martes, 24 de noviembre de 2015

Don Gregorio Marañón






Ignacio Zuloaga

Retrato del Dr. Gregorio Marañón 


Óleo sobre lienzo.




"El Humanismo se manifiesta en la comprensión, 
la generosidad y la tolerancia (...) que caracteriza
en todo tiempo a los hombres impulsores de la 
civilización"                      (Gregorio Marañón)



Lo recuerdo como si fuera hoy. Yo era un niño. En casa, mi padre escuchando la radio (entonces la televisión era casi inexistente). Los locutores leían biografías en tono grave.

- "Que ha pasado, papá?" , musité

- "Ha muerto un sabio", respondió mi padre, escuetamente. 

Reconozco que estas palabras me impresionaron. Tal vez por eso las recuerdo. Yo no sabía entonces quién era el Dr. Marañón, pero lo he sabido después, y he podido comprobar la exactitud y justicia de la lacónica respuesta de mi padre. 

Gregorio Marañón nació en Madrid en 1887 en una familia de alto nivel cultural. Su padre era un destacado abogado y político, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y diputado. Su madre murió cuando tenía solo tres años, por lo que Gregorio creció relacionándose con los amigos de su padre, como José Mª de Pereda, Marcelino Menéndez Pelayo y Benito Pérez Galdós.



En 1902 comenzó la carrera de Medicina en la Facultad de San Carlos. Entre sus maestros debemos destacar a Santiago Ramón y Cajal. En 1910, obtiene el Premio Extraordinario de Licenciatura y, gracias a  una beca del Ministerio de Instrucción Pública, se traslada a Frankfurt donde amplía sus estudios con Paul Ehrlich.



En 1918 Europa sufrió una gran epidemia de gripe, la llamada 'gripe española'. Marañón fue nombrado miembro de una comisión internacional dedicada a estudiar el origen y posible tratamiento de la mortal pandemia. De vuelta a España su fama creció tanto como investigador en campos, por entonces poco conocidos, como el sistema glandular o la enfermedad de la diabetes, como excelente diagnosticador en consulta y como organización de servicios médicos.


En Marañón coincidieron los rasgos que mejor identificaban el espíritu de la Generación del 14: preocupación por la ciencia como factor de modernidad, sentido humanista de la cultura y dedicación a la vida pública como servicio a la nación española desde ideales liberales y democráticos. Acaso se pueda decir que es en Marañón donde estos tres vértices que determinan el triángulo de la alta cultura española en el primer tercio del siglo XX, ciencia, artes y política, resulta más equilibrado, en comparación con otros compañeros de generación más inclinados hacia un aspecto (la política, en el caso de Azaña), u otros (la literatura pura en el caso de Juan Ramón Jiménez o Gómez de la Serna).



Dibujo en el que aparece el Dr. Marañon y otros intelectuales de la época: Ortega y Gasset, 
Valle-Inclán, Pío Baroja, Zuloaga...

Políticamente, combatió a la Dictadura de Primo de Rivera, por lo que fue condenado a un mes de cárcel. Se opuso al comunismo. En un primer momento apoyó a la II República española, aunque posteriormente se mostró alejó de sus planteamientos debido a su incapacidad de aglutinar a todos los españoles y a su progresiva inclinación hacia la extrema izquierda. Su actitud crítica con el Frente Popular puso en peligro su vida. Desde 1937 a 1942 vivió fuera de España, en un exilio voluntario. A su vuelta, el franquismo, aunque distante, respetó su figura. La España fascista estaba falta de intelectuales de cierta magnitud. Sin embargo, tras la primera revuelta estudiantil de 1956, Marañón denunció la situación política del país y reclamó el retorno de los exiliados, en los primeros manifiestos críticos contra el franquismo.  



Es importante destacar desde el principio la dimensión social y asistencial que Marañón quiso dar a su trabajo como médico, lo que le llevó, además de su prioritaria tarea de organizar servicios médicos, y del impulso que dió a la Endocrinología, a publicar obras de divulgación orientadas al gran público. Es aquí donde se encuentran por primera vez sus dos vocaciones, la científica y la humanista. Ejemplo de ello son sus trabajos publicados como Tres ensayos sobre la vida sexual, sobre los patrones sociales de conducta en ese delicado orden de las relaciones íntimas partiendo de sus descubrimientos científicos, no siempre bien valorados por una sociedad en donde la moral sexual de la Iglesia católica era preponderante.

Marañón cultivó el ensayo histórico, al que él llamaba ensayo biológico, ya que daba a algunas biografías una visión médica. Analizó psicológicamente la timidez en Amiel, el resentimiento en Tiberio, el ansia de poder en el Conde Duque de Olivares, la intriga y la traición política en Antonio Pérez. Libros que, personalmente marcaron poderosamente mi juventud, e inocularon en mí el ansia de practicar una particular doble versión binocular, histórica y médica, como intentoponer en práctica por ejemplo, escribiendo el presente blog.

Muchas gracias, Dr. Marañón, por la ingente obra médica, histórica y ética. Y gracias, sobre todo, por indicarnos el irrenunciable camino del humanismo médico.  



Gregorio Marañón:  









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