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viernes, 20 de abril de 2018

Lunares artificiales para detectar el cáncer







Miguel Jacinto Meléndez

Retrato de Isabel de Farnesio 
(1718)

Óleo sobre lienzo. 

Museo del Prado. Madrid. 




Los lunares artificiales, también llamados mouches (moscas en francés) tuvieron una gran popularidad en el s. XVIII. Eran usados en general como una moda coqueta, y fueron muy habituales entre aristócratas y gente de la alta sociedad. Los podemos ver en muchos retratos de reinas y familiares de reyes, como podemos ver en esta obra de Meléndez, en la que aparece la reina Isabel de Franesio, la segunda esposa de Felipe V. 

Incluso se llegó a elaborar un lenguaje secreto, según la localización de las mouches. Dependiendo del lugar donde se colocaban o de la forma del lunar, podía significar una u otra cosa. Algo semejante al lenguaje simbólico de las flores, o al de los abanicos. Eran tiempos en los que un lunar era considerado tan bello y coqueto que justificó el sobrenombre de "grain de beauté" (literalmente, en francés, "grano de belleza"). En épocas más recientes, el lunar de Marilyn Monroe (aunque no era artificial, aunque sí maquillado para resaltar su presencia) fue todo un símbolo de su sex-appeal. 

Algunas veces, las mouches se usaban para depositar medicamentos o preparados con finalidad terapéutica. En estos casos podían alcanzar un tamaño mayor, como puede ser el caso de la infanta María Josefa de Borbón, que aparece así en algunas pinturas de Goya. 

Hoy quedan ya lejos estas prácticas de antaño. Pero recientemente, se ha encontrado un nuevo uso para los modernos lunares artificiales: la detección precoz del cáncer. Un grupo de investigadores suizos de la  Escuela Politécnica Federal de Zúrich dirigidos por Martin Fussenegger ha diseñado un implante de células vivas que se oscurecen cuando detectan exceso de calcio. Como que la tasa aumentada de calcio es un marcador frecuente de cáncer, este nueva aplicación de la biotecnología abre muchas perspectivas. Lo han experimentado ya en tejidos de ratón y de cerdo y los resultados se han enviado a la revista Science Translational Medicine.

Según la publicación Swiss Medical Forum, el diario de formación profesional médica Suiza, la hipercalcemia relacionada directamente con la actividad tumoral (hipercalcemia maligna), es la complicación metabólica más común en los cánceres, con 10 a 30% de los pacientes afectados. En la mayoría de los casos (80%) la hipercalcemia maligna, es la consecuencia de la producción, por parte las células tumorales, de una proteína llamada PTHrp que imita casi todos los efectos biológicos de una proteína de nuestro organismo llamada PTH (hormona paratiroidea). Los efectos de la PTH incluyen la activación de los osteoclastos, las células dedicadas a la destrucción natural de los huesos, así como una mayor absorción de calcio por los intestinos y la retención de los riñones. Se libera así una cantidad significativa de calcio en la sangre. Este exceso de calcio generalmente se detecta tarde, en el momento de la aparición de los primeros síntomas, que no son muy específicos y, por lo tanto, difíciles de identificar: náuseas, vómitos, o sed. Aunque la hipercalcemia maligna puede ocurrir potencialmente en todos los tipos de cáncer, es más evidente en los tumores de pulmón y de mama. 

Los investigadores han diseñado un dispositivo vivo para implantar debajo de la piel que puede detectar tasas de hipercalcemia de 5,6 mg / dL (las tasas de hipercalcemia en el momento de la aparición de los primeros síntomas de cáncer es de más de 10 mg / dL ). Se compone de células modificadas para contener una "red genética", es decir, un montaje de genes que reaccionan específicamente a la llegada de tasas elevadas de calcio desencadenando una reacción en cadena, que incrementa la producción de melanina, la molécula a la que la piel debe su color más o menos oscuro. 

Las células modificadas, encapsuladas con un polímero específico, se implantan debajo de la piel y, tan pronto como detectan una cantidad suficiente y prolongada de calcio en la sangre del paciente, producen melanina. El resultado es que se oscurecen lo suficiente como para hacerse visibles a simple vista, como un lunar o como un  tatuaje biomédico. El paciente puede detectar así a simple vista la pigmentación que le alerta de la hipercalcemia, y acudir a su médico antes de la aparición de cualquier síntoma, lo que permite un diagnóstico precoz del cáncer. La detección precoz del cáncer permite un mejor pronóstico de la enfermedad. Los cánceres de mama que se detectan precozmente tienen una posibilidad de recuperación del 98%, mientras que si el diagnóstico es tardío, solamente una de cada cuatro mujeres logran superar la enfermedad. 


El nevus artificial detector de cáncer se ha experimentado en ratones por el momento. 

Para evitar crisis de ansiedad en los pacientes hipocondríacos, los investigadores también han diseñado una variante del implante que crea una pigmentación que solo es visible bajo luz infrarroja. Así se evita la desazón de mirar continuamente el implante o la reacción emocional que supondría la aparición visible del lunar. En lugar de eso, sería el médico quien revisara regularmente el implante con luz infrarroja para ver si ha aparecido la marca de alerta.

Eso sí, este lunar artificial es efímero. Caduca al cabo de un año y hay que reimplantarlo nuevamente. Tardará todavía bastantes años en ser experimentado totalmente, pero si este sistema funciona bien, podría ser usado para la detección precoz de otras enfermedades. 


Una aplicación realmente interesante y muy diferente del uso estético o picaresco de los lunares artificiales barrocos, en el s. XVIII. 







lunes, 31 de octubre de 2016

William Hogarth: La mañana.



  William Hoghart 

La mañana
(de la serie "Matrimonio a la moda")

Óleo sobre tela 
National Gallery. Londres.




William Hogarth (1697 - 1764) fue un pintor y grabador inglés que vivió en Londres. Se apartó del neoclasicismo imperante en la época, desarrollando una pintura realista que refleja la sociedad de su tiempo con un típico humor británico. El pintor, lector de Jonathan Swift, se sirve de la ironía con finalidad moralista, censurando a veces algunos personajes y aspectos cotidianos de la sociedad burguesa de su tiempo (la campesina ingenua y perdida; el libertino que acaba sus días en un manicomio, olvidado por todos...). Algunos críticos consideran la pintura satírica de Hoghart como el punto de partida de las historietas cómicas occidentales. 


En la serie titulada 'Matrimonio a la moda', que se conserva en la National Gallery de Londres, el pintor describe en 6 cuadros sucesivos (como en una historieta moderna) el destino de un matrimonio convenido entre el hijo de un noble decadente y la hija de un mercader. El matrimonio, contraído por puro interés, pronto asistirá al adulterio de la joven y a los devaneos amorosos del marido con otras mujeres. La tragedia llega cuando el marido descubre la traición de su mujer y su amante lo asesina. El último cuadro representa a la mujer, que se envenena cuando conoce la noticia de la condena a muerte de su amante. 


Detalle de la obra. Véase el posible nevus en el cuello del marido
En el cuadro que aportamos aquí (La mañana) hay ya señales de que el matrimonio ha comenzado a descomponerse. Marido y mujer parecen mutuamente desinteresados. Un perrito encuentra un sombrero de señora en el bolsillo del abrigo del marido, probable indicio de una aventura adúltera. Una espada rota a los pies indica que se han peleado. La mujer, con las piernas displicentemente abiertas, es también un símbolo de que también ella ha sido infiel. El desorden de la casa y el criado con un montón de facturas muestra que el abandono de los asuntos domésticos.

En estos cuadros es posible distinguir en la cara lateral del cuello del marido un nevus de gran tamaño, probablemente un nevus melanocítico congénito. Una lesión similar se puede ver en la cara de la hija de la pareja.


Cabe la posibilidad de que estos lunares fuesen en realidad "mouches" o lunares postizos, de uso bastante frecuente entre las clases acomodadas de la época. Aunque la constancia de su localización nos hace plantear por lo menos la duda diagnóstica. 




martes, 13 de octubre de 2015

El lunar postizo de la Infanta Maria José

Francisco de Goya (1746-1828). María Josefa de Borbón y Sajonia, infanta de España (1800)
Óleo sobre lienzo. 72 x 59 cm. Museo del Prado. Madrid



Francisco de Goya

María Josefa de Borbón y Sajonia, infanta de España 
(1800) 


Óleo sobre lienzo. 72 x 59 cm
Museo del Prado, Madrid. 




En 1800 Goya pintó este cuadro, probablemente como un boceto preliminar de su obra posterior La familia de Carlos IV. Se conocen unos 10 estudios previos al natural de los diversos personajes, que Goya pintó en Aranjuez. Seguramente la intención del pintor era evitar largas y tediosas poses de todo el grupo al completo, por una parte, y por otra, tener la suficiente libertad para ejercer la sutil y velada crítica que podemos ver en tan emblemática y conocida pintura. En La familia de Carlos IV, aparece a la izquierda, la infanta Maria Josefa de Borbón, en un segundo plano, con la mirada penetrante e inquisidora, una expresión muy parecida a este retrato individual. Goya trató con mucha intensidad y cuidado sus expresiones faciales.  

María Josefa de Borbón (1744-1801) era hija de Carlos III y María Amalia de Sajonia. Nació en Gaeta, cuando su padre era todavía rey de Nápoles. Nunca se casó, aunque se le había propuesto casarse con su tío el infante D. Luis. 

En el cuadro, la infanta aparece con la banda de las Damas Nobles de la Reina María Luisa, con grandes pendientes de brillantes. Sobre el pecho, unas pinceladas negras e informes hacen alusión al lazo negro de la Cruz Estrellada o Orden de las Damas Nobles del Imperio Austríaco. También luce un tocado con una pluma de ave del Paraíso en la cabeza, reveladora de la influencia de la moda francesa en la corte española. 

A nivel de la sien derecha observamos lo que parece una gran tumoración cutánea, totalmente negra. Se ha interpretado como una queratosis seborreica o un nevus de gran tamaño. Algunos autores incluso lo han llegado a considerar como un melanoma maligno, señalando además que la infanta murió un año después de pintado el cuadro. Sin embargo, en nuestra opinión, el tamaño de la mancha negra y sus bordes regulares hacen pensar en un artefacto, un parche negro que se usaba como lunar postizo y que fue muy usado en el s. XVIII. En el momento que se pintó el cuadro este aditamento estaba ya algo pasado de moda, aunque seguía usándose con fines medicinales, ya que se aplicaban sustancias para aliviar, por ejemplo, ciertos tipos de cefaleas o neuralgias, o incluso eran recomendados en la falsa creencia que podían aliviar ciertas enfermedades infecciosas, como la sifilis. 


Bibliografía:

MENA MARQUÉS, Manuela, «La infanta María Josefa de Borbón (1800)», El retrato español en el Prado: del Greco a Goya, Madrid, Tf, 2006, pág. 184. ISBN 84-8480-088-1.


La familia de Carlos IV, de Goya:





Goya: The family of Charles IV: 




lunes, 2 de febrero de 2015

Las "mouches" o falsos lunares





  François Boucher 

Dame à sa toilette 

Óleo sobre tela 86,3 x 76,2 cm 



François Boucher (París 1703 - 1770)  fue un pintor francés, que gustó del estilo galante, propio de la época rococó. Fue famoso por sus pinturas idílicas y voluptuosas de temas mitológicos, alegorías sobre pastores y por varios retratos de Madame de Pompadour. Influído por Rubens y Watteau, nos ha dejado algunos cuadros que reflejan la vida cotidiana en la Francia del s.XVIII.

Una de las costumbres cosméticas que imperaban en aquel momento entre las damas elegantes era pegarse en la piel pequeños trozos de tafetán o terciopelo negro para dar la sensación de falsos nevus, que eran muy apreciados (aún hoy en francés se les denomina grains de beauté, granos de belleza).

Estos falsos nevus eran conocidos con el nombre de mouches (moscas) y además de llamar la atención, realzaban más el color pálido de la tez y los maquillajes blanqueadores al uso en aquel momento. Recordemos que al final del Ancien Régime las mujeres usaban y abusaban de los maquillajes, frecuentemente tóxicos (sublimado, blanco de plomo, albayalde, etc....). También se usaban pelucas blancas empolvadas con polvos de Chipre perfumados. En tal contexto, el carmín de labios o las mouches destacaban poderosamente.  


Además, las mouches podían transmitir un mensaje visual. Dependiendo del lugar donde estuvieran colocadas daban información sobre el temperamento o el estado de ánimo de la dama que los lucía y también se designaban con nombres concretos.

Así, cada localización tenía su denominación. La del  medio de la frente, era la majestuosa; cerca del ojo, la apasionada; en la mejilla, la galante; cerca de la comisura, la discreta; si disimulaba un grano, la ladrona; en el escote, la generosa...

Al parecer el uso de mouches era en su origen para disimular las lesiones o cicatrices de la viruela. La introducción de la vacuna por parte de Jenner hizo innecesaria esta función, pero entonces se usó con exclusiva finalidad estética.

Las mouches eran guardadas en cajas de nácar u otros ricos materiales y formaban parte de los afeites cosméticos que las preciosas guardaban más celosamente. Aparte de la tradicional forma redonda u ovalada, podían tener forma de corazón, de media luna, de cometa, de estrella...

Su uso fue muy extendido e inmoderado y era frecuente colocarse varios, siendo frecuente llevar más de una doc
ena. Pero no era un aditamento exclusivamente femenino: los caballeros también solían usarlos, si bien con más moderación. Era un elemento imprescindible para el coqueteo o la seducción. Esta moda comenzó bajo el reinado de Luis XIII (1610 - 1643) y llegó hasta la Revolución. También se extendió a otros países, como a Italia y a España.


En el cuadro de Boucher podemos ver a una dama que tras la aplicación de maquillaje acaba de colocarse una mouche cerca del ojo (signo  de pasión), y en un dedo tiene otra de las mouches a punto de colocarse. Con la otra mano sostiene  la caja donde las solía guardar, en la que podemos ver un medallón con un retrato (probablemente su amante).


Gilles Petit: La mañana o Dame à sa toilette. Grabado.

Inspirado en Boucher, el grabador Gilles Petit (1694 - 1760) realizó algunos grabados sobre este tema (aquí aportamos un detalle, en blanco y negro) de uno de ellos: La mañana o Dame à sa toilette (31,5 x 21,6 cm)