martes, 31 de diciembre de 2019

La verdad, el Tiempo y la Historia






Francisco de Goya y Lucientes

La Verdad, la Historia y el Tiempo
(1797 -1800) 

Óleo sobre lienzo 294 x 244 cm
Nationalmuseum, Estocolmo.




Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) pintó esta obra en 1804-1805, que junto con otra obra alegórica, La Poesía debían estar destinadas al palacio del poderoso ministro Godoy en Madrid. 

La pintura se compone de tres figuras. Un viejo con grandes alas que lleva un reloj de arena en la mano; una hermosa joven con un sencillo vestido blanco que sostiene un cetro con la mano izquierda y un librito en la derecha; y una segunda mujer, sentada sobre una roca y casi desnuda, solamente cubierta por un lienzo verde, y que gira su cabeza hacia atrás mientras escribe en un gran libro. 

El simbolismo de la obra ha tenido diversas interpretaciones. En mi opinión, representa al tiempo (el viejo), inspirado en Cronos, con sus atributos más conocidos: el reloj de arena; las alas, muestra de la fugacidad del tiempo y la propia edad del personaje, muestra de su añeja perdurabilidad. 

La mujer de pie representaría la Verdad. Tal vez el níveo vestido blanco es una alusión a su veracidad y inocencia. Es cierto que la Verdad suele representarse desnuda. Y así aparece en un boceto previo de Goya, probablemente censurado por la pacata moral del momento. En él, todos los personajes aparecen desnudos. 


Frabncisco de Goya. Boceto de la obra (1797)

La tercera figura, la mujer sentada, simboliza la Historia. Sentada sobre una roca, gira la cabeza hacia el pasado, y consigna lo que aconteció en un gran libro, para conservar su recuerdo. 

Es cierto que posteriormente este cuadro, algo enigmático, fue objeto de otras interpretaciones. Algunos consideraron a la figura que está en pie como una alegoría de la Constitución liberal de Cádiz, ya que sostiene el cetro (símbolo de la soberanía) y el librito (que sería la Constitución). Los que sostienen esta interpretación creen ver otros simbolismos: La luz que la mujer vestida de blanco recibe desde el ángulo superior izquierdo sería la luz que disipa las tinieblas del oscurantismo. El reloj de arena, sostenido por el Tiempo presenta toda la arena en la parte superior, como auspiciando una nueva era. Pero teniendo en cuenta que la Constitución fue proclamada en 1812, siete años después de la datación de esta obra, es difícil dar crédito a esta lectura. 

En la exposición de 1900 la obra fue presentada como "El tiempo mostrando a España ante la Historia". Personalmente me parece una interpretación muy forzada, cuya razón es fruto del exaltado nacionalismo español que intentaba recomponer el maltrecho ánimo de los ciudadanos tras el desastroso final de la guerra colonial de la independencia cubana (1898). La figura de blanco no presenta ninguno de los atributos tradicionales con los que tradicionalmente se ha representado España, por lo que creemos que  es una interpretación forzada y tendenciosa, sin base real. 

Por eso, me decanto por la primera interpretación. Me parece interesante esta asociación Tiempo - Historia - Verdad, muy adecuada para ocupar un espacio en este blog, en el que intentamos escudriñar en el pasado para descubrir detalles médicos y artísticos. Y muy adecuada también para este fin de año, en el que la reflexión sobre el paso del Tiempo y de la Historia está presente en todos nosotros. 

Aprovecho para desear un feliz y venturoso año 2020 a todos los lectores del blog y que la nueva década nos sea propicia. 

lunes, 30 de diciembre de 2019

¿Por que comenzamos el año en invierno?








Helios, el dios sol, en su carro
(circa 400-300 a.C.)


Base de cuenco de plata dorada
British Museum. Londres




Este cuenco de plata dorada fue hallado en una tumba de Elis (sur de Grecia). En su base, una representación de Helios, el dios sol, coronado de rayos, conduciendo su carroza, probablemente una alusión simbólica a una nueva vida. El mito del eterno retorno, se basa muchas veces en los ciclos de la naturaleza, en la que cuando todo parece perdido, renace nuevamente. Como el día que amanece cada mañana; como el año, que toma nueva vida en primavera

Estas consideraciones nos plantean una pregunta: ¿por qué celebramos el cambio de año en pleno invierno? ¿no sería más lógico celebrarlo en primavera, cuando todo parece reiniciarse? 

De hecho así era en tiempos remotos. Por eso el zodíaco comienza en Aries, signo en el que tiene lugar el equinoccio de primavera. Sin embargo los romanos trasladaron el inicio del año al invierno, cuando se celebraban las saturnales, fiestas de excesos, consagradas a Saturno, el dios del Tiempo, que todo lo devora, y de que nosotros hemos transformado en nuestras fiestas de Navidad y Año Nuevo.  


Estatua de Jano, el dios de las dos caras,
que miraba a la vez al pasado
y al futuro y que dió nombre al mes de enero.
Museos Vaticanos Roma
La razón es que en este momento del solsticio invernal es cuando el sol renace. Los días comienzan a alargarse, y el sol que parecía que iba a morir toma nueva  fuerza. Es el renacimiento del sol el que celebramos. 

Así nos lo explica Ovidio, en su obra Fastos, que trataba de las fiestas del año. En esta ocasión el poeta conversa con el dios Jano, el de las dos caras, que miraba al pasado y al futuro y que dio nombre al mes de enero (Januarius). Ovidio pregunta al dios bifronte la razón de celebrar el comienzo del año en invierno, a lo que Jano le responde que Febo (el sol) y el año toman el mismo comienzo:  
“Dime, por favor, ¿por qué comienza el Año Nuevo con los fríos, cuando más bien debería comenzar en primavera? Todo florece entonces; entonces hay una fase nueva de tiempo y se hincha la yema nueva en la vid preñada; el árbol se cubre de hojas recién formadas y el tallo de la semilla asoma en la superficie del suelo;  los pájaros endulzan el aire tibio con sus cantos orquestados y los rebaños juegan y retozan en los prados. Entonces los rayos del sol son suaves y sale la golondrina exótica y fija en la viga alta su nido de barro; entonces permite el campo su cultivo y se renueva con el arado. Con justicia había que llamarlo el Año Nuevo”. 
Le había preguntado por extenso; él, sin detenerse mucho, redujo sus palabras a dos versos de la siguiente manera: 
“El invierno es lo primero del Año Nuevo y lo último del viejo; Febo y el año toman el mismo comienzo”.
Dixerat, et vultu, si plura requirere vellem,  
Se mihi difficilem non fore, fassus erat:  
Sumpsi animum, gratesque deo non territus egi, 
Verbaque sum spectans pauca locutus humum:  
Dic, age, frigoribus quare novus incipit annus,  
Qui melius per ver incipiendus erat? 
Omnia tunc florent, tunc est nova temporis aetas,  
Et nova de gravido palmite gemma tumet, 
Et modo formatis operitur frondibus arbos,  
Prodit et in summum seminis herba solum, 
Et tepidum volucres concentibus aëra mulcent,  
Ludit et in pratis luxuriatque pecus. 
Tum blandi soles, ignotaque prodit hirundo,  
Et luteum celsa sub trabe fingit opus. 
Tum patitur cultus ager, et renovatur aratro.  
Haec anni novitas jure vocanda fuit. 
Quaesieram multis: non multis ille moratus,  
Contulit in versus sic sua verba duos: 
Bruma novi prima est, veterisque novissima solis:  
Principium capiunt Phoebus et annus idem.
(Ovidio, Fastos, I, v. 145 y ss(Traducción de Bartolomé Segura Ramos. Editorial Gredos, 2001)

Sirva este fragmento para comentar la relación del ciclo anual con el solsticio solar. 


"Dies solis". Helios en el carro del sol.
Fragmento del Tapiz de la Creación (s. XI)
Museo de la Catedral de Girona

























No en vano el emperador Constantino trasladó el día de Navidad también al día del solsticio solar. El Día del Sol Invicto se transformó así en la fiesta de Navidad en los países católicos  (la Iglesia Ortodoxa la sigue celebrando el día de la Epifanía, el 5 de enero). 

En todo caso, os deseo un feliz y venturoso año nuevo. Disfrutad de los beneficios del sol y recordad que os debéis exponer a sus rayos de forma prudente. ¡El radiante Helios no siempre tiene misericordia de los humanos!   





domingo, 29 de diciembre de 2019

Un pastor con ginecomastia





Matthias Stomer

Adoración de los pastores
(circa 1635)


Óleo sobre lienzo  
Museo de Montserrat 



Matthias Stomer (1600-1652) fue un pintor holandés de estilo tenebrista, muy influido por la pintura de Caravaggio. Natural de Utrecht se inició en el arte pictórico en esta ciudad, probablemente con Abraham Bloemaert. Tras una estancia de tres años en Roma, donde fue discípulo del pintor caravaggista Gerrit van Honthorst, se instaló en 1640 en Sicilia, donde transcurrió el resto de su vida. 

Stomer fue uno de los caravaggistas nórdicos más importantes, junto con van Honthorst. En su paleta, mucho más cálida que la de Honthorst, predominan las gamas terrosas. También su temática, casi exclusivamente religiosa, se diferencia de otros tenebristas, bastante interesados en escenas de género.


Visión completa de la obra de Stomer


En la obra La adoración de los pastores del Museo de Montserrat podemos ver a un hombre con barba que se acerca al pesebre en actitud de veneración. Su cara (como la de los demás personajes de la escena) está iluminada por la luz que desprende el Niño Jesús, en un claro simbolismo de su divinidad. Pero nos llama la atención su pecho, prominente como el de una mujer, y que desborda la ropa de forma manifiesta, lo que sugiere una posible ginecomastia. 

La ginecomastia es la hipertrofia patológica de una o ambas glándulas mamarias en el varón. Suele estar asociado con un aumento de producción de prolactina, aunque también puede ser causada por hiperestrogenismo derivado de una patología hepática como la cirrosis hepática, que en este caso deja de metabolizar los estrógenos. Los varones obesos también suelen desarrollar una pseudoginecomastia, normalmente en la pubertad desde los 11 o 14 años hasta los 20 o 21. 

viernes, 27 de diciembre de 2019

Una rebelión feudal: El monje asesinado








Sepulcro de un monje

Bajorrelieve de piedra 
Real Monasterio de Poblet 
(Catalunya) 



Si alguna vez estáis en las cercanías de Montblanc, en la comarca catalana de la Conca de Barberá, no perdáis la ocasión de visitar el cercano monasterio de Poblet. conoceréis un cenobio del Císter, construído como otros monasterios cercanos (como Santes Creus o Vallbona de les monges) en los años del gótico (aunque también conserva un par de puertas y un ala del claustro todavía en estilo románico. 

El monasterio tiene importancia por sí mismo. Las edificaciones monásticas como el claustro, la sala capitular, la iglesia y el soberbio cimborrio que la corona merecen por sí solas la visita. Pero además, aquí están enterrados 8 reyes de la Corona de Aragón que reunía los territorios de Catalunya, Aragón, Valencia y -durante bastantes años- las islas Baleares. Un auténtico panteón real, que sirvió de para darle la idea a Felipe II, que visitó el monasterio de Poblet. Siguiendo el modelo de Poblet, mandaría construir más tarde el panteón real en el Escorial. 

Aquí habitaba una comunidad de monjes con gran austeridad. No busquéis capiteles con figuras humanas o animales: la orden del Císter lo prohibe, para no distraer a los monjes de sus deberes: la oración y el trabajo (Ora et labora). Solamente motivos vegetales o geométricos decoran los bellos capiteles del claustro. Donde sí hay representación humana es en el contiguo palacio del rey Martí, y de algunos de estos capiteles ya comentamos algo en otra entrada del blog.  


Dos tumbas de abades en la sala capitular del monasterio cisterciense de Santes Creus



En el suelo de la sala capitular están enterrados los abades. En las laudas sepulcrales figura un bajorrelieve con la representación del abad correspondiente y algunas leyendas así como los escudos heráldicos de los mismos. Es un privilegio reservado exclusivamente a los abades. El resto de monjes se enterraban en un cementerio común sin ninguna señal especial sobre su tumba. 

Pero toda regla tiene su excepción: en el monasterio hay un sepulcro de un monje que sin ser abad goza del privilegio de tener su lauda sepulcral con su relieve. Ciertamente, no está en la sala capitular como los abades, sino en un rincón del claustro, entre la biblioteca y la sala capitular. En la pared, una inscripción nos explica la razón de tan excepcional privilegio. 

Inscripción en la pared del claustro,
sobre la tumba del monje asesinado. 

El monasterio de Poblet era muy rico. Tanto, que en más de una ocasión, el poderoso abad de Poblet (que era uno de los más importantes señores feudales del reino) tenía tanto dinero que financiaba al propio rey. Sus tierras se extendían por un extenso territorio. Muchos de los campos lejanos eran cultivados por campesinos vasallos que tenían que rendir diezmos y primicias de sus cosechas (o de su valor en metálico). 


