Mostrando entradas con la etiqueta Ética. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ética. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de julio de 2021

Negar la epidemia. El cólera de 1971.

 versió catalana | versión española

 





Hospital de Santa María del Mar 
(circa 1960)

Fotografía de archivo
Hospital del Mar



Durante el siglo XIX, nuestro país sufrió varias epidemias de cólera, que causaron una alta mortalidad. Las más destacadas fueron el 1817-23, 1829-34, 1854-55, 1863-65, y la de 1885. En total, cerca de 800.000 muertes a lo largo de la centuria.

Pero también hubo pequeños brotes coléricos, que aunque de menor magnitud, fueron silenciados por criterios políticos, como fue el caso del cólera de 1971. Ahora justamente se conmemoran 50 años de este episodio, del que tuve la oportunidad de ser testigo presencial.

En 1961 había comenzado una nueva pandemia de cólera, en Indonesia. El agente causal era Vibrio cholerae biotipo El Tor, una cepa que se denominaba así porque había sido descrita por Felix Gotschlich 1905 en la estación de cuarentena El Tor, en la península del Sinaí. La enfermedad se extendió luego por la India y Bangladesh, afectando a muchos países asiáticos y llegando hasta el oriente de Europa y el norte de África, formando una tenaza que permitía prever que acabaría llegando a la Península Ibérica.

Efectivamente, el brote epidémico llegó en verano de 1971. El foco principal de cólera se había declarado en la cuenca del Jalón, en Aragón, en los pueblos de Épila (3.997 habitantes y 38 posibles casos) y Rueda de Jalón (534 habitantes y 18 posibles casos). La Sanidad oficial franquista negó rotunda y repetidamente que fuera cólera. En plena temporada de vacaciones, la noticia de un brote de cólera en España podía dañar la imagen del país y arruinar el turismo, que en aquellos años ya se había convertido en una importante fuente de divisas.

A pesar de la censura oficial sobre la enfermedad, y de forma contradictoria, se organizaron campañas de vacunación. En la provincia de Zaragoza se vacunaron durante el mes de julio más de 600.000 personas.


Cola para vacunarse del cólera. Zaragoza, 1971


En Barcelona se centró la vacunación en el Hospital del Mar, donde los Doctores Amadeo Foz y Francisco Alcántara organizaron la hospitalización de enfermos coléricos, el diagnóstico bacteriológico y la vacunación de la población. Los equipos de vacunación estaban formados por algunos estudiantes de Medicina voluntarios, como yo mismo.

El Hospital del Mar había sido el antiguo Hospital de Infecciosos (1914-1940), de gestión municipal, que a partir de 1940 y hasta 1975 recibió el nombre de Hospital de Nuestra Sra. del Mar. El Dr. Francisco Alcántara (1922-2012) era desde 1967 el Jefe de Servicio de Medicina Interna del Hospital de Ntra. Sra. del Mar.



Dr. Francisco Alcántara

 

A raíz de la epidemia, el Dr. Alcántara se encargó de diseñar y organizar una unidad de diagnóstico y tratamiento del cólera. Para atender el brote se evacuaron y trasladaron a otros hospitales todos los enfermos no infecciosos que estaban ingresados y se habilitaron servicios de hidratación, esterilización, lavanderías especiales, fumigadores, quemadores de desechos, camillas idóneas para coléricos, etc. Los casos sospechosos de cólera se instalaron en tres pabellones:

1. Una unidad de rehidratación, donde ingresaban los enfermos graves con diarreas muy intensas. La función de este espacio era aislar los casos y proceder a la rehidratación. También se les administraba cloranfenicol, siguiendo la pauta del momento para casos de cólera, recomendada por la OMS.

2. El segundo espacio era para los convalecientes, los enfermos que ya habían superado la fase aguda.

3. El tercer pabellón era para enfermos con diarrea sin signos de deshidratación pero que por varias razones no podían ser atendidos en su casa.


Esta organización fue muy efectiva. De los 580 casos ingresados (180 con confirmación diagnóstica de cólera) sólo se registraron 3 muertos. En 1973 el Dr. Alcántara fue condecorado por su eficiente trabajo con la Orden Civil de Sanidad.

Otro médico destacado en el control de la epidemia fue el Dr. Amadeo Foz Tena (1913-1993), bacteriólogo, y profesor de Microbiología en la UAB. Foz organizó las determinaciones microbiológicas, por un lado, y la vacunación de la población por otra. Tengo recuerdos personales de esta campaña. Yo en aquel momento era alumno interno de microbiología y el Dr. Foz era mi profesor. Recuerdo que yo estaba de vacaciones, pero a una hora avanzada de la noche recibí la llamada del profesor pidiéndome que me incorporara urgentemente al Servicio y que le ayudara a reunir un grupo de compañeros estudiantes para organizar los equipos de vacunación. Esto me convirtió en un testigo de primera fila de aquel brote epidémico.

Los equipos de vacunación comenzaron a funcionar de inmediato. Incorporaron médicos del equipo habitual de microbiología, entre los que recuerdo la Dra. Clara Roy y Avenosa (auténtica mano derecha del Dr. Foz), el Dr. Ignacio Calicó y Mª Luisa de Buen y un grupo de estudiantes de Medicina de la UAB. Nos instalamos en un pequeño cobertizo que había en la entrada del hospital, una especie de conserjería. En la foto que encabeza esta entrada puede verse, a la izquierda. Se crearon dos equipos, cada uno formados por 3-4 estudiantes y un médico supervisor. Como novedad disponíamos de jeringas de plástico de un solo uso que se habían introducido recientemente. Hasta entonces se habían usado normalmente jeringas de vidrio que había que esterilizar cada vez, y que todavía usábamos cuando se acababan las de plástico. Uno de nosotros tomaba los datos, otro cargaba la jeringa y el otro inoculaba. Recuerdo que cada uno inoculaba unas 800 vacunas diarias. Había momentos en que se formaban largas colas de gente para vacunar. Mientras vacunábamos les dábamos instrucciones de higiene sobre lavar la fruta y la verdura, el agua de boca, y la higiene personal.



Dr. Amadeo Foz Tena


Para acceder a las salas de los coléricos, nos poníamos guantes y también batas, patucos, cofias, y mascarillas de tela que habían sido especialmente esterilizadas y que se cambiaban cada vez. Las normas de la lavandería del hospital eran estrictas. Los enfermos no estaban en camas, sino en literas, una especie de parihuela con aspas en los extremos que permitían mantenerlas elevadas, como si fuera una cama, para permitir la eliminación de las heces. A la altura de la zona anal, había un agujero de unos 15 cm para permitir la salida de las continuas deposiciones, ya que la diarrea podía llegar a ser de 30 l / día. El agujero conectaba con un tubo que llevaba las heces a un cubo que las recogía y que contenía un fuerte antiséptico. Los enfermos estaban profundamente deshidratados y se les rehidrataba con suero parenteral. La visión de la cara de los enfermos y de las fóveas que la presión producía en su piel no se olvida fácilmente. Ni tampoco los movimientos del vibrión colérico vivo en el microscopio.

Mientras todo esto ocurría, la prensa seguía negando la realidad. El 24 de julio, después de días de silencio, la Vanguardia publicaba un titular: "Normalidad sanitaria en todo el país". Otro artículo destacaba: "No es necesaria la vacunación, afirma la Organización Mundial de la Salud". Un subtítulo afirmaba categóricamente "el foco epidémico está definitivamente estrangulado", y aunque reconocía que se habían hospitalizado 435 personas con "trastornos diarreicos" en Zaragoza, insistía en que la campaña sanitaria estaba prácticamente concluida.



La prensa negó la existencia de cólera de forma categórica y reiteradamente


La negación de las epidemias por intereses políticos no es nueva. En varias circunstancias se ha tomado esta decisión irresponsable, con la excusa de no atemorizar a la población. El caso del cólera del verano de 1971 es uno de los más claros, y yo fui testigo presencial de estos hechos. Mientras veía como los coléricos se deshidrataban en las salas del hospital, leía poco después las noticias de la prensa negando la evidencia. Las instituciones sanitarias y políticas del franquismo hicieron todo lo posible para ocultar y maquillar la realidad, con el fin de preservar el turismo y el prestigio internacional de España. En ningún momento se proporcionaron datos reales sobre letalidad o mortalidad. Se vulneró así el derecho de la ciudadanía a una información libre y veraz sobre una enfermedad infecciosa que podía extenderse fácilmente. 

No era la primera vez que el franquismo silenciaba epidemias. También a principios de los años 50 se ocultó el brote de poliomielitis y no se divulgaron de forma adecuada las normas higiénicas para prevenirla. La vacunación de la poliomielitis llegó a España con 10 años de retraso. El resultado fue que muchos niños sufrieron la enfermedad y sus consecuencias, que les dejaron importantes secuelas. Los intereses políticos a veces pueden ser criminales por omisión.

Xavier Sierra Valentí

 



Negar l'epidèmia. El còlera de 1971.








Hospital de Santa Maria del Mar 
(circa 1960)

Fotografia de arxiu
Hospital del Mar


Durant el s. XIX, el nostre país va patir diverses epidèmies de còlera, que van causar una alta mortalitat. Les más destacades van ser el 1817-23, 1829-34, 1854-55, 1863-65, i la de 1885. En total, prop de 800.000 morts al llarg de la centúria. 

Però també hi va haver petits brots colèrics, que encara que de menor magnitud, van ser silenciades per criteris polítics, com va ser el cas del còlera de 1971. Ara justament es commemoren 50 anys d’aquest episodi, del que vaig tenir l'oportunitat de ser-ne testimoni.  

L’any 1961 havia començat una nova pandèmia de còlera, a Indonèsia. L'agent causal era Vibrio cholerae biotip El Tor, una soca que es denominava així perquè havia estat descrita per Felix Gotschlich l’any 1905 a l’estació de quarentena El Tor, a la península del Sinaí. La malaltia es va estendre després per la Índia i Bangla Desh, afectant molts països asiàtics i arribant fins l’orient d’Europa i al nord d’Àfrica, formant una tenalla que permetia preveure que acabaria arribant a la Península Ibèrica. 

Efectivament, el brot epidèmic va arribar a l’estiu de 1971. El focus principal de còlera s’havia declarat a la conca del Jalón, a l’Aragó, en els pobles d’Épila (3.997 hab. i 38 possibles casos) i Rueda de Jalón (534 hab. i 18 possibles casos).  La Sanitat oficial franquista va negar rotundament i repetida que fos còlera. En plena temporada de vacances, la notícia d’un brot colèric a Espanya podia malmetre la imatge del país i arruïnar el turisme, que en aquells anys ja s’havia convertit en una important font de divises. 

Malgrat la censura oficial sobre la malaltia, i de forma contradictòria , es van organitzar campanyes de vacunació. A la província de Saragossa es van vacunar més de 600.000 persones. 


Cua per vacunar-se del còlera. Saragossa, 1971


A Barcelona es va centrar la vacunació a l'Hospital del Mar, on els Drs. Amadeo Foz i Francisco Alcántara van organitzar la hospitalització de malalts colèrics, el diagnòstic bacteriològic i la vacunació de la població. Els equips de vacunació estaven formats per alguns estudiants de Medicina voluntaris, com jo mateix. 

L’Hospital del Mar havia estat l’antic Hospital d’Infecciosos (1914-1940), de gestió municipal, que a partir de 1940 i fins 1975 va rebre el nom d’Hospital de Nuestra Sra. del Mar. El Dr. Francisco Alcàntara (1922-2012) era des de 1967 el Cap de Servei de Medicina Interna de l’Hospital de Ntra. Sra. del Mar. 



Dr. Francisco Alcántara


Arrel de l’epidèmia de còlera, el Dr. Alcántara es va encarregar de dissenyar i organitzar una unitat de diagnòstic i tractament del còlera. Per atendre el brot es van evacuar i traslladar a altres hospitals tots els malalts no infecciosos que estaven ingressats i s’habilitaren serveis d’hidratació, esterilització, rentadors especials, fumigadors, cremadors de deixalles, lliteres idònies per a colèrics, etc . Els casos sospitosos de tenir còlera es van instal·lar en tres pavellons:

1. Una unitat de rehidratació, on ingressaven els malalts greus amb diarrees molt intenses. La funció d’aquest espai era aïllar els casos i procedir a la rehidratació. També se’ls administrava cloramfenicol, seguint la pauta del moment per casos de còlera, recomanada per la OMS.

2. El segon espai era pels convalescents, pels malalts que ja havien superat la fase aguda. 

3. El tercer pavelló era per malalts amb diarrea sense signes de deshidratació però que per diferents raons no podien ser atesos a casa seva. 

Aquesta organització va ser molt efectiva. Dels 580 casos ingressats (180 amb confirmació diagnòstica de còlera) només es van registrar 3 morts. El 1973 el Dr. Alcántara va ser condecorat per la seva feina amb l’Ordre Civil de Sanitat.

Un altre metge destacat en el control de l’epidèmia va ser el Dr. Amadeo Foz Tena (1913-1993), bacteriòleg, i professor de Microbiologia a la UAB. Foz va organitzar les determinacions microbiològiques, per una banda, i la vacunació de la població per altra. Tinc records personals d’aquesta campanya. Jo aleshores era alumne intern de microbiologia i el Dr. Foz era el meu professor. Recordo que jo estava de vacances, però a a una hora avançada de la nit vaig rebre la trucada del professor demanant-me que m’incorporés urgentment als equips de vacunació i que l’ajudés a reunir un grup de companys per a organitzar la vacunació. Això va fer que pogués ser un testimoni de primera fila d'aquell brot epidèmic. 

Els equips de vacunació van començar a funcionar de seguida. S’incorporaren metges de l’equip habitual de microbiologia, entre els que recordo la Dra. Clara Roy i Avenosa (autèntica mà dreta del Dr. Foz), el Dr. Ignasi Calicó i Mª Luisa de Buen i un grup d’estudiants de Medicina de la UAB. Ens vàrem instal·lar en un petit cobert que hi havia llavors a l’entrada de l’hospital, una mena de consergeria. Es formaren dos equips, cada un formats per 3-4 estudiants i un metge supervisor. Com a novetat disposàvem de xeringues de plàstic d’un sol ús que en s’havien introduït feia poc. Fins llavors s’havien usat normalment xeringues de vidre que calia esterilitzar cada vegada, i que de tota manera encara usàvem quan s’acabaven les de plàstic. Un de nosaltres prenia les dades, un altre carregava la xeringa i l’altre inoculava. Recordo que cadascú feia unes 800 vacunes diàries. Hi havia moments en que es formaven llargues cues de gent per vacunar. Mentre vacunàvem proporcionàvem instruccions d’higiene sobre rentar la fruita i la verdura, l’aigua de boca, i higiene personal. 


Dr. Amadeo Foz Tena

Per accedir a les sales dels colèrics, ens haviem de posar guants i també bates, peücs, còfies, i mascareta de roba que havien estat especialment esterilitzades i que es canviaven cada vegada. Les normes de la bugaderia de l’hospital eren estrictes. Els malalts no estaven en llits, sinò en lliteres, una mena de baiards amb aspes als extrems que permetien mantenir-les elevades, com si fos un llit, per permetre l’eliminació de les. A l’altura de la zona anal, hi havia un forat d’uns 15 cm per permetre la sortida de les contínues deposicions, ja que la diarrea podia arribar a ser de 30 l/dia. El forat connectava amb un tub que portava la femta a una galleda que la recollia i que contenia un fort antisèptic. Els malalts estaven profundament deshidratats i se’ls rehidratava amb sèrum parenteral. La visió de la fàcies dels malalts i de les fòvees que la pressió produïa a la seva pell no s’oblida fàcilment. Ni tampoc els moviments del vibrió colèric viu al microscopi.  

Mentre tot això passava, la premsa seguia negant la realitat. El 24 de juliol, després de dies de silenci, la Vanguardia publicava un titular: “Normalidad sanitaria en todo el país”. Un altre article destacava: “No es necesaria la vacunación, afirma la Organización Mundial de la Salud”. Un subtítol afirmava categòricament “el foco epidémico está definitivamente estrangulado”, i tot i que reconeixia que s’havien hospitalitzat 435 persones amb “transtornos diarreicos” a Saragossa, insistia que la campanya sanitària estava pràcticament conclosa.


La premsa va negar que hi hagués còlera de forma categórica y reiterada


La negació de les epidèmies per interessos polítics no és nova. En diverses circumstàncies s'ha pres aquesta decisió irresponsable, amb l'excusa de no atemorir a la població. El cas del còlera de l'estiu de 1971 és un dels més clars, i jo en vaig ser testimoni presencial. Mentre veia com els colèrics es deshidrataven a les sales de l'hospital, llegia després les notícies negant l'evidència. Les institucions sanitàries i polítiques del franquisme van fer tot el possible per ocultar i maquillar la realitat, per tal de preservar el turisme i el prestigi internacional d’Espanya. En cap moment es van proporcionar dades reals sobre letalitat o mortalitat. Es va vulnerar així el dret de la ciutadania a una informació lliure i veraç sobre una malaltia infecciosa que podia estendre’s fàcilment. No era la primera vegada que el franquisme silenciava epidèmies. També a la primeria dels anys 50 es va ocultar el brot de poliomielitis i no es van divulgar de forma adient les normes higièniques per prevenir-la. La vacunació de la poliomielitis va arribar a Espanya amb 10 anys de retard. El resultat va ser que molts nens van patir la malaltia i les seves conseqüències, que els deixaren importants seqüeles. Els interessos polítics, que de vegades poden ser criminals per omisió. 

                                                                 Xavier Sierra Valentí


(Article de la revista d'història de la Medicina Gimbernat)

miércoles, 21 de abril de 2021

Epónimos para olvidar: (y V) Eppinger y el agua de mar

 versió catalana | versión española


 




Monumento conmemorativo
de los muertos en el campo de concentración
 
Escultura de bronze 
Campo de concentración de Dachau



Además de los epónimos de médicos nazis que ya hemos comentado en anteriores entradas del blog, hay otros más cuyas investigaciones vulneraron la ética. Es el caso de Hans Eppinger, que junto con Cahois y Cesare Frugoni describió el llamado síndrome de Cauchois-Eppinger-Frugoni, caracterizado por la inflamación y trombosis de la vena porta, y posiblemente también de la vena esplénica, causando esplenomegalia o hepatoesplenomegalia, anemia, leucopenia y trombopenia. Otras características de este cuadro pueden ser varices esofágicas, ascitis, fiebre y sangrado de la piel y del tracto digestivo.

También se conoció como "nevus de Eppinger" al nevus aracneus, angioma aracniforme o araña vascular.  Se trata de  pequeñas lesiones cutáneas adquiridas, formadas por un vaso central dilatado que está rodeado de telangiectasias, capilares delgados, también algo dilatados, que tienen un aspecto que recuerda a las patas de una araña.



