Mostrando entradas con la etiqueta Neurodermitis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Neurodermitis. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de diciembre de 2018

Melampo y las hijas de Preto (II): Vitíligo, alopecia y neurodermitis.








Melampo y Preto en el templo de Artemis 
(s. I d.C)

Camafeo engastado en un anillo de oro 

Médailles et Antiques de la Bibliothèque Nationale de Francia



En una entrada anterior comentamos el mito de Melampo y de las hijas de Preto, y como las tres chicas fueron castigadas por su presunción y altivez con un transtorno mental por el que se creían vacas y con diversas enfermedades de la piel. En este camafeo  romano aparecen las tres muchachas afectas de trastornos mentales y cutáneos. Tras ellas, Melampo, con barba y de pie, lleva una rama de laurel y un lechón, que piensa ofrecer a los dioses en sacrificio para propiciar la curación. En el extremo derecho aparece una ninfa de las aguas, indicio de que probablemente se recurrió a algún tipo de hidroterapia en el proceso curativo. 


Melampo y las hijas de Preto. Grabado del s. XIX extraído de una cerámica griega. Las tres chicas rodean el altar de la diosa, mientras que el afligido padre aparece sentado y preocupado en el ángulo izquierdo superior. Melampo (con barba( se dirige a curarlas de sus males. Médailles et Antiques de la Bibliothèque Nationale de Francia

Por los síntomas descritos en los textos podemos identificar las enfermedades cutáneas con la alopecia areata, el vitíligo y ciertas ulceraciones acompañadas de prurito. De hecho las manchas de vitíligo pueden recordar la piel manchada de las vacas. Además es cierto que tanto la alopecia como el vitíligo se asocian frecuentemente con transtornos psicológicos, que pueden desencadenar estas dermatosis.  Y las ulceraciones pruriginosas podrían corresponder a neurodermitis provocadas también por causas psicógenas.  


Helleborus niger (1613) Grabado del libro Hortus aeyenstettensis



El eléboro (Helleborus niger) era una planta muy usada en la Antigüedad para tratar trastornos mentales. Los glucósidos del eléboro se utilizan actualmente para tratar afecciones del sistema nervioso central, como catárticos y diuréticos, y como antitumorales. Deben ser estrictamente controlados  médicamente, ya que contiene también glicósidos venenosos, como la helleborina, que actuan sobre el ritmo cardíaco y que pueden ser tóxicos mortales a determinadas dosis. 







miércoles, 5 de diciembre de 2018

Melampo y las hijas de Preto (I): el mito





Glyn Warren Philpot 

Melampo y el centauro 
(1919)

Óleo sobre lienzo. 121,9 x 204,3 cm
Glasgows Museums  



Según la mitología, Melampo era un adivino y curandero griego. Hesíodo le dedicó un poema, la Melampodia, desaparecido en la actualidad. Su nombre (en griego Μέλαμπους, «el de los pies negros») derivaba de un accidente dermatológico que sufrió cuando era niño: se quedó dormido a la intemperie y el sol le quemó los pies que quedaron con una coloración muy oscura. ¡Con razón se los dermatólogos advertimos tantas veces de los peligros del sol! 

A Melampo se le atribuían muchos hechos legendarios, como que tenía la virtud de comprender la lengua de los pájaros y de los otros animales. 


En Argos reinaba el rey Preto, que tenía tres hijas tan hermosas, que todos los helenos las pedían por mujeres. Pero eran muy orgullosas, jactanciosas y poco piadosas. Un día las tres hermanas entraron en el templo de Hera, y se burlaron de la austeridad del recinto, que no disponía de la rica ornamentación a la que ellas estaban acostumbradas en el fastuoso palacio de su padre. La diosa, ofendida por el escarnio, castigó a las impías doncellas con enfermedades de la piel y una locura por la que se creían vacas, y las muchachas echaron a correr mugiendo por el campo. Además les entró un gran furor sexual e iban acosando a pastores y campesinos. 
Preto, el padre de las chicas, estaba muy apenado. Conociendo la fama del vidente y curandero Melampo, lo hizo llamar y le suplicó que curase a sus desgraciadas hijas. Melampo le pidió que si lo hacía, como pago quería un tercio de su reino.  
Al codicioso Rey le pareció aquello demasiado y no aceptó el trato. Pero los síntomas de las muchachas eran cada vez más graves. Su locura se contagió a las demás mujeres que abandonaron sus casas y, tras matar a sus propios hijos, se lanzaron a una vida errante, profiriendo grandes mugidos como las tres hermanas.


Jarra de cerámica ática representando a Melampo
con las tres prótides. Museo Nazionale di Archeologia.
Nápoles
Cuando el mal había llegado a las máximas proporciones. Preto, acosado por el miedo, volvió a llamar a Melampo y le pidió ayuda, prometiéndole ahora el tercio de su reino. Pero el adivino se negó a auxiliarle a menos que Preto asegurase a su hermano Biante otro tercio de sus dominios. Por muy gravosa que pareciese al rey la condición, acabó cediendo, temeroso de que si seguía vacilando, Melampo le exigiese al fin todo el reino. Enton­ces Melampo realizó sacrificios para calmar la furia de Hera y reuniendo a un grupo de jóvenes vigorosos y decididos, los llevó consigo a la sierra a capturar a las desdichadas jóvenes. Durante la persecución murió la mayor de las hijas de Preto, pero las otras dos se curaron comple­tamente de su demencia, gracias a que Melampo les administró un compuesto de eléboro, una planta con actividad terapéutica. 

Pero de eso trataremos en la próxima entrada. 


viernes, 5 de octubre de 2018

Las enfermedades de Napoleón (VI): Por qué llevaba la mano en el chaleco






Jacques-Louis David

Napoleón en su despacho, 
en el palacio de las Tullerías
(1812)

Óleo sobre lienzo. 204 x125 cm.  
Galería Nacional de Arte. Washington.




A mí se me ocurre -como dermatólogo práctico que soy- que tal vez Napoléon era atópico. La extremada importancia que concedía a la piel (de la que según sus médicos derivaba todos los otros síntomas); la influencia de los cambios climáticos; el importante papel desencadenante de la ansiedad y del estrés son otros tantos argumentos sobre los que fundamentar esta teoría. Y además, los baños calientes continuos (a veces, varias veces al día). Es bien conocido su efecto calmante en algunas dermatitis atópicas. Como complemento a esta hipótesis está también el antecedente de neurodermitis de la nuca que sufrió en Viena y que suele verse con frecuencia en atópicos. 

Jean-Baptiste Isabey:
Napoleón en la Malmaison
Y otro aspecto, de cierta importancia. Es conocida la costumbre que tenía Napoleón de reposar su mano sobre el estómago, introduciéndola entre los botones de su uniforme. Una postura que se ha convertido casi en definitoria de su personalidad. La mano metida en la pechera de su uniforme y su bicornio bastan casi para definir la imagen del personaje. 

Es posible que ese gesto sea simplemente esto, un gesto, una pose, sin mayor trascendencia. Pero también hay quien ha intentado interpretarlo, buscando una explicación, una causa que justificara la característica postura del general corso: 

1. Napoleón se llevaba la mano al epigastrio en un intento de calmar su gastralgia. Como veremos más adelante, padeció serios transtornos gástricos (colelitiasis, esofagitis, probable cáncer gástrico).

La típica postura de Napoleón
2. La postura, tan habitual y continuada, no podía corresponder a un transtorno puntual. Por una parte, Napoleón no padeció del estómago hasta los últimos años de su vida, y en cambio aparece en esta posición  en casi todos sus retratos, desde muy joven. La respuesta a esta cuestión la buscan algunos autores en otra causa: Napoleón presentaba a este nivel alguna lesión cutánea antigua. En los momentos de nerviosismo había desarrollado el tic de rascar esta zona, hasta seguramente producirse una liquenificación local, una neurodermitis. Como la que tuvo en la nuca durante su estancia en Viena. Normalmente los pacientes que tienen tendencia a producirse neurodermitis se producen más de una. Y el epigastrio es una zona agradecida: se llega fácilmente con la mano y puede rascarse con disimulo y discreción. Así nadie puede deducir que este rascados está motivado por una situación de tensión psíquica. 


Jean-Auguste Dominique Ingres:
Retrato de Napoleón como primer cónsul.
Musée du Grand Curtius. Lieja. 


Las neurodermitis consisten en un engrosamiento localizado de la piel, por rascado repetido. En muchas ocasiones aparecen en una zona donde ha habido una lesión previa, frecuentemente pruriginosa. El rascado repetido, que se suele realizar casi de forma automática, como un movimiento para liberar el estrés o la tensión nerviosa, provoca el aumento de grosor de la piel e incremento notable del prurito. La creciente sensación de picor hace que difícilmente se interrumpa el rascado, entrando en un círculo vicioso sin fin. La posible neurodermitis de Napoleón es una hipótesis que personalmente encuentro bastante plausible.   

Paul Delaroche (1797-1859): Napoleón atravesando los Alpes (1850)
Walker Art Gallery, Liverpool.

Sin embargo esta teoría no deja de ser una hipótesis. Muchos sostienen que llevar la mano en el pecho sería una postura especialmente frecuente en la época y que podía ser simplemente una norma de educación. En el libro "Las reglas del decoro y de la urbanidad cristiana, para uso de las escuelas cristianas para niños" de San Juan Bautista de la Salle  (Ruán, 1797) encontramos el siguiente párrafo: 


Capítulo XI. De la espalda, de los hombros y del codo

(...) Es un defecto cruzar los brazos sobre el pecho, entrelazarlos detrás de la espalda, dejarlos pender con indolencia, balancearlos al caminar, so pretexto de alivio; el uso quiere que si uno se pasea sin un bastón en la mano, el brazo que está sin apoyo esté posado ligeramente junto al cuerpo, y que reciba un movimiento casi imperceptible, sin por ello dejarlo caer de lado; si no se tiene bastón, ni manguito (5), ni guantes, es bastante común posar el brazo derecho sobre el pecho o sobre el estómago, poniendo la mano en la abertura de la chaqueta, en ese lugar, y dejar caer la izquierda doblando el codo, para facilitar la posición de la mano, bajo el faldón de la chaqueta. En general, hay que mantener los brazos en una situación que sea honesta y decente.





jueves, 4 de octubre de 2018

Las enfermedades de Napoleón (V): El Emperador






Jean-Dominique Ingres

Napoleón, 
en su trono imperial
(1806)

Óleo sobre lienzo. 260 x163 cm.  
Museo del Ejército. París.


En entradas anteriores consideramos las enfermedades que sufrió Napoleón Bonaparte (1769-1821) tanto en su juventud como durante las campañas militares y el Consulado. Hoy comentaremos su patología en uno de los períodos más importantes de su biografía: El Imperio. 

1804-1807. Napoleón se ha proclamado emperador. Tiene un buen aspecto físico. No encontramos nada en su correspondencia que trasluzca la más mínima molestia. Parece gozar de buena salud y su estado general es satisfactorio. Está en pleno apogeo físico y cada día realiza ejercicio físico. También suele efectuar varios baños de agua caliente, que le tranquilizan y relajan, especialmente cuando está nervioso (Boigey, 1930).  
Sin embargo, el 10 de setiembre de 1804, su doméstico Constant escribe en sus memorias: 
«L'Empereur dans la nuit précédente… avait eu un fort choc nerveux ou une crise épileptique, mal par lequel il était possédé.» (El Emperador, anoche... tuvo una fuerte crisis nerviosa o una crisis epiléptica, mal del que sufre)                             (Traducción XS)
En 1805, refiriéndose a la epilepsia de Napoleón, Talleyrand afirmaba: 
« Il gémissait et il bavait, il avait des espèces de convulsions qui cessèrent au bout d'un quart d'heure… » (Gemía y babeaba, tenía una especie de convulsiones que cesaban al cabo de un cuarto de hora)
(Trad. XS)
Una biografía de Bonaparte, escrita en 1838, señalaba:  
« Dès sa jeunesse, il avait des crises épileptiques. C'est ainsi que durant sa scolarité à Paris, il eut comme punition de manger agenouillé, mais une si forte crise le traversa qu'il fut mis fin à sa punition. » 
(Tenía crisis epilépticas desde su juventud. Tanto es así, que en su época escolar en París, lo castigaron a comer arrodillado, pero tuvo una crisis tan fuerte que pusieron fin al castigo) 
(Trad: X.S.)

Hay que señalar que tal vez Napoleón era epiléptico, pero que en caso de haber presentado crisis comiciales, eran tan raras y tan espaciadas en el tiempo que no impedían ni alteraban su normal actividad. Asimismo, debemos destacar que ninguno de los médicos que trataron al emperador nunca mencionaron las supuestas crisis epilépticas, ni ningún otro tipo de afecciones convulsivas, ni siquiera síntomas indirectos que permitan suponer este tipo de enfermedad.  (Deutsches Epilepsiemuseum, 2002). 

1808.  A finales de este año, el emperador presenta crisis gástricas intensas y repetidas. Al parecer, es la primera vez que se presentan y nunca las había tenido antes. También comienza a engordar. El médico Corvirsart está convencido de que Napoleón come demasiado deprisa. 

1809. Durante una estancia en Viena, en el castillo de Schönbrunn, presenta una erupción en la nuca, que cree que es una enfermedad grave. Alarmado, Napoleón acude a consultar a Jean-Pierre Franck, el antiguo médico del emperador Joseph II. El doctor le diagnostica "un vicio dartroso" que probablemente equivaldría al diagnóstico actual de neurodermitis, una forma de eccema provocada por rascado repetido. Franck tranquiliza a todos y le recomienda un simple vesicatorio que cura a Bonaparte en cuatro días, sin recidivas posteriores. (Las Cases, 1999; Ganière, 1951). Es interesante recordar  este episodio porque permite comprender mejor otras patologías de Napoleón.

1812. El 5 de septiembre de 1812 el doctor Mestivier fue llamado para asistir al emperador. Bonaparte tenía un gran edema de piernas y casi no podía orinar.  Al dia siguiente, según consignó el mismo doctor en su boletín de salud, su ilustre paciente tenía  


«...une toux continuelle et sèche, une respiration difficile et entrecoupée. L'urine ne sortant que goutte à goutte est bourbeuse et sédimenteuse. Le bas des jambes et les pieds extrêmement oedématiés. Le pouls serré, fébrile et irrégulier ».  
(...tos continua y seca, respiración difícil y entrecortada. La orina solamente salía gota a gota, fangosa y llena de sedimentos. La parte baja de las piernas y los pies estaban extremadamente edematosos. El pulso apretado, febril e irregular) 
(Trad. XS.)  

Con este cuadro clínico, el pronóstico del paciente era bastante preocupante. El comentario del cirujano Yvan por su parte, daba algunos detalles más sobre la situación: 

«L'Empereur était très accessible à l'influence atmosphérique. Il fallait chez lui pour que l'équilibre se conserve que la peau remplit toujours ses fonctions. Dès que son tissu était serré, par une cause morale ou atmosphérique, l'appareil d'irritation se manifestait avec une influence plus ou moins grave et de la toux, et l'ischurie se prononçait avec violence. Tous ces accidents cédaient au rétablissement des fonctions de la peau. Dans la journée du 5 au 6, il fut tourmenté par le vent de l'équinoxe, les brouillards, la pluie et le bivouac. Les accidents furent assez graves pour être obligé de les calmer à la faveur d'une potion qu'on alla chercher dans la nuit à une lieue du champ de bataille. Le trouble fut assez grand pour donner lieu à de la fièvre, et ce ne fut qu'après quelques jours de repos soit à Mojaïsk, soit à Moscou que la toux et l'ischurie cessèrent ». 
(El Emperador era muy sensible a la influencia atmosférica. Necesitaba estar en casa para que conservar el equilibrio y que la piel cargara suficiente energía. Cuando los tejidos cutáneos se veían atacados por una causa moral o atmosférica, la irritación se manifestaba de forma más o menos grave y con tos y se producía una violenta isquiuria. Todo estos síntomas desaparecían al restablecer las funciones de la piel. En la noche del 5 al 6 (de septiembre) le atormentó el viento del equinoccio, las brumas, la lluvia y la intemperie. Los accidentes fueron lo suficientemente graves  como para tener que calmarlos con una poción que tuvimos que ir a buscar en plena noche a una legua del campo de batalla. El transtorno fue lo suficientemente intenso para causarle fiebre, y no fue  tras algunos días de descanto en Mojaïsk y en Moscú, que desapareció la tos y la isquiuria" 
(Trad. X.S.) 


Por el tono empleado por Yvan, que resta importancia al episodio, parece deducirse que estos brotes se presentaban con cierta regularidad. En una segunda carta, Yvan confirma a Ségur, que le solicita más explicaciones:  
« La constitution de l'Empereur était éminemment nerveuse. Il était soumis aux influences morales et le spasme se partageait ordinairement entre l'estomac et la vessie. Il éprouvait, lorsque l'irritation se portait sur l'estomac, des toux nerveuses qui épuisaient ses forces morales et physiques au point que l'intelligence n'était plus la même chez lui. La vessie partageait ordinairement ce spasme, et alors il se trouvait sous l'influence d'une position fâcheuse et dégradante. Le déplacement à cheval augmentait les souffrances. Il éprouvait l'ensemble de cet accident au moment de la bataille de Mojaïsk au point qu'on fut obligé dans la nuit du 6 au 7 d'envoyer faire préparer une potion par son pharmacien qui était avec les gros bagages à une lieue de distance» 
(La constitución del Emperador es eminentemente nerviosa. Está sometido a influencias morales y el espasmo se reparte generalmente entre el estómago y la vejiga. Cuando la irritación afecta al estómago, se desencadena una tos nerviosa que agota sus fuerzas morales y hasta el punto que su inteligencia ya no es la misma. La mayoría de las veces este espasmo es compartido también por la vejiga, y entonces se encuentra en una situación molesta y degradante. Además, montar a caballo aumenta su sufrimiento. Le sobrevino el conjunto de esta situación en el momento de la batalla de Mojaïsk, hasta el punto que durante la noche del 6 al 7 tuvo que hacer preparar una poción a su farmacéutico, que se encontraba con los equipajes a una legua de distancia) 
(Trad. X.S.) 


En la vigilia de la batalla del río Moskowa, Napoleón presentó también una importante afonía que impedía que el Emperador pudiese hablar o dictar su correspondencia. De hecho, todos los testigos de la batalla de Borodino destacan la angustia y febril nerviosismo del Emperador, al no poder arengar a sus soldados para contagiarles su entusiasmo militar, y tener que limitarse a enviar a su ejército al asalto contra las tropas rusas (Boigey, 1930).

Por cierto que el formidable ejército de la campaña de Rusia, La Grande Armée fue diezmado por el frío y los piojos transmisores de enfermedades: de 691.500 soldados regresaron con vida 22.000. 


1813. A finales de año, Napoleón estaba en Dresde, donde preparaba la batalla de Leipzig, Napoleón sufrió cólicos hepáticos durante bastantes días. Ya en plena batalla de Leipzig, presenta nuevamente dolores gástricos y hepáticos extremadamente violentos, casi en el límite de lo que humanamente se puede soportar. Su salud no mejora durante la campaña de Francia.

1815. Durante los meses de marzo a mayo, Bonaparte está obligado a estar permanentemente sentado en su despacho para reorganizar su ejército y su gobierno, lo que le provoca empeoramiento de sus hemorroides. El emperador está sometido sometido a un intenso estrés y a un trabajo extenuante. Esto le provoca continuas crisis gástricas.

El 16-17 de junio de este año, en vísperas de la batalla de Waterloo, le asalta una intensa gastralgia como las que había sufrido en Leipzig en 1813. También presenta insomnio: no duerme nada en toda la noche. (Boigey, 1930). 

La mañana del 18 de junio, el día de la batalla de Waterloo, se hace tratar por una hemorragia hemorroidal, accidente frecuente en los jinetes. Este incidente lo hace llegar con retraso al campo de batalla. Aunque probablemente la derrota no se produjo por esta causa, y seguramente en otras circunstancias se hubiese producido un resultado parecido, lo cierto es que el incidente de la hemorragia hemorroidal de Napoleón Bonaparte no permitió la habitual arenga a las tropas y no ayudó en nada al ejército francés. (Masson, 2010).



Bibliografía

lunes, 8 de mayo de 2017

Rascarse: manía, alivio, contagio.





Oskar Kokoschka 

Manía 
(1913)

Dibujo al carboncillo 48 x 38  cm 
Museo de Bellas Artes (Szepmueveszeti Muzeum) Budapest   




Oskar Kokoschka (1886-1980) fue un pintor y poeta austríaco. En una primera fase retrató a diversas personalidades de la sociedad vienesa caracterizados por un intenso expresionismo. Vivió un apasionado y turbulento amor con Alma Mahler, tras la muerte de la hija de ésta. 

En el dibujo de Kokoshka titulado "Manía" aparece una anciana en actitud de rascarse. Rascarnos la piel cuando algo nos pica es una maniobra útil a veces para aminorar la molesta sensación de prurito. Sin embargo, a veces el rascado compulsivo puede provocar más problemas (neurodermitis o excoriaciones) que los que resuelve. 

También nos rascamos frecuentemente como acto reflejo si vemos a otra persona rascándose. Pero nadie hasta ahora sabía la causa de este comportamiento. Recientemente unos científicos de la Universidad de Washington han intentado dilucidar la causa de este fenómeno. Para ello han realizado un experimento en ratones. 

De entrada sorprende que los ratones, más sensibles a los estímulos olfactivos o táctiles que a la vista, se rasquen también si ven a otro ratón haciéndolo. Pero así es. Tal vez sea un mecanismo de defensa ante posibles parásitos. 

Los científicos han determinado que este comportamiento está regido por el nódulo supraquiasmático una estructura cerebral situada en el hipotálamo e implicada en el ritmo circadiano de diferentes aspectos del mamífero (sueño, actividad física, digestión, temperatura corporal). Cuando un ratón ve a otro rascándose se activa su nódulo supraquiasmático, que desprende bruscamente una sustancia llamada bombesina (o GRP, Gastrin Releasing Peptid), un neurotransmisor esencial para transmitir la señal de "prurito" hasta la epidermis. La prueba es que si se inhibe la liberación de bombesina, los ratones no se rascan aunque vean a otros congéneres haciéndolo. Una prueba más de que la sensación de prurito se tiene más en el cerebro que en la piel. 


martes, 24 de febrero de 2015

La psoriasis de Stalin





Picasso: Retrato de Stalin. 




 Pablo Picasso

Retrato de Stalin 
(1953)

Dibujo a carboncillo 


Pablo Picasso (Málaga, 1891 - Mougins, 1973) militó en el partido comunista, aunque nunca fue un comunista muy convencido. Miraba al comunismo con simpatía como antagónica posición frente al franquismo que devastaba España tras la contienda. Louis Aragon y otros amigos, reclutaron a Picasso para el partido para exhibirlo como un caro trofeo (aunque por detrás lo criticaban como un artista burgués, que llevaba vida de millonario y de playboy en la Costa Azul). En la revista "Lettres françaises" dirigida por Aragon, Picasso llega a brindar por el camarada Stalin, con un poema sentimental y un dibujo del artista con la copa en la mano (1949). 

Pocos años después, Aragon le pidió un dibujo de Stalin para la revista. Picasso intentó zafarse diciendo que nunca lo había visto en persona. Ante la insistencia de Aragon, Picasso accedió. La publicación del dibujo, en primera página desencadenó un gran malestar entre los comunistas, que lo consideraron ofensivo. Era el tiempo del culto a la personalidad y la iconografía oficial soviética permitía pocas originalidades e interpretaciones personales. La ortodoxia del partido era partidaria del arte realista y el estilo de Picasso era impresionista y surrealista (sic) como lo definió un comisario político polaco. Picasso con mucha sorna respondió 
"si se quieren meter conmigo por lo menos que elijan bien los términos"

Izaak Brodsky. Retrato realista de Stalin (1949)
Esta era la versión oficial del régimen soviético,
usada para el culto a la personalidad del líder.  

Jóssif Dzhugashvili, más conocido por su sobrenombre de Stalin (Сталин, en ruso quiere decir acero, por la dureza que demostró en la época en la que atracaba bancos para financiar al partido) gobernó de forma totalitaria y personalista el Partido Comunista ruso y la Unión Soviética desde los años 20 hasta su muerte en 1953.  No dudó en realizar purgas y asesinatos para obtener un poder absoluto y tiránico, basado en el terror. 

De niño había sufrido viruela, que le dejó marcas visibles en la cara. También padeció psoriasis, enfermedad que tal vez tenía relación con sus bruscos cambios de carácter. Tenía crisis de prurito intenso y se rascaba repetidamente. 

Por consejo de sus médicos trataba los brotes de psoriasis con lisados, resultantes de la hidrólisis proteolítica de órganos, obtenidos en medio ácido en condiciones de alta presión. Muchos científicos del momento dudaban de la eficacia de este tratamiento. Uno de sus médicos, Dr. Idnaty Kazakow, le preparaba estos lisados. Al principio, Stalin consiguió clarear su piel, pero posteriormente tuvo un importante rebrote con lesiones pigmentarias añadidas (tal vez una liquenificación secundaria). Stalin se irritó tanto por este hecho que acusó a Kazakow de antisoviético y de haber intentado envenenarlo, infringiendo el artículo 58 del código penal, por lo que fue condenado y ejecutado.