sábado, 16 de enero de 2021

El blog cumple seis años

 


El blog cumple 6 años! 

Hace ya 6 años que el blog “Un dermatòlogo en el museo” inició su andadura. Era el 15 de enero de 2015. 

Durante este tiempo, sin interrupción, se han publicado más de 1.600 entradas. Tomando siempre como punto de partida inicial una pieza de museo, los artículos han tratado de arte, de historia, de biografías o de recientes aportaciones científicas desde la visión de un médico, de un dermatólogo. Por eso se relacionan siempre de algún modo u otro, con la medicina, la higiene o la cosmética. 

La intención del blog ha sido siempre la de tender puentes entre las diversas áreas del conocimiento, con la convicción de que el saber humano es único, y que la clásica distinción entre ciencias y letras, entre medicina y humanidades debe ser en cierto modo superada. Hemos querido buscar la medicina en la cultura y la cultura en la medicina. 

Durante todo este tiempo el blog ha llegado a lectores de todo el mundo. En el momento actual se han alcanzando ya más de 1.430.000 lecturas. Además, el blog ha mantenido su presencia en redes sociales (twitter, facebook); ha sido citado en bibliografías de artículos científicos, conferencias, tesis doctorales así como en novelas y otras obras literarias; ha dado lugar a diversas entrevistas en prensa escrita, radio y TV; ha originado programas de radio y TV en diversos países de Europa y América; ha participado en congresos y encuentros médicos, como en los recientes Symposium de la Universidad de Tucumán o en el Congreso Argentino de Urología de 2020 y en los últimos meses ha dado lugar a una versión radiofónica de periodicidad semanal en el programa “La primera pedra” de RAC1 de la mano de Emma Aixalà. 

Gracias a todos por leer el blog. Gracias también a los que oís su versión radiofónica. Gracias a los que lo seguís con asiduidad y a los que entráis ocasionalmente. Gracias a los que contribuís a su divulgación en las redes sociales. Gracias a los que me hacéis llegar comentarios, sugerencias, puntualizaciones o discrepancias de opinión. Porque este es el objetivo del blog: establecer un diálogo con todos vosotros. Un diálogo sobre arte, historia y medicina. 

Seguimos! 




jueves, 14 de enero de 2021

El brazo amputado de Valle-Inclán

 






Ignacio Zuloaga  

Retrato de Valle-Inclán 
(1931)

Óleo sobre lienzo. 149 x 109 cm
Colección particular 





Ramón María Valle Peña (1866 - 1936), más conocido como Ramón María del Valle-Inclán, fue un dramaturgo, poeta y novelista español, encuadrado en la corriente literaria modernista. Es uno de los autores clave de la literatura española del siglo xx. El propio escritor cultivaba sobre sí mismo una leyenda llena de imaginación, definiéndose como un personaje altivo, bohemio e irónico, de «rostro español y quevedesco, de negra guedeja y luenga barba» (Alma Española, 1903).

En este retrato de Zuloaga, Valle-Inclán aparece con su larga y característica barba blanca, sentado en un sillón con los brazos cruzados. Podemos ver como la manga del brazo izquierdo está vacía, ya que al célebre literato le faltaba era manco. 

A Valle Inclán le amputaron la mano en 1899. La historia de este accidente es legendaria y digna de una novela. El escritor solía frecuentar la tertulia del Café Nuevo de la Montaña, un establecimiento de la calle Alcalá de Madrid, colindante con la Puerta del Sol. Allí se reunían entre otros Francisco Sancha, el editor Ruiz Castillo, Jacinto Benavente, Gregorio Martínez Sierra, Pío Baroja, y un joven periodista y escritor llamado Manuel Bueno Bengoechea. La tarde del 24 de julio de aquel año, los contertulios sostuvieron una acalorada discusión sobre la legalidad de un duelo que tenía que tener lugar entre un joven aristócrata andaluz, López del Castillo, y el caricaturista portugués Leal da Cámara, que noches atrás habían tenido sus diferencias en el Paseo de la Castellana sobre el valor personal de lusos e hispanos. 

Valle-Inclán se excita y alza la voz sobre las de los demás. Manuel Bueno le replica: 
"- ¡Señores, todo lo que ustedes están diciendo carece de validez! ¡Leal da Cámara es menor de edad y no podrá batirse!"
Valle-Inclán, dolido, le increpa: 
"- No sea usted majadero, que usted no sabe una palabra de eso.-" 
La discusión se enzarza. En un momento determinado Manuel Bueno se levanta, da un paso atrás, y amenaza con su bastón. Valle Inclán, rompe una botella y la empuña para atacarle. 

Bueno entonces descarga con fuerza un bastonazo en la muñeca del escritor, que intentaba protegerse. El bastón, de barra de hierro con cantos cortantes (tal vez un bastón de estoque), le provoca una herida de cierta profundidad. Corrió la leyenda de que el bastonazo hizo que se le incrustara el gemelo con el que sujetaba la camisa, aunque este detalle parece ser añadido. 

Lo cierto es que probablemente se le astillara cúbito y radio, en una fractura conminuta. Pío Baroja lo acompañó a una farmacia de la calle Caballero de Gracia, pero la cura fue manifiestamente insuficiente. Al dia siguiente, la herida estaba infectada y poco después se gangrenó.  La solución en aquel momento fue la de amputar el brazo, lo que realizó el médico y cirujano Manuel Barragán y Bonet el 12 de agosto.  



Juan de Echevarría: Ramón del Valle-Inclán (1922).
Museo Reina Sofía. Madrid


Se forjó toda una leyenda sobre la amputación. Corrió el rumor que Valle-Inclán se negó a que le suministrasen cloroformo porque quería conservar la conciencia en todo momento. 
“ No proferí un grito, ni el más leve quejido (...) Recuerdo que, para ver yo bien la amputación, hubo necesidad de pelarme el lado izquierdo de la barba” 
Lo que sí es cierto es que transcurrido un tiempo después de la operación, Valle volvió al Café de la Montaña y se mostró conciliador con su agresor:  
“- Mira, Bueno, lo pasado, pasado está. Aún me queda la mano derecha para estrechar la tuya. Y no te preocupes, que aún me queda el otro brazo, que es el de escribir"



El café de la Montaña, el año de su inauguración (1896) 

 

El literato gallego recibió el apoyo de sus colegas, que organizaron un festival para conseguir fondos para comprarle un brazo ortopédico, que usó durante un tiempo. Lo llevaba enguantado y lo levantaba en las discusiones con el puño cerrado, ayudándose con la mano buena. Después decidió dejar la manga vacía, como se ve en el cuadro que encabeza esta entrada. Solía fantasear con el brazo perdido, que incorporó a su leyenda. Desde compararse con Cervantes, el manco de Lepanto, a decir que le había comido el brazo un saurio, pasando por sostener que un día, mesándose la poblada barba, lo había perdido entre sus greñas y que todavía tenía la esperanza de encontrarlo un día. 

De todos modos, no fue éste el último altercado de Valle-Inclán en una cafetería. Poco después discutió con Alberti y se agredieron con una botella y con un vaso, que produjeron heridas sangrantes. Genio y figura... 

 


El Café de la Montaña, convertido en cervecería, al lado del Grand Hotel de París