domingo, 28 de junio de 2015

Un poema dio nombre a la sífilis

Tiziano: Retrato de un hombre (1528). National Gallery, Londres. 


 Tiziano 

Retrato de un hombre  
(1528)

Óleo sobre lienzo
National Gallery, Londres




Tiziano Vecellio (1477-1576) fue uno de los grandes exponentes de la escuela veneciana del Renacimiento. Es el autor de numerosas obras de temática mitológica y religiosa, y también nos dejó un gran número de retratos de personajes de su tiempo, como este Retrato de un hombre, que se cree que representa a Fracastoro.

Girolamo Fracastoro (1478-1553) fue un médico, científico y humanista de Verona, que encarnó plenamente al hombre de cultura renacentista. Dedicó toda su vida a las disciplinas destinadas al mejoramiento del cuerpo y del espíritu. Mantuvo amistad con las más altas figuras de su época y gozó de reconocida fama, singularmente al ser nombrado médico del Concilio de Trento en 1545. Fracastoro fue un apasionado cultivador de los grandes clásicos y estudió a Platón, Aristóteles, Vitruvio, Plinio y a los poetas Virgilio y Lucrecio, a quienes procuró imitar.

De entre sus composiciones didácticas destaca Syphilis sive de morbo gallico (1530). Este poema en hexámetros latinos, escrito a la manera de Ovidio, estaba dedicado al cardenal Bembo: 

  • En el primer tomo de la obra se hace referencia a la aparición de la enfermedad y los transtornos que causa. 
  • En el segundo, los posibles tratamientos como el mercurio o el palo de guayacán. 
  • Finalmente en el tercero, se desarrolla un cuento alegórico, que tiene por protagonista al pastor Syphilos (que en griego significa "don de amistad recíproca"). El pastor es castigado con repulsivas úlceras por el dios Sol Apolo por deslealtad. Finalmente es curado por un frondoso árbol, el guayacán. 

Así pues la obra tiene un cierto interés publicitario como promoción de la madera de guayaco, tema que trataremos más adelante. La madera de guayaco venía de América y sus raspaduras, de efecto diaforético, eran preparadas en una decocción que el enfermo, con una estricta dieta y bien cubierto para conseguir una abundante transpiración debía beber dos veces al día. La cura completa duraba cuatro o cinco semanas. Se creía que la profusa sudoración y la irritación provocada por el sudor del guayaco debía ayudar a eliminar la enfermedad. Este remedio alcanzó un notable éxito y el mismo rey Francisco I de Francia - que estaba afecto de sífilis - mandó fletar un barco con destino al continente americano a propósito para conseguir la madera curativa. La importación del palo de guayacán fue un pingüe negocio en el s. XVI, con el que se enriquecieron los Frügger, banqueros de Carlos V. 





El término de sífilis (derivado del nombre del pastor Syphilos) pronto se impuso para designar a la nueva enfermedad, que se hallaba envuelta en una enconada disputa de nombres. Como la nueva enfermedad había hecho su aparición acompañando a las tropas francesas, los napolitanos la conocían como morbo gálico o mal francés. Naturalmente, los franceses no aceptaron de buen grado esta denominación, que les relacionaba con una enfermedad “vergonzosa”, por lo que usaron otro nombre, como mal de Nápoles o mal español, ya que pronto se vinculó esta enfermedad con el aluvión de novedades que traían los españoles tras el descubrimiento de América. Lo cierto es que en la Europa renacentista, en pleno surgimiento de los estados, la guerra de los nombres adquirió unos tintes plenamente nacionalistas, lo que justificó la aparición de apelativos tales como sarna de Castilla en Portugal; mal de los portugueses en Castilla; enfermedad de Burdeos en Inglaterra; y en definitiva mal de Indias o sarampión indiano, como decía Gonzalo Fernández de Oviedo en su Sumario de la Natural Historia de las Indias, dirigida al emperador Carlos V: 

Muchas veces en Italia me reía oyendo a los italianos decir ‘mal francés’ y a los franceses ‘mal de Nápoles’; y en verdad los unos y los otros acertaran el nombre si dijeran el mal de Indias...

Sea como fuere, el nuevo nombre de sífilis resultaba neutral y desprovisto de tintes nacionalistas y pronto se impuso para designar a esta enfermedad. 

Por otra parte, Fracastoro aportó años más tarde, en su obra De contagione, el concepto de que el contagio de una enfermedad tiene lugar por unas ínfimas partículas vivas dotadas de una gran capacidad de multiplicación y que él denominaba seminaria. Tambien sostuvo que la sífilis se transmitía solamente por la cópula y no por fomites ni contagio a distancia. 

Fragmento del poema Syphilos sive de morbo gallico (Traducción del latín por Xavier Sierra):


"Varios casos sembraron un germen raro  
que nunca hasta ahora visto se había 
Una afección que ya en nuestros días 
Europa, parte de Asia, y a ciudades de Libia golpeó. 
En el Lacio por la guerra del francés irrumpió,
y de ahí su nombre recibió"


Girolamo Fracastoro: 





            









No hay comentarios: