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domingo, 29 de enero de 2017

La circuncisión en el cristianismo primitivo






Mosaico de Santa Pudenciana
(s. V d.C.)

Mosaico opus tesellatum
Iglesia de Santa Pudenciana. Roma.  




La iglesia de Santa Pudenciana suele pasar desapercibida entre la masa de turistas que visitan Roma. Incluso muchos romanos la desconocen, a pesar de que no está lejos de otra iglesia mucho más visitada, Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas mayores de la ciudad. La última vez que la visité hasta tuve que indicar al taxista donde estaba, ya que él siquiera la conocía. Y en cambio, Santa Pudenciana presenta en su ábside el mosaico cristiano más antiguo de toda Roma, que se remonta al s. V. 

En este mosaico, que recubre el ábside de la iglesia, se puede ver la Maiestas Domini, Cristo entronizado entre dos grupos de cristianos, encabezados por San Pedro y San Pablo. Dos santas, santa Práxedes y Pudenciana, coronan a ambos apóstoles. Y es que la Iglesia se dividió en dos grandes tendencias en los primeros años del cristianismo. 

Después de la muerte de Jesús, los apóstoles se enfrentaron a la tarea de dar a conocer su mensaje. Para muchos, encabezados por el apóstol Santiago el Menor, el cristianismo había venido a reformar la religión judaica, y a pesar de incorporar una doctrina renovada, los cristianos tenían que seguir practicando los preceptos de la religión mosaica, entre ellos la obligación de circuncidarse. Y también propugnaban seguir reuniéndose en sinagogas. 

La circuncisión es la extirpación ritual del prepucio en los varones, cosa que los judíos practicaban desde los tiempos de Abraham. Para los judíos actuales y para los musulmanes continúa siendo preceptiva en la actualidad. La facción que podemos llamar conservadora, creía que este era un requisito imprescindible. San Pedro también era de esta opinión. 

Pero las cosas habían cambiado en el judaísmo. Muchos judíos procedían de las colonias hebreas del Mediterráneo, y eran más cultos y cosmopolitas. Solían hablar griego, una lengua de cultura, incluso entre ellos. Muchos se habían hecho adeptos del mensaje de Cristo que propugnaba unos nuevos valores. Además en el s. I había una eclosión de nuevas religiones (las llamadas religiones mistéricas, como las de Mitra, Dionisos, Isis...) que tenían en común prometer una nueva vida más allá de la muerte y nuevos ideales de igualdad y de hermandad. 

Uno de los nuevos cristianos era un judío helenizado y culto, Esteban, que proponía la expansión de la nueva doctrina. Predicaba en las sinagogas, con verbo encendido, y muchos judíos no cristiano consideraron que era herético y blasfemo. Por eso le dieron muerte con la pena que la religión judaica reservaba para los blasfemos: la lapidación. 

Uno de los que presenciaron la lapidación de Esteban fue Saulo, un judío helenizado que había conseguido la ciudadanía romana. Tuvo una postura bastante pasiva: apenas apartó su manto para evitar mancharse. Poco después, Saulo se convirtió al cristianismo y ya con el nombre de Pablo, fue uno de los más sólidos valores intelectuales del incipiente cristianismo. Como Esteban, Pablo defendía que la nueva iglesia debía expandirse a los gentiles y que el viejo ritual de la circuncisión debía substituírse por el bautismo (ritual que ya se practicaba). Además las religiones mistéricas solían practicar diversos tipos de bautismo. 

Sobre el año 50 d.C. la confrontación entre los que consideraban la circuncisión necesaria y los que la pretendían prescindible hizo necesario fijar una posición clara y unánime. Tuvo lugar entonces lo que se consideró el primer concilio de la Iglesia, que tuvo lugar en Jerusalén. Los defensores de la circuncisión estaban encabezados por Santiago Alfeo, con la aquiescencia de la cabeza visible de la Iglesia, Pedro. Frente a ellos los defensores del cristianismo para gentiles, liderados por Pablo. En el fondo la cuestión era si el cristianismo quedaba como una secta dentro del judaísmo o se internacionalizaba como una religión nueva. 

Tras los consabidos debates, triunfó la segunda opción y a partir de aquí ya sabemos el resto. Los cristianos se expandieron por todo el Mediterráneo (al principio, especialmente por el Norte de África) y alcanzaron la capital del Imperio, Roma. 


