jueves, 24 de agosto de 2017

Cosméticos en la Antigua Roma (I): el cuidado de la piel







Alabastroteca
(s. II-III d.C.)  

Caja de material cosmético
Museo Archeologico Nazionale. Nápoles. 




El cuidado de la piel fue una auténtica obsesión para las romanas de clase alta y para embellecerse desarrollaron un arte del maquillaje sofisticado y lujoso. 

El canon de belleza era la de presentar una piel blanca y luminosa. La blancura de la piel se consideraba un rasgo de gran distinción. En el libro de Ovidio De medicamene faciei del que solamente conservamos algunas páginas, se dan consejos sobre como conseguir una piel blanca. En otro de sus libros, el Arte de amar, recomienda: 
«Sabréis también procuraros blancura en el rostro empolvándoos»
Para lograr la blancura se recurría a diversos maquillajes. En 2003, unos arqueólogos encontraron un bote de estaño que se había conservado cerrado y que contenía una crema ligeramente granulosa  que se había usado como maquillaje. Lo analizaron y descubrieron que estaba compuesto de lanolina (grasa de la lana de oveja), almidón y óxido de estaño. La lanolina es un excipiente que sigue usándose en la actualidad. El almidón suavizaba la piel y el estaño era el elemento que blanqueaba la piel. También tenemos noticia de que anteriormente se había usado el acetato de plomo, una substancia enormemente tóxica. 

Retrato realista época romana.
Sarcófagos de momia de El Fayum, Egipto.
Nos consta que los romanos habían usado otras sustancias en sus cosméticos con la finalidad de aclarar la piel de la cara: vinagre, miel, aceite de oliva, raíces secas de melón e incluso excrementos de estornino o de cocodrilo. Otras sustancias usadas para fines similares incluían cera de abeja, aceite de oliva, agua de rosas, harina de habas, albayalde, pepino, eneldo, ciertas setas, amapolas, raíz de lirio, yeso, huevo... Algunos de estos ingredientes contienen alfa-hidroxiácidos, que son usados todavía hoy para realizar ciertos peelings o en la composición de cosméticos. Para aumentar la luminosidad de la piel, algunas mujeres se espolvoreaban con polvos de mica. 

Por otra parte, la piel debía estar libre de arrugas, pecas o manchas. Para conseguir esto último, las mujeres solían colocarse mascarillas de belleza por la noche. Algunas de estas mascarillas contenían hinojo, mirra perfumada, pétalos de rosa, incienso, sal gema y jugo de cebada. Para combatir las arrugas estaba muy extendida una mascarilla compuesta de arroz y harina de habas. Para tratar las pecas se recomendaba la aplicación de cenizas de caracoles. Para alisar la piel era muy común una mascarilla a base de nabo silvestre y harina de yero, cebada, trigo y altramuz. 
Retrato de Demos, de 24 años.
Necrópolis de El Fayum, Egipto

La leche de burra gozaba de gran popularidad, y había mujeres que se lavaban con ella hasta siete veces al día, según refería Plinio el Viejo, pensando que su uso intensivo tendría mas eficacia. Una de las más conocidas adictas a la leche de burra era Popea, la esposa de Nerón, que se bañaba todos los días en leche de burra caliente y nunca viajaba sin hacerse acompañar por estos équidos. La emperatriz la usaba sobre todo como ingrediente de un emplasto que se aplicaba sobre el rostro antes de ir a dormir y que a la mañana siguiente estaba ya endurecido sobre el rostro como una capa de yeso agrietada. La leche de burra caliente también se aplicaba directamente en la piel con una esponja formando lo que se llamaba cataplasma.
Fresco de Villa Farnesina en el que se ve a una
muchacha rellenando un recipiente con un cosmético. 

Muchos de estos cosméticos estaban confeccionados con ingredientes que contenían alfa-hidroxiácidos, por lo que probablemente eran más o menos eficaces. Los alfa-hidroxiácidos son productos muy usados también en los actuales cosméticos. Algunas romanas también se aplicaban mascarillas para tratar el acné y los comedones. 

En los escritos de Plinio el Viejo se comenta otro sorprendente remedio contra las arrugas: el astrágalo (hueso del pie) de una ternera blanca, hervido durante cuarenta días y cuarenta noches, hasta que se transformaba en gelatina y se aplicaba posteriormente como un emplasto, mediante un paño. 









No hay comentarios: