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viernes, 8 de abril de 2022

Aspectos médicos de la muerte de Cristo (II): La corona de espinas

versió catalana | versión española







Anton van Dyck

La coronación de espinas

(1620)

Óleo sobre lienzo 223 x 196 cm
Museo del Prado. Madrid





En entradas anteriores iniciamos algunas apreciaciones médicas sobre las torturas sufridas por Cristo antes de su muerte en la cruz (sudar sangre, flagelación...) Hoy comentaremos lo que llegaría a ser uno de los principales atributos de su Pasión y Muerte: la corona de espinas. 



Lucas Cranach el Viejo: Cristo coronado de espinas    


Un estudio publicado en abril de 1991 en el Journal of the Royal College of Physicians of London, destaca que después de la flagelación, Jesús de Nazaret fue llevado al Pretorio y entregado como «juguete a las tropas», una costumbre que solía permitirse una vez al año. 

Jesús era visto con desprecio y mofa por las fuerzas de ocupación romanas, que lo veían como un líder provinciano que intentaba llamar a la rebelión a los judíos proclamándose rey, enfrentándose al poder del César Tiberio y capitaneando la independencia de Palestina. Jesús, recién flagelado y medio desmayado por la importante pérdida de sangre fue llevado a una estancia apartada y dejado en manos de la soldadesca. 




Albrecht Bouts: Ecce Homo. Óleo sobre tabla 


Como suele suceder en estos casos, poco se sabe a ciencia cierta de lo que pasó entre aquellas paredes. Según el relato evangélico, los soldados, entre insultos e injurias, quisieron burlarse de él como presunto culpable de rebelión y sedición, al proclamarse "rey de los judíos". Intentaron un escarnio, disfrazándole como un rey de pacotilla. Para remedar la púrpura imperial, le pusieron una capa de soldado sobre sus hombros aún ensangrentados y le colocaron una caña en la mano, a modo de cetro. Faltaba ponerle una corona para completar su burla. No tenían ningún laurel a mano y decidieron una burda imitación con una mata de espinas. Así lo coronaron, en medio de carcajadas, llamándole "Rey de los Judíos". Un rey imaginario, de un reino inexistente y anexionado por la fuerza al Imperio Romano. 



Marteen van Heemskerck: Cristo siendo coronado con espinas (1555)


El espino que usaron los soldados fue probablemente el que se conoce como "corona de espinas de Cristo" (Euphorbia milii), una planta oriunda de Madagascar pero que ya estaba naturalizada en Palestina en aquel tiempo. Las ramas de este pequeño arbusto son flexibles y están cubiertas con espinas muy largasLos soldados lo trenzaron someramente en forma de corona, y se lo incrustaron en el cuero cabelludo. Las agudas espinas ocasionaron otra vez un sangrado abundante (hay que recordar que el cuero cabelludo es una de las áreas más vascularizadas del cuerpo). 

La corona, probablemente no tenía la forma clásica de aro que estamos acostumbrados a ver representada. Tenía más bien una forma de gorro o casquete. Un fresco existente en las catacumbas de Pretexto, de mediados del siglo II, representa la corona en esta forma. 



Van Baburen: Coronación de espinas

Después de las burlas, golpes e insultos, los soldados lo llevaron al Pretorio, ante el gobernador Poncio Pilatos, que al verlo así quiso mostrarlo a la multitud congregada en la calle. Fue entonces cuando pronunció aquella famosa frase: Ecce Homo (= Aquí tenéis al Hombre). Ni viéndolo en tan lamentable estado se conmovió la multitud, que siguió reclamando la pena de muerte. Pilatos, disgustado ante lo que consideraba una condena a muerte sin fundamento jurídico optó por lavarse las manos en público, como símbolo de que no quería hacerse responsable de tal sentencia, ya que no consideraba probadas las acusaciones que se le hacían.  

En general, los condenados a ser crucificados eran obligados a cargar con su propia cruz hasta el lugar de la ejecución, fuera del recinto amurallado de la ciudad.  En el caso de Jerusalén, las ejecuciones tenían lugar en el Gólgota, una colina situada a unos 600-700 m de la muralla de Jerusalén. De hecho, los romanos conocían al lugar como Calvario o monte de las calaveras, un apelativo que deja clara su función de patíbulo. Así fue como Jesús tomó su cruz para encaminarse al lugar donde iba a morir. Pero antes, le arrancaron la capa, que se había ya adherido a los coágulos de sangre y al suero de las heridas. Desprenderle la capa le causó grandes dolores, casi como si lo hubieran flagelado otra vez. Las heridas sangraron copiosamente de nuevo. 