Hans Eppinger en 1940 


Hans Eppinger (1879-1946) se distinguió por sus condenables investigaciones sobre  la supervivencia en el mar. Se intentaba encontrar una fórmula para posibilitar la supervivencia de los pilotos de la Luftwaffe cuyo avión había sido derribado en el océano. Por esto se decidió investigar si podrían subsistir con agua de mar. 

El alto oficial alemán de la SS Arthur Nebe seleccionó a unos cuantos prisioneros del campo de concentración de Buchenwald, en el que habían encerrado a unos siete mil gitanos. Desde allí fueron trasladados al campo de Dachau, donde les mintieron diciendo que integrarían una brigada de limpieza encargada de retirar escombros tras unos bombardeos. 

Pero la realidad fue muy distinta, como reveló el informe de Josef Laubinger el 27 de junio de 1947 durante el llamado Juicio de los médicosEntre julio y septiembre de 1944 se obligó al grupo de 40 gitanos a beber agua de mar, provocándoles graves secuelas.



Visita de Himmler al campo de concentración de Dachau, el 8 de mayo de 1936. (Bundesarchiv Bild)

Josef Laubinger formaba parte del grupo de gitanos sometidos a este cruel experimento. Ante el tribunal de Nuremberg declaró que formaba parte del grupo de gitanos que, a su vez, fue dividido en tres subgrupos. 

Todos fueron privados de alimentos. Al primer grupo les dieron de beber agua de mar. Al segundo grupo agua de mar  tratada químicamente, "que tenía un color amarillo oscuro y era mucho peor que el agua de mar pura". Al tercer grupo se les administró "agua de mar preparada que parecía agua potable real". A los prisioneros se les administraba únicamente agua salada mientras se les iban haciendo determinaciones de sangre periódicas y se anotaba cuidadosamente todos los síntomas que sufrían hasta que morían.

El experimento fue totalmente inútil, aparte de provocar un gran sufrimiento de las víctimas. De hecho, su objetivo era comprobar si sufrirían síntomas físicos graves o si morirían en un período de seis a doce días. La deshidratación que les produjo el experimento hizo que algunos, desesperados, llegasen a lamer el suelo cuando se acababa de fregar. 



Una de las víctimas del experimento de beber agua de mar.

 

Laubinger en su declaración relataba: 

"Tuve terribles episodios de sed, me sentí muy mal, perdí mucho peso y tuve fiebre. Me sentí tan débil que ya no podía soportarlo"
Laubinger declaró que aparte del experimento del agua de mar, también fue sometido a experimentos con hipotermia y malaria. En su declaración recuerda que un día, un gitano checo sometido al experimento, le comentó al médico de la Luftwaffe que no podía seguir bebiendo. 

"El médico lo ató entonces a una cama y lo obligó violentamente a tragar el agua por medio de una bomba de estómago"

A la mayoría de los gitanos usados como cobayas humanos les realizaron punciones en el hígado y en la médula espinal.

"Yo mismo sufrí una punción en el hígado y por mi propia experiencia sé que estos pinchazos fueron terriblemente dolorosos. Incluso hoy, cuando cambia el tiempo, siento un gran dolor". 

Tras finalizar la II Guerra Mundial Eppinger trabajó como médico del alto mando soviético e incluso llegó a tratar a Stalin. Se suicidó ingiriendo veneno en 1946, un mes antes de testificar en el juicio de Nuremberg, un proceso en el que se juzgó por crímenes a veinte médicos de campos de concentración, dos oficiales administrativos y un abogado. 




Wilhelm Beiglböck


Uno de los médicos implicado en los experimentos de los gitanos en Dachau, el internista Wilhelm Beiglböck, fue acusado de llevar a cabo las pruebas para convertir el agua salada en potable, y fue condenado por crímenes de guerra y por lesa humanidad a una pena de quince años de cárcel. La pena fue posteriormente conmutada luego a diez años, por lo que salió en libertad en 1951 y siguió ejerciendo su profesión como médico jefe del hospital de Buxtehude. 

El cerebro de los experimentos con agua de mar, Hermann Becker-Freyseng, fue condenado a veinte años, aunque se quedaron en la mitad. Otros dos médicos nazis recibieron unas condenas similares, cuatro fueron absueltos, cinco merecieron cadena perpetua y siete, la pena capital. 



Una vista de los médicos acusados en el "Juicio de los doctores" en Nuremberg. 

Aunque en Nuremberg se juzgaron ampliamente las matanzas de judíos (Holocausto) no sucedió lo mismo con  el genocidio gitano (Samudaripen), que estuvo escasamente representado. Durante el juicio por ejemplo, hubo solamente cuatro gitanos entre los 84 testigos citados a declarar.  

Gustav Steinbauer, abogado de Beiglböck, alegó que los testigos gitanos citados eran individuos "asociales" y sin credibilidad alguna, a fin de que el tribunal no admitiese sus declaraciones.

"Las condenas impuestas fueron irrisorias, aunque cuando las víctimas son gitanas suelen ser siempre mínimas. De hecho, en los juicios de Nuremberg nadie representó el martirio de los gitanos, que fue descartado desde el principio porque se consideró que la persecución había sido más social que racial. En el fondo, los jueces y fiscales ingleses y estadounidenses también tenían prejuicios racistas contra ellos"



Hans Eppinger


Hasta los años 70, un premio prestigioso en Alemania del Este llevaba el nombre de Hans Eppinger. Tras investigarse su trayectoria profesional y se descubrió su relación y participación en crímenes y experimentos con humanos, se cambió el nombre de este premio. 


Bibliografía

Cuerda E, González-López E, López-Estebaranz JL. Dermatología en la Alemania nazi. Actas Dermo-Sif, 2011; 102: 423-428

Cuerda E. López-Muñoz F (ed) Cuando la Medicina no cura. La participación del personal sanitario en torturas, genocidios y experimentos al margen de los códigos éticos. Delta Delta pub. Madrid, 2016. 

Sierra X. Los dermatólogos judíos en la Alemania nazi. En: Sierra X (ed) 100 años de Dermatología. p. 57-70. Grupo Aula Médica SA. Madrid, 2001

Sierra X. Los dermatólogos judíos bajo el III Reich. Piel, 2011, 16, 120-124.

