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lunes, 29 de mayo de 2023

La incredulidad de Guillermo III

 versió catalana | versión española







A la manera de Willem Wissing
(atribuído a Peter Lely)

Guillermo III de Inglaterra
(Príncipe Guillermo de Orange)

(1680-1710)

Óleo sobre lienzo 
113 x 89 cm
 
Propiedad de Royal Picture Gallery Mauritsuis. 
La Haya. 
(En depósito en el Rijksmuseum de Amsterdam)
 


Guillermo III de Inglaterra (1650-1702) --que no debe confundirse con Guillermo de Orange-Nassau el Taciturno o el Silencioso (1533-1584)-- fue protestante desde su nacimiento, como príncipe neerlandés de Orange. Era hijo póstumo de Guillermo II de Nassau (que había sido estatúder, cargo equivalente al de rey, en 1647-50). 

En 1672 Guillermo III fue elegido estatúder de las Provincias Unidas del norte de los Países Bajos. Procedente de la Casa de Nassau y de la rama de Orange-Nassau, Guillermo III accedió a las coronas inglesa e irlandesa después de la Revolución Gloriosa, durante la cual depusieron a su tío y suegro a la vez, Jacobo II. Además reinó en Escocia con el nombre de Guillermo II junto a su esposa, María II, hasta la muerte de ella el 28 de diciembre de 1694. Entre los actuales unionistas de Irlanda del Norte se le conoce con el apodo de rey Billy.

Guillermo III fue nombrado estatúder de los Países Bajos en 1672 y permaneció en el cargo hasta su muerte. En ese contexto se le llama a veces "Enrique Guillermo, príncipe de Orange" como traducción de su título neerlandés, Willem Hendrik, Prins van Oranje. Probablemente, esto ha originado a veces la confusión con Guillermo de Orange el Silencioso. 

Su reinado marcó el principio de la transición entre el gobierno personal de los Estuardo y el de tipo parlamentario de la Casa de Hannover.

Como protestante, Guillermo participó en muchas guerras contra el poderoso rey católico Luis XIV de Francia. Muchos protestantes lo llamaron Campeón de su Fe, y debido a esa reputación de ferviente anticatólico consiguió la corona de Inglaterra. Sin embargo, probablemente una razón de más peso fue su poderoso ejército y la flota a su mando, la más grande desde la Armada.



El príncipe Guillermo de Orange, que sería después Guillermo III de Inglaterra
a su llegada a Brixham, Torbay, el 5 de noviembre de 1688.
Jan Wyck, óleo sobre lienzo. Museo Nacional Marítimo del Reino Unido, Londres.



Al poco tiempo de acceder al poder hubo de afrontar una guerra contra las dos potencias europeas vecinas, Inglaterra y Francia. Consiguió la retirada del ejército francés que había invadido Holanda (1672-73) y la paz con Inglaterra (1674). En 1677, se casó con la hija del heredero de los Estuardo (el futuro rey Jacobo II de Inglaterra en 1677, invirtiendo las alianzas, y formando una coalición europea opuesta a la hegemonía de la Francia de Luis XIV, a la que obligó a garantizar la independencia de los Países Bajos (Paz de Nimega, 1678).

Más tarde, Guillermo tuvo que traicionar a su suegro, el católico Jacobo II, cuando éste se vio confrontado en su país a la oposición de la Iglesia anglicana y de los protestantes que dominaban el Parlamento; éstos llamaron en su ayuda a Guillermo, quien no dudó en desembarcar con su ejército en Torbay y ponerse al frente de la «Gloriosa Revolución» inglesa de 1688. Aquella revolución, de inspiración protestante, parlamentaria y whig, destronó a Jacobo II ante el temor a ver consolidarse en el Trono inglés a una dinastía católica y tendente a imitar el absolutismo francés; los rebeldes coronaron en su lugar a Guillermo III, que podía alegar derechos al Trono tanto por ser nieto (por parte de madre) de Carlos I de Inglaterra como por estar casado con María Estuardo.

Por la Paz de Ryswick (1697), Luis XIV reconoció por fin a Guillermo como rey de Inglaterra. Sin embargo, la muerte sin descendientes del rey hispánico Carlos II (1700) y la aceptación por Luis XIV de la herencia española para la Casa de Borbón desencadenó un nuevo conflicto: Guillermo III de Inglaterra se enfrentó otra vez a las ambiciones francesas formando una nueva coalición con los Habsburgo contra la candidatura de Felipe V, apoyando a los reinos partidarios del Archiduque Carlos de Austria (principalmente los territorios de la Corona de Aragón: Cataluña, Aragón, Mallorca y Valencia). pero murió cuando realizaba los preparativos militares para la Guerra de Sucesión Española (1701-14).

Poco antes de morir, Guillermo aprobó la Ley de Asentamiento (1701), que excluía del Trono inglés a los católicos, por la cual, si bien a Guillermo III le sucedió Ana I de Gran Bretaña (hija de Jacobo II), y al morir ésta la Corona recaería sobre la Casa de Hannover.


Los reyes de Inglaterra y los de Francia gozaban de una prerrogativa que era el "toque real". Se trataba de un supuesto poder taumatúrgico de los reyes que al imponer las manos en los escrofulosos, enfermos afectos de tuberculosis ganglionar, los sanaba. Esta creencia reforzaba la creencia en la monarquía como una institución emanada directamente de Dios. Los enfermos de escrófulas se reunían en gran número el día de la coronación y en otras fechas señaladas para ser sanados por el poder del soberano. Las escrófulas eran conocidas popularmente como "el mal del rey" (King's evil) y así la encontramos en Macbeth (4.3.155), de Shakespeare.  

La imposición de manos alcanzó su máximo esplendor bajo el reinado del rey Eduardo el Confesor. La ceremonia solía realizarse con el contacto de las manos del monarca sobre la cabeza o cuello de los escrofulosos, mientras se recitaba la fórmula: 

            "El rey te toca, Dios te cura

Después se entregaba al enfermo una medalla conmemorativa. 


        

Anverso y reverso de una medalla conmemorativa 

del toque real usada por el rey Jacobo I (1566-1655)


Guillermo III era bastante incrédulo y sufría también él mismo de tuberculosis. No era muy dado a las supersticiones ni tenía fe en sus propios poderes curativos, por lo que intentó negarse a seguir esta práctica, que encontraba absurda. Sin embargo, se encontró con una gran oposición de sus cortesanos, que insistieron en que la ceremonia debía continuar por motivos políticos y de tradición. Era la manera de representar que el poder real era un poder divino. Al fin, Guillermo tuvo finalmente que ceder a la presión de sus partidarios, si bien introdujo algún cambio en la fórmula que se pronunciaba al tocar a los enfermos. El escéptico monarca, al tocar a los enfermos del "mal del rey" murmuraba, socarrón: 


"Que Dios te dé mejor salud y más sentido común"


Dejaba así clara su falta de credulidad en la ceremonia. 


El "toque real" siguió siendo practicado por los reyes de Inglaterra y Francia como símbolo del poder divino de los monarcas. La última vez que se practicó fue en Francia, en 1824 donde el rey Carlos X "tocó" en Reims a 120 escrofulosos en presencia de prestigiosos médicos como Dupuytren y Alibert, que como monárquicos daban soporte a la ceremonia. 


___________________________________


La incredulitat de Guillem III






A la manera de Willem Wissing
(atribuït a Peter Lely)

Guillem III d'Anglaterra
(Príncep Guillem d'Orange)

(1680-1710)

Oli sobre tela 
113 x 89 cm
 
Propietat de la Royal Picture Gallery Mauritsuis. 
L'Haia. 
(En dipòsit al Rijksmuseum d'Amsterdam)
 




Guillem III d'Anglaterra (1650-1702) --que no s'ha de confondre amb Guillem d'Orange-Nassau el Taciturn o el Silenciós (1533-1584)-- fou protestant des de la naixença, com a príncep neerlandès d'Orange. Era fill pòstum de Guillem II de Nassau (que havia estat stadthouder, càrrec equivalent al de monarca el 1647-50).  1672 Guillem III va ser triat stadhouder de les Províncies Unides del nord dels Països Baixos i va romandre en el càrrec fins la seva mort. Procedent de la Casa de Nassau i de la saga Orange-Nassau, Guillem III va accedir a les corones anglesa i irlandesa després de la Revolució Gloriosa, durant la qual van deposar al seu oncle i sogre al mateix temps, Jaume II. A més va regnar a Escòcia sota el nom de Guillem II al costat de la seva esposa, Maria II, fins que ella va morir el 28 de desembre de 1694. Entre els actuals unionistes d'Irlanda del Nord se'l coneix amb el sobrenom del rei Billy. De vegades se l'anomena Enric Guillem, príncep d'Orange com a traducció del seu títol neerlandès, Willem Hendrik, Prins van Oranje. Probablement això ha originat en algunes ocasions, la confusió amb Guillem d'Orange el Silenciós.

El seu regnat va marcar el principi de la transició entre el govern personal dels Stuart i el de tipus parlamentari de la Casa de Hannover. Com a protestant, Guillem va participar en moltes guerres contra el poderós rei catòlic Lluís XIV de França. Molts protestants el van anomenar Campió de la seva Fe, i a causa d'aquesta reputació de fervent anticatòlic va aconseguir la corona d'Anglaterra. Probablement una altra raó de pes va ser el seu poderós exèrcit i la flota que tenia al seu comandament, la més gran des de l'Armada. 




El príncep Guillem d'Orange, que esdevindria després el rei 
Guillem III d'Anglaterra, arribant a Brixham, Torbay, el 5 de novembre de 1688.

Jan Wyck, oli sobre tela. Museu Nacional Marítim del Regne Unit, Londres.


Al cap de poc temps d'accedir al poder va haver d'afrontar una guerra contra les dues potències europees veïnes, Anglaterra i França. Va aconseguir la retirada de l'exèrcit francès que havia envaït Holanda (1672-73) i la pau amb Anglaterra (1674). El 1677, es va casar amb la filla de l'hereu dels Stuart (el futur rei Jaume II d'Anglaterra el 1677, invertint les aliances, i formant una coalició europea oposada a l'hegemonia de la França de Lluís XIV, a qui va obligar a garantir la independència dels Països Baixos (Pau de Nimega, 1678).


Més tard, Guillem va haver de trair al seu sogre, el catòlic Jaume II, quan aquest es va veure confrontat al seu país, a l'oposició de l'Església anglicana i dels protestants que dominaven el Parlament. Aquests van cridar a Guillem perquè els ajudés, i ell no va dubtar a desembarcar amb el seu exèrcit a Torbay i posar-se al capdavant de la «Gloriosa Revolució» anglesa de 1688. Aquella revolució, d'inspiració protestant, parlamentària i whig, va destronar Jaume II davant la por a veure consolidar-se al Tron anglès una dinastia catòlica i amb tendència a imitar l'absolutisme francès; els rebels van coronar al seu lloc Guillem III, que podia al·legar drets al Tron tant per ser nét (per part de mare) de Carles I d'Anglaterra com per estar casat amb Maria Stuart.


Per la Pau de Ryswick (1697), Lluís XIV va reconèixer per fi Guillermo com a rei d'Anglaterra. Tot i això, la mort sense descendents del rei hispànic Carles II (1700) i l'acceptació per Lluís XIV de l'herència espanyola per a la Casa de Borbó va desencadenar un nou conflicte: Guillem III d'Anglaterra es va enfrontar una altra vegada a les ambicions franceses formant una nova coalició amb els Habsburg contra la candidatura de Felip V, donant suport als regnes partidaris de l'Arxiduc Carles d'Àustria (principalment els territoris de la Corona d'Aragó: Catalunya, Aragó, Mallorca i València), però va morir quan realitzava els preparatius militars per a la Guerra de Successió Espanyola (1701-14).


Poc abans de morir, Guillem va aprovar la Llei d'Assentament (1701), que excloïa del Tron anglès als catòlics, per la qual cosa, si bé a Guillem III li va succeir Anna I de la Gran Bretanya (filla de Jaume II), en morir aquesta la Corona recauria sobre la Casa d'Hannover.


Els reis d'Anglaterra i els de França gaudien des de l'Edat Mitjana d'una prerrogativa que era el “toc reial”. Es tractava d'un suposat poder taumatúrgic dels reis que en imposar les mans als escrofulosos, malalts afectes de tuberculosi ganglionar, els sanava.


Aquesta creença reforçava la creença vers la monarquia com una institució emanada directament de Déu. Els malalts d'escròfules es reunien el dia de la coronació i altres dates assenyalades per ser curats pel poder del sobirà. Les escròfules eren conegudes popularment com “el mal del rei” (King's evil) i així la trobem a Macbeth (4.3.155), de Shakespeare. La imposició de mans va aconseguir la seva màxima esplendor durant el regnat del rei Eduard el Confessor. La cerimònia solia realitzar-se amb el contacte de les mans del monarca sobre el cap o coll dels escrofulosos, mentre es recitava la fórmula:

              

              "El rei et toca, Déu et guareix"


i després es lliurava al malalt una medalla commemorativa.


Anvers i revers d'una medalla commemorativa 

del toc reial usada pel rey Jaume I d'Anglaterra (1566-1655)



Guillem III era força incrèdul i patia també ell mateix de tuberculosi. No era gaire donat ales supersticions ni tenia fe en els seus propis poders curatius, per la qual cosa va intentar negar-se a seguir aquesta tradició. Tot i això, es va trobar amb una gran oposició dels seus cortesans, que van insistir en què la cerimònia havia de continuar per motius polítics i de tradició. Era la manera de representar que el poder real era un poder diví. Per fi, Guillem va haver de cedir finalment a la pressió dels seus partidaris, si bé va introduir algun canvi en la fórmula que es pronunciava en tocar els malalts. L'escèptic monarca, en tocar els malalts del "mal del rei" murmurava, sorneguer:  


        "Que Déu et doni millor salut i més sentit comú"


Deixava així clara la seva manca de credulitat a la cerimònia.

El "toc real" va continuar sent practicat pels reis d'Anglaterra i França com a símbol del poder diví dels monarques. La darrera vegada que es va practicar va ser a França, el 1824 on el rei Carles X va "tocar" a Reims 120 escrofulosos en presència de prestigiosos metges com Dupuytren i Alibert, que com a bons monàrquics donaven suport a la cerimònia commemorativa.

lunes, 10 de mayo de 2021

Richelieu: el sondaje uretral de Burdeos

 versió catalana | versión española

 





Philippe de Champaigne 

Retrato del cardenal Richelieu 
pocos meses antes de su muerte 
(1642) 

Óleo sobre lienzo 222 x 155 cm
Museos de la ciudad. Estrasburgo.





En otra entrada comenté algunos aspectos biográficos del cardenal Richelieu y de los molestos hemorroides que le atormentaron durante buena parte de su vida. 

Pero no fue este el único mal que aquejó al poderoso cardenal. También sufría de una litiasis renal que le producía intensos dolores. 

Tras la ejecución, en Toulouse, del duque de Montmoréncy, (16 de octubre de 1632) Richelieu se dirigió a Burdeos. y sufrió una importante retención de orina a causa de un absceso perianal. Ya sabemos que sus hemorroides presentaban con frecuencia este tipo de complicaciones. La inflamación comprimía los tejidos circundantes obliterando por completo el cuello vesical. Además, a la compresión se unía a una litiasis y probablemente a una prostatitis o retracción uretral a consecuencia de las repetidas gonorreas y uretritis contraídas por el cardenal en sus frecuentes contactos galantes. 



Philippe de Champaigne: Richelieu escribiendo. Óleo sobre lienzo.
Cancillería de las Universidades de París. 


La gravedad del cuadro hizo solicitar ayuda a los médicos más reputados de la ciudad, los doctores Lopès i Maurès, profesores de la Universidad de Burdeos. Pero los doctores encontraron tan comprometida la situación que no se atrevieron a responsabilizarse y decidieron llamar al prestigioso cirujano bordelés Jean de Mingelousaulx, que había ideado unas bujías vesicales acanaladas de cera, mucho más maleables y menos traumáticas que las de metal (generalmente de plata) que eran las de uso común en aquel tiempo. El cirujano elaboraba sus bujías con cera blanca y otros ingredientes y permanecían sumergidas durante tres días en aguardiente. El propio cirujano, que también padecía litiasis las había probado en su propia persona. 

El cardenal llevaba tres días con retención de orina y la situación era alarmante e insostenible. Antes de la intervención de Mingelousaulx, Richelieu se interesó por el procedimiento y quiso que le mostrara las bujías, que fueron también examinadas por los médicos presentes. Tras las explicaciones oportunas, el cirujano de Burdeos le sugirió que se mantuviera de pie, sostenido por dos lacayos. Al introducir la primera bujía en la uretra se obtuvo inmediatamente la micción, expeliendo una gran cantidad de orina, con gran satisfacción del prelado. Según recogen los testimonios Richelieu habría orinado cerca de 2 l. (un dato bastante sorprendente si se tiene en cuenta que la capacidad media de la vejiga urinaria humana es de 600 ml).  

Tras conseguir el alivio de la micción, se procedió a tratar el absceso perianal con un cauterio, consiguiendo drenar el pus acumulado. Tras esta intervención se le aplicó polvo del hueso de San Fiacre, reputado protector de las enfermedades anales.  

Este episodio demuestra la importancia de los hábiles cirujanos de la época, que aunque tenían un rango inferior a los médicos a veces resolvían episodios de extrema gravedad como el que tuvo lugar en aquella ocasión en Burdeos. 

Este fue uno de los múltiples problemas patológicos de Richelieu, que moriría poco después. En la autopsia se encontró un gran absceso pulmonar, lo que hace pensar en que fue víctima de una probable tuberculosis pulmonar. 

Xavier Sierra Valentí


Bibliografía

Battin, J. Le cardinal de Richelieu et le mal de Bordeaux. Hist. Sci. Med. 2012, 46: 271-278.

https://www.biusante.parisdescartes.fr/sfhm/hsm/HSMx2012x046x003/HSMx2012x046x003x0271.pdf


Kauffeisen L. La sonde de Richelieu. Bulletin de la Société d'histoire de la pharmacie 1922, 34: 50-53. 

DOI : https://doi.org/10.3406/pharm.1922.1441




Richelieu: el sondatge uretral de Bordeus







Philippe de Champaigne 

Retrat del cardenal Richelieu 
pocs mesos abans de morir 
(1642) 

Oli sobre tela 222 x 155 cm
Museus de la ciutat. Estrasburg.




En una entrada anterior vaig comentar alguns aspectes biogràfics del cardenal Richelieu i dels molestos hemorroides que el van turmentar durant bona part de la seva vida.

Però aquest no va ser l'únic mal que va afectar al poderós cardenal. També patia d'una litiasi renal que li produïa intensos dolors. 

Després de l'execució, a Tolosa, del duc de Montmorency (16 d'octubre de 1632) Richelieu se’n va anar a Bordeus, on va patir una important retenció d'orina a causa d'un abscés perianal. Ja sabem que els seus hemorroides presentaven sovint aquestes complicacions. La inflamació comprimia els teixits circumdants obliterant completament el coll vesical. A més, a la compressió s’afegia una litiasi i probablement una prostatitis o retracció uretral a conseqüència de les repetides gonorrees i uretritis contretes pel cardenal en els seus freqüents contactes galants.



Philippe de Champaigne: Richelieu escrivint
Oli sobre tela. Cancelleria de les universitats de París 

 
La gravetat del quadre va fer convenient sol·licitar ajuda als metges més reputats de la ciutat, els doctors Lopes i Maures, professors de la Universitat de Bordeus. Però els doctors van trobar la situació tan compromesa que no es van atrevir a responsabilitzar-se’n i van decidir trucar al prestigiós cirurgià bordelès Jean de Mingelousaulx, que havia ideat unes bugies vesicals acanalades de cera, molt més mal·leables i menys traumàtiques que les de metall (generalment de plata), que eren les d'ús comú en aquell temps. El cirurgià elaborava les seves bugies amb cera blanca i altres ingredients i romanien submergides durant tres dies en aiguardent. El mateix cirurgià, que també patia litiasi les havia provat en la seva pròpia persona. 

El cardenal portava tres dies amb retenció d'orina i la situació era alarmant i insostenible. Abans de la intervenció de Mingelousaulx, Richelieu es va interessar pel procediment i va voler que li mostrés les bugies, que també van ser examinades pels metges presents. Després de les explicacions oportunes, el cirurgià de Bordeus li va suggerir que es mantingués dempeus, sostingut per dos lacais. A l'introduir la primera bugia a la uretra es va obtenir immediatament la micció, expel·lint una gran quantitat d'orina, amb gran satisfacció del prelat. Segons recullen els testimonis Richelieu hauria orinat prop de 2 litres (una dada bastant sorprenent si es té en compte que la capacitat mitjana de la bufeta urinària humana és de 600 ml). 

Després d'aconseguir l'alleujament de la micció, es va procedir a tractar l’abscés perianal amb un cauteri, aconseguint drenar el pus acumulat. Després d'aquesta intervenció se li va aplicar pols de l'os de Sant Fiacre, prestigiós protector de les malalties anals.

Aquest episodi demostra la importància dels hàbils cirurgians de l'època, que encara que tenien un rang inferior als metges, de vegades resolien episodis d'extrema gravetat com el que va tenir lloc en aquella ocasió a Bordeus.

Aquest va ser un dels múltiples problemes patològics de Richelieu, qui poc després moriria. En l'autòpsia es va trobar un gran abscés pulmonar, que ens fa pensar que va ser víctima d'una probable tuberculosi pulmonar.

Xavier Sierra i Valentí

 

Bibliografia

Battin, J. Le cardinal de Richelieu et le mal de Bordeaux.
Hist. Sci. Med. 2012, 46: 271-278.
https://www.biusante.parisdescartes.fr/sfhm/hsm/HSMx2012x046x003/HSMx2012x046x003x0271.pdf

Kauffeisen L. La sonde de Richelieu. 
Bulletin de la Société d'histoire de la pharmacie 1922, 34: 50-53. 
DOI : https://doi.org/10.3406/pharm.1922.1441








viernes, 5 de febrero de 2021

Vampiros de ficción y enfermedades

 



Anónimo

Retrato de Vlad III el Empalador 
(circa 1560) 

Óleo sobre lienzo 
Cámara de arte y curiosidades 
del palacio de Ambras (Innsbruck)




Vlad III de Valaquia, más conocido como Vlad tepes o Vlad el Empalador (1428-1477) fue príncipe de Valaquia entre 1456 y 1462 y está considerado como uno de los gobernantes más importantes de la historia de Rumania. 

También era conocido por el nombre de Vlad Draculea. Su padre, el príncipe o voivoda Vlad II de Valaquia, había ingresado en 1428 en la Orden del Dragón (Drac, en húngaro), por privilegio concedido por el emperador Segismundo de Luxemburgo. Por ello fue conocido en adelante como Vlad Dracul, mientras que a su hijo se le llamó Vlad Draculea, esto es, hijo de Dracul. Sin embargo, en la mitología rumana la figura del dragón no existía y el término dracul designaba al diablo, con lo que Vlad III pasó a ser en rumano “el hijo del diablo”. Un nombre que unido a su crueldad y ánimo sanguinario de Vlad, contribuyó a forjar su leyenda.  En las crónicas de su época, se le presenta como un príncipe aficionado a la tortura y entusiasta de la muerte lenta, que según dicen solía cenar bebiendo la sangre de sus víctimas o mojando pan en ella. Se calcula que en sus tres períodos de gobierno, que suman apenas siete años, ejecutó a unas 100.000 personas, en la mayoría de las ocasiones mediante la técnica del empalamiento. De ahí su sobrenombre de Vlad el Empalador. 

La historia de Draculea, sirvió para dar lugar a un mito, la leyenda del vampiro, que fue inmortalizado en la novela de Bram Stoker Drácula (1897), que consultó diversos libros, entre los que cabe destacar Supersticiones en Transilvania (1885) de Émily Gérard. En la construcción de este mítico personaje el escritor describe con gran imaginación la fisiología de los vampiros, en la que encontramos elementos de diversa procedencia.  

En el modelo literario de vampiro, fijado por la obra de Stoker, es un hombre muerto cuyo cuerpo no se descompone y que sale de noche para chupar la sangre de sus víctimas de la que se alimenta. Huye de la luz, de los ajos y del agua bendita y transmite su vampirismo a través de la mordedura. La supuesta fisiología vampírica construida por Stoker es el producto de diversos elementos: 
- Históricos basados sobre todo en la vida y la leyenda de Vlad el Empalador, con algunos elementos tomados de leyendas de Persia y del Lejano Oriente, así como el mito del strigoi, un ser del folklore rumano.
- Patológicos, como algunos signos de enfermedades como las porfirias o la rabia humana (hidrofobia, agresividad, alteraciones de la conducta, fotofobia, tendencia a morder)  
- Zoológicos, tomados del vampiro común (Desmodus rotundus) hematófago que transmite la rabia en las zonas tropicales y que se alimenta mordiendo al ganado para alimentarse con su sangre. 

 


El murciélago Desmodus rotundus, que
contribuyó a la leyenda de los vampiros



Los elementos patológicos se basan en algunas enfermedades comunes en Transilvania en aquel tiempo: anemia, tuberculosis, rabia y pelagra por mencionar algunas.

La anemia y la tuberculosis producen una gran delgadez y emaciación al tiempo que confieren a la piel un tono pálido característico que coincide con la descripción del conde Drácula de Bram Stoker.  

La pelagra es una enfermedad carencial debida a la carencia de niacina, una vitamina del complejo B, o de su precursor el triptófano, que también debía ser frecuente en aquel momento en Rumania. Provoca una atrofia de los epitelios tanto de la piel como del tracto digestivo, así como una degeneración neuronal. La dermatitis empeora considerablemente con la exposición a la luz solar (los vampiros huyen del sol). El daño en la mucosa oral se puede manifestar en forma de sangrado y retracción gingival, que puede dar la impresión de poseer dientes desproporcionados o colmillos bañados en sangre. Además la pelagra presenta otros síntomas como demencia e insomnio, que refuerzan el carácter noctámbulo de los vampiros literarios. 


Fotograma de la película Drácula, protagonizada
por el actor Béla Lugosi (1931) 

Otra patología en la que probablemente se basó el mito vampírico es la rabia (una infección viral del encéfalo) ocasiona en una de sus fases una gran excitabilidad del sistema nervioso central, de tal manera que el menor estímulo resulta doloroso. Por esta razón se podían desencadenar contracciones musculares intensas al ingerir ajo y agua. Esto último se designa como hidrofobia, y podría explicar el horror de los vampiros ante el agua bendita. Incluso el observar la imagen propia reflejada en un espejo puede resultar pavoroso. Además, el hecho de que se trate de una enfermedad que se transmite por medio de la mordida de un mamífero infectado, como los cánidos, pudo alimentar esta co nexión que algunas personas han querido establecer con los vampiros de ficción. 

El grupo de enfermedades conocidas como porfirias también jugó probablemente un papel importante. Se trata de un grupo heterogéneo de enfermedades metabólicas, generalmente hereditarias, ocasionadas por un déficit de las enzimas que intervienen en la biosíntesis del grupo hemo (componente de la hemoglobina, parte esencial de los glóbulos rojos). Etimológicamente la palabra porfiria deriva del griego πορφύρα, porphura, que quiere decir “púrpura”, muy probablemente debido al halo facial heliótropo rojo purpúreo presente en algunos de los individuos afectados. 

Las porfirias se clasifican como hepáticas o eritropoyéticas, dependiendo del sitio primario de sobreproducción y acumulación de las porfirinas. Las manifestaciones principales de las porfirias hepáticas son neurológicas (Tríada de Günther: dolor abdominal neuropático, parestesias y alteraciones mentales). 


En Nosferatu, de F. W. Murnau (1922) se reflejan bien las
características cicatriciales de las porfirias eritropoyéticas


Las porfirias eritropoyéticas se relacionan característicamente con la intolerancia solar, que hace que estos individuos tengan una vida casi exclusivamente nocturna. La fotosensibilidad termina por producir un consecutivo daño celular, que se manifiesta macroscópicamente como cicatrización desfigurante, pérdida de algunos apéndices distales de las extremidades (por ejemplo la falange distal de los dedos), así como de partes del rostro —la nariz, los párpados y los pabellones auriculares (cosa que se plasma muy bien en el film Nosferatu de F.W. Murnau, 1922). La enfermedad también se manifiesta por una repulsión al ajo, porque el disulfuro de alilo, un componente del ajo, produce la destrucción del grupo hemo.

En la repulsión al ajo, también puede haber influído una costumbre de los enterradores medievales. En la Edad Media no era raro que pasaran varios días hasta que un cadáver fuese enterrado. Incluso semanas si las condiciones meteorológicas eran adversas o si, como consecuencia de alguna epidemia, los cadáveres permanecían insepultos muchos meses. Los enterradores utilizaban un collar de ajos alrededor del cuello para protegerse de los efluvios fétidos de los cuerpos en descomposición. Este hábito pragmático pudo ser confundido con algún tipo de práctica esotérica. El remedio se perpetuó en la costumbre de colgar ajos en ventanas, puertas y chimeneas, al creer que esto ahuyentaba los malos espíritus, como a los vampiros.


Christopher Lee protagonizando Drácula, en la película de Terence Fisher (1958) 


Hay que mencionar también la existencia de una condición conocida como vampirismo clínico o síndrome de Renfield, el cual es un trastorno psiquiátrico cuya característica principal es la obsesión por la ingesta de sangre (hematofagia). El epónimo fue acuñado en alusión a Renfield, el asistente de Drácula en la novela de Bram Stoker. 

Debemos reconocer que, aparte de las patologías mencionadas, pueden haber muchas otras en las que se ha basado, en mayor o menor grado algunos aspectos del vampirismo de la literatura: rabia transmitida por murciélagos, cadáveres hallados retorcidos debido a una catatonía o a un diagnóstico erróneo de defunción, necrofilia, sadismo, canibalismo, el crecimiento continuo de uñas y cabellos aún después de morir e incluso ciertas anomalías psicodinámicas (complejo de Edipo, experiencia del objeto perdido, tendencias orales, etcétera).

En todo caso, el mito del vampiro, del conde Drácula, forma parte ya de nuestra cultura. Se han filmado numerosas películas e incluso se puede hablar de un subgénero del cine de terror. Un mito del s. XX en el que la historia y la medicina se aliaron para dar lugar a un popular personaje de ficción.   


Bibliografía 

Goens J. Loups-garous, vampires et autres monstres. CNRS ed. Paris, 1993. 

González Torga A, González-Hernández M, Ros Vivancos C, Navarro Vicente de Vera B, Martínez Vicente M, Navarrto Gracia JF. La rabia en la Historia. Prevención y tratamiento. Revista Española de Medicina Preventiva y Salud Pública. 2020; 25: 33-45

Peinado Lorca M. Drácula debería comer ajos. 
https://theconversation.com/dracula-deberia-comer-ajos-114784

Muñoz Heras M. Licantropía. Realidad y leyenda del hombre lobo. El Garaje ed. Col. Géneros. Madrid, 2008. 

Salazar MF, del Sagrado Corazón MA. Licántropos, hematófagos y brujas. ¿Enfermos incomprendidos de su época? Ciencias 2011; 103: 5-11. 

Monstruos y Seres Imaginarios en la Biblioteca Nacional. Catálogo exposición. Biblioteca Nacional. Madrid, 2000.  

 

Drácula (1931) 



 
The best of Dracula (1931) 





 Nosferatu (1922) F.W Murnau