Interior de la Sainte Chapelle, París.


En la iconografía artística, la corona de espinas aparece alguna vez ya durante el s. IX, aunque toma auténtico impulso a partir del s. XIII, momento en el que sustituye a la corona real con la que se representaban los llamados "Cristos en Majestad" románicos. Tal vez en esta popularización de la corona de espinas influyó la adquisición de la supuesta reliquia de la corona de espinas de Cristo por el rey Luis IX de Francia (San Luis). El rey, orgulloso de su compra, mandó construir una iglesia-relicario, la Sainte-Chapelle de París, un precioso ejemplo de arquitectura gótica. Curiosamente, el monarca pagó mucho más dinero por la pretendida reliquia que por el magnífico templo dedicado a albergarla. Algo que choca bastante con la mentalidad del s. XXI. 



La corona de espinas, dentro de su rico relicario, sobrevivió
al incendio de Nôtre-Dame del 15 de abril de 2019



Durante la Revolución Francesa la preciada reliquia pasó a la Bibliothèque Nationale. Tras el concordato de 1801 se dictaminó que la corona de espinas era propiedad de la Iglesia, pasando a ser custodiada en la catedral de Notre-Dame, donde tradicionalmente se expone a los fieles durante la Semana Santa. El reciente incendio que destruyó una gran parte de Notre-Dame el 15 de abril de 2019 hizo temer por la pérdida de la reliquia, que sin embargo se salvó. 

Sea como fuere, la corona de espinas pasó a ser un icono obligado en las representaciones de Cristo crucificado y a partir de entonces es casi imposible encontrar un crucifijo desprovisto de este atributo. 


Bibliografía 


Bucklin R: The legal and medical aspects of the trial and death of Christ. Sci Law 1970; 10:14-26

Edwards WD, Gabel WJ, Hosmer FE. On the Physical Death of Jesus Christ JAMA 1986; 255:1455-1463  http://www.godandscience.org/apologetics/deathjesus.pdf

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Aspectes mèdics de la mort de Crist (II): 

La corona d'espines. 






Anton van Dyck

La coronación de espinas

(1620)

Óleo sobre lienzo 223 x 196 cm
Museo del Prado. Madrid




En entrades anteriors, vàrem iniciar algunes apreciacions mèdiques sobre les tortures que va patir Crist abans de la seva mort a la creu (suar sang, flagel·lació...) Avui comentarem el que acabaria essent un dels principals atributs de la seva Passió i Mort: la corona d’espines.


Lucas Cranach el Vell: Crist coronat d'espines    


Un estudi publicat l'abril de 1991 al Journal of the Royal College of Physicians of London, destaca que després de la flagel·lació, Jesús de Natzaret va ser portat al Pretori i lliurat com a «joguina a les tropes», un costum que solia permetre's una vegada cada any.

Jesús era vist amb menyspreu i mofa per les forces d'ocupació romanes, que el veien com un líder provincià que intentava cridar a la rebel·lió els jueus proclamant-se rei, enfrontant-se al poder del César Tiberio i capitanejant la independència de Palestina. Jesús, acabat de flagel·lar i mig desmaiat per la important pèrdua de sang va ser portat a una estança apartada i deixat en mans de la soldadesca.


Albrecht Bouts: Ecce Homo. Oli sobre taula 


Com sol passar en aquests casos, no sabem a ciència certa el que va passar entre aquelles parets. Segons el relat evangèlic, els soldats, entre insults i injúries, van voler burlar-se'n com a presumpte culpable de rebel·lió i sedició, en proclamar-se "rei dels jueus". Van intentar un escarni, disfressant-lo com un rei de pacotilla. Per remoure la porpra imperial, li van posar una capa de soldat sobre les seves espatlles encara ensangonades i li van col·locar una canya a la mà, a manera de ceptre. Mancava posar-li una corona per completar la seva burla. No tenien cap llorer a mà i van decidir fer una grollera imitació amb una mata d'espines. Així el van coronar, enmig de rialles, cridant-li "Rei dels Jueus". Un rei imaginari, un regne inexistent i annexionat per la força a l'Imperi Romà.


Marteen van Heemskerck: Cristo és coronat d'espines (1555)



L'arç que van usar els soldats va ser probablement el que es coneix com a "corona d'espines de Crist" (Euphorbia milii), una planta originària de Madagascar però que ja estava naturalitzada a Palestina en aquell temps. Les branques d’aquest petit arbust són flexibles i estan cobertes amb espines molt llargues. Els soldats el van trenar succintament en forma de corona, i li van incrustar al cuir cabellut. Les agudes espines van ocasionar-li una altra vegada un sagnat abundant (cal recordar que el cuir cabellut és una de les àrees més vascularitzades del cos).

La corona probablement no tenia la forma clàssica de cèrcol que estem acostumats a veure representada. Tenia més aviat una forma de gorra o casquet. Un fresc existent a les catacumbes de Pretext, de mitjans del segle II, representa la corona amb aquesta forma.


Van Baburen: Coronació d'espines


Després de les burles, cops i insults, els soldats el van portar al Pretori, davant del governador Poncio Pilatos, que en veure'l així va voler mostrar-lo a la multitud congregada al carrer. Va ser llavors quan va pronunciar aquella famosa frase: Ecce Homo (= Aquí teniu l'Home). Ni veient-lo en un estat tan lamentable la multitud no es va commoure, sinó que va continuar reclamant la seva pena de mort. Pilat, disgustat davant del que considerava una condemna a mort sense fonament jurídic, va optar per rentar-se les mans en públic, com a símbol que no volia fer-se responsable de tal sentència, ja que no considerava provades les acusacions que se li feien.

En general, els condemnats a ser crucificats eren obligats a carregar amb la seva pròpia creu fins al lloc de l'execució, fora del recinte emmurallat de la ciutat. En el cas de Jerusalem, les execucions tenien lloc al Gòlgota, un turó situat a uns 600-700 m de la muralla de Jerusalem. De fet, els romans coneixien el lloc com a Calvari o muntanya de les calaveres, un apel·latiu que deixa clara la seva funció de patíbul. Així va ser com Jesús va prendre la seva creu per encaminar-se al lloc on moriria. Abans, però, li van arrencar la capa, que ja s'havia adherit als coàguls de sang i al sèrum de les ferides. Desprendre-li la capa va causar-li grans dolors, gairebé com si l'haguèssin flagel·lat un altre vegada. Les ferides li van tornar a sagnar copiosament.


Interior de la Sainte Chapelle, París.


A la iconografia artística, la corona d'espines ja apareix alguna vegada durant el s. IX, encara que pren autèntic impuls a partir del s. XIII, moment en què substitueix la corona reial amb què es representaven els anomenats "Crists en Majestat" romànics. Potser l'adquisició de la suposada relíquia de la corona d'espines de Crist pel rei Lluís IX de França (Sant Lluís) va influir en la popularització de la corona d’espines. El rei, orgullós de la seva compra, va fer construir una església-reliquiari, la Sainte-Chapelle de París, un exemple preciós d'arquitectura gòtica. Curiosament, el monarca va pagar molts més diners per aquesta relíquia que pel magnífic temple dedicat a albergar-la, la qual cosa xoca força amb la mentalitat del s. XXI. 


La corona d'espines, a dins del seu ric relicari, va sobreviure 
a l'incendio de Nôtre-Dame del 15 de abril de 2019


Durant la Revolució Francesa la preuada relíquia va passar a la Bibliothèque Nationale. Després del concordat de 1801 es va dictaminar que la corona d'espines era propietat de l'Església, passant a ser custodiada a la catedral de Nôtre-Dame, on tradicionalment s'exposa als fidels durant la Setmana Santa. El recent incendi que va destruir una gran part de Nôtre-Dame el 15 d'abril de 2019 va fer témer per la pèrdua de la relíquia, que no obstant es va salvar.

Sigui com sigui, la corona d'espines va passar a ser una icona obligada a les representacions de Crist crucificat i des de llavors és gairebé impossible trobar un crucifix desproveït d'aquest atribut.


Bibliografia 


Bucklin R: The legal and medical aspects of the trial and death of Christ. Sci Law 1970; 10:14-26

Edwards WD, Gabel WJ, Hosmer FE. On the Physical Death of Jesus Christ JAMA 1986; 255:1455-1463 
http://www.godandscience.org/apologetics/deathjesus.pdf




lunes, 4 de julio de 2016

Mortificándose en un zarzal





 Jan Brueghel de Velours

San Benito sobre las zarzas 

Óleo sobre tela 

Museu de Montserrat



Jan Brueghel de Velours (1564-1625) fue un pintor flamenco, hijo de Pieter Brueghel el Viejo y padre de Jan Brueghel el Joven. Por su afición a vestir ropas de terciopelo es apodado de Velours (de terciopelo). 