Para cobrar los beneficios un monje se desplazaba hasta los pueblos vasallos del abad a cobrar lo que producían las tierras. Como todos los señores feudales, les cobraba tanto que casi que no les dejaba nada para ellos. Como fácilmente se comprende el monje recaudador era visto con antipatía y miedo por los labriegos.

La lauda labrada del monje asesinado.

A mediados del s. XIV, las cosechas fueron malas. Además apareció, con inusitada virulencia, la peste negra, la peor epidemia que ha vivido Catalunya en todos los tiempos. Los campesinos no podían reunir la exorbitante suma que les pedía su señor, el abad de Poblet. No tenían ni lo imprescindible para comer.

Pero el feudalismo era implacable, y se resumía en la frase : Homo propius solidus et affocatus. Es decir, estaban ligados forzosamente a un solo señor y a una tierra (por esto se les llamaba también los siervos de la gleba, que así se llamaba el montón de tierra que se levanta con el arado). Es decir siervo y territorio era la misma cosa y no podían abandonar su casa ni sus campos bajo ninguna circunstancia.  En caso de hacerlo, el señor feudal, civil o eclesiástico podía perseguirlos, maltratarlos (tortura) o incluso matarlos. Si no pagaban con dinero, podían pagar con su vida. Sus hijos heredaban su condición: el mismo amo, el mismo hogar, la misma pena de maltrato (mals usos), si se intentaba abandonar sus campos. Condenados a trabajar y a pagar a su señor. 

Imagen relacionada
Los asesinatos de eclesiásticos fueron transformados por la iglesia en martirios. En las pinturas románicas de Sta. Maria  (Seu d'Egara, Terrassa)  se representa el asesinato de Santo Tomás Beckett o de Canterbury, que tuvo lugar pocos años antes de la ejecución de estas frescos. Por aquellos años se había asesinado al arzobispo de Tarragona.  En la Navidad del año mil se asesinó al abad Biure, de St. Cugat. La iglesia quería mostrar estos crímenes como el más  horrendo de los pecados, ejemplarizando al pueblo para evitar su repetición. En la imagen, fragmento del fresco de la Seu d'Êgara, en el que el sacrílego asesino corta con su sable la cabeza de Santo Tomás Beckett, mientras
la mitra y el báculo caen por la feroz embestida.  



Así estaban las cosas. Como no podían pagar, ni podían huir de la peste abandonando el campo, decidieron asesinar al monje que enviaba su temido señor, el abad de Poblet. Y así lo hicieron: cuando apareció el  al monje recaudador de impuestos, lo apuñalaron. 

Fue en cierto modo una rebelión social. Un pequeño intento revolucionario "avant la lettre" que anticiparía la que un siglo y medio más tarde sería la guerra dels Remences y el final del feudalismo. El abad y los monjes del monasterio consideraron que su hermano el cobrador había sido un mártir. Un mártir del feudalismo. Para distinguir su memoria, decidieron concederle el privilegio de ser enterrado en el claustro con una lauda sepulcral labrada, similar a la de los abades. Y así lo hicieron.   

Si visitáis el monasterio de Poblet, buscad la sepultura del monje asesinado. Recordad que está en el claustro, entre la biblioteca y la sala capitular. Los guías del monasterio no suelen hacer sobre esta tumba ningún comentario. 


Monasterio de Poblet




Monestir de Poblet





 Cor de monjos del monestir de Poblet



miércoles, 25 de diciembre de 2019

Natividad en una vidriera oculta






La Natividad de Jesús 
(s. XIII)

Vidriera 
Capilla del Corpus Christi. 
Catedral de Girona



En el día de Navidad quiero felicitar a todos los lectores del blog con una escena de plena actualidad. 

Se trata de una escena de una vidriera medieval de la catedral de Girona, redescubierta hace muy pocos días. La vidriera es de calidad excepcional, y muy antigua. La más antigua de Catalunya. 

Recientemente se emprendieron los trabajos de limpieza y restauración de la capilla del Corpus Christi de la catedral de Girona, también llamada capilla de San Francisco y San Martín. Una capilla que está casi por completo cubierta por un retablo renacentista. El retablo, datado entre 1560 y 1570 tiene una Santa Cena como escena central, y presenta pinturas de muy buena calidad del pintor Perris de la Rocha, pero que casi no se podían ver por la importante capa de polvo. 

Hace menos de un mes, el director del Museo de la Catedral, Joan Piña, habitual lector de este blog, me había comunicado que se había encontrado tras el retablo una vidriera muy antigua, en la que al parecer participó Lluís Biorrassà el gran artista del gótico internacional catalán. Además la vidriera tal vez presenta fragmentos reaprovechados de la primitiva catedral románica, de la que solamente se conserva en la actualidad el claustro y uno de los campanarios, la llamada Torre de Carlemany, ya que fue substituída por la actual catedral gótica. Al comunicarme el descubrimiento, hace un mes y medio, Piña me rogó discreción hasta el momento de comunicar oficialmente el descubrimiento de la excepcional pieza, lo que naturalmente hice.

Pero el momento llegó anteayer. Se presentó oficialmente la vidriera redescubierta por el equipo de restauración. Ahora los expertos procederán a su estudio y restauración, antes de que pueda ser exhibida como se merece. Desde aquí nos congratulamos de esta nueva pieza que pasa a engrosar el ya abultado patrimonio de la catedral de Girona y felicitamos efusivamente a Joan Piña y sus colaboradores habituales así como a todo el equipo que trabaja en la restauración de la capilla.

Una de las escenas de la vidriera es una imagen navideña. Por cierto que la Virgen aparece recostada, en la postura más lógica tras un reciente parto. Me ha parecido que la imagen de la Natividad de esta vidriera era la manera más oportuna y adecuada de felicitar la Navidad a todos los lectores de este blog. 


Felices Fiestas!

martes, 24 de diciembre de 2019

Navidad y Síndrome de Down







Jan Joest van Kalkar

La adoración de Jesús niño (detalle)
(1515)

Óleo sobre tabla. 104,1 x 71,8 cm. 
The Metropolitan Museum of Art. Nueva York



En el día de Navidad quiero aportar al blog una de tantas obras alusivas al nacimiento de Jesús. Una pintura flamenca del s. XVI que presenta un peculiar detalle patológico: la representación de unos niños con fisonomía propia del síndrome de Down. 

Vista general completa de la tabla de Jan Joest
Los personajes están caracterizados como un pastorcillo y un ángel, respectivamente, y su cara no deja lugar a dudas. 


El síndrome de Down es la alteración cromosómica más frecuente, con una incidencia que se cifra en 1 por cada 800 o 1000 nacimientos vivos, siendo la primera causa de un nivel intelectual por debajo de la media de origen genético, ya que está debido a una copia extra del cromosoma  21.

Además del coeficiente intelectual inferior a 100, el síndrome se caracteriza clínicamente por braquicefalia, aplanamiento occipital, fisuras palpebrales inclinadas hacia arriba, pliegues epicánticos y orejas de implantación baja, lo que les da un aspecto inconfundible. También se asocia, a menudo, con defectos cardíacos, deficiencia visual y auditiva y otros problemas de salud. 

El síndrome fue descrito por John Langdon Down en 1866, año en el que publicó en la revista London Hospital Reports, un artículo en el que presentaba una descripción minuciosa de esta alteración, que interpretó a lo que consideraba como un retroceso hacia un tipo 
El Dr. John Langdon Down
        que dió el nombre a la trisomía 21          
racial más primitivo, una forma de regresión a lo que él concebía como el estado primario del hombre. Sus rasgos faciales le recordaron a los mongoles, nómadas de la región central de Mongolia, que entonces eran considerados “primitivos” y poco evolucionados, por las concepciones etnicistas y europeocéntricas que predominaban en el s. XIX.  

Así fue como Down lo describió:
“El pelo no es negro, como en el Mongol verdadero, sino de un color pardusco, lacio y escaso. La cara es plana y amplia. Las mejillas son rotundas y se extienden a los lados. Los ojos se colocan oblicuamente, y su canto interno es más distante de lo normal. La grieta palpebral es muy estrecha. La frente se arruga transversalmente con la ayuda constante de los elevadores del párpado. Los labios son grandes y gruesos, con grietas transversales. La lengua es larga y áspera. La nariz es pequeña. La piel tiene un leve tinte amarillento sucio, y es deficiente en elasticidad, dando el aspecto de ser demasiado grande para el cuerpo”
El término "mongolismo" para describir al síndrome se extendió a lo largo de la primera mitad del siglo XX, hasta que en 1959 Jerôme Lejeune descubrió que en realidad se trataba de una alteración genética del par 21. Poco después diversos científicos, a través de la revista The Lancet, señalaron que el término mongolismo era peyorativo e inadecuado. Entre las propuestas que surgieron para sustituirlo, destacaron la de "trisomía del par 21" o síndrome de Down, en honor al médico que describió el cuadro. 


