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lunes, 6 de septiembre de 2021

La sarna durante la pandemia

 versió catalana | versión española






José Eugenio de Olavide

Sarna. Ácarus macho y ácarus hembra.
(1871-1873) 

Litografía del libro 
Dermatología general 
y clínica iconográfica de las enfermedades 
de la piel o dermatosis

Biblioteca particular


La pandemia de Covid-19 además de afectar profundamente a la sanidad de forma directa, también ocasiona otros efectos colaterales. El más conocido es la llamada sindemia, por la disminución de los diagnósticos de otras patologías. Se está observando un aumento considerable de los casos de cáncer, por ejemplo, que se diagnostica mucho más tarde de lo que era habitual. En otras patologías también se observa un efecto parecido. 

Pero además de los problemas diagnósticos, algunas enfermedades han aumentado considerablemente su incidencia. Este parece ser, por ejemplo el caso de la sarna, en opinión de muchos dermatólogos. Mi amigo y compañero el Dr. Miquel Casals ha estudiado este fenómeno en un reciente artículo publicado hace unos meses en la revista médica "Piel". 



J. E. Olavide: Sarna pústulo-ampollosa.
Lámina del libro Dermatología general y clínica iconográfica
de las enfermedades de la piel o dermatosis
. (1871-73)


¿Cuáles son las causas de este aumento de la sarna? ¿Por qué se propagó más esta parasitosis durante la pandemia?

El confinamiento domiciliario modificó no solamente la incidencia de la sarna, sino también la forma de presentación de la enfermedad y su tratamiento. 

En primer lugar, hay que considerar el papel del confinamiento domiciliario vivido durante el año 2020. Al pasar más tiempo en casa y por tanto en estrecha convivencia con los familiares, se incrementaba el riesgo de la transmisión del parásito a través del contacto directo o mediante fomites (ropa, sábanas...) 

Además, durante el período de confinamiento, la duración de los síntomas comunicada por los pacientes fue mayor. Tal vez fue el miedo de gran parte de la población a salir de casa, a menos que fuera estrictamente necesario, la que hizo que se evitara ir al médico hasta que el prurito era ya  desesperante. Esta negligencia contribuyó, sin duda a retrasar el tratamiento y las medicdas higiénicas recomendables para evitar nuevos contagios. La transmisión intrafamiliar se vio pues muy incrementada. 

El tratamiento con permetrina tópica al 5%, que es el tratamiento de primera línea en nuestro país, no siempre es fácil de realizar correctamente en una situación de confinamiento. Se han observado numerosos fracasos terapéuticos cuando se realiza en instituciones cerradas (en residencias de ancianos, centros de refugiados o cuarteles militares, por ejemplo). Tal vez la dificultad radica en llevar a cabo correctamente las medidas de descontaminación o en completar el tratamiento tópico de forma adecuada, lo que produce frecuentes reinfestaciones. Probablemente es la misma situación la que se ha producido en los brotes del entorno familiar durante el confinamiento domiciliario, con parecidas dificultades de tratamiento.

En estos casos puede recurrirse al tratamiento con ivermectina oral. También se están investigando nuevos fármacos acaricidas, como la beauvericina, que ha demostrado ya su eficacia in vitro.

En todo caso, este regreso de la sarna constituye, como lo califica Casals, una epidemia dentro la pandemia, y hemos de estar atentos a controlarla con todos los medios a nuestro alcance.  



Bibliografía 

Casals, M. Una epidemia dentro una pandemia. Piel. 2021 May; 36(5): 281–283.





La sarna durant la pandèmia 


 




José Eugenio de Olavide

Sarna pústulo-ampollosa
(1871-1873) 

Litografía del libro 
Dermatología general 
y clínica iconográfica de las enfermedades 
de la piel o dermatosis.

Biblioteca particular


La pandèmia de Covid-19 a més d'afectar profundament a la sanitat de forma directa, també provoca altres efectes col·laterals. El més conegut és l'anomenada sindèmia, que fa referència a la disminució de diagnòstics d'altres patologies. S'està observant un augment considerable dels casos de càncer, per exemple, que es diagnostica molt més tard del que era habitual. Així mateix, en altres patologies també s'observa un efecte semblant.

A més dels problemes diagnòstics, algunes malalties han augmentat considerablement la seva incidència. Aquest sembla ser, per exemple, el cas de la sarna, segons l’opinió de molts dermatòlegs. El meu amic i company el Dr. Miquel Casals ha estudiat aquest fenomen en un recent article publicat fa uns mesos a la revista mèdica "Piel". 



J. E. Olavide: Sarna pústulo-ampollosa.
Lámina del libro Dermatología general y clínica iconográfica
de las enfermedades de la piel o dermatosis
. (1871-73)


Quines són les causes d'aquest alarmant augment de la sarna? Per què s’ha propagat més aquesta parasitosi durant la pandèmia? 

En primer lloc, cal considerar el paper del confinament domiciliari viscut durant l'any 2020, que va modificar no només la incidència de la sarna, sinó també la forma de presentació de la malaltia i el seu tractament. Al passar més temps a casa i per tant en estreta convivència amb els familiars, s'incrementava el risc de la transmissió del paràsit a través del contacte directe o mitjançant fomites (roba, llençols...)

A més, durant el període de confinament, la durada dels símptomes que comunicaven els pacients es va incrementar. Potser la por de gran part de la població de sortir de casa, excepte quan era estrictament necessari, va fer que s'evités anar a consultar al metge fins que la pruïja era desesperant. Aquesta negligència va contribuir, sens dubte a retardar el tractament i les mesures higièniques recomanables per evitar nous contagis. La transmissió intrafamiliar es va veure doncs molt incrementada.

El tractament amb permetrina tòpica al 5%, que és el tractament de primera línia a casa nostra, no sempre és fàcil de realitzar correctament en una situació de confinament. S'han observat nombrosos fracassos terapèutics quan es realitza en institucions tancades (en residències de gent gran, centres de refugiats o casernes militars, per exemple). Potser la dificultat rau en dur a terme correctament les mesures de descontaminació o en completar el tractament tòpic de forma adequada, fet que produeix reinfestacions freqüents. Possiblement aquesta mateixa situació es va produir en els brots de l'entorn familiar durant el confinament domiciliari, amb dificultats semblants en fer el tractament.

En aquests casos es pot recórrer al tractament amb ivermectina oral. També s'estan investigant nous fàrmacs acaricides, com la beauvericina, que ja ha demostrat la seva eficàcia in vitro.

En tot cas, aquest retorn de la sarna constitueix, com el qualifica Casals, una epidèmia dins de la pandèmia, i hem d'estar atents a controlar-la amb tots els mitjans al nostre abast.


Bibliografía 

Casals, M. Una epidemia dentro una pandemia. Piel. 2021 May; 36(5): 281–283.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Las enfermedades de Napoleón (I): Juventud






François Flameng

Napoleón en la escuela Militar
(1897)

Tipograbado sobre papel. 
10,6 x 15,7 cm



Napoleón Bonaparte (1769-1821) fue un militar y político francés, considerado uno de los estrategas bélicos más notables de la Historia, y que durante algo más de una década controló toda Europa Occidental y Central. Natural de Ajaccio (Córcega), fue general republicano durante la Revolución y el Directorio. Dirigió el golpe de Estado del 18 Brumario, que le convirtió en primer cónsul de la República, pasando luego a cónsul vitalicio (1802-1804). Se proclamó Emperador de los franceses (1804) y Rey de Italia (1805).  Tras ser derrotado la Batalla de las Naciones (Leipzig, 1813) fue obligado a abdicar. En 1815 volvió durante un breve período (Los Cien Días) y fue definitivamente derrotado en Waterloo, siendo exiliado en la isla de Santa Helena, donde falleció en 1821.

En entradas sucesivas del blog revisaremos algunas de las enfermedades que aquejaron a este ilustre personaje. 

