viernes, 7 de diciembre de 2018

Dedos como baquetas





Josep Tramulles 

Martiri de Sant Sebastià
(1652-1654)

Museu d'Art de Girona




Recientemente el Museu d'Art de Girona ha restaurado el retaule de Sant Sebastià, gracias a la financiación de la Diputació de Girona y a la eficaz labor de las restauradoras Laia Roca y Esther Horno. Se trata de un notable retablo barroco procedente del hospital de Sta. Caterina de esta ciudad, que se hallaba oscurecido por la pátina del tiempo y por la suciedad acumulada. Los colores, que hasta hace poco aparecían lúgubres y apagados, lucen ahora espléndidos, con una nueva luz, que confiere a las figuras una nueva expresividad y dinamismo. 

El retablo es obra de Josep Tramulles, uno de los más destacados escultores barrocos catalanes, que realizó también los retablos de Santas Creus, Sant Cebrià de Tiana, Valls i Sta. Maria de la Geltrú. 


Vista de la totalidad del Retaule de Sant Sebastià. Museu d'Art de Girona. 

El retablo de Sant Sebastià fue encargado por las autoridades de Girona, como ofrenda en acción de gracias tras superar la peste de 1650, una mortífera epidemia que según el historiador Josep Clarà, de la Universidad de Girona, causó más de 1000 muertos en la ciudad (en aquel momento la población de Girona era de unos 6000 habitantes). Aunque la ciudad había ya establecido medidas preventivas para evitarla en 1648, finalmente se produjo el contagio de un enfermero del hospital que había comprado ropa infectada a un soldado de Tortosa. A consecuencia de la epidemia, la ciudad permaneció aislada para evitar la propagación del mal hasta el 20 de febrero de 1651, fecha en la que se restableció la libre circulación de personas y mercancías. San Sebastián es uno de los santos que se consideran protectores de las epidemias de peste, y de ahí la ofrenda del retablo. 

Contemplando el retablo, que ahora luce en todo su esplendor, me fijé en las manos de San Sebastián. Son unas manos grandes, desproporcionadas, mayores de lo que cabría esperar. Los dedos están algo más engrosados en las puntas, como las baquetas de un instrumento de percusión y las uñas aparecen algo abombadas. Naturalmente estas son licencias artísticas propias del barroco, pero no pude dejar de evocar lo que los médicos llamamos "dedos hipocráticos", tal vez por una cierta deformación profesional. Perdonadme esta inevitable tendencia. 

Los dedos hipocráticos, también llamados dedos en palillo de tambor o acropaquia, aparecen cuando aumenta la cantidad de tejido blando en el lecho de la uña. En estos casos, las uñas aumentan su convexidad y toman un aspecto abombado, como una cuchara del revés o "en vidrio de reloj". La causa de este aumento no se conoce bien, pero podría estar relacionado con la concentración de las proteínas que estimulan el crecimiento de los vasos sanguíneos o con una disminución local del oxígeno. Se le da el nombre de dedos hipocráticos porque ya figuran en las descripciones clínicas de Hipócrates (s. V a.C.)

Los dedos en palillo de tambor suelen presentarse en algunas enfermedades pulmonares (cáncer de pulmón, fibrosis pulmonar, bronquiectasias, tuberculosis...) y también en algunos trastornos cardíacos congénitos u otras enfermedades (cirrosis, hipertiroidismo de Graves-Basedow...)  De todos modos hay casos en los que tiene un mero carácter hereditario, sin que implique trastorno alguno. En la actualidad se ven muchas veces en grandes fumadores. 

Como digo, lo más probable es que en el retablo esto no manifieste más que una licencia del estilo barroco, tan dado a la grandilocuencia y a la hipertrofia. O quizás, que el modelo de Tremulles adolecía de alguna patología pulmonar, como tuberculosis, tan frecuente en la época. Lo que es seguro es que, desde luego, San Sebastián no era fumador...


jueves, 6 de diciembre de 2018

Melampo y las hijas de Preto (II): Vitíligo, alopecia y neurodermitis.








Melampo y Preto en el templo de Artemis 
(s. I d.C)

Camafeo engastado en un anillo de oro 

Médailles et Antiques de la Bibliothèque Nationale de Francia



En una entrada anterior comentamos el mito de Melampo y de las hijas de Preto, y como las tres chicas fueron castigadas por su presunción y altivez con un transtorno mental por el que se creían vacas y con diversas enfermedades de la piel. En este camafeo  romano aparecen las tres muchachas afectas de trastornos mentales y cutáneos. Tras ellas, Melampo, con barba y de pie, lleva una rama de laurel y un lechón, que piensa ofrecer a los dioses en sacrificio para propiciar la curación. En el extremo derecho aparece una ninfa de las aguas, indicio de que probablemente se recurrió a algún tipo de hidroterapia en el proceso curativo. 


Melampo y las hijas de Preto. Grabado del s. XIX extraído de una cerámica griega. Las tres chicas rodean el altar de la diosa, mientras que el afligido padre aparece sentado y preocupado en el ángulo izquierdo superior. Melampo (con barba( se dirige a curarlas de sus males. Médailles et Antiques de la Bibliothèque Nationale de Francia

Por los síntomas descritos en los textos podemos identificar las enfermedades cutáneas con la alopecia areata, el vitíligo y ciertas ulceraciones acompañadas de prurito. De hecho las manchas de vitíligo pueden recordar la piel manchada de las vacas. Además es cierto que tanto la alopecia como el vitíligo se asocian frecuentemente con transtornos psicológicos, que pueden desencadenar estas dermatosis.  Y las ulceraciones pruriginosas podrían corresponder a neurodermitis provocadas también por causas psicógenas.  


Helleborus niger (1613) Grabado del libro Hortus aeyenstettensis



El eléboro (Helleborus niger) era una planta muy usada en la Antigüedad para tratar trastornos mentales. Los glucósidos del eléboro se utilizan actualmente para tratar afecciones del sistema nervioso central, como catárticos y diuréticos, y como antitumorales. Deben ser estrictamente controlados  médicamente, ya que contiene también glicósidos venenosos, como la helleborina, que actuan sobre el ritmo cardíaco y que pueden ser tóxicos mortales a determinadas dosis. 







miércoles, 5 de diciembre de 2018

Melampo y las hijas de Preto (I): el mito





Glyn Warren Philpot 

Melampo y el centauro 
(1919)

Óleo sobre lienzo. 121,9 x 204,3 cm
Glasgows Museums  



Según la mitología, Melampo era un adivino y curandero griego. Hesíodo le dedicó un poema, la Melampodia, desaparecido en la actualidad. Su nombre (en griego Μέλαμπους, «el de los pies negros») derivaba de un accidente dermatológico que sufrió cuando era niño: se quedó dormido a la intemperie y el sol le quemó los pies que quedaron con una coloración muy oscura. ¡Con razón se los dermatólogos advertimos tantas veces de los peligros del sol! 

A Melampo se le atribuían muchos hechos legendarios, como que tenía la virtud de comprender la lengua de los pájaros y de los otros animales. 


En Argos reinaba el rey Preto, que tenía tres hijas tan hermosas, que todos los helenos las pedían por mujeres. Pero eran muy orgullosas, jactanciosas y poco piadosas. Un día las tres hermanas entraron en el templo de Hera, y se burlaron de la austeridad del recinto, que no disponía de la rica ornamentación a la que ellas estaban acostumbradas en el fastuoso palacio de su padre. La diosa, ofendida por el escarnio, castigó a las impías doncellas con enfermedades de la piel y una locura por la que se creían vacas, y las muchachas echaron a correr mugiendo por el campo. Además les entró un gran furor sexual e iban acosando a pastores y campesinos. 
Preto, el padre de las chicas, estaba muy apenado. Conociendo la fama del vidente y curandero Melampo, lo hizo llamar y le suplicó que curase a sus desgraciadas hijas. Melampo le pidió que si lo hacía, como pago quería un tercio de su reino.  
Al codicioso Rey le pareció aquello demasiado y no aceptó el trato. Pero los síntomas de las muchachas eran cada vez más graves. Su locura se contagió a las demás mujeres que abandonaron sus casas y, tras matar a sus propios hijos, se lanzaron a una vida errante, profiriendo grandes mugidos como las tres hermanas.


Jarra de cerámica ática representando a Melampo
con las tres prótides. Museo Nazionale di Archeologia.
Nápoles
Cuando el mal había llegado a las máximas proporciones. Preto, acosado por el miedo, volvió a llamar a Melampo y le pidió ayuda, prometiéndole ahora el tercio de su reino. Pero el adivino se negó a auxiliarle a menos que Preto asegurase a su hermano Biante otro tercio de sus dominios. Por muy gravosa que pareciese al rey la condición, acabó cediendo, temeroso de que si seguía vacilando, Melampo le exigiese al fin todo el reino. Enton­ces Melampo realizó sacrificios para calmar la furia de Hera y reuniendo a un grupo de jóvenes vigorosos y decididos, los llevó consigo a la sierra a capturar a las desdichadas jóvenes. Durante la persecución murió la mayor de las hijas de Preto, pero las otras dos se curaron comple­tamente de su demencia, gracias a que Melampo les administró un compuesto de eléboro, una planta con actividad terapéutica. 

Pero de eso trataremos en la próxima entrada


martes, 4 de diciembre de 2018

Premio a la Excelencia profesional del Colegio de Médicos de Barcelona




El Colegio de Médicos de Barcelona me ha otorgado uno de los Premios a la Excelencia Profesional 2018. Se trata de uno de las máximas distinciones de esta corporación que me enorgullece y que quiero compartir con todos los lectores del blog "Un dermatólogo en el Museo".  

Los Premios a la Excelencia se otorgan en diversas categorías: hospitales, atención primaria, especialidades, docencia, investigación, cooperación internacional, humanidades, gestión... Sin olvidar diversos equipos que han sido premiados como colectivo. La Medicina de hoy es muy diversa y se reparte en diferentes especialidades y niveles de atención. Como un arco iris, compuesto por varios colores, cada uno con su tonalidad propia, pero que por sí solos no forman el arco. Se necesita la conjunción de todos para formar este maravilloso meteoro. Lo mismo sucede con las diversas especialidades médicas y las formas de atención sanitaria. 

Uno de los momentos de mi alocución,
frente un atento auditorio

Los Premios se otorgan a petición de siete jurados independientes de médicos de prestigio que deciden libremente las personas que les parecen más representativas de la profesión. Es un verdadero honor haber sido seleccionado de una forma tan imparcial. Aunque aquí hay que decir que, a pesar de todo, "no están todos los que son". Hay muchos médicos anónimos que con su silenciosa y abnegada tarea también merecerían ser premiados. 

No sería solidario además olvidar, en este momento de júbilo, olvidar a todos los que sufren la injusta situación que desgraciadamente vive la Asistencia Primaria y la Sanidad concertada y que ha desembocado recientemente en graves conflictos laborales, todavía en vías de solución. Esperamos que se encuentren pronto soluciones que sean justas y perdurables. Los médicos no somos ni héroes ni santos. Solamente somos unos profesionales que queremos ser bien valorados y que exigimos poder trabajar en condiciones adecuadas y poder desarrollar con dignidad nuestro trabajo.

Todos nosotros, los premiados y los que no tenemos un común denominador: somos médicos. 

Ser médico es un antiguo oficio, que lucha para preservar uno de los bienes más importantes: la preservación de la salud de sus semejantes. En latín "medicus" quiere decir "el que cuida al otro", es decir, una persona  que se preocupa por lo que les sucede a otras personas, que las cuida. Verse reflejado en el enfermo, sufrir con él (com-padecer), caminar a su lado. Claude Bernard decía que 
"los médicos a veces curamos, frecuentemente aliviamos y siempre hemos de consolar"
Esta es nuestra tarea: no tanto ocuparnos de las enfermedades sino de los enfermos. De la angustia que siente la persona que siente que de alguna manera su cuerpo no funciona bien, que está preocupada por el dolor, o todavía peor, que se enfrenta a algo que puede suponer el posible final de su vida. William Osler, un gran clínico, recordaba que 
"el buen médico sabe como tratar la enfermedad, pero que el médico óptimo sabe como tratar al enfermo" 
El auditorio AXA de Barcelona, 
lleno totalmente para asistir al reparto de los Premios.
En pleno s. XXI los médicos debemos también como reaccionar a unos cambios que llegan a una velocidad vertiginosa. Todos nos vemos obligados a una imparable evolución para hacer frente a los retos que nos plantea el inmediato futuro. Las nuevas formas de lucha contra la enfermedad no pueden olvidar la informática, la investigación, los continuados progresos técnicos y diagnósticos. El médico actual ha de saber usar la tecnología sin permitir que ésta le separe de su principal objetivo: el enfermo que tiene ante él. Y asimismo, nos hemos de adaptar a una sociedad en vías de transformación: el envejecimiento de la población, las migraciones, el medio ambiente... La Medicina exige un constante esfuerzo para comprender mejor el mundo y a sus habitantes. 

Estos son los retos de los médicos, hoy. Por eso este Premio del Colegio de Médicos nos compromete más todavía a realizar nuestro trabajo con un nuevo impulso de entusiasmo y exigencia. 

Porque en definitiva, hacer de médico es comprender al otro, en cierto modo es un acto de amor. Hipócrates decía que 
"quien ama a la Humanidad ama a la Medicina". 
Y  como dice Dante en el último verso de la Divina Comedia:
"el amor es el que mueve el sol y las otras estrellas" 


Entrega de los Premios:  




Premis Excel·lència 2018 - Discurs de Xavier Sierra en representació dels guardonats





lunes, 3 de diciembre de 2018

Mortalidad infantil







Sarcófago infantil
(s.II d.C.)

Relieves de mármol.  
Museo de Agrigento. Sicilia.  




Los relieves que ornamentan este sarcófago infantil muestran unas emotivas escenas. En una de ellas aparece el niño jugando, montado en un carro tirado por un carnero. En la otra el niño, ya muerto, sobre un triclinio. A ambos lados un hombre y una mujer lloran apenados, con las cabezas cubiertas por un velo, en señal de duelo. Otros personajes allegados muestran también su dolor o su sorpresa. El contraste de la muerte y la vida es una reflexión sobre la fugacidad de la existencia. 


Otra de las escenas del sarcófago infantil de Agrigento.
El niño, todavía vivo, juega en un carro tirado por un carnero. 


La mortalidad infantil era muy alta en la antigua Roma. Según Parkin, autor que se ha centrado en estudios sobre población romana, ésta estaría en torno a los 300 fallecidos por cada 1.000 al año, cifra extremadamente alta si la comparamos con los niveles actuales, que según el autor, se encuentran en menos de 3 por cada 1.000 niños. Por su parte, Montanini afirma que el 30-40% de los niños morían durante el primer año de vida, y la tercera parte de los niños morían antes de los 10 años en la época imperial. Tan elevada mortalidad estaba producida por problemas en el parto, la desnutrición y las enfermedades infecciosas, que eran muy frecuentes. A esto hay que añadir, además el infanticidio y el abandono de niños, que era bastante frecuente. 


Tasa de mortalidad infantil por países (2009)



Esta elevada tasa de mortalidad infantil influía de forma muy importante en la esperanza de vida, que se situaba sobre los 28 años. Curiosamente, esta esperanza de vida era casi la misma a finales del s. XVIII. Napoleón dispuso que los niños de menos de 24 h de vida no se admitieran en el Registro Civil. Esta medida aumentó la esperanza de vida, ya que la muchos recién nacidos morían en el primer día después del nacimiento. La mejoría de las condiciones higiénicas y los progresos de la Medicina de los s. XIX y XX mejoró las perspectivas, aunque a pesar de todo, la esperanza de vida seguía siendo, en la Península Ibérica, de 32 años en 1900.  

El gran cambio tuvo lugar en el siglo XX, gracias a los avances médicos, y especialmente a la vacunación universal de la población contra las enfermedades infecciosas que ha permitido incrementar la esperanza de vida hasta los niveles actuales (80,8 años para los hombres y 86,3 para las mujeres en nuestro entorno). Sin embargo, la tasa de mortalidad infantil es todavía muy diversa en los distintos países y conseguir su uniformización es uno de los objetivos que se propone la OMS. Todavía hoy 6 millones de niños mueren cada año en el mundo antes de cumplir los 5 años de edad. 

A esto hay que añadir las dramáticas condiciones de los niños en los países en guerra o asolados por las hambrunas. Y la tragedia de los refugiados o de la emigración clandestina transcontinental, un gravísimo problema de las primeras décadas del s. XXI. 


La muerte de un niño siempre impresiona.
Añado una de mis pinturas sobre la muerte de un niño refugiado en las costas de Turquía.
Xavier Sierra: "Mediterráneo amargo". Acrílico sobre lienzo. 80 x 60 cm.