        El ángel que aparece en la tabla de Jan Joest,
con rasgos típicos del síndrome de Down
En 2003, Levitas y Reid, fueron los primeros que llamaron la atención sobre la patología que podemos ver en esta tabla flamenca. En la parte superior de la escena, en el centro, aparece un ángel con alas, con una cara aplanada, pliegues epicánticos, y hendiduras palpebrales inclinadas hacia arriba. La nariz es pequeña y respingona, y las comisuras de la boca algo incurvadas. Los dedos son cortos con un pequeño dedo muy espaciados y curvo.

El otro personaje, situado al lado de la Virgen, es un pastorcillo que acude a adorar al Niño. Presenta unos rasgos faciales similares, aunque en este caso las fisuras palpebrales son ligeramente más largas y con un mayor hipertelorismo (aumento de la separación de los ojos). 

El pastorcillo al lado de la Virgen también
  muestra rasgos faciales típicos de la trisomía 21     
En resumen, el síndrome de Down se representó en una tabla flamenca mucho antes de que se describiera médicamente esta alteración. No es esta la única representación de la trisomía 21, que está presente en otras obras de arte, que tal vez trataremos en otra ocasión. 

Pero hoy os quería comentar esta estampa navideña, con la que os deseo que paséis una feliz Navidad, al tiempo que os animo a que toméis conciencia de la problemática de los que presentan esta patología y que intentéis hacer todo lo posible para conseguir una cada vez mejor integración social y laboral de los afectos de síndrome de Down. 








Bibliografía


Dobson, R. (2003): “Painting is earliest example of portrayal of Down’s syndrome”. BMJ, 326, 3: 126. [Disponible en:  http://www.bmj.com/content/326/7381/126.3.full; consultado el 20 de diciembre de 2018].
Doña F. Navidad. En: Blog Siguiendo a Letamendi  22 diciembre 2013 
https://letamendi.wordpress.com/2013/12/22/feliz-navidad/ 

Down JLH. Observations on an ethnic classification of idiots. London Hospital Reports. 1866;3:259-62. 

Jacobs PA, Baikie AG, Court Brown WM, Strong JA. The somatic chromosomes in mongolism. Lancet. 1959; 1: 710. 

Levitas, A. S. y Reid, C. S. (2003): “An Angel with Down Syndrome in a sixteenth century Flemish Nativity painting”. Am. J. Med. Gen. Part A, 116A, 4: 399-405. [Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12522800.

Nicol, C. (2008): “At Home with Down Syndrome”. The New Atlantis, 20: 143-152.http://www.thenewatlantis.com/docLib/20080523_TNA20Nicol.pdf
Román M. Arte y síndrome de Down. Blog ¿Que significa este cuadro o escultura? 
http://www.marisolroman.com/arte-y-sindrome-de-down/


Starbuck, J.M. (2011): “On the Antiquity of Trisomy 21: Moving Towards a Quantitative Diagnosis of Down Syndorme in Historic Material Culture”. Journal of Contemporary Anthropology, 2, 1: 17:44. http://docs.lib.purdue.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1019&context=jca





 

lunes, 23 de diciembre de 2019

Los enfermos del belén





Belén de pastores enfermos

Museo delle Arti Sanitarie
Hospital de los Incurables
Nápoles  




En estos días de Navidad es frecuente ver pesebres por doquier. Una tradición muy arraigada que - iniciada por San Francisco de Asís - reproduce en miniatura escenas relacionadas con el relato evangélico del Nacimiento de Jesús. Muchas veces los pesebres reinterpretan la historia con deliciosos anacronismos, situando la narración en tiempos más o menos modernos e incorporando elementos de cultura popular y costumbrismo propio de cada país o región geográfica. Es común que los pesebres representen improbables arquitecturas, tiendas con productos inexistentes en tiempos evangélicos, oficios y profesiones modernas, y aún algunas escenas de ocio o incluso deportivas de reciente aparición. No es raro pues ver en ellos, mezclados con personajes bíblicos, a jugadores de cartas o de petanca, campesinos del s. XIX fumando en pipa o incluso, a un cura católico leyendo el breviario... Se representa pues más el folklore y la etnología local que la presunta realidad de la Judea del s. I. 