Infancia. 
No tenemos constancia de que tuviera enfermedades durante su niñez, o por lo menos no han trascendido. Tampoco hay documentos que demuestren que recibió cuidados especiales durante su estancia en la Real Escuela Militar de París (Maurice Boigey,1930)


A los 19 años, Napoleón alcanzó ya el grado
de teniente segundo en el regimiento de La Fère. 


1785. 
En este momento, con 19 años, Napoleón había alcanzado ya la graduación de teniente segundo de la compañía de Bombarderos del regimiento de La Fère. Este regimiento tenía encomendada la guarnición de las ciudades de Valence y de Lyon. Sabemos que durante este período Napoleón estuvo aquejado de una enfermedad febril no identificada. Durante esta enfermedad fue cuidado por una joven genovesa.  


1786. 
De regreso a Córcega, con un permiso de varios meses debido a su "mala salud". Durante este período va a restablecerse a la estación termal de Guagno cerca de Ajaccio. Al volver a Auxonne contrae el paludismo, y es atendido por el cirujano mayor del regimiento, Bienvelot. 

        El joven capitán de Artillería Bonaparte      

1790.
 

Nuevamente se le concede un permiso especial de convalescencia, por lo que deja Auxonne. Esta vez va a reponerse a otra estación termal, Orezza. 

1791. 

En la primavera de este año se le destina a Valence. Pero el joven militar tiene una recaída importante, con un brote grave de malaria. Es atendido por Parmentier, el cirujano del regimiento (Maurice Boigey,1930)

1793. 

Napoleón se contagia de sarna, enfermedad que debía ser muy frecuente en los cuarteles. Parece ser que se la contagió un cañonero al lado del cual combatió en el sitio de Toulon. Aunque no sabemos mucho de este episodio de sarna, consta que fue atendido por René-Nicholas Dufriche barón de Desgenettes (1762-1827), un médico militar que más tarde sería médico jefe del ejército francés durante la campaña de Egipto y en la batalla de Waterloo (Xavier Riaud). 

Muchas veces se comenta que Napoleón curó mal de este episodio de sarna y que esto le produjo recidivas durante mucho tiempo. En mi opinión, Bonaparte presentaba un cuadro de dermatitis atópica, como comentaré en otra entrada. Las enfermedades cutáneas eran mal conocidas en aquel momento, y es probable que se achacara a una sarna mal curada los sucesivos brotes de dermatitis atópica, ya que ambas enfermedades son muy pruriginosas. 

Como dermatólogo me interesa especialmente la sarna de Napoleón, aunque no dispongo de muchos datos más que los ya expuestos. Como curiosidad diré que pocas décadas más tarde, otro corso como Bonaparte, descubrió el ácaro productor de la sarna. Fue Renucci, un estudiante de Medicina del Hospital de Saint-Louis, el 13 de agosto de 1834. Mientras los científicos de la época especulaban sobre alambicadas hipótesis sobre la etiología de la enfermedad, Renucci se limitó a sacar un ácaro del surco característico de la sarna "tal como hacen las mujeres de mi país" y mostrarlo a la concurrencia bajo un microscopio.  Fue una de las primeras demostraciones de que la enfermedad puede estar causada por un agente vivo externo, solamente visible al microscopio.  

Bibliografía 

Boigey M, Les maux de Napoléon, en Chronologie – Sainte-Hélène : la maladie de l'Empereur, Almanach Napoléon, p. 1-2, 1930
http://www.napoleonprisonnier.com

Castelot A, Bonaparte, Librairie Académique Perrin, Paris, 1967.

Castelot A, Napoléon, Librairie Académique Perrin, Paris, 1968.

Gallo M, Napoléon, Magellan (éd.), 8 vol., Paris, 1998.

Riaud, X. Napoléon et ses maladies.
https://www.napoleon.org/histoire-des-2-empires/articles/napoleon-et-ses-maladies/





Serie de las enfermedades de Napoleón: 

viernes, 7 de julio de 2017

Aztecas (II): Conocimientos dermatológicos






Médicos aztecas


Ilustración del Códice Florentino (libro X)

Biblioteca Medicea-Laurenciana, Florencia 






A la vista de la gran cantidad de dioses aztecas relacionadas con las enfermedades cutáneas, no es de extrañar que los conocimientos de dermatología de este pueblo fueran realmente muy desarrollados. En efecto, en lengua nahuatl encontramos numerosos ejemplos de vocablos usados para la designación de diversas dermatosis. Así, tzotzocatl (verrugas), machacayolli (callosidades de las manos), xiotl (pinta), etc... Nos consta también que conocían los nevus, melanosis y diversas enfermedades pigmentarias.

     Los aztecas tenían tratados de medicina. Uno de ellos hacía referencia a la clasificación de las úlceras. Así distinguían entre úlceras recientes y sangrantes (chipeliuliztl ezquiztica) úlceras crónicas (tzonzonizli), úlceras de gran tamaño, (thaelpaxaxtli), y úlceras supurantes y fistulosas (chipeliulitzli).

     Para tratar las ulceraciones utilizaban el polvo de obsidiana como antiséptico. Fray Bernardino de Sahagún pudo comprobar sus efectos:

     "Yo pienso que esta piedra es una especie de esmeralda negra, de manera que la experiencia me ha probado que posee virtudes particulares. Cuando se la reduce a polvo fino como la harina y se la aplica sobre las llagas abiertas o úlceras las cura rápidamente impidiendo la supuración"

     Algunas heridas eran suturadas usando cabellos humanos o de animales. También, aunque menos frecuentemente, usaban fibras vegetales. Las suturas se realizaban siguiendo las técnicas de puntos separados o de suturas ininterrumpidas. El códice Badiano señala que una herida sanará si se instila en su interior jugo de la corteza del árbol ylin, de la raíz del arbusto tlalhahuehuatl, cera y yema de huevo. En los casos de sobreinfección de la lesión, se drenaba la supuración mediante incisión, succión bucal y aplicación de hojas de tabaco (Nicotiana tabacum).

     El alquitrán de Ahuehuetl o ciprés de Moctezuma (Taxodium mucranatum) y las pincelaciones con bálsamo del Perú se usaban en el tratamiento de las quemaduras. También podían ser tratadas mediante la aplicación  de una cataplasma confeccionada con savia de nopal y de otras plantas, mezclada con miel y yema de huevo, para conferrirle una consistencia adhesiva, según el códice Badiano. El nopal era muy usado en terapéutica, especialmente en diversas enfermedades de la piel, contusiones y heridas contusas. También servía como antiinflamatorio. 

Fray Bernardino de Sahagún dejó constancia de algunos de estos procederes curativos: 



"Las quebraduras de los huesos de los pies curarse han con los polvos de la raíz que se llama acocotli, y de la raíz de la tuna, y ponerse en la quebradura del pie, y envolverse y atarse con algún lienzo o paño, y después de puesto el palo se han de poner cuatro palitos o tablillas a la redonda de la quebradura, y atarse han fuermente con algún cordelejo para que desta manera salga la sangraza, y también se sangrará de las venas que vienen a juntarse entre el dedo pulgar del pie y el otro, porque no se pudra la herida. Y los palillos o tablillas se han de tener atados por espacio de veinte días, y después deste tiempo se han de echar una bilma de ocutzote con polvos de la raíz del maguey y con un poco de cal, y sintiendo alguna mejoría podránse tomar algunos baños." 
Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, lib. X, cap. párr. 6º. 


Médico azteca vendando una pierna herida.
Códice Florentino, lib. X, f. 111v.
En lengua nahuatl todas las tumoraciones eran llamadas qualocatl. La mayoría de ellas eran probablemente abscesos, que eran intervenidos quirúrgicamente. Los quistes dermoides se cubrían con emplastos de raíces, corteza y hojas de tepozan (Buddleia americana). Si no se resolvían por este método, se procedía a su excisión. También los queloides eran excindidos, cauterizados y suturados, aplicándose goma de caucho (ulli) a continuación. Otras muchas dermatosis eran cauterizadas con ramas de copal encendido (Elaphrium excelsum).

     El impétigo era asimismo conocido entre los aztecas y en su terapéutica se usaba el fruto Carica papaya y el cocimiento de maxiquilitl mezclado con cal.

La diosa azteca Tlazoltéotl, pariendo.
Esta figura nos proporciona mucha información de
como debían ser los partos entre los aztecas
(en cuclillas y con el tronco erguido). 
Tlazoltéotl apoya sus pies 

sobre unos tacos de pocos centímetros 
elevando los talones para así estabilizar la postura.
     Otros diversos cocimientos a base de productos vegetales se aplicaban como remedio de forúnculos, pústulas, abscesos, intertrigo y erisipela. En éste último caso, el tratamiento se complementaba con la administración oral de determinados brebajes.

     Debido a su característica morfología, las enfermedades vesiculosas o ampollares, ulceradas o no, eran frecuentemente representadas por los artistas, como puede observarse en algunas piezas cerámicas de la colección del Dr. A. Weissmann (Museo de México, Museum für Volkerkunde de Berlín-Dahlem). Otra de estas estatuillas presenta un edema de pene, que pudiera ser interpretado como indicativo de una blenorragia (¿pene en badajo de campana?).

     El albinismo era también conocido en el antiguo México. Sabemos que el emperador Moctezuma contaba con algunos ejemplos de esta anomalía entre sus cortesanos.

     La sarna, enfermedad bastante extendida entre los aztecas, se trataba (según una receta citada tanto por el códice Badiano como por el códice de Sahagún) con lavados realizados con orina seguidos por la aplicación de cataplasmas confeccionadas con diversas raíces. Análogos procedimientos se seguían en las diversas afecciones pruriginosas y eccemas.

Temazcalli, Baño de vapor azteca.
La higiene y la costumbre de bañarse era común en los aztecas 
     Los ungüentos de uso dermatológico eran, como puede verse, muy numerosos y variados. 

            Para la confección de muchos de ellos se usaban alquitranes de origen vegetal, resinas y productos azufrados. Muchos de ellos todavía están vigentes en la terapéutica dermatológica.


     Los aztecas cuidaban la higiene cutánea. La crónica atestigua que Moctezuma se lavaba dos veces por día, y en especial las manos antes y después de las comidas. En vez de jabón los aztecas usaban el fruto del copalxocotl (palo de jabón) y raíces de Saponaria americana. El baño de vapor (temazcalli) fue otro método terapéutico de los aztecas. Los temazcalli eran pequeñas cámaras de adobe, desprovistas de ventanas y con una estrecha entrada. En su interior se encendía un fuego, rodeado de piedras volcánicas sobre las que se echaba agua, produciendo así abundante vapor. En algunos casos se utilizaban aguas sulfurosas, con lo que se obtenían efectos beneficiosos sobre algunas dermatosis. Al salir de este baño de vapor, los indios se daban un baño con agua fría, como en las saunas modernas. 

domingo, 30 de abril de 2017

Tratando la sarna en un orfanato







Leslie Cole

Grecia: Un orfanato
(1945)

Óleo sobre lienzo. 88,9 x 66 cm. 
Imperial War Museum, Londres  





Leslie Cole (1910-1976) fue un artista asalariado contratado por la Armada inglesa como comisionado especial para realizar ilustraciones de guerra. Tenía una graduación honoraria de capitán y viajó por Malta, Grecia, Francia, Alemania y el Lejano Oriente, documentando las consecuencias del conflicto bélico. 

Regresó a Gran Bretaña en 1946, tras haber sido testigo del campo de concentración de Belsen y del trato dado a los prisioneros de guerra japoneses en los campos de concentración de Singapur. 

En esta escena, que él pudo presenciar en un orfanelinato en Grecia, aparece una niña con sarna de pie sobre una mesita cubierta con una talla. Una enfermera, protegida con una mascarilla, le aplica Anachryl (un acaricida) sobre la piel. Un soldados británico le ayuda, sosteniendo una batea con el medicamento. Este mismo soldado y una mujer intentan que la niña esté quieta durante el tratamiento. Otros soldados y un sacerdote ortodoxo presencian la escena. Hay dos niños esperando el turno y otro parece que ya ha sido tratado.  

La sarna es una enfermedad producida por un ácaro (Sarcoptes scabiei) que se contagia mucho en ambientes de concentración e higiene deficiente. La lucha contra esta afección incluye aplicaciones de acaricidas sobre la piel y lavar la ropa a altas temperaturas. 

martes, 14 de marzo de 2017

Historia del ácaro de la sarna (y IV): Renucci, la evidencia definitiva






Jules Meresz

La demostración de Renucci 
25 de agosto de 1834

Dibujo al carboncillo 



Simon François Renucci era un joven estudiante corso que se había licenciado en letras en la Academia de París y estudiaba Medicina en el Hôtel-Dieu de esta ciudad. Estaba atónito por la absurda polémica que se mantenía por aquel entonces referente al ácaro y por el escaso conocimiento que sobre la sarna mantenían los dermatólogos oficiales. Renucci había visto multitud de veces a las mujeres de su país extraer el ácaro productor de la sarna. Y él mismo lo había hecho muchas veces. Pero el ácaro no debía buscarse en las vesículas, sino en el borde de los surcos. Éste era el fallo. 


Sarna pústulo-ampollosa. Lámina de  J.E. Olavide. Dermatología General y Atlas de la clínica iconográfica de enfermedades de la piel o dermatosis. Madrid 1871-1881 


Renucci se convirtió en uno de los alumnos más asiduos de las clases de Alibert, y convenció a su maestro de que podía extraer el ácaro con total garantía de éxito. Alibert accedió a suspender sus vacaciones y el 13 de agosto de 1834 tuvo lugar por fin el histórico suceso. Renucci nos lo relata así:
 "Después de haber asistido a una lección de Monsieur Alibert, tuve la ocasión de demostrar al profesor la existencia de este animalillo maravilloso, tantas veces buscado vanamente al microscopio, objeto de tantas controversias y contradicciones, y las dudas que él me manifestó sobre la posibilidad de encontrarlo hicieron que yo tomara partido proporcionándole pruebas irrefutables. Así que cuando el 13 de agosto de 1834, acudió a la consulta una joven cuyas manos presentaban numerosas vesículas de sarna y que no había realizado ningún tratamiento, anuncié a todos los médicos y alumnos que estaban allí que iban a ver el insecto fabuloso. En efecto, hice la extracción con la ayuda de una aguja; el ácaro caminó sobre mi uña y todos pudieron verlo a simple vista. El nutrido grupo de asistentes me pidió que repitiera la misma operación en otro sarnoso, y al cabo de poco tiempo se pudo repetir el resultado. En seguida, el profesor Alibert hizo levantar un acta, que tras ser firmada por todos fue enviada a la Facultad"
En efecto, el 16 de agosto, la noticia apareció en la Gazette des Hôpitaux, aunque fue acogida con un escepticismo general. La experiencia se repitió públicamente el 20 de agosto. Uno de los más firmes detractores de la existencia del ácaro, el Dr. Lugol comentó, burlándose: 
"Alibert ha interrumpido sus vacaciones, que creo que las necesitaba de verdad. Es muy valiente: atreverse a volver otra vez al combate, estando ya al final de su carrera, y tras sus repetidas derrotas" 
Y desafiante, añadió: 
"Yo renuevo mi oferta de 300 francos para el estudiante que encuentre el sarcoptes"

Tesis de Simon François Renucci (1935)
Así que una nueva reunión se programó para el 25 de agosto a las 9 de la mañana. Se anunció adecuadamente en la Gazette des Hôpitaux, en un lugar neutral para ambos bandos, la clínica de Edouard Émery. Entre los numerosos asistentes estaban figuras destacadas y reconocidas de la medicina: Sabatier, Pinel, Legros, Emery, Lugol, Alibert, Raspail... A las 10 de la mañana Renucci, con la ayuda de una aguja, extrajo ante todos un ácaro y lo puso bajo el objetivo de un microscopio. El más imparcial de los asistentes, el anfitrión Émery repitió la experiencia con facilidad. Raspail constató la similitud del ácaro con las planchas de De Geer. Lugol no tuvo más remedio que aceptar su derrota. Renucci había demostrado plenamente la existencia del ácaro y ya no fue puesta en duda nunca más. 

Renucci publicó poco después su descubrimiento en su tesis "De la découverte de l'insecte qui produit la contagion de la gale, du prurigo et du phylacia" (Sobre el descubrimiento del insecto que produce el contagio de la sarna, del prurigo y de la phlyzacia" (6 de abril de 1835). En ella dejó claro que el ácaro de la sarna no se encuentra nunca en las vesículas. Renucci fue recibido triunfalmente en la Charité por Rayer, en el Hôpital des Vénériens por Ricord, y en la Facultad por Cloquet. Lo que no sabemos es si Renucci llegó a cobrar los 300 francos que había ofrecido Lugol. De hecho, Lugol desapareció y no se volvió a saber nada de él. 





Bibliografía

Beeson BB. Acarus scabiei. Study of its history. Arch Dermatol Syphilogr 1927;16:294-307.

Crissey JT, Parish LC The Dermatology and Syphilology of the Nineteenth Century. New York: Praeger, 1981. 

Díaz R, Vidauzárraga C. Historia del ácaro de la sarna. Piel 2003; 18 (9): 471-3

Galvañ Pérez del Pulgar JI, Piel 2004;19:533-7 - DOI: 10.1016/S0213-9251(04)72909-

Janier M. Histoire du sarcopte de la gale. Histoire des sciences médicales, Tome XXVIII, 4, 1994. http://www.biusante.parisdescartes.fr/sfhm/hsm/HSMx1994x028x004/HSMx1994x028x004x0365.pdf


lunes, 13 de marzo de 2017

Historia del ácaro de la sarna (III): Controversia y escepticismo






Retrato de 
François-Vincent Raspail

Fotografía 



Comentábamos en una entrada anterior  la polémica que se desencadenó en el primer tercio del s. XIX en París, referente al parásito productor de la sarna. Galès pretendía saber extraer los ácaros de la sarna de las vesículas cutáneas, pero sus descripciones demostraban que en realidad era un fraude, y que lo que él mostraba eran en realidad, ácaros del queso. El enfrentamiento entre los que creían en el ácaro de la sarna y los que creían que se trataba de una pura superchería estaba cada vez más enconado.  


François-Vincent Raspail (1794-1878) fue uno de los espíritus más brillantes del s. XIX. De formación autodidacta fue a la vez químico, higienista, citólogo (uno de los inventores de la teoría de la célula) y sobre todo microscopista. Además era de espíritu contestatario, anti-conformista, librepensador socialista con ribetes anarquistas. En fin, tenía una personalidad muy compleja. 

Raspail se interesó en la polémica del Sarcoptes de la sarna. Comenzó haciendo sus propias investigaciones, que resultaron negativas. No tenía ninguna idea preconcebida, y al principio atribuyó sus fracasos a su falta de experiencia, a los tratamientos previos recibidos por los enfermos e incluso al clima de París. 

Más tarde, comparando los dibujos de Galès y de De Geer vió el gran parecido que había entre los ácaros del queso y los que decía extraer Galès. Llegó así a la conclusión de que Galès era un embaucador, que había sustituído el pretendido ácaro de la sarna por el del queso. Desde este momento (1829), Raspail tomó parte en la polémica y se implicó en desenmascarar el fraude. Pronto Raspail encontró con quien aliarse. 

