jueves, 28 de julio de 2016

Josep Trueta (y II): el método Trueta




Walter Cots

 Monumento a Josep Trueta
(1995)

Escultura de bronce y base de piedra
Hospital Josep Trueta. Girona.
  




Hace poco comentábamos los aspectos más destacados de la biografía de Josep Trueta i Raspall (1897-1976). Fueron muchas sus aportaciones a la Medicina, pero de entre todas ellas hay que destacar el modo de actuación que propugnaba para tratar las heridas de guerra: el conocido como "Método Trueta". 




Robert Capa: Miliciano herido (1938) Fotografía. MNAC, Barcelona.
En 1936 Josep Trueta estaba al frente del Servicio de Cirugía del Hospital de Sant Pau, de Barcelona, un hospital de referencia durante la Guerra Civil española. En el hospital se trataban muchos heridos de guerra. Las heridas de metralla en aquella época pre-antibiótica solían complicarse con infecciones que podían evolucionar a gangrena o osteomielitis y causar la muerte. Trueta, que había estudiado bien las osteomielitis, desarrollando las ideas de Winnet Orr, ideó un método para evitar la sobreinfección. 


Material de los Hospitales de Sangre cercanos al frente










El método Trueta, como pronto se le conoció, se estructuraba en cinco pasos de "vital importancia" según sus propias palabras. Insistía en que las heridas debían mantenerse limpias para evitar la infección que provenía del exterior. Los pasos propuestos eran: 
1) Tratamiento quirúrgico inmediato, en el lugar más próximo. En este sentido, tuvieron mucha importancia los Hospitales de Sangre y los puestos de enfermería de las unidades militares. En colaboración con Joaquín d'Hartcourt médico militar y cirujano jefe del ejército republicano, el método Trueta se implantó en las filas de los militares fieles al Gobierno.  


Traslado de un herido en la batalla del Ebro
 2) Limpieza de la herida. Se realizaba con abundante agua y jabón, limpiando la herida de dentro a fuera, procurando no dejar restos de suciedad en ningún rincón. Se recurría frecuentemente a cepillos y a fricciones enérgicas. Hay que tener en cuenta que muchas de estas heridas tenían lugar en las trincheras y las salpicaduras de tierra y barro en el interior de la herida eran habituales, y constituían posibles focos de infección. El lavado cuidadoso era pues, muy importante.


Robert Capa: Grupo de soldados republicanos en el frente 
3) Excisión de los esfacelos y partes necrosadas de la herida. Trueta insistía mucho en este punto, al que atribuía la mayor parte del éxito del tratamiento: "Sin una excisión correcta, aunque los otros piuntos se cumplan fielmente, la técnica es inoperante e incluso, peligrosa".  Los esfacelos y necrosis podían suponer la aparición de la tan temida gangrena. 






Las ruinas de Corbera de Ebro, un pueblo que sufrió repetidos bombardeos por parte de la aviación italiana 

4) Drenaje. Importante para evitar la acumulación de exudados y de sangre estancada, que podrían provocar un absceso. 
5) Inmovilización con vendas y escayola, para evitar posibles reinfecciones provinientes del exterior. 

El tratamiento propugnado por Trueta fue recibido al principio con bastante escepticismo. Pero él tuvo paciencia y supo esperar. Sabía que al principio, la implantación de cualquier método innovador suele generar un cierto rechazo, ya que la inercia de la rutina cuesta mucho de suoperar. Pero pensó que debía defender su sistema, ya que estaba seguro que podría salvar muchas vidas humanas. En septiembre de 1936, presentó un nuevo trabajo con nuevos resultados y en esta ocasión, los cirujanos catalanes mostraron un gran interés por el método. 



Material bélico (bombas) usadas en los bombardeos de la Guerra Civil. Museu de la Batalla de l'Ebre, Faió.


Pronto corrió la noticia de que un médico de Barcelona salvaba vidas casi milagrosamente y evitaba las temidas amputaciones a las que solían someterse hasta entonces a las víctimas de los bombardeos. La aplicación correcta del "método Trueta" evitó muchos casos de gangrena. 

Paul W. Brown constataba: 
"Durante la Primera Guerra Mundial, mucho antes de conocerse el "método Trueta", los muertos por gangrena representaban el 18 % de los heridos, mientras que actualmente, según pudo comprobarse en la Guerra del Vietnam, en la que se aplicó el método sistemáticamente, el porcentaje descendió a un 0'16%"


No he podido evitar terminar esta entrada con esta fotografía, aunque no sea de heridas de guerra.
Es una foto de Robert Capa: Los restos del ejército republicano tras la derrota, ya en territorio francés.
En la primera fila, el cuarto por la izquierda, alto, con boina y una manta de rayas a la espalda, era mi
padre, Maximino Sierra, combatiente republicano. Desde aquí, mi más emocionado homenaje.
(MNAC, Barcelona)


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