Mostrando entradas con la etiqueta Nevus de Miescher. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nevus de Miescher. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de abril de 2015

La duquesa fea

Quentin Massys: La duquesa fea.



 Quentin Massys 

La duquesa fea
(1513)

Óleo sobre madera de roble. 64.1 x 45.4 cm 
National Gallery. Londres. 




Mis amigos Adelina Yuste y Pere Urbano, seguidores habituales de este blog, me sugieren analizar la tabla flamenca La duquesa fea, de Quentin Massys y opinar sobre la patología que probablemente refleja. Una proposición muy interesante, y que agradezco mucho, ya que es una obra de gran interés. 

Quentin Massys (1466-1530) fue un pintor que aunó la tradición flamenca con las nuevas corrientes del Renacimiento Italiano. Realizó importantes obras de tema religioso (Cristo presentado al pueblo, La Virgen con el niño) y también profano (El cambista y su mujer) en las que destaca la minuciosidad de su pintura. 

La duquesa fea o Retrato de una vieja grotesca es una obra inquietante que desconcierta al espectador. El tono satírico y provocador de la obra, el estilo caricaturesco, no parecen en principio muy acordes con las corrientes artísticas del s. XVI en el que fue pintado, y tiene algo difícil de explicar que nos remite más bien al arte contemporáneo. Algunos autores creen que esta obra fue realizada para ilustrar el Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam, que era amigo de Massys. 

Massys deja en esta obra varias pistas para explicar el retrato. En el cuadro aparece una mujer vieja (también por este nombre es conocida la obra) ataviada con indumentaria totalmente pasada de moda en aquel momento (es un vestido y un tocado de cuernos propio de principios del s.XV) y con un escote que deja entrever un pecho arrugado y fláccido. Se trata de una mujer de edad, evidentemente.  Sostiene con sus manos deformadas un capullo de rosa roja entre sus dedos, un símbolo que era propio de las mujeres que buscaban pretendientes. 

Pero lo que más llama la atención del retrato es su cara, deformada por una frente muy prominente, y una nariz aplastada, algo simiesca. Massys combina estos elementos con una clara intención satírica, la de la mujer fea y vieja que  aún no se ha librado de la lascivia. 

Pero, ¿es todo sátira en la obra de Massys? ¿un mero símbolo? ¿o nos remite a un personaje real que se toma de ejemplo para hacer aún más cruenta la sátira? La aparición de un dibujo de Leonardo da Vinci representando al mismo personaje nos induce a creer que se trata de un personaje que realmente existió. Durante mucho tiempo se sostuvo la teoría de que Massys copió a Leonardo, pero todo parece indicar que fue al revés. No es del todo extraño, ya que Leonardo, estaba muy interesado en la representación de la fealdad en el arte.  


Leonardo da Vinci: Cabeza grotesca

Michael Baum, profesor emérito de Cirugía de la Universidad de Londres y su discípulo Christopher Cook, han estudiado a fondo este retrato. El personaje representado presenta una clara deformación de la zona frontal y arcos superciliares, que le produce una frente ancha, abombada y prominente. También presenta una mandíbula aumentada, un labio superior más ancho de lo normal y hundidos hacia el interior, lo que puede revelar una ausencia de dientes. La nariz está empujada hacia arriba. Además presenta claras deformidades en las manos, con las articulaciones engrosadas. La ancha clavícula de la mujer completa el cuadro clínico. Todos estos síntomas son compatibles con una osteítis deformante, también conocida como enfermedad de Paget. Esta posibilidad ya había sido apuntada en 1989 por Jan Dequeker, reumatólogo de la Universidad de Lovaina.

Esta enfermedad suele afectar más frecuentemente al fémur y a la pelvis, pero en este caso las alteraciones asentaron en la cara. El resultado fue un aspecto grotesco en una persona que en su juventud debió presentar un aspecto normal, probablemente bello. La enfermedad transformó su cuerpo y su aspecto, probable motivo de que fuera tomada como ejemplo de la fugacidad de la juventud y del amor carnal por Massys. 

Wenceslas Holl: Rey y reina de Túnez (sobre un dibujo de Leonardo da Vinci)

Como consecuencia de su mal, la infortunada duquesa también debió sufrir dolores de cabeza y alteraciones de la hipófisis, que explicarían la importante alopecia que está bien patente en el retrato, y algunos rasgos de androgenización

Además, y al margen de lo anterior, presenta un pequeño tumor cutáneo en la mejilla derecha, probablemente un nevus intradérmico o nevus de Miescher.  

La osteítis deformante fue descrita por el cirujano británico Sir James Paget en 1876 (en tiempos de la duquesa era una enfermedad todavía no bien conocida). Se trata de una enfermedad inflamatoria no metabólica del tejido óseo. Actualmente se interpreta como una neoplasia benigna del tejido óseo que conlleva un alto riesgo de aparición de un osteosarcoma agresivo. La principar característica de esta enfermedad es un aumento de resorción y de la formación de hueso. En su fase precoz, predomina la reabsorción, por lo que se pierde densidad ósea. Más tarde, se forma hueso nuevo, que produce las deformidades hipertróficas generalizadas que se observan clínicamente. La afectación craneofacial conlleva frecuentemente sordera (por compresión del VIII par craneal), cefaleas,  epífora (lagrimeo continuo), y dolores neurálgicos. 

John Tenniel, se inspiró en La duquesa fea de Massys para
imaginar la duquesa de Alicia en el País de las maravillas (1865)

Nos queda la difícil empresa de identificar al personaje.  Algunos la identifican con Margarete Maultasch, condesa del Tirol, famosa por su fealdad, aunque este personaje vivió algunas décadas antes, lo que hace improbable que hubiera sido retratada varias veces por diferentes artistas de la misma época. Lo que sí es cierto es que el personaje de La duquesa fea de Massys inspiró, años después a John Tenniel para ilustrar el personaje de la duquesa al ilustrar Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll (1865).

Al volver a observar este cuadro, nos volverá a asaltar la inquietud provocada por el contraste entre la belleza y la fealdad, la juventud y la vejez, la virtud y el vicio, la salud y la enfermedad. Los contrastes extremos, que fueron la probable intención satírica de su autor y que son, en definitiva, los polos opuestos entre los que fluctúa nuestra vida. 

sábado, 7 de febrero de 2015

Tamara de Lempicka. La madre superiora.




Tamara de Lempicka. La madre superiora (detalle)





Tamara de Lempicka 

La madre superiora 
(1939)

Óleo sobre lienzo 22 x 27 cm
Musée de Beaux Arts, Nantes. 






Tamara de Lempicka (Varsovia, 1898 - Cuernavaca, 1980) fue una emblemática pintora de art decó.  Influída por Botticelli, Bronzino, el manierismo y el cubismo pintó sobre todo retratos femeninos. Siguiendo la tendencia del art decó, sus mujeres son etéreas, con ropajes flotantes y largos dedos, pero que dan una impresión escultural por los marcados contrastes de luces y sombras, que realzan los volúmenes. Sus influencias clásicas contrastaban con trazos modernos que subrayaba con vestidos, complementos y peinados de última moda, reflejo de la alegre sociedad de los felices 20

De familia acaudalada y entroncada con la aristocracia, se instaló en París, donde tomó clases de pintura con André Lhote. A partir de 1925 comienza a exponer su pintura, acreditándose como una de las pintoras más emblemáticas del art decó. En 1933 realiza una estancia temporal en Chicago donde trabaja con Willem de Kooning y Georgia O'Keefe.

En su cuadro La madre superiora (1939), representa el rostro de una monja, alejándose de las representaciones femeninas que generalmente la caracterizan, más voluptuosas y eróticas. La tristeza y preocupación que expresa esta pintura no es ajena a alas circunstancias socio-políticas del momento. Hitler acababa de subir al poder, y en España, la sangrienta guerra civil se saldaba con la consolidación del fascismo franquista. La Italia de Mussolini codiciaba de manera inquietante las colonias francesas norteafricanas.

En una preocupada y convulsa Francia estaba de moda en aquellos años una canción satírica titulada "Tout va très bien, Madame la Marquise", en la que una angustiada marquesa llama a sus sirvientes después de sus vacaciones. Ellos le informan de que todo va bien, excepto pequeños detalles: el caballo preferido de la marquesa ha muerto, los establos y el castillo han sido destruídos por un incendio, su marido, el Sr. Marqués se ha arruinado y finalmente se había suicidado. Este era el ambiente de una insensata Francia en el momento que Tamara de Lempicka pintaba este cuadro. 

En la cara afligida de la religiosa de Lempicka podemos ver en el labio inferior, cerca ya de la comisura, la presencia de un nevus intradérmico.   


miércoles, 28 de enero de 2015

Ron Mueck: Big Man.





  Ron Mueck 

Big Man 
(2000)

Escultura en poliéster, resinas y silicona
203 x 120 x 204 cm. 
Hirshorn Museum. Washington DC 





Ron Mueck (Melbourne, 1958) es un escultor hiperrealista australiano. Practica un hiperrealismo extremo en el que reproduce perfectamente la realidad. Sus esculturas impresionan por su total parecido con las personas representadas y están dotadas de gran expresividad en gestos y miradas. Sus personajes permanecen siempre serios, como asustados de los trágicos hechos de su existencia, lo que contribuye todavía más a conferirles una naturaleza totalmente humana. Sin embargo, Mueck deja siempre claro que son creaciones escultóricas y para ello juega con el tamaño (frecuentemente son figuras gigantescas, aunque a veces también pueden estar reducidas) o dejando la parte posterior hueca. 
Dead dad (1997)





En 1997 debutó con una representación del cadáver desnudo de su padre, Dead Dad (Papá muerto), reflejando a la perfección la palidez cadavérica y el eritema palpebral. La obra causó un gran impacto. Otra de sus obras más conocidas es Boy (1999) realizada para la cúpula del London Millenium y expuesta después en el Arsenal de la Bienal de Venecia de 2001 y en el Gran Palais de París en 2005. Su consagración definitiva le llegó en 2003 cuando expuso en solitario en la National Gallery de Londres.  Sus obras son son blandas, o lo parecen, porque simulan la textura precisa de la carne. No trabaja la piedra o el bronce, sino el poliéster, la silicona y las resinas. Ron Mueck ha renovado la escultura contemporánea con sus piezas, liliputienses o colosales, que crean una tensión entre nuestro universo real y un mundo fantasmagórico. 


Big Man, completa, con un espectador que permite apreciar sus dimensiones. 



En la obra Big Man, de grandes dimensiones, se representa a un hombre de mediana edad, obeso y desnudo, que está sentado en el suelo mirando malhumorado al espectador que se acerca. Su piel está representada con todo detalle, apreciándose las arrugas e irregularidades cutáneas. El personaje presenta una alopecia universal, con madarosis. En su cráneo se representan múltiples queratosis actínicas. En la mejilla se observa un lentigo senil y en la frente un pequeño nevus intradérmico.  

Proceso de creación de Big Man


Ron Mueck. Art exhibition: