jueves, 15 de diciembre de 2016

Las granadas, ¿fuente de eterna juventud?





Antonio Ponce
 

Bodegón con granadas
(s. XVII) 

Óleo sobre lienzo. 25 x 35 cm. 
Museo del Prado. Madrid. 




La granada es una fruta bella, de brillantes granos poliédricos que recuerdan el aspecto de las piedras preciosas. Oriunda de Persia, se extendió pronto hacia el Mediterráneo, donde se cultiva desde la Antigüedad. 

La abundancia en granos de la granada hizo que en la mitología clásica fuera considerada la fruta de la fertilidad y del matrimonio por excelencia. Decían que el primer granado había sido plantado por Afrodita, la diosa del amor y por eso era un fruto consumido en los esponsales como símbolo del matrimonio. 


Bernini: El rapto de Perséfone. Galeria Borghese, Roma. 
Tal vez la más bella leyenda sobre la granada es la historia del rapto de Perséfone, llamada Proserpina por los romanos. Esta bella joven, era hija de Deméter, la diosa de la agricultura, y era la encargada de mantener la lozanía y verdor de las plantas. Cuando ella caminaba alegre por las sendas y por los campos, brotaban las flores por doquier. 

Pero Hades, el terrible dios de los infiernos, se prendó de su belleza y un buen día decidió raptarla. Así que mientras la joven, como acostumbraba, cogía bellas flores para hacer un ramillete, Hades pasó veloz por su lado, la tomó en brazos, arrebatándola y la secuestró, llevándola consigo a su reino subterráneo. La desconsolada muchacha, al llegar al infierno, nerviosa y desconcertada, encontró una granada abierta sobre una mesa. Sin saber que destino le esperaba, comió distraída algunos de sus apetitosos granos. 


Dante Gabriel Rossetti: Perséfone (1877)
La ausencia de Perséfone tuvo graves consecuencias en el mundo. Sin su presencia no había ni flores ni buen tiempo, y todas las plantas se secaban y quedaban marchitas. 

Deméter, su desconsolada madre, junto con otros muchos que echaban en falta a la doncella acudió a implorar a Zeus el regreso de Perséfone a la tierra. Pero Zeus le hizo notar que la chica, al comer tres de los granos de la granada había efectuado un rito de esponsales y ahora estaba unida en matrimonio a Hades. Siendo así, nadie debía separarla de su marido. Al final, llegaron a un compromiso: Perséfone pasaría seis meses en el infierno con su esposo y seis meses con su madre en la tierra. Los meses invernales, en los que Perséfone no estaba, caía el invierno y el frío y la aridez se enseñoreaban del mundo. Luego en primavera, cuando la joven volvía y se quedaba en compañía de su madre Deméter, todo renacía. Hay que ver, vaya efectos que puede tener comer algunos granos de granada...!

Y al parecer, los efectos de la granada son realmente inesperados. Recientemente se ha publicado un estudio en la revista «Nature Medicine», en el que se demuestra que la urolitina A, un metabolito producido por nuestra flora intestinal a partir de unos compuestos que se encuentran en las granadas, es capaz de potenciar la renovación de las mitocondrias – es decir, los orgánulos responsables de generar la energía de las células – y de este modo, evitar el deterioro muscular asociado a la edad. O así sucede, cuando menos, en ciertos modelos animales.

La urolitina A - una sustancia completamente natural - es la única molécula conocida con capacidad de desencadenar el proceso de reciclaje de las mitocondrias


Sandro Botticelli: Madonna de la melagrana (detalle)



Los autores de este artículo, investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza), defienden que esta sustancia tiene unos notables efectos sobre el envejecimiento. En una primera fase del estudio, tomaron un gusano, Caenorhabditis elegans, un nematodo que suele presentar una esperanza de vida de unos 8-10 días. Tras administrarle urolitina A, se consiguió un incremento de un 45% en la vida de este invertebrado. 

En la segunda fase del trabajo, los investigadores tomaron ratas en las que podía demostrarse una reducción de las mitocondrias como consecuencias de la edad. Al tratarlas con urolitina A, las ratas viejas (de más de dos años de edad) mejoraron su forma física, aumentando en un 42% su resistencia al correr en las ruedas de sus jaulas.
  

Theodule Ribot. Bodegón con granadas. Musée des Beaux-Arts de Arras.



Porque efectivamente, la pérdida progresiva de masa muscular (sarcopenia) se asocia al sedentarismo y sobre todo, al proceso natural de envejecimiento. Se estima que un 30% de las personas mayores de 60 años y hasta un 50% de las que ya superan los 80 padecen esta sarcopenia. Aunque a la vista de los resultados del estudio, podría ser que este proceso puede reducirse de forma natural, sin tomar ningún fármaco. Solamente haría falta comer granadas. 



Salvador Dalí. Corazón de granada. Broche de oro, rubíes y diamantes (1949)
Aunque las granadas no contienen propiamente urolitina A. Solamente contienen unos precursores – los ‘elagitaninos’, taninos hidrolizables, que también están presentes en las nueces y en otras frutas – que pueden ser transformados en urolitina A por las bacterias de nuestra flora intestinal. Pero no siempre se produce este proceso: cada persona tiene su propio microbioma y el tipo de bacterias intestinales puede variar significativamente de un individuo a otro. La consecuencia es que la cantidad de urolitina A producida puede variar mucho de una persona a otra, e incluso puede haber algunos individuos que no son capaces de producirla. 
Sin embargo ya se está buscando una solución. Se han iniciado líneas de investigación y ensayos clínicos en diversos hospitales europeos para comprobar que la urolitina A tiene una función antienvejecimiento en humanos similar a las que han podido demostrarse en los modelos animales. Por otra parte se deberá sintetizar la molécula de urolitina A y determinar cuáles son las dosis que se deben administrar para obtener resultados evidentes, y finalmente, estudiar si existen contraindicaciones o efectos no deseados. Uno de los sueños del ser humano, el de retrasar el inevitable proceso de envejecimiento, se ha iniciado. Pero mientras se consigue, siempre podremos esperar la vejez comiendo las sabrosas granadas. 

Luis Egidio Meléndez: Bodegón con granadas, manzanas, acerolas y uvas en un paisaje (1771)
Museo del Prado. Madrid. 


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