Weyers W. Death of Medicine in Nazi Germany. Dermatology and dermatopathology under the swastika.  Madison Books. Oxford 1998







Epònims per oblidar: (i V) Eppinger i l’aigua de mar


 



Monument commemoratiu
dels morts al camp de concentració
 
Escultura de bronze 
Camp de concentració de Dachau




A més dels epònims de metges nazis que ja hem comentat en aquesta i en anteriors entrades del blog, n’hi ha d’altres que també van fer investigacions vulnerant l'ètica. És el cas de Hans Eppinger, que juntament amb Cahois i Cesare Frugoni va descriure l'anomenada síndrome de Cauchois-Eppinger-Frugoni, caracteritzada per la inflamació i trombosi de la vena porta, i possiblement també de la vena esplènica, causant esplenomegàlia o hepatoesplenomegalia, anèmia, leucopènia i trombopènia. Altres característiques d'aquest quadre poden ser varius esofàgiques, ascites, febre i sagnat de la pell i del tracte digestiu.

També es va conèixer com "nevus d’Eppinger" al nevus aracneus, angioma aracniforme o aranya vascular. Es tracta de petites lesions cutànies adquirides, formades per un vas central dilatat que està envoltat de telangièctasis, capil·lars prims, també una mica dilatats, que tenen un aspecte que recorda a les potes d'una aranya.



Hans Eppinger el 1940 



Hans Eppinger (1879-1946) es va distingir per les seves condemnables investigacions sobre la supervivència al mar. S'intentava trobar una fórmula per possibilitar la supervivència dels pilots de la Luftwaffe, l’avió havia estat derrotat a l'oceà. Per això es va decidir investigar si podrien subsistir amb aigua de mar.

L'alt oficial alemany de la SS Arthur Nebe va seleccionar a uns quants presoners del camp de concentració de Buchenwald, en el qual havien tancat a uns set mil gitanos. Des d'allà van ser traslladats al camp de Dachau, on els van mentir dient que integrarien una brigada de neteja encarregada de retirar runes després d'uns bombardejos.

Però la realitat va ser molt diferent, com va revelar l'informe de Josef Laubinger el 27 de juny de 1947 durant l’anomenat Judici dels metges. Entre juliol i setembre de 1944 es va obligar al grup de 40 gitanos a beure aigua de mar, provocant-los greus seqüeles.



Visita d'Himmler al camp de concentració de Dachau, el 8 de maig de 1936. (Bundesarchiv Bild)



Josef Laubinger formava part del grup de gitanos sotmesos a aquest cruel experiment. Davant el tribunal de Nuremberg va declarar que formava part del grup de gitanos que, al seu torn, va ser dividit en tres subgrups.

Tots van ser privats d'aliments. Al primer grup els van fer beure aigua de mar. Al segon grup aigua de mar tractada químicament, "que tenia un color groc fosc i era molt pitjor que l'aigua de mar pura". Al tercer grup se'ls va administrar "aigua de mar preparada que semblava aigua potable real". Als presoners se'ls administrava únicament aigua salada mentre se'ls anaven fent determinacions de sang periòdiques i s'anotava acuradament tots els símptomes que patien fins que morien.

L'experiment va ser totalment inútil, a part de provocar un gran sofriment de les víctimes. De fet, el seu objectiu era comprovar si patirien símptomes físics greus o si moririen en un període de sis a dotze dies. La deshidratació que els va produir l'experiment va fer que alguns, desesperats, arribessin a llepar el terra quan s'acabava de fregar.



Una de les víctimes de l'experiment de beure aigua de mar.


 

Laubinger en la seva declaració relatava:

"Vaig tenir terribles episodis de set, em vaig sentir molt malament, vaig perdre molt de pes i vaig tenir febre. Em vaig sentir tan feble que ja no podia suportar-ho".

Laubinger va declarar que a part de l'experiment de l'aigua de mar, també va ser sotmès a experiments amb hipotèrmia i malària. En la seva declaració recorda que un dia, un gitano txec sotmès a l'experiment, li va comentar al metge de la Luftwaffe que no podia seguir bevent.

"Llavors el metge el va lligar a un llit i el va obligar violentament a empassar-se l'aigua per mitjà d'una bomba d'estómac".

A la majoria dels gitanos emprats com a cobais humans els van realitzar puncions al fetge i a la medul·la espinal. 

"Jo mateix vaig patir una punció al fetge i per la meva pròpia experiència sé que aquests punxades van ser terriblement doloroses. Fins i tot avui, quan canvia el temps, sento un gran mal".

Després de finalitzar la II Guerra Mundial, Eppinger va treballar com a metge de l'alt comandament soviètic i fins i tot va arribar a tractar a Stalin. Es va suïcidar ingerint verí el 1946, un mes abans de testificar al judici de Nuremberg, un procés en el qual es va jutjar per crims a vint metges de camps de concentració, dos oficials administratius i un advocat.



Wilhelm Beiglböck


Un dels metges implicat en els experiments dels gitanos a Dachau, l'internista Wilhelm Beiglböck, va ser acusat de dur a terme les proves per convertir l'aigua salada a potable, i va ser condemnat per crims de guerra i per lesa humanitat a una pena de quinze anys de presó. La pena va ser posteriorment commutada a deu anys, de manera que va sortir en llibertat el 1951 i va seguir exercint la seva professió com a metge en cap de l'hospital de Buxtehude.

El cervell dels experiments amb aigua de mar, Hermann Becker-Freyseng, va ser condemnat a vint anys, tot i que es van quedar a la meitat. Dos metges nazis van rebre unes condemnes similars, quatre van ser absolts, cinc van merèixer cadena perpètua i set, la pena capital.



Els acusats en el "Judici dels metges" a Nuremberg. 



Encara que a Nuremberg es van jutjar àmpliament les matances de jueus (Holocaust), no va succeir el mateix amb el genocidi gitano (Samudaripen), que va estar escassament representat. Durant el judici per exemple, només hi va haver quatre gitanos entre els 84 testimonis citats a declarar.

Gustav Steinbauer, advocat de Beiglböck, va al·legar que els testimonis gitanos citats eren individus "asocials" i sense cap credibilitat, a fi que el tribunal no admetés les seves declaracions.

"Les condemnes imposades van ser irrisòries, encara que quan les víctimes són gitanes solen ser sempre mínimes. De fet, en els judicis de Nuremberg ningú va representar el martiri dels gitanos, que va ser descartat des del principi perquè es va considerar que la persecució havia estat més social que racial. En el fons, els jutges i fiscals anglesos i nord-americans també tenien prejudicis racistes contra ells".



Hans Eppinger


Fins als anys 70, un premi prestigiós a Alemanya de l'Est portava el nom de Hans Eppinger. Després d'investigar la seva trajectòria professional i de descobrir la seva relació i participació en crims i experiments amb humans, es va canviar el nom d'aquest premi.



Bibliografia

Cuerda E, González-López E, López-Estebaranz JL. Dermatología en la Alemania nazi. Actas Dermo-Sif, 2011; 102: 423-428

Cuerda E. López-Muñoz F (ed) Cuando la Medicina no cura. La participación del personal sanitario en torturas, genocidios y experimentos al margen de los códigos éticos. Delta Delta pub. Madrid, 2016. 

Sierra X. Los dermatólogos judíos en la Alemania nazi. En: Sierra X (ed) 100 años de Dermatología. p. 57-70. Grupo Aula Médica SA. Madrid, 2001

Sierra X. Los dermatólogos judíos bajo el III Reich. Piel, 2011, 16, 120-124.

Weyers W. Death of Medicine in Nazi Germany. Dermatology and dermatopathology under the swastika.  Madison Books. Oxford 1998


miércoles, 14 de abril de 2021

Epónimos para olvidar: (II) Células de Clara

 versió catalana | versión española

 




Max Clara en su laboratorio 
de Leipzig 


Fotografía en B&N
Archivo de la Universidad de Leipzig 



En otra entrada del blog comentamos el caso de las actividades criminales de Hans Reiter en el campo de concentración de Buchenwald. Este proceder contrario a la ética y a la dignidad humana lo hace incompatible con el epónimo que durante mucho tiempo se le dedicó para designar a la artitis reactiva postinfecciosa. 

Pero no fue el único. Otros médicos cometieron también actos de lesa humanidad bajo el nazismo. Por los mismos motivos los epónimos con que se les honró deben ser sustituidos. 

Este es el caso del anatomista Max Clara (1899-1966) que descubrió unas células que forman un líquido llamado surfactante pulmonar que lubrica y protege los pulmones. 

Clara había nacido en el Tirol del Sur y había estudiado Medicina en Innsbruck (Austria). Ya de estudiante formó parte del grupo Gothia de ideas ultranacionalistas germánicas. En esta época practicaba la esgrima y sufrió un accidente que le marcó la mejilla (en la foto con la que iniciamos este artículo puede verse todavía la cicatriz en su mejilla en la edad adulta). Tras licenciarse trabajó primero en el Instituto de Anatomía e Histología de esta universidad y posteriormente colaboró con la Facultad de Padua. 



Max Clara, como miembro del Cuerpo de Estudiantes Gothia en Innsbruck


En 1935 fue nombrado Profesor de Anatomía en Leipzig, a pesar de su escasa formación como histólogo. Parece ser que ocupó este puesto y los cargos sucesivos por el apoyo político del régimen nazi, incluyendo las SA (escuadras de asalto) y a la protección de Max de Crinis, un destacado médico nazi del Ministerio de Educación Superior. De Crinis (1889-1945) ocupó la Cátedra de Neurología y Psiquiatría de la Escuela de Medicina Charité en Berlín desde 1939. Participó de manera central en las actividades de las SS y es ampliamente considerado como una figura clave en el programa de "eutanasia" nazi, en el que decenas de miles de pacientes psiquiátricos fueron asesinados. 

Tras tomar posesión de su cargo como Catedrático en Leipzig, Clara se afilió al partido nazi NSDAP (carné núm. 3610105). Su discurso de ingreso, al que asistieron todas las jerarquías nazis no lo hizo en traje académico sino vistiendo la camisa parda del partido. En este discurso, publicado en revistas médicas, dio la bienvenida "a la revolución nacionalsocialista de 1933" y animó a todos los científicos a "unirse a las columnas de marcha de nuestro Führer". 



Acto en la Facultad de Medicina de Viena (6 de abril de 1938) 


Durante el período 1936 a 1942, Max Clara participó de forma muy activa en la Nationalsozialistischer Deutscher Dozentenbund (Liga Nacional Socialista Alemana de Conferencistas). Fue el jefe de rama de la Liga ( Dozentenbundsführer ) para la Universidad de Leipzig, y también Jefe de Distrito en funciones (kommissarischer Gaudozentenführer) de Sajonia desde finales de 1941. La organización Dozentenbund había sido fundada en 1935 para representar los intereses del NSDAP dentro de la academia y fomentar "el desarrollo de la ciencia nacionalsocialista" (basada en el racismo y la eugenesia).  

Clara participó activamente en la política universitaria del nazismo, que incluía las evaluaciones de becas con criterios políticos; intimidación de colegas disidentes y nombramiento de profesores afines ideológicamente. 

Algunos ejemplos corroboran el proceder partidista de Clara. En 1937, la evaluación de Clara impidió el nombramiento de Gerhard Gesemann de Praga (Checoslovaquia) para el puesto recién creado de la Cátedra de Estudios Eslavos en Leipzig, acusándolo de colaborar con profesores judíos, y de ir por lo tanto “en contra del concepto de la Raza Nórdica”.

Como Gaudozentenführer, Clara escribió una introducción a un directorio académico nacional de 1942, en la que afirmó con orgullo que "la ciencia ha contribuido a los grandes planes del Führer " y llamó a los científicos a someterse a la ideología reinante y estar preparados para asegurar el reclamo alemán de liderazgo europeo "tanto intelectualmente como por la política de la fuerza". Aquel mismo año ocupó la prestigiosa cátedra de Anatomía en Munich. 

En el comité ejecutivo de la Anatomische Gesellschaft, de cuatro miembros, él y otro nacionalsocialista, Eduard Pernkopf ocuparon la mitad de las plazas. El anatomista vienés Pernkopf es bastante conocido por su atlas anatómico, que realizó sobre los cadáveres de ejecutados por los nazis. 

Tras la derrota del nazismo, Clara fue apartado de sus cargos aunque no se siguió contra él ninguna causa criminal. 


Una de las láminas del Atlas de Pernkopf, realizado sobre
cadáveres de las víctimas ejecutadas por los nazis. 

