano II reformó este ritual. Arrodillarse era frecuente también al rezar el rosario u otras devociones, y muy especialmente ante el Santísimo (sagrario conteniendo hostias consagradas).

También era frecuente arrodillarse con la rodilla derecha al paso de una procesión, por ejemplo. Arrodillarse con la rodilla izquierda se reservaba para el saludo a un prelado o al papa: se flexionaba la rodilla izquierda en señal de sumisión mientras se besaba su anillo pastoral o se recibía una bendición. Así el ritual obligaba a reservar la rodilla derecha para Dios, mientras que la izquierda era para sus representantes. Una actitud de claros resabios medievales. 

Uno de mis recuerdos de infancia es precisamente el del saludo episcopal. Hay que situarse a mediados del s. XX en mi ciudad natal, Girona, una ciudad clerical que a la sazón estaba llena de iglesias y de curas. Era el día de San José, el día de la onomástica del obispo y mi padre, que era asesor financiero del obispado, estaba invitado a una pequeña recepción en el palacio episcopal y decidió llevarme también a mi. Yo estaba impresionado. Girona entonces era una pequeña ciudad de apenas 30.000 habitantes y el  prelado, en pleno nacionalcatolicismo era una gran autoridad, que se exhibía con gran pompa en oficios y procesiones. 

Mi padre, por el camino, me aleccionaba:
- Cuando llegues delante del obispo, te arrodillas con la rodilla izquierda y le besas el anillo. 
No era muy difícil. Las instrucciones eran concretas. El problema es que yo, en aquel momento, no sabía muy bien cual era mi rodilla izquierda. Recuerdo que mientras nos dirigíamos por los tortuosos callejones al palacio del obispo yo algo preocupado me iba dando golpecitos en mi pierna izquierda (es esta, es esta, iba murmurando, bajito, para darme seguridad en tan insólito protocolo). 

El Palacio Episcopal de Girona era entonces como un pequeño  Vaticano, instalado en un edificio medieval (actualmente es la sede del Museu d’Art). El obispo se rodeaba de una pequeña corte de clérigos, canónigos y beneficiados. Aquel obispo era probablemente el último señor feudal de Catalunya.  Ya no recuerdo que rodilla flexioné cuando llegué ante el prelado. Yo estaba un poco azarado. Solo recuerdo que el obispo, canijo y arrugado dijo: Ah! Este es el pequeño, no? y que tras darme una benévola y distraída caricia dispuso que me llevaran a una estancia vecina del majestuoso palacio donde me ofrecieron una coca-cola y unas patatas fritas...

Pero dejemos mis recuerdos de infancia y volvamos a la oración de rodillas. Muchas personas pasaban horas enteras rezando arrodilladas. Especialmente mujeres, a las que se les daba el nombre de beatas. Aunque el nombre de beato/a se refiere en origen a un grado inicial de santidad, también se aplicaba irónicamente a las pías mujeres que pasaban horas en la iglesia, rezando de rodillas, como las que dibujó Van Gogh.

La repetida posición genuflexa, con todo el peso del cuerpo en la articulación de la extremidad inferior puede llegar a producir algunas alteraciones en la rodilla. Es lo que en el lenguaje popular se llaman “rodillas de beata” o simplemente “beatas”. También hay quien las llama rodillas de orador. En los tiempos en que se fregaban los suelos arrodillándose también eran conocidas como, “rodillas de fregona”. 



Una de estas alteraciones es meramente cutánea. Por el roce repetido, la piel se engrosa y se oscurece. Se forma una liquenificación: la piel aparece engrosada, los pliegues cutáneos más profundos, el color de la zona adquiere tintes parduzcos, casi negros.

Pero a veces estar largo tiempo de rodillas produce una afectación más profunda, la bursitis prerrotuliana. Clínicamente consiste en una tumefacción localizada delante de la cara anterior de la rótula. Se produce por microtraumatismos repetidos sobre esa zona, al pasar mucho tiempo arrodillado. 


En la exploración física se observa una tumefacción, que es fluctuante al palparla y que se circunscribe a los límites de la rótula. Esta tumefacción no se modifica con la contracción del cuadriceps, lo que la diferencia del derrame articular y, en ocasiones, se acompaña de signos inflamatorios como eritema, o aumento de temperatura.


Las “beatas” son poco frecuentes actualmente, ya que hay menos gente que pase horas rezando de rodillas, y el piso ya no se friega arrodillándose pero se sigue viendo en determinadas profesiones que requieren trabajar arrodillados: como soldadores, fontaneros, mecánicos... por lo que hay que recordar las beatas, esta alteración de la rodilla, aunque hoy su nombre está ya muy poco justificado. 








lunes, 18 de enero de 2021

El pintor catalán que pintó la peste de Marsella







Miquel Serra i Arbós 

Vue du Cours pendant 
la peste de 1720 

(1721)

Óleo sobre lienzo 316x440. 
Musée des Beaux-Arts. Marsella. 





Miquel Serra i Arbós (1658-1733) es un pintor que ha dejado un par de testimonios gráficos sobre la llamada Gran Peste que asoló Marsella en 1720. Se trata de dos cuadros de grandes dimensiones que pueden verse el el Musée des Beaux-Arts de esta ciudad. 

Aunque las pinturas están firmadas con un nombre afrancesado (Michel Serre) su autor había nacido en Tarragona en 1658, y se llamaba en realidad  Miquel Serra i Arbós.  Huérfano de padre, pasó su infancia refugiado en la cartuja de Scala Dei, en el Priorato. Allí conoció al pintor Joaquín Juncosa, que le animó a ir a Roma, donde se formó trabajando en diversos talleres de pintura entre 1670 y 1675. Tras breves estancias en Nápoles y Génova, se instaló definitivamente en Marsella, una ciudad que en aquel momento estaba en plena expansión portuaria, urbana, militar y religiosa. En Marsella contrajo matrimonio con Flora Regimond y trabajó allí el resto de su vida. 

Adoptando el nombre de Serre, pronto se convirtió en el pintor más famoso de Marsella (1680-1730). En su primera etapa decoró diversos conventos de órdenes religiosas (Martirio de San Pedro de Verona, para la iglesia de los dominicos; o la Magdalena llevada por los ángeles, encargada por los cartujos), y decorados de las óperas representadas en la ciudad, como los de Phaéton de Jean-Baptiste Lully. En 1685 se casó con la marsellesa Flora Régimond, con la que tuvo cinco hijos. 

En los inicios del s. XVIII se produjo la ascensión social de Miquel Serra. En 1704 entró a formar parte de la Académie Royale de Peinture de París. A partir de este momento la aristocracia local le encarga numerosos retratos y se convierte en el pintor de moda.



Michel Serre: Vue de l'Hotel de Ville pendant la peste de 1720. 
Musée des Beaux-Arts. Marsella. 


En 1720 estalla la Gran Peste en la ciudad. La epidemia fue muy virulenta: 40.000 marselleses murieron en dos años a consecuencia de la terrible enfermedad, lo que equivale a la mitad de la población de la ciudad en aquel momento. Un desastre demográfico que marcó profundamente la vida de la ciudad. Durante mucho tiempo, el origen de la epidemia se atribuyó a un barco procedente de Siria, el Grand-Saint-Antoine, aunque un reciente estudio ha descartado totalmente esta hipótesis.  

Serra, impresionado, se dedica a plasmar este momento en dos telas de gran formato: Vue de Cours pendant la peste de 1720 Vue de l’Hôtel de Ville pendant la peste de 1720. En este último cuadro el artista se autorretrató. La pintura de Serra sufre en este momento un violento viraje: pasa de la pintura religiosa y de los retratos de los nobles de antaño a recoger con sus pinceles escenas de desolación y muerte. 

Pero el pintor no se limitó a dejar constancia de los estragos del mal. También tomó una parte activa, ayudando a los enfermos y ayudando a enterrar a las víctimas de la enfermedad. 




Por sus colosales pinturas sobre la peste, y también por su benéfica actitud, la ciudad le rindió homenaje poniendo su nombre a una calle (Rue Michel Serre) y su nombre figura inscrito en la lista de los héroes que intentaron mitigar los efectos de la epidemia en la columna conmemorativa que se erigió en 1820.  

El pasado año, 2020, Marsella se disponía a celebrar el tricentenario de este hecho, que marcó la vida de la ciudad. Pero por una ironía del destino, otra pandemia, la de la COVID-19 impidió la mayoría de los actos programados. Tal vez este hecho puede servirnos de reflexión: las epidemias no constituyen un problema nuevo, sino que acompañan siempre a la Humanidad y nos suelen visitar periódicamente.