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jueves, 9 de marzo de 2023

El carácter de Irene

versió catalana | versión española









Josefa Medina López

Irene y su carácter

Óleo sobre tabla 100 x 81 cm 

Exposición de hiperrealistas españoles. 
MEAM. Barcelona (2019) 







El hiperrealismo es un movimiento artístico que reproduce la realidad con una nitidez y definición similar a la visión habitual. Algunas obras sorprenden por ser tan miméticas que a veces es difícil diferenciarlas de una fotografía. Pero la aplicación de técnicas pictóricas o escultóricas adecuadas hacen que frecuentemente la figura sea todavía más vívida que la mera fotografía. La imagen representada ha de ser tan verosímil (realista) que parezca más viva que la realidad conocida. Los temas suelen ser triviales y se aprecia una clara tendencia al virtuosismo y al gusto por los detalles. 

El arte hiperrealista nació hacia finales de la década de 1960 como respuesta a los planteamientos abstractos, conceptuales y no objetuales del arte contemporáneo. Al principio, no obtuvo una crítica muy favorable, pero encontró una buena respuesta en la exposición V documenta de Kassel, Alemania, de 1972. Actualmente se ha convertido en un movimiento influyente y bastante activo. 

Entre los pintores hiperrealistas más destacados podemos recordar a Malcolm Morley, Richard Estes, Ralph Goings, Mary Pratt y Antonio López, entre otros.

La pintura "Irene y su carácter" es obra de Josefa Medina López (Belalcázar, 1966), una pintora autodidacta que ha destacado en diversas técnicas basadas en el dibujo y que ha participado en diversas exposiciones y concursos. 



Interesada en la expresividad y atractivo de personajes femeninos de edad avanzada, "Irene y su carácter"  es una buena muestra. Se trata del retrato de una anciana de una residencia de la tercera edad, con una mirada en la que tal vez se puede adivinar una cierta afectación por alguna patología mental (Demència? Alzheimer?), pero que conserva íntegra la fuerza de su carácter, con una mirada inquisitiva i resoluta. 

Las alteraciones de la piel senil están presentes: arrugas, manchas oscuras (queratosis seborreicas), zonas negruzcas en los labios (lagos venosos). Pero nos llama la atención sobre todo la presencia de un tumor plano, de bordes sobreelevados y descamado, localizado en el párpado inferior izquierdo, que se puede diagnosticar sin duda como un carcinoma basocelular, una forma de cácer cutaneo muy frecuente en zonas expuestas a la acción solar durante años, especialmente en personas de fototipo bajo (ojos claros y piel poco pigmentada). Medina sabe plasmar con detalle esta lesión, que adopta en el cuadro una imagen todavía más clara y fidedigna que una fotografía.  



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El caràcter d'Irene













Josefa Medina López

Irene i el seu caràcter

Oli sobre taula 100 x 81 cm 

Exposició d'hiperrealistes espanyols. 
MEAM. Barcelona (2019) 







L'hiperrealisme és un moviment artístic que reprodueix la realitat amb una nitidesa i definició semblant a la visió habitual. Algunes obres sorpenen per ser tan mimétiques que de vegades és difícil diferenciar-les d'una fotografia. Però l'aplicació de tècniques pictòriques o escultòriques fan sovint que la imatge sigui encara més vívida que la mera fotografia. La imatge representada ha de ser tan versemblable (realista) que sembli més viva que la realitat coneguda. Els temes solen ser trivials i s'aprecia una tendència virtuosista i el gust pel detall.

L'art hiperrealista va nèixer cap a finals de 1960 com a resposta als plantejaments abstractes, conceptuals i no objectuals de l'art contemporani. Al principi, la crítica no va ser gaire favorable, però va trobar una bona resposta a l'exposició V documenta de Kassel, Alemanya, de 1972. Actualment ha esdevingut un moviment influent i força actiu. 

Entre els pintors hiperrealistes més destacats podem recordar Malcolm Morley, Richard Estes, Ralph Goings, Mary Pratt y Antonio López, entre d'altres.

La pintura "Irene i el seu caràcter" és obra de Josefa Medina López (Belalcázar, 1966), una  pintora autodidacta que ha destacat en diverses tècniques basades en el dibuix i que ha participat en diverses exposicions i concursos. 



Interessada en l'expressivitat i atractiu de personatges femenins d'edat avançada, l'obra "Irene i el seu caràcter" n'és una bona mostra. És el retrat d'una dona gran, d'una residència d'avis, amb una mirada en la que potser s'entreveu una certa afectació per alguna patologia mental (Demència?Alzheimer?), però que conserva íntegra la força del seu caràcter, en una mirada inquisitiva i resoluta. 

Les alteracions de pell senil hi són presents: arrugues, taques fosques (queratosis seborreiques), zones fosques als llavis (llacs venosos). Però crida l'atenció un tumor pla, de vores sobreelevades i descamat localitzat a la parpella inferior esquerra, i que es pot diagnosticar sense cap dubte com un carcinoma basocel·lular, una forma de càncer cutani molt freqüent en zones exposades a l'acció del sol durant anys, especialment en persones de fototip baix (amb ulls clars i pell poc pigmentada). Medina sap plasmar amb detall aquesta lesió que adopta en el quadre una imatge encara més clara i fidedigna que una fotografia.  



martes, 24 de mayo de 2022

Sudar sangre

versió catalana | versión española






Francesco Bassano 

Oración de Jesús en 
el huerto de Getsemaní

Óleo sobre lienzo
Galleria Doria Pamphilij. Roma




Tras la Última Cena con sus apóstoles, Jesús decidió ir al Monte de los Olivos a rezar. Eligió a tres de sus más allegados apóstoles (Pedro, Santiago y Juan) y se dirigió al huerto llamado de Getsemaní. Jesús estaba muy angustiado por los terribles momentos que se le acercaban, y sentía una intensa soledad: sus seguidores se habían dormido. Jesús velaba y su padecimiento psíquico debía ser muy intenso. En estas circunstancias extremas, el Evangelio de San Lucas nos revela que sudó sangre:

"Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra".  (Lucas 22:44)

 



Detalle del cuadro de Bassano donde puede apreciarse representada
la hematidrosis de Jesús cayendo en grandes goterones  


Es curioso que sea San Lucas (que la tradición dice que era médico, como se comenta en Colosenses 4:14) el único que nos transmite este detalle, que omiten los otros evangelistas.

De todas maneras cabe destacar dos  detalles. El primero es el uso del comparativo: dice "como gotas de sangre", en vez de "gotas de sangre". Otro aspecto es el estilo. Lucas, que escribía en griego, de forma muy literaria, usa en este pasaje dos vocablos que son poco usuales en su prosa. Por este motivo, y por la falta de coincidencia con los otros evangelistas, hay quien piensa que este pasaje fue añadido posteriormente por algún copista. 


Andrea Vaccaro (1604-1670) : 
Oración de Jesús en el huerto  
de Getsemaní (circa 1660).
Museu de Montserrat

Abajo: detalle





Esto es precisamente lo que intenta  plasmar este cuadro de Francesco Bassano, un pintor véneto que encontramos en la Galleria Doria Pamphilj, de Roma. Parece ser que pintó diversas versiones de este tema que se pueden ver en otros museos. También otros autores dejaron constancia de este fenómeno, como por ejemplo el napolitano Andrea Vaccaro (1604-1670) como podemos ver en la obra de la pinacoteca del Museo de Montserrat. También cabe citar algunas esculturas religiosas como algunos pasos de Semana Santa, representando "La oración en el huerto". Podemos recordar, como ejemplos, el de Fernando Ortiz (1758) de Málaga y muy especialmente el de  Salzillo (Museo Salzillo, Murcia).  

Pero ¿el relato evangélico es real o puede ser una hipérbole, un simbolismo? ¿Se puede realmente sudar sangre?

El sudor de sangre se conoce médicamente como hematidrosis (voz derivada del griego haima/haimatos αἷμα, αἵματος, sangre; hidrōs' ἱδρώς agua, sudor). Se acepta que es posible, aunque rarísimo, y se puede dar en casos de un sufrimiento psicológico extremo. Se ha descrito en algunos casos de personas que sabían que iban a morir inmediatamente de muerte violenta, como condenados a muerte o soldados a punto de entrar en combate, en situaciones bélicas.  

Aunque la causa de este fenómeno no se conoce con exactitud, se ha apuntado la hipótesis de que pueda deberse a un intenso estrés que provoca una descarga del sistema vegetativo simpático (reacción de alarma) que cursa con una fuerte vasoconstricción α-1 cutánea y abdominal (desplazando un gran volumen de sangre). Esto produciría un gran aumento de la tensión arterial, y que se active en el organismo una descarga colinérgica vasodilatadora que provoca una gran sudoración como mecanismo compensatorio para perder volumen y así disminuir la presión: la sangre expulsada del intestino y de la superficie cutánea se dirige a los puntos en donde hay vasodilatación, las glándulas sudoríparas. En estos casos, el tejido no aguanta bien la intensa presión y la sangre se puede extravasar, saliendo al exterior mezclada con el sudor. 