Su obra pictórica se centró sobre todo a pintar naturalezas muertas, especialmente ramos de flores, aunque también pintó escenas bíblicas o hagiográficas. En general prefiere las escenas en ambiente boscoso, como en el caso de esta pintura.   

Miniatura del maestro de Fauvel representando a San Benito 
revolcándose entre las zarzas.
En el cuadro en cuestión aparece San Benito de Nursia, en la época que fue ermitaño en la cueva de Subiaco, cerca de Roma. El santo aparece desnudo, revolcándose por unas zarzas. La escena hace referencia a que San Benito, en su retiro eremítico, tuvo una vez pensamientos libidinosos imaginando a una mujer que había visto en una ocasión. Para sofocar todo deseo carnal decidió provocarse dolor revolcándose en una zarza y así evitar toda concupiscencia. 


La mortificación mediante el dolor autoinflingido fue más tarde una constante entre los místicos, que no sólo se autolesionaban con diversos procedimientos sino que si sufrían una enfermedad consideraban que era una prueba de elección divina: Dios les enviaba la dolencia como una prueba, como la oportunidad de emprender un camino de santidad. Esto cambió la idea de la enfermedad-castigo (hegemónica en la Biblia y en el Evangelio) por el nuevo concepto de enfermedad como ocasión de santificarse (1) y por lo tanto padecerla puede llegar a ser incluso una señal que Dios concede a los que elige para mostrarles - a través del dolor - el camino de perfección. 





domingo, 8 de mayo de 2016

Curando el trasero del rey








Monje curando el trasero del rey
(finales del s. XIV)

Capitel de una ventana del Palacio Real

Real Monasterio de Santa María de Poblet





El Real Monasterio cisterciense de Santa María de Poblet es un compendio completo de Historia de Catalunya. Este importante cenobio gozó del favor real y le fueron concedidos multitud de privilegios y distinciones. Aquí, en el Panteón Real cercano al altar mayor de la iglesia están enterrados ocho reyes de la Corona de Aragón y multitud de nobles y guerreros de la época medieval. 


Cimborrio de la iglesia. Monasterio de Poblet. 
Adosado al monasterio se encuentra el Palacio Real, construído en tiempos del rey Martí l'Humà (1356-1410). Al rey le gustaba cazar por los bosques cercanos a Poblet y con este motivo hizo edificar esta pequeña residencia. Desde una ventana de su habitación podía asistir a la misa monástica sin bajar a la iglesia. Por cierto, que cuando Felipe II visitó Poblet, le complació tanto esta idea que hizo que le instalaran una ventana similar en El Escorial, entonces en construcción. Al parecer también se inspiró en Poblet para reunir en el monasterio escurialense las sepulturas reales de la monarquía hispánica. 



Detalle de la tumba del rey Martí l'Humà, en el monasterio de Poblet. 




El capitel está situado en uno de los ventanales de estilo gótico civil,
en el palacio del Rei Martí, contiguo al monasterio. 



Las ventanas del palacio del rey Martí que dan al claustro del monasterio son de un primoroso gótico civil, con capiteles en los que figuran personajes e historias diversos. Algunos muy anecdóticos, como el que comentaremos a continuación. 

La afición por la caza del rey le llevaba a recorrer los bosques cercanos a Poblet en busca de piezas cinegéticas. según una antigua leyenda, el rey, en una de sus salidas,  tuvo la mala suerte de caer sobre un zarzal, clavándose muchas espinas en los muslos y nalgas. Así llegó como pudo al monasterio donde necesitó la asistencia debida a su accidente. Y precisamente éste es el momento que se refleja en el capitel: el rey, inclinado, recoge su ropa para mostrar sus posaderas heridas a un monje que se dispone a retirar con pinzas las espinas y a aplicar un ungüento del frasco que sostiene con la otra mano. Un tratamiento necesario, ya que algunas de las heridas provocadas por espinas pueden sobreinfectarse y causar abscesos o granulomas de cuerpo extraño. Aunque no faltan quienes atribuyen la escena a posibles hemorroides u otra patología anal del monarca. 

Ciertamente, es una escena curiosa y muy poco habitual en las representaciones medievales. Y mucho menos tratándose de la figura de un rey.  

Ah! y si alguna vez visitáis Poblet, cosa que os recomiendo encarecidamente, buscad el capitel. Aunque tal vez os costará un poco encontrarlo, porque generalmente, los guías no lo enseñan.  

martes, 19 de abril de 2016

San Jerónimo y las gafas, todavía.






 Colantonio

San Jerónimo en su estudio 
(1445-1450 circa)

Temple 
sobre madera

Museo di Capodimonte. Nápoles. 




Uno de los habituales lectores de nuestro blog (@ArtandMedicine) me envía por Twitter algunas aportaciones para ilustrar más el tema de las gafas de San Jerónimo. Desde aquí agradezco esta colaboración a la vez que quiero animar a los demás lectores que participen, enriqueciendo los temas de los que vamos hablando o proponiendo nuevos temas.  

Niccolò Antonio, más conocido como Colantonio era un pintor napolitano de mediados del s. XV que fue el maestro de Antonello de Messina. Siguiendo las directrices del rey de Aragón Alfonso V el Magnánimo, tomó muchas tècnicas flamencas para renovar la pintura italiana de su tiempo.  Una de sus principales obras es San Jerónimo en su estudio sacando una espina de la pata del león, que probablemente formaba parte de un políptico encargado por Alfonso V. Los componentes de este políptico muestran el virtuosismo derivado, no solo de la tradición flamenca-provenzal, sino también de un repertorio estilístico y formal derivado, a partes iguales, de influencias septentrionales y meridionales. En la mano de San Jerónimo podemos ver también las gafas que ya son un atributo del santo.  


Marinus van Reymerswaele. San Jerónimo. Universidad de Sevilla.




También hallamos las antiparras sobre la mesa de San Jerónimo en cuadros de la escuela flamenca del s. XVI , como en el de Marinus van Reymerswaele (1550), en el que el santo traductor se vuelca literalmente sobre una Biblia. Este cuadro está conservado en la Universidad de Sevilla.

Otro ejemplo lo hallamos en la interpretación de otro pintor flamenco, Joos van Cleve (1485-1540), San Jerónimo meditando,  y que forma parte de la colección del Museo del Prado de Madrid. También en este caso encontramos al santo vestido de cardenal en su escritorio, rodeado de libros y útiles de escritura y señalando a una calavera, mientras mira fijamente al espectador, para recordar lo efímero de la vida humana. Una idea reforzada por otros detalles, como un reloj de arena - símbolo del tiempo - y una frase latina grabada en un cuadro que explicita esta idea. Entre todos estos objetos, también encontramos sobre la mesa, las consabidos anteojos. 


El San Jerónimo del Museo del Prado (Óleo sobre tabla) ha sido atribuído a diversos autores

Finalmente otro cuadro similar del Museo del Prado, en el que también aparecen las lentes y su estuche sobre la mesa es de autoría discutida. Ha sido atribuído sucesivamente a Hans Holbein (1843), Marinus van Reymerswaele (1873) y más tarde a ser considerado obra de un discípulo suyo (1933). Actualmente, desde 1963 se acepta la opinión de Gert von der Osten que cree que es una obra de Jan Massys.

domingo, 17 de abril de 2016

Papiros contra las mordeduras de serpiente







Papiro del mito de Isis y Ra
(s. I d.C.)

Cyperus papyrus. Reino Nuevo. XIX-XX dinastía 


Museo Egipcio. Turín. 




Los papiros egipcios nos han proporcionado mucha información sobre todo tipo de detalles de la vida de los pobladores de aquellas tierras, sus prácticas y creencias. 

Ya hemos visto como diversos papiros se ocupaban también de cuestiones médicas. Algunos de ellos usaban fórmulas y tratamientos no del todo desencaminados. La observación repetida de enfermos y sus respuestas a las sustancias reputadas como terapéuticas originaba seguramente las pautas de tratamiento, que probablemente conseguían mejorías o hasta la curación total de procesos patológicos. 

Pero no debemos olvidar que difícilmente podemos comprender la cultura egipcia sin tener en cuenta que estamos ante un pueblo de pensamiento mágico. El pensamiento lógico apareció mucho más tarde, en la Grecia del s. V a.C. 