Mosaico de Santa Sabina, en Roma. 
En otra iglesia de Roma encontramos otro testimonio de aquellos lejanos tiempos. Es Santa Sabina, en la colina Aventina, una de las mejores muestras de iglesia paleocristiana. En su puerta, por ejemplo, encontramos la representación más antigua de la crucifixión de Cristo, que es mucho más reciente de lo que muchos creen, ya que data del s. V. Al traspasar el portal, nos encontramos otro viejo mosaico que evoca la vieja polémica. En sus extremos, dos mujeres veladas, con libros sagrados en sus manos representan las dos tendencias: la Ecclesia ex circumcisione y la Ecclesia ex gentium, la Iglesia de los gentiles. Un recuerdo de los primeros cristianos, para los que era de suma importancia la excisión o no del prepucio en los varones. 


Panel de la puerta de Santa Sabina all'Aventino,
con la que probablemente es la primera imagen de la crucifixión de Jesús (430 circa)







viernes, 23 de diciembre de 2016

La fimosis de Luis XVI (y II): El rey que no quería operarse





Joseph-Siffred Duplessis

Retrato del rey Luis XVI (detalle)
(1777)

Óleo sobre lienzo. 
Musée Carnavalet. Paris.  




La entrada de hoy comienza con este retrato del rey Luis XVI, realizado por Joseph-Siffred Duplessis (1725-1802), un pintor barroco rococó que realizó muchos retratos de la familia real de Luis XVI, en Versalles. Duplessis pintó también retratos de otros personajes célebres de su tiempo, como el compositor Gluck y Benjamin Franklin.  

Retomo el tema, iniciado hace poco, de la ausencia de vida marital de Luis XVI y María Antonieta durante un largo período de tiempo. Como médico se me plantea la cuestión de porqué el monarca tardó siete años en consumar su matrimonio. Siempre se arguye la fimosis como la causa. Este es un problema muy común, que ciertamente puede entorpecer la cópula. Pero cuando se presenta, generalmente no se demora la intervención quirúrgica.  ¿Por qué en este caso se retrasó tanto?

Es cierto que a Luis XVI no le interesaban mucho las mujeres. Ni tampoco el sexo en sí, ya que no se le conocen tampoco relaciones homosexuales. Es posible que su carácter tímido y retraído, junto con una severa educación puritana hubieran influído en retrasar la decisión. También es posible que hubiera tenido alguna mala experiencia sexual previa, aunque este extremo no se ha podido documentar. 



Retrato al pastel de María Antonieta realizado por Joseph Ducreux
por encargo del Delfín, para que pudiera conocer su aspecto
antes de casarse con ella (1769)


Además, Luis y María Antonieta se casaron demasiado jóvenes, y no estaban  en absoluto enamorados. De hecho, como todos los enlaces reales de la época, fue un matrimonio de conveniencia, justificado solamente por la necesidad de una alianza política entre las casas reales de Borbón y los Habsburgo. De hecho, los contrayentes ni siquiera se conocían. Luis vió por primera vez la figura de la que iba a ser su esposa por un retrato de encargo realizado por Ducreux poco antes de las nupcias. 

Los médicos que le reconocieron en diversas ocasiones no parece que dieran mucha importancia a su fimosis. Puede ser que no fuera una fimosis completa, aunque en este caso tampoco debería haber impedido del todo el coito.  

Un dato que tal vez merezca la pena considerar es que en los meses sucesivos a su boda, Luis perdió bastante peso, a pesar de consumir grandes cantidades de carne de caza, actividad que le apasionaba y a la que se dedicaba constantemente. Este dato incluso nos puede plantear la posibilidad de que tuviese una diabetes. Si así fuera, los niveles altos de glucosa podrían haber contribuido a una cierta impotencia. 



Antoine-François Callet: Retrato de Luis XVI (1786)




El aspecto de obesidad fofa de algunos retratos de Luis XVI han inducido a Androutsos a plantear la posibilidad de un retraso puberal de origen adrenogenital. Esto podría explicar la reiterada opinión de los médicos de que Luis XVI era impotente, y la reiterada abulia del monarca.  

Otra posibilidad es que sufriera una progresiva retracción del prepucio a causa de un liquen escleroatrófico, una enfermedad de prepucio y glande que cursa con el endurecimiento de estos tejidos, que aparecen con un aspecto blanquecino, nacarado. Pero en este caso los médicos probablemente hubieran destacado este cambio de color, que suele ser evidente a la inspección. 

Cabe que la decisión se retrasara por el miedo a la cirugía. Tal como se hacían las intervenciones en aquel tiempo, no parece que sea un argumento desdeñable. No se disponía de anestesia, la higiene era muy precaria y las complicaciones infecciosas debían ser muy frecuentes. La hemorragia y el dolor estaban garantizados. Probablemente, Luis era hipocondríaco y timorato. 

Por otra parte, la circuncisión no era vista como un procedimiento médico, sino religioso. Era una práctica ritual propia de judíos y musulmanes. Circuncidar a un rey de Francia, la católica Francia, la "hija mayor de la Iglesia" podía plantear un conflicto político-religioso que podría explicar el escaso interés médico en practicarla. En la Encylopédie de Diderot la encontramos definida así: 

"Circuncisión, nombre (Teol). Ceremonia religiosa entre los judíos y musulmanes. Consiste en cortar el prepucio de los varones que profesan o quieren profesar la religión judía o musulmana"

Sea como fuere, no tenemos datos demostrables de la causa del inexplicable retraso de la intervención, aunque todos los factores que apuntamos podrían haber contribuído a ello. 



Bibliografía: 

Androutsos G. Le phimosis de Louis XVI (1754-1793) aurait-il été à l’origine de ses difficultés sexuelles et de sa fécondité retardée? Progrès en Urologie (2002), 12, 132-137
http://www.urofrance.org/fileadmin/documents/data/PU/2002/PU-2002-00120132/TEXF-PU-2002-00120132.PDF

Androutsos G. The truth about Louis XVI's marital difficulties. 

http://www.historyofcircumcision.net/index.php?option=content&task=view&id=78

Fogg RN, Boojian SA. The sexual dysfunction of Louis XVI: A consequence of international politics, Anatomy or naïveté? BJUI 2010, Volume 106, Issue 4, p.457-459. 


History of circumcission: Circumcision and phimosis in eighteenth century France. 

http://www.historyofcircumcision.net/index.php option=content&task=view&id=78 

Gillian. Louis' penis problem. 

http://medicalhistory.blogspot.com.es/2012/02/louis-penis-problem.html  

Tilles G. History of circumcision: A French urologist's perspective. Progrès en Urologie, Vol. 9, No. 6, 1999, pp. 1148-1157. 

http://www.historyofcircumcision.net/index.phpoption=com_content&task=view&id=81&Itemid=48

jueves, 22 de diciembre de 2016

La fimosis de Luis XVI (I): El matrimonio no consumado






Antoine-François Callet

Luis XVI con el atuendo de la consagración (detalle)
(1788)

Óleo sobre lienzo. 278 x 196 cm.
Palacio de Versalles  



Para cualquier persona, tener alguna malformación del pene que dificulte la cópula constituye una cuestión preocupante y que puede dificultar el mantenimiento de una relación sentimental. Pero para un rey además puede tener implicaciones políticas y dinásticas.

Este era el caso de Luis XVI (1754-1793). De carácter tímido y retraído, había sido educado en una estricta moral católica, y veía con cierta aprensión a las mujeres. Por motivos políticos, se casó con una joven pincesa, María Antonieta, hija de Francisco I y María Teresa de Austria. La boda tuvo lugar en 1770. Luis tenía 15 años. María Antonieta, 14. Los testigos señalaron que Luis estuvo nervioso y tembloroso durante toda la ceremonia y que rehuyó la mirada de la novia al entregarle el anillo.


Boda del Delfín (futuro Luis XVI) con María Antonieta, 
archiduquesa de Austria en 1770. Grabado de la época.


Durante el banquete que siguió a la boda, el abuelo del novio, el rey Luis XV, tomó al recién casado en un aparte y le aconsejó, musitándole discretamente al oído: 


 - "Procura no cargar mucho el estómago esta noche"
  - "¿Por qué lo dices? - contestó el joven esposo - Yo duermo mucho mejor cuando he cenado bien!"
Una respuesta ciertamente poco habitual antes de una noche de bodas. Efectivamente, eso es lo que hizo aquella noche el delfín: dormir. Apenas rozó un momento la mano a su mujer. Al día siguiente se levantó muy pronto, para ir a cazar. En su diario, el rey Luis XV, anotó aquel día lacónicamente: 
- "Nada"
A partir del día siguiente, Luis volverá a dormir en sus aposentos. Esporádicamente intentaba cumplir con sus deberes matrimoniales y dinásticos en los siguientes meses. De vez en cuando iba a ver a la princesa e intentaba hacerla su mujer. Tras cuatro caricias inexpertas, intentaba el coito en vano. Luis nunca tuvo una gran inclinación por el sexo. De hecho es el único rey francés a quien no se le conoce ninguna amante. 

Además de su escaso interés, Luis sufría un problema médico: tenía una importante fimosis que le impedía abatir el prepucio. Por otra parte, María Antonieta, recién salida de la infancia tampoco estaba en condiciones muy favorables: su vagina era demasiado estrecha y la escasa delicadeza e inexperiencia del gélido y huidizo Delfín no era la manera más adecuada para conseguir una buena lubricación vaginal. 

Transcurrieron algunos meses y la joven princesa comenzó a preocuparse. Lo comentó con su madre, la Emperatriz María Teresa de Austria, que solicitó la ayuda del Dr Van Swieten, archimédico de la Corte de Viena (autor de algunas pócimas reputadas en su tiempo para el tratamiento de la sífilis), por si podía administrar alguna droga afrodisíaca. Pero Van Swieten contestó con evasivas. O sea que los consejos de la emperatriz se limitaron a recomendar a su hija ternura, risas y caricias. Pero el delfín seguía durmiéndose como un bendito al lado de su mujer, extenuado por sus interminables partidas de caza.  



Luis XVI y Maria Antonieta no consumaron
su matrimonio hasta siete años después de su boda.



El rey Luis XV pidió entonces al cirujano Dr. La Martinière su opinión al respecto. El monarca era conocedor de la fimosis de su nieto y le pidió que lo reconociera para ver si era conveniente plantear una intervención quirúrgica. Pero La Martinière concluyó que el delfín era impotente y que poco había que hacer. Una opinión parecida fue la del Dr. Lassone, dos años más tarde. El matrimonio seguía sin consumarse. 

En 1774 la viruela acabó con la vida de Luis XV y convirtió a Luis y María Antonieta en los nuevos Reyes de Francia y de Navarra. Ahora el problema se volvía acuciante: tras cuatro años de casados, el matrimonio todavía no se había consumado. En una carta, el conde de Aranda comentaba: 

"Unos dicen que el frenillo comprime tanto al prepucio que no se abate en el momento de la introducción y le causa un vivo dolor que obliga a Su Majestad a moderar el impulso necesario para realizar el acto. Otros suponen que el prepucio tiene adherencias y que no permite dejar salir el extremo del pene, lo que impide la erección completa. Si se trata del primer supuesto, algo parecido les sucede a muchas personas e incluso puede pasar habitualmente en los primeros intentos; pero como estas personas tienen un mejor apetito carnal que su Majestad, a causa de su temperamento más apasionado, el frenillo se desgarra por entero o por lo menos de forma suficiente para que pueda ser usado, lo que poco a poco regulariza el acto por completo. Pero cuando los sujetos son tímidos, el cirujano debe intervenir realizando una pequeña incisión y les libra del obstáculo. Si se da el segundo caso, se debe realizar una operación más dolorosa y grave a su edad, ya que requiere una especie de circuncisión, porque si no se realiza una excisión redondeando los labios de la incisión, el acto será imposible". (Besenval: Memorias, 1805)



Dibujo de sátira pornográfica política.
La desdeñosa María Antonieta aparta de su lado a un
fláccido Louis XVI. Bibliothèque Nationale de France


Hacia finales de 1774 se comentó que Luis iba finalmente a acudir a un cirujano, aunque al final no se decidió a hacerlo. La impotencia de Luis XVI era vox populi, tanto en la Corte como en los barrios de París. Las ofensivas coplas satíricas contra los reyes se cantaban ya por doquier. La propia reina Maria Antonieta confesaba sus preocupaciones a su madre, comentando que su falta de actividad sexual con su esposo andaba ya en boca de todos y era motivo de libelos burlescos. También le comentaba que a ella se le atribuían amantes de ambos sexos. 



Libelo satírico sobre los supuestos amores
lésbicos de María Antonieta


Esto plantea la cuestión de las tendencias lesbianas o bisexuales de María Antonieta. Su insatisfacción sexual la empujó a buscar en las relaciones extramaritales la salida a sus libidinosos deseos. 

Los despiadados panfletos populares ironizaban sobre la desenfrenada vida sexual de la reina, suponiendo que mantenía relaciones lésbicas con sus inseparables amigas Therèse de Saboya, princesa de Lamballe y con la duquesa Gabrielle de Polignac. La odiada soberana concentraba así todo el odio popular al quebrantar a la vez diversos tabús: al despotismo y derroche económico se unía la infidelidad, la homosexualidad y el desenfreno. La indignación popular desencadenaría más tarde la salvaje violación, linchamiento y descuartizamiento de la princesa de Lamballe en las calles de París. 

Pero la insatisfacción sexual de María Antonieta no se limitó a reflejarse en relaciones homosexuales. También tuvo amantes de sexo masculino, comenzando por su propio cuñado, el conde d'Artois (hermano menor de Luis XVI y que años más tarde, con la Restauración borbónica reinaría con el nombre de Carlos X). Otros amantes destacados fueron el duque de Coigny y el conde sueco Hans Axel von Fersen


En 1777, el hermano de María Antonieta, José II visitó a los monarcas francesas. Sometió a Luis XVI a un auténtico interrogatorio, pero que no incomodó al francés que incluso le solicitó su consejo. La opinión de rey austríaco es tajante: Luis debía someterse de inmediato a una circuncisión, y él incluso se ofrece a sostener al paciente en este trance.



Joseph S. Duplessis: Dr Joseph de Lassone, médico del Rey Luis XVI
Óleo sobre lienzo (1785)


Aunque el informe del médico real Lassonne se mantuvo en riguroso secreto, podemos deducir que la intervención fue un éxito, aunque no sabemos quien la llevó a cabo ni cómo se realizó la intervención quirúrgica

Tres meses más tarde, la reina María Antonieta escribía una carta a María Teresa de Austria: 
"He llegado a la felicidad más esencial (...) hace más de ocho días que el matrimonio ha sido plenamente consumado. La prueba ha sido repetida ayer todavía de forma más completa que la primera vez (...) Creo que no estoy embarazada todavía, pero por lo menos tengo la esperanza de poder estarlo de un momento a otro" 
Según sugiere el urólogo Androutsos, se puede comprender fácilmente que bajo el eufemismo "He llegado a la felicidad más esencial", María Antonieta revelaba a su madre que por fin había podido conseguir un orgasmo.



Bibliografía:  



ALMA S. Marie-Antoinette et BarnaveCorrespondance secrète. A. Colin, Paris, 1934, p. 23.

D’ALMERAS H. Les amoureux de la reine Marie-Antoinette. D’après les pamphlets. Paris, Albin Michel, 1906, 34-62.

ARNETH A.-R, GEFFROY M.-A. Marie-Antoinette. Correspondance secrète entre Marie- Thérèse et le Cte de Mercy-Argenteau. Avec des lettres de Marie-Antoinette et de Marie Thérèse. T 1er, Paris, Firmin Didot Frères, Fils et Cie, 1874, 35-65.

ARNETH A.-R.: Maria Theresia und Marie-Antoinette. Ihr Briefwechsel während der Jahr. 1770-1780. Leipzig, Köhler, Paris, Jung-Treuttel, Wien, Wilhelm Braumüller, 1866, 19-32.

BESENVAL P.-V. Mémoires. Tomo  1, Paris, F. Buisson, 1805, 12-25.

BRETON G. Histoires d’amour de l’histoire de France, Tomo 5, Paris, Noir et Blanc, 1964, p. 203.

CAMPAN J.L.H. Mémoires sur la vie privée de Marie-Antoinette, reine de France et de Navarre. Suivis de souvenirs et anécdotes historiques sur les regnes de Louis XIV, de Louis XV et de Louis XVI. Tomo 1, Paris, Baudouin Frères, 1823, 123-156.

DELORME PH. Histoire des reines de France: Marie-Antoinette. Paris, Pygmalion/Watelet, 1999, 124-126.

KUNSTKER C. La vie privée de Marie-Antoinette. Paris, Hachette, 1938, 28-68.

De LAMBALLE M.-TH. Memoirs. 2 vols, Tomo 1, Londres, Treuttel & Würtz, Jun. & Richter, 1826, 59-88.

LOUGH J. France on the Eve of Revolution: British Travellers’ Observations, 1763–1788. Londres: Croom-Helm, 1987263

MORRIS BJ. Why circumcision is a biomedical imperative for the 21(st) century. Bioessays. 2007 Nov;29(11):1147-58



Grabado pornográfico antimonárquico, que satiriza sobre 
la relación entre María Antonieta y el conde de Fersen.