En 1937, Clara describió un nuevo tipo celular en los bronquiolos terminales, que caracterizó morfológicamente por tener gránulos secretores y una superficie apical en forma de cúpula sin ciliosClara reconoció expresamente que el material "provenía exclusivamente de individuos ejecutados, que fueron preservados mediante inyección vascular inmediatamente después de la muerte" y agregó que trabajar con este "material bastante extenso y perfectamente fijado" le había dado una ventaja sobre otros investigadores anteriores. De las 25 publicaciones de Clara entre 1935 y 1945, por lo menos nueve estaban basadas en tejidos de prisioneros ejecutados. 



El nombre recomendado para las células secretoras de proteínas de los
alveolos pulmonares es actualmente el de "células club" 

Al instituto de Leipzig se le asignaron regularmente cuerpos de ejecuciones en la cercana Dresde, donde más de 1.300 prisioneros fueron ejecutados entre 1933 y 1945, la mayoría por motivos políticos. Clara incluso solicitó que los cadáveres no fueran entregados a los familiares en ningún caso sino destinados a la investigación.  

Tras la derrota del Reich, Clara fue encarcelado durante un año y apartado de sus cargos docentes en Alemania. Buscó refugio en Turquía donde ejerció como profesor de Histología en Estambul hasta 1961. 

Clara siguió utilizando el material obtenido de los cadáveres de ejecutados en la posguerra. Incluso 7 años después del final de la era nazi, en una publicación nuevamente basada en especímenes histológicos de los años de la guerra, su identificación de la fuente de sus especímenes se limitó a la declaración: "individuos sanos, que murieron de muerte súbita después de una duración variable de encarcelamiento".





Células club al microscopio electrónico



Los primeros autores en citar la descripción original de Clara fueron Andrew y Burns en 1947. Estos autores británicos afirmaron que las células fueron "descritas primero por Clara en conejos y fueron investigados en material de ejecutados", pero no usaron en ningún caso el epónimo. Al parecer el primero en utilizar el epónimo, en su versión francesa “cellule de Clara”, fue Policard et al. en 1955 en una descripción ultraestructural de los bronquiolos de la rata. Parece que entonces el epónimo fue promovido, al menos en Alemania, por Erich Schiller, alumno de ClaraNinguna de estas publicaciones u otras de ese período que citan el artículo de Clara hacen referencia que su material de investigación provenía de individuos ejecutados. 

En mayo de 2012, la plantilla editorial de la mayoría de las revistas de neumología importantes (incluyendo la American Thoracic Society, la European Respiratory Society y la revista del American College of Chest Physicians) concluyó que el uso continuado del epónimo "Clara" sería equivalente a rendir homenaje al indigno científico, por lo que iniciaron una política de cambio de nomenclatura, que empezó el 1 de enero de 2013. ​Durante 2 años se instauró un período de transición en el que se permitía tanto el uso de "célula de Clara" como el de "célula club". Pasado ese periodo, los términos "célula de Clara" y "célula secretora de proteína de Clara" fue reemplazado por "célula club" y "célula club secretora de proteína" respectivamente.


Bibliografía

Cuerda E, González-López E, López-Estebaranz JL. Dermatología en la Alemania nazi. Actas Dermo-Sif, 2011; 102: 423-428

Cuerda E. López-Muñoz F (ed) Cuando la Medicina no cura. La participación del personal sanitario en torturas, genocidios y experimentos al margen de los códigos éticos. Delta Delta pub. Madrid, 2016. 

Sierra X. Los dermatólogos judíos en la Alemania nazi. En: Sierra X (ed) 100 años de Dermatología. p. 57-70. Grupo Aula Médica SA. Madrid, 2001

Sierra X. Los dermatólogos judíos bajo el III Reich. Piel, 2011, 16, 120-124.

Weyers W. Death of Medicine in Nazi Germany. Dermatology and dermatopathology under the swastika.  Madison Books. Oxford 1998






Epònims per a oblidar: (II) Cèl·lules de Clara




Max Clara al seu laboratori 
de Leipzig 


Fotografia en B&N
Arxiu de la Universitat de Leipzig 


En una altra entrada del blog es va comentar el cas de les activitats criminals de Hans Reiter al camp de concentració de Buchenwald. Aquest procedir contrari a l'ètica i a la dignitat humana és incompatible amb l'epònim que durant molt temps se li va dedicar per designar l’artritis reactiva postinfecciosa.

Però no va ser l'únic. Altres metges van cometre també actes de lesa humanitat sota el nazisme. Pels mateixos motius els epònims amb què se'ls va honorar han de ser substituïts.

Aquest és el cas de l'anatomista Max Clara (1899-1966) que va descobrir unes cèl·lules que segreguen un líquid anomenat surfactant pulmonar que lubrica i protegeix els pulmons.

Clara havia nascut a Tirol de Sud i havia estudiat Medicina a Innsbruck (Àustria). Ja d'estudiant va formar part del grup Gothia d'idees ultranacionalistes germàniques. En aquesta època practicava l'esgrima i va patir un accident que el va marcar la galta (a la foto amb la que vam iniciar aquest article es pot veure encara la cicatriu a la galta en l'edat adulta). Després de llicenciar-se va treballar primer a l'Institut d'Anatomia i Histologia d'aquesta universitat i posteriorment va col·laborar amb la Facultat de Pàdua.


Max Clara, com a membre del Cos d’Estudiants Gothia a Innsbruck



El 1935 va ser nomenat Professor d'Anatomia a Leipzig, malgrat la seva escassa formació com a històleg. Sembla ser que va ocupar aquest lloc i els càrrecs successius pel suport polític del règim nazi, incloent les SA (esquadres d'assalt) i a la protecció de Max de Crinis, un destacat metge nazi del Ministeri d'Educació Superior. De Crinis (1889-1945) va ocupar la Càtedra de Neurologia i Psiquiatria de l'Escola de Medicina a la Charité de Berlín des de 1939. Va participar de manera central en les activitats de les SS i és considerat una figura clau en el programa d’"eutanàsia" nazi, per la que desenes de milers de pacients psiquiàtrics van ser assassinats.

Després de prendre possessió del seu càrrec com a Catedràtic a Leipzig, Clara es va afiliar al partit nazi NSDAP (carnet núm. 3.610.105). El seu discurs d'ingrés, al qual van assistir totes les jerarquies nazis, no ho va fer amb indumentària acadèmica sinó vestint l'uniforme del partit nazi. En aquest discurs, publicat a revistes mèdiques, va donar la benvinguda "a la revolució nacionalsocialista de 1933" i va animar a tots els científics a "unir-se a les columnes de marxa del nostre Führer".



Acte a la Facultat de Medicina de Viena (6 d’abril de 1938) 


Durant el període 1936-1942, Max Clara va participar de forma molt activa a la Nationalsozialistischer Deutscher Dozentenbund (Lliga Nacional Socialista Alemanya de conferenciants). Va liderar la Lliga (Dozentenbundsführer) per la Universitat de Leipzig, i també va ser el Cap de Districte en funcions (Kommissarischer Gaudozentenführer) de Saxònia des de finals de 1941. L'organització Dozentenbund havia estat fundada el 1935 per representar els interessos del NSDAP dins de l'acadèmia i fomentar "el desenvolupament de la ciència nacionalsocialista" (basada en el racisme i l'eugenèsia).

Clara va participar activament en la política universitària del nazisme, que incloïa les avaluacions de beques amb criteris polítics; intimidació de col·legues dissidents i nomenament de professors afins ideològicament al règim.

Alguns exemples corroboren el partidisme de Clara. El 1937, es va crear la Càtedra de Leipzig i un tribunal acadèmic va donar preferència a Clara per tal d'impedir el nomenament de Gerhard Gesemann de Praga (Txecoslovàquia), que tenia molts més mèrits. Gesemann va ser acusat de col·laborar amb professors jueus, i d'anar per tant "en contra del concepte de la Raça Nòrdica".

Com Gaudozentenführer, Clara va escriure una introducció a un directori acadèmic nacional de 1942, en la que va afirmar amb orgull que "la ciència ha contribuït als grans plans del Führer" i va cridar els científics a sotmetre’s a la ideologia regnant i a estar preparats per assegurar el reclam alemany del lideratge europeu "tant intel·lectualment com per la política de la força". Aquell mateix any va ocupar la prestigiosa càtedra d'Anatomia a Munic.

En el comitè executiu de l’Anatomische Gesellschaft, integrat per quatre membres, ell i un altre nacionalsocialista, Eduard Pernkopf van ocupar la meitat de les places. L'anatomista vienès Pernkopf és força conegut pel seu atles anatòmic, que va realitzar a partir d'imatges de cadàvers d'executats pels nazis.

Després de la derrota del nazisme, Clara va ser apartat dels seus càrrecs, tot i que no es va seguir cap causa criminal contra ell.

 

Una de les làmines de l'Atles de Pernkopf, realitzat sobre
els cadàvers de les víctimes executades pels nazis


El 1937, Clara va descriure un nou tipus cel·lular en els bronquíols terminals, que va caracteritzar morfològicament per tenir grànuls secretors i una superfície apical en forma de cúpula sense cilis. Clara va reconèixer expressament que el material "provenia exclusivament d'individus executats, que van ser preservats mitjançant injecció vascular immediatament després de la mort" i va afegir que treballar amb aquest "material bastant extens i perfectament fixat" li havia donat un avantatge sobre altres investigadors anteriors. De les 25 publicacions de Clara entre 1935 i 1945, almenys nou estaven basades en teixits de presoners executats.




El nom recomanat per a les cèl·lules secretores de proteïnes dels
alvèols pulmonars és actualment el de "cèl·lules club"

 
A l'Institut de Leipzig se li van assignar regularment els cossos dels executats de Dresden, on més de 1.300 presoners van ser executats entre 1933 i 1945, la majoria per motius polítics. Clara fins i tot va sol·licitar que els cadàvers no fossin lliurats als familiars en cap cas sinó destinats a la investigació.

Després de la derrota del Reich, Clara va ser empresonat durant un any i apartat dels seus càrrecs docents a Alemanya. Va buscar refugi a Turquia on va exercir com a professor d'Histologia a Istanbul fins a 1961.

Clara va seguir utilitzant el material obtingut dels cadàvers d'executats en la postguerra. Fins i tot 7 anys després de la fi de l'era nazi, en una publicació novament basada en espècimens histològics dels anys de la guerra, en  identificar la font dels seus espècimens es va limitar a la declaració: "individus sans, que van morir de mort sobtada després d'un temps variable d'empresonament".



Cèl·lules club al microscopi electrònic


Els primers autors en citar la descripció original de Clara van ser Andrew i Burns el 1947. Aquests autors britànics van afirmar que les cèl·lules van ser "descrites primer per Clara en conills i van ser investigats en material d'executats", però no van usar en cap cas l’epònim. Sembla ser que el primer a utilitzar l’epònim, en la seva versió francesa "Cellule de Clara", va ser Policard et al. el 1955 en una descripció ultraestructural dels bronquíols de la rata. Sembla que llavors l'epònim va ser promogut, almenys a Alemanya, per Erich Schiller, alumne de Clara. Cap d'aquestes publicacions o altres d'aquest període que citen l'article de Clara fan referència a que el seu material d'investigació provenia d'individus executats.

El maig de 2012, la plantilla editorial de la majoria de les revistes de pneumologia importants (incloent l'American Thoracic Society, l'European Respiratory Society i la revista de l'American College of Chest Physicians) va concloure que l'ús continuat de l'epònim "Clara" seria equivalent a retre homenatge a l'indigne científic, pel que van iniciar una política de canvi de nomenclatura, que va començar l'1 de gener de 2013. Durant 2 anys es va instaurar un període de transició en què es permetia tant l'ús de "cèl·lula de Clara" com el de "cèl·lula club". Passat aquest període, els termes "cèl·lula de Clara" i "cèl·lula secretora de proteïna de Clara" va ser reemplaçat per "cèl·lula club" i "cèl·lula club secretora de proteïna" respectivament.


Bibliografia

Cuerda E, González-López E, López-Estebaranz JL. Dermatología en la Alemania nazi. Actas Dermo-Sif, 2011; 102: 423-428

Cuerda E. López-Muñoz F (ed) Cuando la Medicina no cura. La participación del personal sanitario en torturas, genocidios y experimentos al margen de los códigos éticos. Delta Delta pub. Madrid, 2016. 

Sierra X. Los dermatólogos judíos en la Alemania nazi. En: Sierra X (ed) 100 años de Dermatología. p. 57-70. Grupo Aula Médica SA. Madrid, 2001

Sierra X. Los dermatólogos judíos bajo el III Reich. Piel, 2011, 16, 120-124.

Weyers W. Death of Medicine in Nazi Germany. Dermatology and dermatopathology under the swastika.  Madison Books. Oxford 1998