Hay que señalar que la hematidrosis es, en todo caso, un fenómeno excepcional, del que se han descrito muy pocos casos durante los dos últimos siglos. 

Precisamente, esta escasa incidencia y el hecho de que entre los pocos casos que se pueden observar haya muchos simuladores, hace que esta entidad no sea unánimemente totalmente aceptada por los médicos. 

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Suar sang





Francesco Bassano 

Oració de Jesús a 
l'hort de Getsemaní

Oli sobre tela
Galleria Doria Pamphilij. Roma



Després de l'Últim Sopar amb els seus apòstols, Jesús va decidir anar a la Muntanya de les Oliveres a resar. Va triar tres dels seus apòstols més propers (Pere, Santiago i Joan) i es va dirigir a l'hort anomenat de Getsemaní. Jesús estava molt angoixat pels moments terribles que se li acostaven, i sentia una intensa solitud: els seus seguidors s'havien adormit. Jesús vetllava i el seu patiment psíquic havia de ser molt intens. En aquestes circumstàncies extremes, l'Evangeli de Sant Lluc ens revela que va suar sang:

"I estant en agonia, pregava més intensament; i era la seva suor com grans gotes de sang que queien fins a la terra". (Lluc 22:44)


Detall del quadre de Bassano a on es pot veure representada
la hematidrosis de Jesús caient en grans gotes  

És curiós que sigui Sant Lluc (segons diu la tradició era metge, com es comenta a Colossencs 4:14) l'únic que ens transmet aquest detall, que els altres evangelistes ometen.

De totes maneres en destaquen dos detalls. El primer és l'ús del comparatiu: diu "com gotes de sang", en comptes de "gotes de sang". Un altre aspecte és l’estil. Lucas, que escrivia en grec, de forma molt literària, utilitza en aquest passatge dues paraules que són poc usuals en la seva prosa. Per aquest motiu, i per la manca de coincidència amb els altres evangelistes, hi ha qui pensa que aquest passatge va ser afegit posteriorment per algun copista.




Andrea Vaccaro (1604-1670) : 
Oració de Jesús a l'hort  
de Getsemaní (circa 1660).
Museu de Montserrat


Andrea Vaccaro:
Pregària de Jesús a l'hort de Getsemaní (detall)


Això és precisament el que intenta plasmar aquest quadre de Francesco Bassano, un pintor vènet que trobem a la Galleria Doria Pamphilj, de Roma. Sembla que va pintar diverses versions d'aquest tema que es poden veure a altres museus. També altres autors van deixar constància d'aquest fenomen, com ara el napolità Andrea Vaccaro (1604-1670) tal com podem veure a l'obra de la pinacoteca del Museu de Montserrat. També cal esmentar algunes escultures religioses com alguns passos de Setmana Santa, representant "La pregrària a l'hort". Podem recordar, com a exemples, el de Fernando Ortiz (1758) de Màlaga i molt especialment el del Salzillo (Museu Salzillo, Múrcia).

Però és real el relat evangèlic o pot ser una hipèrbole, un simbolisme? Es pot suar sang realment?

La suor de sang es coneix mèdicament com a hematidrosi (veu derivada del grec haima/haimatos αἷμα, αἵματος, sang; hidrōs' ἱδρώς aigua, suor). S'accepta que és possible, encara que raríssim, i es pot donar en casos d'un patiment psicològic extrem. S'ha descrit en alguns casos de persones que sabien que moririen immediatament de mort violenta, com condemnats a mort o soldats a punt d'entrar en combat, en situacions bèl·liques.

Encara que la causa d'aquest fenomen no es coneix amb exactitud, s'ha apuntat la hipòtesi que pugui ser degut a un estrès intens que provoca una descàrrega del sistema vegetatiu simpàtic (reacció d'alarma) que cursa amb una forta vasoconstricció α-1 cutània i abdominal (desplaçant un gran volum de sang). Això produiria un gran augment de la tensió arterial, i que s'activi una descàrrega colinèrgica vasodilatadora a l'organisme que provoca una gran sudoració com a mecanisme compensatori per perdre volum i així disminuir la pressió: la sang expulsada de l'intestí i de la superfície cutània es dirigeix als punts on hi ha vasodilatació, les glàndules sudorípares. En aquests casos, el teixit no aguanta bé la pressió intensa i la sang es pot extravasar, sortint a l'exterior barrejada amb la suor. 


Cal assenyalar que l'hematidrosi és un fenomen excepcional, del qual s'han descrit molt pocs casos durant els dos darrers segles.

Precisament, aquesta escassa incidència i el fet que entre els pocs casos que es poden observar hi hagi molts simuladors fa que aquesta entitat no sigui unànimement del tot acceptada pels metges.


jueves, 31 de marzo de 2022

La (supuesta) locura de Putin

 versió catalana | versión española







Valeria Duca

The mad king (El rey loco)
Retrato de Vladimir Putin 

(circa 2019)

Óleo sobre tabla 60 x 50 cm
Colección Saatchi Art





La moldava Valeria Duca (n. 1995) ha cultivado diversos estilos pictóricos que van desde la abstracción al realismo figurativo. Un realismo lleno de simbolismo, en un intento de crear metáforas visuales. Una narración que representa una difuminación de los límites de la normalidad, y que a veces raya con el surrealismo.

Sus obras han sido adquiridas para las colecciones permanentes de varios museos de Moldavia, Rumania y Ucrania, entre los que destacan el Museo de Historia y Arqueología de Moldavia; el Museo de Artes Visuales de Galati; el Museo de Arte Occidental y Oriental de Odessa; el Museo de Arte Popular en Constanta; y el Palacio del Parlamento y el Museo of the Village, ambos en Bucarest.

La presente obra es un retrato del presidente ruso Vladimir Putin, que aparece con gesto contrahecho y mirada huidiza, caracterizado como un rey loco (The Mad King), aludiendo a su obsesivo delirio de grandeza (megalomanía) de devolver a Rusia la grandeza de la época imperial zarista. Esta interpretación puede servirnos para plantear la veracidad de una afirmación que se repite de forma machacona en los últimos tiempos, sobre todo desde que se produjo la invasión de Ucrania por el ejército ruso. ¿Está loco, Vladimir Putin?



De entrada, debemos decir que los diagnósticos médicos (y por lo tanto, también los psiquiátricos) se usan lamentablemente como una calificación peyorativa en el lenguaje vulgar de tertulias y tabernas. En este sentido, es conveniente recalcar, una y otra vez, que términos como subnormal, cretino, demente o paranoico, son usados muchas veces como un insulto, o cuanto menos aplicados con la finalidad exclusiva de denostar a alguien, sin tener en cuenta que existen personas que padecen estas patologías. Usar un término que define una enfermedad como un insulto es algo que debería desaparecer de nuestro vocabulario. Por exactitud léxica, pero sobre todo para no contribuir a aumentar el estigma que pesa sobre muchos pacientes psiquiátricos.

En segundo lugar, solemos calificar a los que actúan de modo difícil de comprender para nuestra lógica (o a aquellos que nos causan miedo) como dementes. Así son locos los fundamentalistas islámicos, los talibanes, los coreanos del norte, etc. Es decir, todos los que se comportan con "otra" lógica. No está en mi ánimo justificar a ninguno de ellos, sino simplemente criticar el uso indiscriminado de la patología mental para calificar a los que no sabemos, o no queremos comprender. Incluso, algunos, haciendo gala de una frivolización de los diagnósticos psiquiátricos, se atreven a calificar de paranoia o de neurosis obsesiva el comportamiento de ciertos líderes políticos (como fue el caso de Donald Trump, por citar un ejemplo diferente al de Putin). Y no es exacto. Como no lo es tampoco cuando en lenguaje coloquial se identifica la depresión con la melancolía (estoy "depre"), dificultando todavía más la comprensión de lo que sienten los auténticos enfermos de depresión, una enfermedad nada banal que es la causante de la mayoría de suicidios. Nada más lejos de un correcto diagnóstico. Para empezar, ningún psiquiatra consciente se atrevería a formular un diagnóstico sin una correcta exploración psiquiátrica, que no se puede hacer con la misma rapidez, por ejemplo, que (algunos) diagnósticos visuales radiológicos o dermatológicos.

Psiquiatrizar alegremente a los gobernantes, además de ofender a los auténticos enfermos, los libera en cierto grado de su responsabilidad. Y los líderes que toman decisiones equivocadas, con consecuencia para su pueblo o para quienes consideran enemigos tienen que responder por sus actos. Y si sus actos son o pueden ser considerados criminales todavía más. Tuvimos ocasión de ver criminales de guerra hace no muchos años, en la sangrienta guerra de los Balcanes. No eran locos, sino que desgraciadamente estaban muy cuerdos. Pero algunos intentaron un genocidio, que es un crimen, no una enajenación. A estos líderes sanguinarios e irresponsables es a los que hay que pedir responsabilidades, sin eximente alguno.


Retrato de Vladimir Putin titulado "El rostro de la guerra", de la artista ucraniana Dariya Marchenko. Es un mosaico realizado con 5.000 casquillos de bala. 



Volviendo al caso que nos ocupa, algunos psiquiatras, consideran que el dirigente ruso puede tener algunos rasgos de personalidad paranoide, como por ejemplo, la excesiva rigidez, el orgullo, la hipertrofia del yo y la marcada desconfianza hacia los demás. Pero esto son tendencias de su personalidad, no necesariamente patológicas. Todos tenemos algún rasgo en nuestro carácter que si se exagera mucho puede conllevar un desequilibrio mental. Pero para concluir un diagnóstico real hace falta mucho más que eso.

Por otra parte, aparte de los condicionantes políticos, militares y económicos, que son los que en definitiva le han llevado a tomar ciertas decisiones, equivocadas o no, hay que considerar el momento vital en que se encuentra el presidente. A punto de cumplir 70 años, ve cada vez más difícil realizar su sueño de transformar Rusia en la gran nación de la época imperial. El propio envejecimiento, la disminución en picado de su popularidad, la difícil situación económica de Rusia y el acoso permanente de la OTAN, hacen que sus ilusiones megalómanas sean cada vez más lejanas. La acumulación de tanta angustia lo puede conducir a una solución suicida. Algo muy peligroso, ya que los suicidas no tienen nada que perder. Pero que en este caso sus temerarias decisiones podrían arrastrar con él a un gran número de personas. Sin que esto conlleve un diagnóstico de locura, es un peligro evidente.

Otro dato es el excesivo pánico que se ha apoderado de Putin frente al posible contagio de la Covid19. Tomó unas medidas de prevención que superan ampliamente la recomendable prudencia frente a la pandemia. Putin hizo construir túneles para impregnar de desinfectantes a sus visitantes, e impuso cuarentenas a las personalidades que debían entrevistarse con él presencialmente. Todo el mundo pudo ver que nadie se le acercaba a menos de 5 metros (mucho más de lo que las más estrictas normas preventivas aconsejaban) cuando se entrevistó, por ejemplo, con el presidente francés Emmanuel Macron. La distancia exagerada es la misma cuando se reune con sus habituales colaboradores, aunque hay que decir que en parte puede formar parte de una teatralización que refuerza su imagen de poder. Recordemos a los antiguos emperadores de China, a los que nadie podía acercarse, ni tan solo mirar fijamente.



Entrevista Putin - Macron (marzo 2022)
La exagerada distancia que mantiene en sus entrevistas denota un
carácter muy desconfiado, y un miedo obsesivo al contagio de covid19
que excede la prudencia y cualquier medida racional de prevención.  




Reunión de Putin con su ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov.
Otra vez la misma distancia. Covidofobia o teatralización? 


Hay que decir que la megalomanía no es exclusiva de Putin. Es un rasgo habitual en numerosos dirigentes políticos, directores de grandes empresas o miembros de la realeza, especialmente los más autoritarios. Suele traducirse por una desproporcionada confianza en sí mismos, una excesiva valoración de su persona, y en la ciega creencia de su decisivo papel en la transformación del mundo. Todo esto no tiene por qué ser necesariamente negativo. Pero en Putin estos rasgos están acentuadísimos, con una cierta voluntad de aplastar a los que se le opongan, y se unen, además a un marcado narcisismo. Podemos concluir que se trata de una indudable personalidad megalomaníaca. Si añadimos su desconfianza excesiva de todo el mundo (sin distinguir amigos de enemigos) se podría concluir que tiene una personalidad megalomaníaca, con tendencia paranoide. A esto se debe añadir la falta de empatía que supone declarar una guerra que él sabe que va a causar muchos muertos.



Tomislav Suheki: Retrato de Vladimir Putin (2020). 

Volvamos al intento de diagnosticar a Putin, a pesar de la dificultad que conlleva. Según los servicios secretos británicos su irascible carácter y su facilidad para lanzar amenazas a sus enemigos podrían ser debidas a los efectos secundarios de las altas dosis de corticoides con las que -hipotéticamente- estaría recibiendo. Según el informe, el presidente ruso podría estar siendo tratado con corticoides por padecer (supuestamente) la enfermedad de Parkinson.

¿Es verosímil esta teoría? Veamos. Un factor a tener en cuenta es su peculiar forma de marcha: camina muy rígido, sin mover nunca su brazo derecho. ¿Se trata de una particularidad personal o un intento de esconder un involuntario temblor? Otro detalle es la impasible y eterna cara de póquer de Putin. La enfermedad de Parkinson produce una cara impasible y estática, como la de una máscara, ciertamente compatible con la eterna cara de póquer de Putin. Aunque la hinchazón de su cara y cuello, el color céreo de su piel y su inexpresividad son también atribuibles a la cirugía estética o a las repetidas inyecciones de bótox que recibe, que tal vez eliminan arrugas, pero que producen una cara totalmente inexpresiva y inmóvil.

Pero esto no es suficiente para establecer un diagnóstico correcto. Los diagnósticos psiquiátricos no deben realizarse sin una base muy bien comprobada. Un error en el diagnóstico psiquiátrico puede ser fatal. Haría falta un buen interrogatorio, pasar mucho tiempo con él, intentar comprender por qué actúa así. Putin era un antiguo miembro del ejército y de la KGB soviética. Supo por lo tanto respetar las reglas estrictas y la estructura jerárquica a las que estaba sometido (cosa que un paranoico sería incapaz de hacer). No tenemos pues, suficientes indicios de una supuesta locura.

Pero los periodistas no suelen hilar tan fino. Cualquier persona que actúe de modo incomprensible es tachado de loco. "Loco", un calificativo genérico que también es usado -lamentablemente- para denostar, para marginar, para insultar, para despreciar (con gran agravio para los auténticos enfermos psiquiátricos).

Con este tipo de diagnósticos erróneos (y que si los hiciera un médico sería justamente acusado de malpraxis) solamente se obtienen los siguientes efectos:
    1. Crear un inesperado atenuante sobre las presuntas decisiones que podrían llevar a Putin a ser juzgado por crímenes de guerra. Algo que beneficiaría (más que perjudicaría) al propio Putin.

     2. Aumentar el miedo hacia Putin, por las imprevisibles decisiones que pueda tomar. Algo que también conviene al jerarca ruso, y que el propio Putin puede estar interesado en hacernos creer.

     3. Continuar perpetuando el injusto estigma con el que durante siglos se ha marginado a los enfermos mentales.

Meditemos sobre todo esto con calma. Y tengamos siempre presente que un loco es un enfermo que sufre, y que es digno de nuestra ayuda y nuestro respeto. En vez de jugar a ser psiquiatras de salón y de lanzar calificativos infundados, exijamos a los líderes políticos de todo el mundo que gobiernen con justicia y con razón, y que respondan acerca de las consecuencias de sus decisiones, sean acertadas o erróneas. Porque no hay sinrazón mayor que ordenar una guerra (tanto ofensiva como defensiva) que justifique la muerte de un gran número de nuestros semejantes. Ni siquiera la Patria.

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La (suposada) bogeria de Putin







Valeria Duca

The mad king (El rei boig)
Retrat de Vladimir Putin 

(circa 2019)

Oli sobre taula 60 x 50 cm
Col·lecció Saatchi Art



La moldava Valeria Duca (n. 1995) ha cultivat diversos estils pictòrics que van des de l'abstracció fins al realisme figuratiu. Un realisme ple de simbolisme, en un intent de crear metàfores visuals. Una narració que representa una difuminació dels límits de la normalitat, i que de vegades ratlla el surrealisme. Les seves obres han estat adquirides per a les col·leccions permanents de diversos museus de Moldàvia, Romania i Ucraïna, entre els quals destaquen el Museu d'Història i Arqueologia de Moldàvia; el Museu d'Arts Visuals de Galati; el Museu d'Art Occidental i Oriental d'Odessa; el Museu d'Art Popular a Constanta; i el Palau del Parlament i el Museu of the Village, ambdós a Bucarest. La present obra és un retrat del president rus Vladimir Putin, que apareix amb gest contrafet i mirada fugida, caracteritzat com un rei boig (The Mad King), al·ludint al seu obsessiu deliri de grandesa (megalomania) de tornar a Rússia la grandesa de l’època imperial tsarista. Aquesta interpretació pot servir-nos per plantejar la veracitat d'una afirmació que es repeteix successivament en els darrers temps, sobretot des que es va produir la invasió d'Ucraïna per part de l'exèrcit rus. Està boig Vladimir Putin?



D'entrada, hem de dir que els diagnòstics mèdics (i per tant, també els psiquiàtrics) es fan servir lamentablement com una qualificació pejorativa en el llenguatge vulgar de tertúlies i tavernes. En aquest sentit, és convenient recalcar, una vegada i una altra, que termes com subnormal, cretí, dement o paranoic, són usats moltes vegades com un insult, o si més no aplicats amb la finalitat exclusiva d’injuriar a algú, sense tenir en compte que hi ha persones que pateixen aquestes patologies. Usar un terme que defineix una malaltia com un insult és una cosa que hauria de desaparèixer del nostre vocabulari, per exactitud lèxica i sobretot per no contribuir a augmentar l'estigma que pesa sobre molts pacients psiquiàtrics. En segon lloc, sovint qualifiquem a les persones que actuen de manera difícil de comprendre per la nostra lògica (o aquells que ens causen por) com a dements. Així són bojos els fonamentalistes islàmics, els talibans, els coreans del nord, etc. És a dir, tots els que es comporten amb “una altra” lògica. No està en el meu ànim justificar-ne cap, sinó simplement criticar l'ús indiscriminat de la patologia mental per qualificar a les persones que no sabem, o no volem comprendre. Fins i tot, alguns, fent gala d'una frivolització dels diagnòstics psiquiàtrics, gosen qualificar de paranoia o de neurosi obsessiva el comportament de certs líders polítics (com va ser el cas de Donald Trump, per citar un exemple diferent al de Putin). I això no és exacte. Com no ho és tampoc quan en llenguatge col·loquial s'identifica la depressió amb la malenconia (estic “depre”), dificultant encara més la comprensió del que senten els autèntics malalts de depressió, una malaltia gens banal que és la causant de la majoria de suïcidis. Res més lluny doncs d'un diagnòstic correcte. Per començar, cap psiquiatre conscient no gosaria formular un diagnòstic sense una correcta exploració psiquiàtrica, que no es pot fer amb la mateixa rapidesa, per exemple, que (alguns) diagnòstics visuals radiològics o dermatològics. Psiquiatritzar alegrement els governants, a més d'ofendre els autèntics malalts, els allibera en cert grau de la seva responsabilitat. I els líders que prenen decisions equivocades, amb conseqüències per al seu poble o per als que consideren enemics, han de respondre dels seus actes. I si els seus actes són o poden ser considerats encara més criminals. Vam tenir ocasió de veure criminals de guerra fa no gaires anys, a la sagnant guerra dels Balcans. No eren bojos, sinó que malauradament estaven molt assenyats. Però alguns van intentar un genocidi, que és un crim, no pas una alienació. A aquests líders sanguinaris i irresponsables és als que cal demanar responsabilitats, sense cap eximent.



Retrat de Vladimir Putin titulat "El rostre de la guerra", de l'artista ucraïnesa Dariya Marchenko. És un mosaic realitzat amb 5.000 casquets de bala. 


Tornant al cas que ens ocupa, alguns psiquiatres consideren que el dirigent rus pot tenir alguns trets de personalitat paranoide, com ara l'excessiva rigidesa, l'orgull, la hipertròfia del jo i la marcada desconfiança envers els altres. Però això són tendències de la seva personalitat, no pas necessàriament patològiques. Tots tenim algun tret en el nostre caràcter que, si s'exagera molt, pot comportar un desequilibri mental. Però per concloure un diagnòstic real cal molt més que això. A més, a banda dels condicionants polítics, militars i econòmics, que són els que en definitiva han portat a prendre certes decisions, equivocades o no, cal considerar el moment vital en què es troba el president. A punt de fer 70 anys, veu cada vegada més difícil fer realitat el seu somni de transformar Rússia en la gran nació de l'època imperial. El mateix envelliment, la disminució en picat de la seva popularitat, la difícil situació econòmica de Rússia i l'assetjament permanent de l'OTAN fan que les seves il·lusions megalòmanes esdevinguin cada cop més llunyanes. L'acumulació de tanta angoixa el pot conduir a una solució suïcida. Quelcom molt perillós, ja que els suïcides no tenen res a perdre. Però que en aquest cas les seves decisions temeràries podrien arrossegar amb ell un gran nombre de persones. Sense que això comporti un diagnòstic de bogeria, és un perill evident. Una altra dada rellevant és l'excessiu pànic que s'ha apoderat de Putin davant del possible contagi de la Covid19. Va prendre unes mesures de prevenció que superen àmpliament la prudència recomanable davant de la pandèmia. Putin va fer construir túnels per impregnar de desinfectants els seus visitants, i va imposar quarantenes a les personalitats que havien d'entrevistar-se amb ell presencialment. Tothom va poder veure que ningú no se li acostava a menys de 5 metres (molt més del que les més estrictes normes preventives aconsellaven) quan es va entrevistar, per exemple, amb el president francès Emmanuel Macron. Aquesta distància exagerada és la mateixa quan es reuneix amb els seus col·laboradors habituals, encara que cal dir que podria formar part d'una teatralització que reforça la seva imatge de poder. Recordem als antics emperadors de la Xina, als quals ningú no podia acostar-se, ni tan sols mirar fixament.



Entrevista Putin - Macron (març 2022)
L'exagerada distància que manté a les seves entrevistes revela un
caràcter molt desconfiat, i una por obsessiva a encomanar-se de covid19
que depassa la prudència i qualsevol mesura racional de prevenció.  




Reunió de Putin amb el seu ministre d'Afers Exteriors, Serguéi Lavrov.
Un altre cop la mateixa distància. Covidofòbia o teatralització? 

Val a dir que la megalomania no és exclusiva de Putin. És un tret habitual de nombrosos dirigents polítics, directors de grans empreses o membres de la reialesa, especialment els més autoritaris. Sol traduir-se per una confiança desproporcionada en si mateixos, una excessiva valoració de la seva persona, i en la cega creença del seu paper decisiu en la transformació del món. Tot això no ha de ser necessàriament negatiu. Però aquests trets estan accentuadíssims en Putin, amb una certa voluntat d'esclafar els que se li oposin, i s'uneixen, a més a més, a un marcat narcisisme. Podem dir que es tracta d'una indubtable personalitat megalomaníaca. Si afegim la seva desconfiança excessiva de tot el món (sense distingir amics d'enemics) es podria concloure que té una personalitat megalomaníaca, amb tendència paranoide. A tot això cal afegir la manca d'empatia que suposa declarar una guerra que ell sap que causarà molts morts.


Tomislav Suheki: Retrat de Vladimir Putin (2020). 

Tornem a l'intent de diagnosticar Putin, malgrat la dificultat que comporta. Segons els serveis secrets britànics, el seu caràcter irascible i la seva facilitat per llançar amenaces als seus enemics podrien ser degudes als efectes secundaris de les altes dosis de corticoides amb què -hipotèticament- estaria rebent. Segons l'informe, el president rus podria estar sent tractat amb corticoides perquè patiria (suposadament) la malaltia de Parkinson. És versemblant aquesta teoria? Vegem-ho. Un factor que cal tenir en compte és la seva peculiar forma de marxa: camina molt rígid, sense moure mai el braç dret. És una particularitat personal o un intent d'amagar un tremolor involuntari? Un altre detall és la impassible i eterna cara de pòquer de Putin. La malaltia de Parkinson produeix una cara impassible i estàtica, com la d'una màscara, certament compatible amb l'eterna cara de pòquer de Putin. Encara que la inflor de la cara i el coll, el color ceri de la pell i la inexpressivitat són també atribuïbles a la cirurgia estètica o a les repetides injeccions de bòtox que rep, que potser eliminen arrugues, però que produeixen una cara totalment inexpressiva i immòbil. Però això no és suficient per establir un diagnòstic correcte. Els diagnòstics psiquiàtrics no s'han de fer sense una base molt ben comprovada. Un error al diagnòstic psiquiàtric pot ser fatal. Caldria un bon interrogatori, passar amb ell molt de temps, intentar comprendre per què actua així.

Putin era un antic membre de l'exèrcit i de la KGB soviètica. Va saber, per tant, respectar les regles estrictes i l'estructura jeràrquica a què estava sotmès (cosa que un paranoic seria incapaç de fer). No tenim doncs prou indicis d'una suposada bogeria. Però els periodistes no acostumen a filar tan prim. Qualsevol persona que actuï de manera incomprensible és titllat de boig. "Boig", un qualificatiu genèric que també és emprat -lamentablement- per injuriar, per marginar, per insultar, per menysprear (amb gran greuge per als autèntics malalts psiquiàtrics). Amb aquest tipus de diagnòstics erronis (i que si els fes un metge seria justament acusat de mala praxi) només s'obtenen els efectes següents: 1. Crear un atenuant inesperat sobre les presumptes decisions que podrien portar a Putin a ser jutjat per crims de guerra, fet que beneficiaria (més que perjudicaria) el mateix Putin. 2. Augmentar la por cap a Putin, per les decisions imprevisibles que pugui prendre, cosa que també convé al jerarca rus, i que el mateix Putin pot estar interessat en fer-nos creure. 3. Continuar perpetuant l'estigma injust amb què durant segles s'ha marginat als malalts mentals. Meditem sobre tot això amb calma. I tinguem sempre present que un boig és un malalt que pateix, i que és digne de la nostra ajuda i respecte. En comptes de jugar a ser psiquiatres de saló i de llançar qualificatius infundats, exigim als líders polítics de tot el món que governin amb justícia i amb raó, i que responguin sobre les conseqüències de les seves decisions, siguin encertades o errònies. Perquè no hi ha desraó més gran que ordenar una guerra (tant ofensiva com defensiva) que justifiqui la mort d'un gran nombre dels nostres semblants. Ni tan sols la Pàtria.