viernes, 6 de octubre de 2017

Martina Castells, primera doctora en Medicina de Catalunya




Miquel Gascón Sancho

Monumento a 
Martina Castells i Ballespí
(2003) 

Escultura de bronce 
Lleida

(Foto: Manuel Portero 
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Doctora_Castells.jpg)


Martina Castells, 
con toga de doctora

Grabado  aparecido en El Globo
Madrid, 15 de noviembre de 1883
Biblioteca Nacional. Madrid

Martina Castells i Ballespí (Lleida 1852 - Reus 1884) fue la primera mujer que se doctoró en Medicina en el Estado Español (1883). Nació en una familia de gran tradición médica: su padre, su abuelo y su bisabuelo ejercieron la profesión, así como tres de sus hermanos (Federico, Camilo y Rosendo). 

A los 8 años Martina padeció una oftalmía y tuvo que dejar de ir a la escuela. Su padre la envió a casa de unos tíos que vivían en Zumaia, en el País Vasco. En un ambiente muy diferente de su Lleida natal, Martina quiso integrarse con los niños del pueblo. Dotada de una gran inteligencia y agudo espíritu de observación, aprendió a entender y hablar euskera en pocas semanas. 

Rosendo Castells,  hermano de Martina,
que también era médico.
Dibujo publicado en la
sección "Gente conocida".
La España médica, 1 de enero de 1930. 

La joven superó su problema ocular y regresó a Lleida, donde comienza a ir a un colegio de la ciudad. Pero al poco tiempo su salud se resiente nuevamente. Ahora es una corea la que le impide seguir los estudios regulares. Recluida en casa, lee incansablemente, y escribe. En esta época cultiva la poesía. También un hecho luctuoso marcará de forma importante la vida de Martina: uno de sus hermanos fallece ahogado en el río Segre. 

Mientras tanto, la Revolución de 1868 ("La Gloriosa") trae importantes cambios al país. Entre otras cosas el nuevo gobierno permite que las mujeres estudien carreras científicas. Martina vuelve a los estudios y termina el bachillerato. Influída por el ambiente de la saga familiar, y especialmente por su abuelo, decide estudiar Medicina. 

Caricatura de la Dra. Martina Castells.
Autor no identificado.
Al pie, lleva los siguientes versos:

"Es doctora en Medicina
y una persona muy fina
   su conversación recrea...
presidirá la Asamblea
                   femenina"


(Hipódromo Cómico num 5, 1883) 
En 1877 ingresa en la Facultad de Medicina de Barcelona, donde coincide con dos mujeres más, pioneras como ella en los estudios médicos: Maria Elena Maseras y Dolors Aleu. Martina termina la carrera en cuatro años, licenciándose en 1881. 

Pero las estructuras legales del momento no tenían previsto que las mujeres hicieran el examen de licenciatura. Martina, en previsión de las posibles cortapisas, había ya iniciado gestiones para que no demoraran la entrega del título. Dirigió una instancia al Ministro de Fomento de Madrid, encargado de los asuntos de instrucción pública. En ella, de forma valiente y decidida, califica la negativa a que las mujeres hiciesen el examen de licenciatura de 
"situación anómala e ilegal, fruto de la ignorancia y de la superstición" 
En su instancia, Martina denunciaba también que 
"hasta el Congreso de Diputados se había evadido del hecho de que las mujeres pudiesen hacer el doctorado"
Dolors Aleu, compañera de Martina Castells,
fue la primera mujer que obtuvo
la licenciatura en Medicina (1881)
Martina y su compañera Dolors Aleu solicitaron hacer el examen de licenciatura el 21 de junio de 1881, aunque el permiso se retrasó hasta el 4 de abril del año siguiente. Por fin el 20 y 25 de abril logró examinarse, obteniendo la calificación de aprobado. Poco antes había podido licenciarse su compañera Dolors Aleu. Así pues, Dolors Aleu, fue la primera licenciada en Medicina (pocos días antes que Martina) y Martina Castells la primera doctora en Medicina, ambas pioneras de estos estudios en nuestro país. 


El 9 de octubre de 1882, Martina Castells se doctora con la tesis "Educación física, intelectual y moral que debe darse a la mujer para que contribuya en grado máximo a la perfección y la dicha de la Humanidad". La lectura de tesis tiene lugar en el Colegio de San Carlos de Madrid. El tribunal estaba presidido por el decano Juan de Madoz. Es curioso destacar que una vez investida con la toga y el birrete de doctora, el Tribunal decide suprimir el ritual protocolario de abrazar a la doctoranda por su condición de mujer. 

Martina Castells con toga
y birrete de Doctora el día de la lectura
de su tesis (9 de octubre de 1882)
El doctor José de Letamendi fue su padrino de tesis y destacó durante el acto que la Dra. Castells tuvo una predestinación para la medicina hipocrática gracias a su ambiente familiar. Letamendi también escribió un artículo para la revista La Ilustración de la mujer, en el que afirma que la joven doctora ha sido muy bien recibida por los estudiantes, cosa que contrasta con los presuntos redentores del país, el liberalismo de los cuales flaquea ante una mujer que aspira a salir de la trilogía de la cuna, la cocina y los bordados y labores del hogar. 

Letamendi aconsejó a su discípula que se dedicara a la Pediatría, cosa que hizo, aunque no por mucho tiempo. Martina se había casado con otro médico, el Dr. Constantí, médico militar del Instituto Pere Mata de Reus, donde también ejerció Martina como pediatra. Pero la muerte le sorprendió prematuramente, a los 31 años (1884).

Grabado aparecido en la necrológica 
de la Dra. Castells.
La Ilustración Catalana
num. 104, 15 de febrero de 1884
Antes de morir, Castells escribió diversos artículos sobre temas pediátricos, que fueron publicados en la Gaceta Médica:

- Procedencia del recto en el niño 

- Tratamiento de la compresión de la carótida 

- Reumatismo articular agudo de la infancia 

Coqueluche


Martina Castells, la primera doctora en Medicina, es recordada en los lugares donde vivió y trabajó. En Lleida, su ciudad natal un pequeño monumento callejero con su busto le rinde homenaje; en Barcelona, donde estudió, una plaza del Raval lleva su nombre y en Reus, un paseo conmemora que trabajó y murió en esta ciudad.


Placa de la Pl. Martina Castells, en el barrio del Raval, Barcelona

Uno de los numerosos grabados de la época
publicados en la prensa con ocasión
del doctorado de Martina Castells



Bibliografía

Martínez Ll. Metgesses de Catalunya. Barcelona: Pòrtic, 2004.

Orsola i Lecha E. Martina Castells i Ballespí. Galeria de metges catalans (CoMB) 





jueves, 5 de octubre de 2017

Los viejos textos de Dermatología





C. Daudén Sala

Homenaje a la 
dermatología histórica
(1993)

Óleo sobre tabla. 45 x 120 cm
Sede AEDV. Madrid



Hay aficiones que alcanzan un nivel de excelencia tan alto como el ejercicio de la propia profesión. Este es el caso del Dr. Daudén Sala, dermatólogo y pintor, que en el verano de 1993 quiso rendir un homenaje a la Dermatología Española. 


El Dr. Daudén había pintado previamente diversos cuadros en los que tomaba como tema un anaquel de biblioteca, de forma y manera que por los títulos de los libros y por algún objeto personal se trasluciera la personalidad de aquel a quien iba destinada la pintura. Una forma de escribir la biografía del personaje a través de sus gustos y lecturas. 

Esto le hizo concebir que podría rendir homenaje a la Dermatología Española reuniendo aquellos libros que le parecieron más representativos o que habían influido más en la trayectoria histórica de la Dermatología. Lo concibió como un óleo neorrealista, en el que los libros conformaban un escenario de clarooscuros y volúmenes que daba un claro carácter a la obra. 

Así se evocan algunos personajes insignes, que tuvieron una clara influencia en la evolución de la especialidad. Es el caso del Prof. Gay Prieto y Gómez Orbaneja, destacados catedráticos, cuyos libros de texto marcaron profundamente la Dermatología madrileña de mediados del s. XX, y el de Juan de Azúa, que fue el fundador y primer presidente de la Academia Española de Dermatología y Venereología. 

La mayoría de los libros representados en el cuadro formaban parte de la biblioteca personal del Dr. Daudén, aunque el conjunto fue enriquecido con algunos volúmenes cedidos por la Biblioteca de la AEDV. El dermatólogo-pintor recurrió a una licencia poética al representar también imaginariamente algunos libros históricos y difíciles de encontrar, como los de Astruc y Aicardius. 

Las obras de algunas grandes figuras de las escuelas europeas y norteamericana están representadas, así como algunas de las grandes revistas de la especialidad.

Por otra parte, se representan las medicaciones antisifilíticas de la época que marcaron hitos en esa terapéutica a través de un compuesto mercurial, y envases de Salvarsán y de penicilina. El frasco de solución y el tubo de pomada  simbolizan algunas de las formas medicamentosas propias más representativas de la práctica dermatológica y que todavía son  muy usadas en la actualidad. Por último, la lupa significa la exploración objetiva de las afecciones dermatológicas, tan importante para el diagnóstico clínico de ellas.  

En conjunto, un bello y original tributo de un dermatólogo enamorado de su especialidad, realizado con la maestría del artista. 




1. Andrews, Kerdel-Vegas, Domonkos. Tratado de Dermatología.
2. Fernández de la Portilla. La Lucha Antivenérea en España.
3. P. de Graciansky, S. y M. Boulle. Atlas de Dermatología.
4. J.L. Brocq. Cliniques Dermatologiques.
5.J.Darier, R. Sabourarud, Gougerot, Milian, Pautrier, Ravaut, Sézary, Clément Simon. Nouvelle Pratique Dermatologique.
6.R. Degos. Dermatologie.
7.W.F. Lever. Histopatología de la Piel.
8.E.A. Sainz de Aja. Sífilis, Blenorragia y Matrimonio.
9.A. Rook, D.S. Wilkinson, F.J.G. Ebling, R.H. Champion, J.L. Burton. Textbook of Dermatology.
10.J. Sánchez Covisa, J. Bejarano. Elementos de Dermatología.
11.Cuaderno con la relación de todos los dermatólogos ilustres que no se encuentran representados en los libros pintados.
12.E. Jeanselme, A. Sézary. Traité de la Syphilis.
13.J. Sánchez Covisa et al. Modernos Estudios sobre Dermosifiliografía.
14.E. Lesser. Tratado de Enfermedades de la Piel y Venéreas. 15.E. Hotfmann. Concepto actual de la Infección Sifilítica.
16.J. Barrio de Medina. Tratado Español de Dermatología y Sifiliografía.
17.J. Darier. Compendio de Dermatología.
18.R. Sabouraud. Maladies du Cuir Chevelu.
19.E. Riecke. Tratado de las Enfermedades Cutáneasy Venéreas.
20.J.J. Plenck. Doctrina de Morbis Cutaneus (1776).
21.E. Besnier, L. Brocq, L. Jacquet. La Pratique Dermatologique.
22.M.L. Quiroga, C.F. Guillot. Dermatología Cosmética.
23.A. García Pérez. Dermatología Clínica.
24.G.A. Rost. Enfermedades de la Piel.
25.Handbuch der Haut und Geschlechtskrankheiten.
26.Encilopédie Médico-Chirurgicale. Dermatologie.
27.E. Jacobi. Atlas de las Enfermedades de la Piel.
28.Juan de Azúa y Suárez. Título Académico. Primer Presidente de la Academia Española de Dermatología y Sifiliografía. Fundador de Actas Dermo-Sifiliográficas (1922).
29.J. Gómez Orbaneja. Dermatología.
30.Fabre. Tratado completo de las Enfermedades Venéreas (1849).
31.Aicardius. Afecciones de la Piel (1572).
32.Medicina Cutánea.
33.J. Gay Prieto. Dermatología y Venereología.
34.Annales de Dermatologie et de Vénéréologie.
35.Archives of Dermatology.
36.British Journal of Dermatology.
37.Astruc. Tratado de las Enfermedades Venéreas (1772).
38.Actas Dermo-Sifiliográficas. Tomo I-II. (1909-1910).
39.Aceite gris Cusí
40.Neo Abelló
Simbolizan la terapéutica antivenérea
41.Penicilina Sódica
42.Solución
43.Pomada
Simbolizan la terapéutica dermatológica
44.Lupa. Simboliza la exploración clínica dermatológica.


45.Firma de la obra (DAUDEN, 1993).

miércoles, 4 de octubre de 2017

Un ermitaño con hongos en las uñas






Juan van der Hamen y León

San Pablo ermitaño y san Antón
(s. XVII)

Óleo sobre lienzo 
Trascoro. Catedral de Burgos  




La catedral de Burgos es una obra arquitectónica fastuosa. No solo por sus trabajados pináculos, por sus bellas cúpulas, sino por sus dimensiones, que la hacen una de las mayores de la península. 

Tras el coro de la catedral se abre un amplio espacio donde se agolpan grupos de turistas y curiosos ansiosos de presenciar los movimientos del popular papamoscas, que puntual da las horas haciendo las delicias de los absortos visitantes. 


En el trascoro se encuentra una pintura de grandes dimensiones obra de Juan van der Hamen y León (1596-1631) un pintor barroco castellano que cultivaba bodegones, paisajes y pintura religiosa. Su obra pictórica estuvo muy influida por Juan Sánchez Cotán y el flamenco Frans Snyders. 


La tela del trascoro de Burgos representa a San Antón y a San Pablo ermitaño. Los dos ermitaños se encontraban para orar y un cuervo les proveía a diario de un pan para alimentarlos. según la leyenda, San Antón, retirado como eremita en el desierto, tuvo en sueños la revelación de que otra persona le había precedido en su idea decidiendo buscarlo. Tras localizar la cueva en la que se cobija San Pablo, decidió visitarlo y orar juntos. San Pablo absorto en su oración, era alimentado a diario por un cuervo con una hogaza de pan. Pero aquel día el cuervo trajo en su pico una doble ración de alimento. Esta escena es la que representa van der Hamen en esta gran tela.




La totalidad del cuadro San Pablo ermitaño y San Antón de Juan van Hamen, 
en el trascoro de la catedral de Burgos

La pintura es naturalista y en ella se pueden ver gran cantidad de detalles. En uno de los pies de S. Antón podemos ver unas uñas agrietadas, con grietas longitudinales, algo astilladas. La superficie de la uña también aparece opaca, algo manchada. En el borde libre se insinúa una leve descamación. Todos estos síntomas nos permiten sospechar una micosis de la uña, probablemente causada por hongos dermatofitos (tinea unguium) una enfermedad muy frecuente, que afecta todavía más a los individuos que, como el santo ermitaño, caminan con los pies descalzos. Algunas de las otras uñas también parecen afectadas. No es nada extraño si, como parece sugerir la tela, ambos ermitaños solían caminar descalzos. 





lunes, 2 de octubre de 2017

Las garras del centauro






Sagitario


Relieve de piedra
Museo de la Catedral de Ourense





En el museo de la catedral de Ourense, recientemente remodelado, encontramos un relieve representando a un centauro. Probablemente se trata de una referencia a Sagitario, ya que empuña un arco, atributo identificativo de este signo zodiacal. Tales seres, a pesar de formar parte de la mitología pagana, siguieron siendo representados durante el cristianismo, que en muchos aspectos siguió tomando los iconos de la tradición clásica. En el Zodíaco, por ejemplo, Sagitario está representado por un centauro disparando una flecha y esto persiste en calendarios y en menologios alusivos al paso del tiempo.

Centauros en un capitel de la iglesia de
Santiago de Breixa (Galicia)
También en algunas iglesias y claustros encontramos centauros. Es el caso por ejemplo de la iglesia de Santiago de Breixa (Galicia), San Claudio de Olivares en Zamora,  o Sant Pere de Galligants de Girona, donde los centauros comparten el espacio con otros seres mitológicos como sirenas-ave, sirenas-pez, arpías y demás quimeras de tradición pagana. No es raro que en estos casos, la figura del centauro se tome como símbolo de la naturaleza humana, marcada por el pecado en su parte inferior, animal pero dotado de una alma espiritual en la parte superior. 

Centauro en un capitel de la iglesia de
San Claudio de Olivares (Zamora)
En la figura del centauro de Ourense, la iconografía refuerza todavía más este simbolismo. El centauro no posee cascos en sus patas, como sería de esperar en un équido, sino garras. Las garras, las uñas de las rapaces son usadas para simbolizar el mal, como un atributo diabólico. Muchas veces encontramos representaciones de demonios con garras, o garras que permiten evocar la presencia del diablo. 

A veces ptambién podemos encontrar aves que muerden sus garras. En este caso se trata de otra alusión a la naturaleza humana. Las aves, deseosas de emprender el vuelo (la parte espiritual de la persona) muerden sus propias garras que no son otra cosa que las pasiones que las mantienen inmóviles en la tierra, la tendencia al pecado y a la concupiscencia. así las vemos por ejemplo en el claustro de la catedral de Girona.
Onicogrifosis

El símbolo de la garra, esta deformación de la uña que nos acerca a ciertos animales, como a las fieras o a las aves rapaces, tiene pues esta connotación negativa. En patología humana, las garras pueden existir. En la lepra por ejemplo es común la presencia de la garra cubital, que deforma la mano por afectación del nervio cubital, que se engrosa considerablemente y paraliza la mano. La mano entonces se dispone en una posición que recuerda a la de un animal salvaje.  Previsiblemente este aspecto no ayudó mucho a la consideración social de los leprosos, aumentando todavía más su marginación.

Pero hay otro transtorno patológico que puede remedar una garra en la patología humana. Se trata de la onicogrifosis, alteración distrófica hace que las uñas se engruesen considerablemente. Tanto se engruesan que se llegan a retorcer como el cuerno de un carnero, presentando un aspecto horrible y repulsivo. Probablemente hubo una mutua sinergia entre la patología y la creación de símbolos, influyendo de algún modo en la iconografía.                    

domingo, 1 de octubre de 2017

El lavabo, un gran progreso higiénico






Javier Garcés

Pica
(2010)

Madera de abedul y vidrio 31 x 79 x 60
Museo Can Mario de escultura contemporánea
Palafrugell




El lavabo, dotado de agua corriente y sumidero, aparece en el último cuarto del s. XIX. Hasta entonces era habitual lavarse parcialmente con una gran jarra y una gran jofaina, de forma similar a como se lavaban las manos en la Edad Media.  

Conjunto de jofaina y jarra. Finales del s. XIX.
Colección particular
En la década de los 80 del s. XIX. Rudolf Ditmar Urbach en Austria  y Thomas Twyford en Inglaterra, respectivamente, son los primeros en convertir el inodoro en la pieza unitaria de porcelana que conocemos. 

A partir de ahí se empiezan a fabricar productos sanitarios de lujo, con ostentosas decoraciones, que fueron usados durante la época de la arquitectura modernistaLos nuevos hábitos de higiene se difunden internacionalmente, y los cuartos de baño empiezan a generalizarse como parte de la vivienda. Al principio se instalaba un lavabo único y común en las plantas bajas del edificio, pero pronto se pasó a un baño por vivienda, y éste va ganando más espacio. Progresivamente, se desarrolla el sistema de alcantarillado moderno, que conlleva la modernización del cuarto de baño y de todos sus elementos (tuberías, grifos, desagües…). Los baños solían constar de bañera, inodoro y la pila del lavabo. En algunos casos (sobre todo en ciertos países) se complementaba también con un bidé. 

Catálogo de sanitarios.  Principios del s. XX.
Con la llegada del siglo XX, el baño se convierte en una estancia necesaria e indispensable en las viviendas, con un estilo orientado hacia la funcionalidad. Durante “los felices años 20” se asocia la idea de confort a la mejoría del nivel de vida y se desarrolla el concepto de “placer” del baño. Se instalaron en algunos casos calentadores (de gas o de electricidad) para garantizar el acceso al agua caliente. 

El nuevo concepto de “baño funcional” se basaba en el progresivo uso de nuevos materiales, más ligeros y resistentes. Los recargados trabajos en ebanistería, cortinajes, alfombras y piezas en hierro fundido del pasado van dejando paso progresivamente a materiales más modernos como el esmalte blanco, los azulejos y el mármol. El abandono definitivo del hierro y el monopolio de la porcelana ocurren sobre todo después de la I Guerra Mundial, y gracias a los nuevos materiales es posible desarrollar modelos estándar de baño para las clases más modestas.

Antonio López: Lavabo de Roca, 1967
Tal vez sea éste el sentido de la obra del escultor Javier Garcés, realizando una escultura en madera de abedul policromada que toma como argumento una pila de lavabo, sucia y usada, tal como la podríamos encontrar al final del día en cualquier taller o fábrica. Lo complementa con unos trozos de jabón de Marsella, el más humilde y primitivo de los jabones. La conjunción del lavabo y el jabón como agentes de limpieza se contrapone en este caso en una asociación de ideas contrapuestas (limpieza-suciedad) que plantea una cierta perplejidad en el espectador. 

Aunque quizá menos impactante, también podríamos citar la pintura de Antonio López que plasma un lavabo más doméstico, como el que podía encontrarse en cualquier domicilio particular en la década de los años 60. 

El lavabo ha supuesto en cualquier caso un importante progreso en la higiene cutánea, que probablemente disminuyó considerablemente algunas enfermedades. No siempre las actuaciones médicas son las que frena el avance de la patología. Muy frecuentemente nos olvidamos del transcendente papel de objetos que, de tan cotidianos, dejamos de considerar. Inventos tan humildes e impensados como la ducha, el bidé o el lavabo han contribuído considerablemente a la mejoría de la higiene. 

Javier Garcés: Pila (visión frontal).