El Dr. Jean Lugol (1788-1851) era un médico muy respetado, que había estudiado a fondo la tuberculosis. También había hecho aportaciones terapéuticas: una solución yodo-yodurada (hoy se conoce como solución de Lugol). Lugol era un acérrimo opositor a la teoría del ácaro. Además era muy provocador y había prometido un premio de 300 francos a quien demostrara la existencia del ácaro. Era una suma muy importante, lo que demuestra que estaba totalmente seguro de que nadie lo lograría.  

Patrix, un médico de Saint Louis, había secundado a Galès en su momento y le había ayudado a dibujar los famosos ácaros. Tal vez por fidelidad a su amigo, por inconsciencia o por ingenuidad quiso intentar responder al desafío de Lugol, pero Alibert lo impidió (1829), creyendo que entrar en ese juego no era el camino más conveniente. 


Jean Lugol (1788-1851), uno de los principales detractores
del origen acarino de la sarna
El cirujano Arnal, discípulo de Lugol, atacó a Patrix manteniendo una agria polémica en la revista "La lancette française". Patrix se defendió como pudo. Pero cada día aumentaba más y más el número de los escépticos

El 2 de septiembre de 1829, un tal Meynier comunica a Lugol que ha encontrado el "insecto" y que lo va a demostrar en público. Tras reunir a personalidades como Bailly, Cloquet, Lugol y un escogido público, Meynier tomó una muestra de un sarnoso, la puso sobre una gota de agua bajo el microscopio y agitando con su uña la mezcla hizo aparecer el ácaro ante la admiración de todos. Los de más edad reconocieron el ácaro de Galès, idéntico al ácaro del queso. Alibert está eufórico, ante la demostración.

Pero pocos días más tarde, Meynier renuncia al premio de 300 francos y Raspail aclara la confesión de Meynier: tenía un trozo de queso podrido en su bolsillo y había puesto ácaros del queso con su uña bajo el microscopio. Ahora es Lugol el que se muestra eufórico. 


Moldeado de cera representando un caso de sarna noruega .
Museo de cera del Hospital de Saint-Louis, Paris. 
Tras la flagrante derrota de los defensores de la etiología acarina, Alibert, ya muy desprestigiado, no tiene más remedio que autorizar a Patrix a hacer la demostración en el Hôtel Dieu. Pero el ácaro no aparece. El fracaso es total. Las risas y comentarios jocosos de los asistentes hacen que la derrota sea cada vez más hiriente. Patrix es severamente amonestado por la Facultad de Medicina, aunque todo el mundo sabe que la amonestación va en realidad dirigida a Alibert. 


Llegamos a 1830, en plena Revolución. Raspail se olvida momentáneamente del ácaro para ir a las barricadas. Los médicos ya no quieren ni oir hablar del insecto. Hasta Alibert duda ya de su existencia. 

Los dermatólogos tienen muy mala opinión de Galès, a quien juzgan muy duramente: 

Devergie: 
"el pretendido ácaro hizo que el Instituto diera a su inventor una recompensa honorable en vez de la reprobación y el desprecio que en realidad merecía"

Raspail: 
"Galès ha mostrado fraudulentamente el ácaro del queso para adquirir gloria y dinero"

Biett: 
"Este éxito constante de un bando y el fracaso constante del otro llegan a fatigar el espíritu. No sé de ninguna duda que tenga tan poca defensa"

Cazenave: 
"Se puede dudar de la buena fe de este farmacéutico"

Probablemente el ácaro de Galès era un fraude. Tal vez había visto alguna vez el ácaro y perpetuó fraudulentamente su descubrimiento, ávido de fama, de amor propio y de dinero. Desapareció de Saint Louis en 1815. Vivió, explotando sus negocios hasta 1854. Pero nunca dijo una palabra ni participó en la polémica, dejando que afectara a la reputación de Alibert, para el que se convirtió en una auténtica pesadilla. 




Bibliografía

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