El pensamiento mágico o mítico en Egipto lo invade todo. Las estatuas, las pinturas y hasta los dibujos de los jeroglíficos adquieren vida propia, en un sistema de pensamiento donde los múltiples dioses o los espíritus de los muertos son necesarios para que el mundo siga manteniendo su equilibrio.  Pronunciar o leer el nombre de algún difunto podía servir para evocarlo (de ahí la damnatio memoria, el empeño en borrar los nombres de ciertos adversarios, aunque estuvieran muertos).


La terrible serpiente Apofis, personificación del mal
El pergamino que aportamos hoy relata el mito de Isis y Osiris. Sin embargo, hacia el final del documento se revela que si este pergamino se mantiene sumergido en vino o cerveza durante unos días, el líquido resultante podía ser útil para prevenir o curar las mordeduras de las serpientes, y también para curar los ojos o extraer espinas de pescado. Un curioso secreto, que sorprende a nuestra mentalidad lógica, tan distante de toda magia. 

Los egipcios temían a las serpientes y a sus funestas mordeduras. Las serpientes aparecen a veces como protectoras, como Uadyet, la cobra simbólica del Bajo Egipto que formaba parte del uraeus de los faraones. Pero también eran vistas como la personificación del mal, como la terrible serpiente Apofis, que habitaba en el Duat (el infierno egipcio) e intentaba alterar el recorrido de , el Sol, durante su cotidiano viaje subterráneo, para alterar así la Mâât, el equilibrio vital del universo

lunes, 2 de marzo de 2015

El niño de la espina







 Autor desconocido 

Espinario 
(s. I a.C) 

Escultura en bronce  73 cm 
Musei Capitolini, Roma



El espinario o niño de la espina es una escultura romana en bronce, datada en el s. I a.C., que probablemente reproduce una escultura anterior de la época helenística. Representa a un muchacho sentado sobre una roca mientras intenta sacarse una espina clavada en su pie izquierdo. Una de las características del arte helenístico es el abandono de la idealización del período clásico y representa al hombre en su vida cotidiana, anecdótica, no rehuyendo representar el sufrimiento, aspectos patológicos o incluso lo grotesco, la deformidad y la fealdad. 

Probablemente esta escultura está inspirada en dos obras previas, ya que la cabeza es más propia de una escultura erguida (los cabellos no caen sobre el cuello como sería lógico) y obedece a los cánones imperantes en el s. V a.C. En cambio, el cuerpo parece copiado de modelos de los s. III-II a.C. 

La estatua está documentada en Roma desde el s. XII y fue donada a la ciudad por el papa Sixto IV en 1491, permaneciendo en el palacio de Letrán. 

Este tema ha tenido una gran influencia en la historia del arte y ha sido motivo de múltiples reproducciones e inspiración de diversos artistas. Una copia romana en mármol puede admirarse en los Uffici de Florencia, otra en mármol en el museo del Louvre de París, y otra más en el museo Pushkin de Moscú. En el museo del Prado de Madrid existe una copia del s. XVII (Cesare Sebastian, 1650).

Brunelleschi se inspiró en el espinario para realizar el medallón del sacrificio de Isaac que presentó al concurso para la puerta del Baptisterio de Florencia (1401). Hay copias en algunos jardines (Aranjuez, Barcelona). También podemos encontrar este tema - más o menos modificado - en iglesias como la de Ansemil (Pontevedra) y en las catedrales de Burgos y León)


El espinario, en el medallón que presentó Brunelleschi
al concurso para la puerta del Baptisterio de Florencia.
Museo del Bargello. Florencia.

Fue probablemente en el Renacimiento, período en el que esta escultura tuvo una gran influencia, cuando se acuñó la leyenda de que representaba al joven Cneo Marcio, un pastorcillo romano encargado de hacer llegar un mensaje al Senado romano, para lo que tuvo que recorrer a pie una gran distancia. Solamente cuando hubo cumplido su misión, el chico se dedicó a sacarse la espina que en el camino se había clavado en el pie. Este comportamiento ejemplar (el deber por encima de las molestias personales) explica la popularidad de este tema. 


 












Dos versiones diferentes del tema del espinario: 
A la izquierda, la escultura de Londres (British Museum). A la derecha, la de París (Museo del Louvre)

Como sabemos, una espina clavada durante un cierto tiempo en la piel (y aún más en zonas de roce o presión) puede originar un granuloma de cuerpo extraño, por lo que su extracción es muy recomendable.