Un personaje con diversas patologías: labio leporino, tuerto y jorobado 
(en napolitano, "scartellato"), empuña un enorme clisterio, 
probablemente ofreciendo este servicio a enfermos con otras patologías.

Los pesebres napolitanos tienen una justa fama. Algunas de sus figuras son auténticas obras de arte y muchos de ellos tienen una considerable antigüedad. Pero hoy hablaré de un pesebre realmente original. Se trata del que expone el Museo delle Arti Sanitarie, anexo al Ospedale degli Incurabili de Nápoles, una centenaria entidad fundada en 1522 por la Venerable Madre María Lorenza Longo. El director del Museo, Gennaro Rispoli, impulsor de la asociación "Il Faro di Ippocrate", tuvo la idea de aprovechar el belén para reflejar las principales enfermedades que asolaban Nápoles en el s. XVIII. 


Un detalle de una de las figurillas, 
representando a un pastor con un sarcoma
Las figurillas de este pesebre incluyen a cerca de una cuarentena de pastores y otros personajes con problemas patológicos identificables. Se realiza así un recorrido por las principales epidemias y enfermedades de las que los anales napolitanos dejaron constancia. Así, muchos de los personajes del insólito belén están afectos de la peste, verdadero terror de aquellos años, o de la temida viruela, tan extendida en la época barroca, o por el cólera que tantos muertos ocasionó en la Campania. No faltan no faltan las deformidades y garras producidas por la lepra y las lesiones faciales visibles en la sífilis secundaria. Además podemos identificar muchas otras patologías: enfermos con males evidentes o deformidades (cojos, amputados, jorobados); enfermedades genéticas o congénitas (enanos acondroplásicos, labio leporino); tumores (cáncer de mama, sarcomas); enfermedades endocrinas (bocio); afecciones oculares (ciegos, tuertos), y otras muchas, como herniados, u obesos.  


Una escena con un sacamuelas.
A la derecha, un cojo con una prótesis de madera
Pero la muestra no se termina con la representación de los enfermos. También se pueden ver escenas de los incipientes profesionales sanitarios, médicos, curanderos o cirujanos-barberos, representando el desempeño de sus oficios tal como se debían desempeñar en el Settecento. 


Otra visión del belén, una escena en la 
que aparecen diversos enfermos. 
Así, podemos ver un cirujano sacamuelas arranca una pieza dentaria a un paciente en plena plaza pública bajo la atenta mirada de la mona que lo acompaña y que sirve como reclamo para atraer a posibles clientes. Algo semejante se puede ver todavía hoy en zocos y mercados africanos, en los que las muelas son extraídas en la plaza pública, bajo la atenta mirada de los curiosos y transeúntes. 

También pueden verse en el belén algunos charlatanes que prometían asombrosas curaciones vendiendo infalibles remedios por las calles y mercados. O los que ofrecían sus servicios aplicando clisterios, ventosas o sanguijuelas. Y también una farmacia, reproducida tal como debían ser las boticas dieciochescas. Como la recuperada farmacia del propio Ospedale degli Incurabili, una maravilla de esta época, que a llegado a nuestros días perfectamente conservada, atendida por monjes y alquimistas. 


Un mendigo, con ambas piernas amputadas, 
es otra de las figuras del curioso pesebre
Los artesanos de esta obra proceden principalmente del prestigioso taller Fratelli Scuotto (Scarabattola), que han aportado su experiencia y profesionalidad en la realización de este tipo de figuras, y a los que se han unido algunos artistas y coleccionistas como Roberto Caruso, Fernando Gombos, Stefania Matera y el propio Gennaro Rispoli. 

En resumen, el belén del Hospital de los Incurables es una buena excusa para acercar la historia médica y sanitaria al público en general.  

Como insisto habitualmente en escritos, conferencias y también desde este blog, la historia de las enfermedades y del progreso médico es de vital importancia para comprender a la sociedad de una época y a la historia en general. Desde aquí nos congratulamos y felicitamos a los autores de esta iniciativa, única en el mundo, que contribuye a divulgar la historia de epidemias y enfermedades, así como los albores de las actuales profesiones sanitarias. 



Napoli: "Presepe degli ammalati" del Settecento: