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miércoles, 5 de enero de 2022

El rey Mago que vino de América

versió catalana | versión española







Vasco Fernandes (Grão Vasco) 

Adoración de los Reyes Magos 

(1501-1506) 

Óleo sobre tabla 130,2 x 79 cm
Museo de Grão Vasco
Viseu (Portugal)



Escribir este blog proporciona muchas satisfacciones. Una de ellas es la interrelación que se logra con los lectores habituales de "Un dermatólogo en el museo", y los comentarios, opiniones o colaboraciones que me hacen llegar con frecuencia. Muchos me envían obras de arte dignas de ser comentadas aquí, cosa que enriquece considerablemente el blog. Algunas son de amigos o conocidos, otras de anónimos lectores que me las envían con cierta frecuencia de lejanos países. 

Pero en esta ocasión la participación viene de una persona bien conocida y muy querida por mí, Antoni Parera, mi primer profesor de arte, que fue uno de los responsables de que me sintiese atraído por el arte y que conservara este interés durante toda mi vida. Una emotiva colaboración que aprecio y que le agradezco especialmente. Hace poco, Antoni me hizo llegar la imagen de esta obra de arte, que tiene aspectos muy curiosos y que merece la pena comentar. 

Se trata de una pintura sobre la adoración de los Reyes Magos. En otra entrada del blog ya destacamos que originalmente estos personajes eran todos de tez clara y que la primera vez que apareció un rey negro fue en la pintura de Hans Memling de 1470, Tríptico de la Epifanía (Museo del Prado). Memling quiso representar los tres continentes conocidos hasta aquel momento para subrayar que Jesús se encarnaba para redimir a todos los hombres sin distinción en su procedencia. Así los tres Reyes representaban Europa, Asia y África. Y el representante africano tenía la piel negra para no dejar dudas de su procedencia. 

La idea de Memling tuvo éxito y el patrón que el propuso fue adoptado de forma generalizada por todos los artistas. Se aprovechó también para reforzar la institución monárquica (originariamente no eran Reyes) y para realizar propaganda política subliminal, como en el caso del fresco realizado por de Benozzo Gozzoli, en el palacio Medici-Riccardi de Florencia, en el que representó a los tres reyes con la cara de personajes reales de la época, uno de ellos de la familia Medici, ensalzando así a la monarquía. Naturalmente Ludovico el Moro, de tez muy oscura, fue el personaje que encarnó en esta ocasión al rey negro. 



Detalles de "La cabalgata de los Reyes Magos" de Benozzo Gozzoli, en Florencia.
El fresco es una apología de la monarquía y los tres Reyes Magos encarnan a personajes reinantes coetáneos como Ludovico el Moro (foto central) 
(Palazzo Medici-Riccardi. Florencia)

Así vemos como la iconografía de los Reyes Magos no se acomodaba solamente al simbolismo ecuménico y supraracial, sino a los diferentes mensajes políticos que eran los que quería transmitir el artista a los espectadores. 

Sin embargo, el mundo aumentó considerablemente al incorporarse el continente americano. Por eso en algunas representaciones se incluyó un indígena americano entre los pajes del séquito de los Magos, e incluso podemos ver como sustituye a uno de los propios Reyes, como sucede en la escena de Epifanía del pintor portugués Vasco Fernandes, más conocido como Grão Vasco

En esta obra podemos ver a María, sentada con el Niño en su regazo, a la derecha de la escena. Ante él, uno de los tres reyes, arrodillado, acaba de hacer entrega de una copa -probablemente su presente- a José, que lo toma entre sus manos. Por cierto, que algunos historiadores del arte creen que la cara de este personaje arrodillado correspondería al navegante portugués Pedro Álvares Cabral (1468-1520) que fue el primero en avistar el Brasil (1500). Hasta aquí el esquema se adapta al patrón más conocido. Tampoco hay sorpresas con el personaje de la derecha. Un hombre joven, de piel clara, vestido a la usanza europea del momento, se quita el sombrero en señal de respeto mientras adelanta la mano izquierda con su regalo.



Detalle del cuadro, donde puede verse el personaje central, el Rey Mago amerindio, con su tocado de plumas y otros atributos frecuentes en las
culturas americanas.


Pero el segundo personaje, de pie en el centro de la escena, introduce alguna diferencia. Además está situado en el medio de la escena, como si el pintor hubiese querido centrar en él toda la atención. Su piel es tostada, sin llegar a ser totalmente negra. Los dermatólogos la calificaríamos de Fototipo V. Leva un tocado de plumas y un vestido corto, con pantalón corto, que le cubre hasta la rodilla. En los pies, unas sucintas sandalias. Lleva diversos adornos corporales, como pendientes, collares de cuentas de colores, pulseras de oro y tobilleras. En una mano porta lo que parece ser un bastón de mando o una gran lanza (flecha tupinambá), decorado también con plumas, y en la otra el presente para el Niño, una copa hecha con un coco y remates de plata. Su representación no deja lugar a dudas: se trata de un amerindio, un indígena de las tierras americanas.

La intención del pintor al incorporar un rey Mago amerindio a su obra es clara. Si los tres reyes se comenzaban a representar como de etnias diferentes para representar el ecumenismo del mensaje cristiano, era lógico incorporar el Nuevo Mundo a esta interpretación. Entre el cuadro de Hans Memling y el de GrãVasco solamente habían pasado 30 años y el patrón iconográfico con un rey negro todavía no estaba asentado del todo. Y en un país ibérico como Portugal, que como Castilla estaba entregado en aquel momento a la colonización de los territorios de allende el Atlántico, la representación de los amerindios entre los tres Reyes Magos  parecía muy indicada. El supuesto retrato de Pedro Alvares Cabral como el primer Rey Mago cuadra todavía más con esta interpretación. Otro detalle: el Niño Jesús tiene en su mano una moneda de oro, alusión a la riqueza que provenía de la colonización de las tierras americanas.



El supuesto retrato de Pedro Alvares Cabral
en la pintura de Grão Vasco 


Grão Vasco quiso aunar la clásica escena de adoración de los Reyes Magos con los importantes cambios de aquel momento histórico. A GrãVasco se le considera el principal pintor del Renacimiento en Portugal. Era natural de Viseu y ejerció en el Norte de Portugal durante la primera mitad del s. XVI. En su pintura pueden apreciarse las influencias de la escuela holandesa e italiana, ya que a la corte de Portugal acudieron pintores de estas procedencias, introduciendo el nuevo estilo. La paleta del artista de Viseu es tal vez algo más oscura que los otros pintores portugueses de su tiempo y destaca por la marcada caracterización de los rostros y el dramatismo de las figuras. El pintor hace gala de gran minuciosidad y detalle al plasmar los escenarios y aderezos, produciendo un gran efecto realista. La mayoría de sus obras se conservan hoy en el Museo de Grão Vasco, instalado en el Palacio de los Três Escalões, contiguo a la catedral de Viseu.

En todo caso la obra de Grão Vasco testimonia la importancia que tuvo el conocimiento de nuevos pueblos en la cultura de Portugal y subraya más si cabe, la idea que el mensaje cristiano tiene la voluntad de llegar a todos los pueblos de la tierra. 

Y es que tal vez, los Reyes Magos no siempre vienen de Oriente...


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El Rei Mag que vingué d'Amèrica







Vasco Fernandes (Grão Vasco) 

Adoració dels Reis 

(1501-1506) 

Oli sobre taula 130,2 x 79 cm
Museu de Grão Vasco
Viseu (Portugal)



Escriure aquest bloc proporciona moltes satisfaccions. Una d’elles és la interrelació que s'aconsegueix amb els lectors habituals d'Un dermatòleg al museu, i els comentaris, opinions o col·laboracions que tot sovint em fan arribar. Molts m'envien obres d'art dignes de ser comentades aquí, fet que enriqueix considerablement el bloc. Algunes són d'amics o coneguts, d'altres de lectors anònims de països llunyans que me les envien amb certa freqüència.

Però en aquesta ocasió la participació ve d'una persona ben coneguda i estimada per mi, Antoni Parera, el meu primer professor d'art, que va ser un dels responsables de que em sentís atret per l'art i que hagi mantingut aquest interès durant tota la meva vida. Aquesta és doncs una col·laboració emotiva que aprecio molt i que li agraeixo especialment. Fa poc, l'Antoni em va fer arribar la imatge d'aquesta obra d'art, que té aspectes molt curiosos i que és digna de comentar.

És tracta d’una pintura sobre l'adoració dels Reis Mags. En una altra entrada del bloc ja hem destacat que originàriament aquests personatges eren tots de pell clara i que la primera vegada que va aparèixer un rei negre va ser a la pintura de Hans Memling de 1470, Tríptic de l'Epifania (Museo del Prado). Memling va voler representar els tres continents coneguts fins aquell moment per subratllar que Jesús s'encarnava per redimir tots els homes sense fer distincions segons la seva procedència. Així els tres Reis representaven Europa, Àsia i Àfrica. I el representant africà tenia la pell negra per no deixar dubtes de la seva procedència.

La idea de Memling va tenir èxit i el patró que va proposar va ser adoptat de manera generalitzada per tots els artistes. També es va aprofitar per reforçar la institució monàrquica (originàriament no eren Reis) i per fer propaganda política subliminal, com és el cas del fresc realitzat per de Benozzo Gozzoli, al palau Medici-Riccardi de Florència, en què va representar els tres reis amb la cara de personatges reals de l'època, un d'ells de la família Medici, exalçant així a la monarquia. Naturalment Ludovico el Moro, de pell molt fosca, va ser el personatge que va encarnar al rei negre en aquesta ocasió.


Detalls de "La cavalcada dels Reis Mags" de Benozzo Gozzoli, a Florència.
El fresc és una apologia de la monarquia on els tres Reis encarnen
personatges reinants coetanis com Ludovico el Moro (foto central) 
(Palazzo Medici-Riccardi. Florencia)







Així veiem com la iconografia dels Reis Mags no s'acomodava només al simbolisme ecumènic i supraracial, sinó als diferents missatges polítics que l'artista volia transmetre als espectadors.

Tot i això, el món va augmentar considerablement a l’incorporar-se el continent americà. Per això en algunes representacions es va incloure un indígena americà entre els patges del seguici dels Mags, i fins i tot podem veure com substitueix a un dels propis Reis, tal com succeeix a l'escena d'Epifania del pintor portuguès Vasco Fernandes, més conegut com a Grão Vasco.

En aquesta obra podem veure a Maria, asseguda amb el Nen a la falda, a la dreta de l'escena. Davant d'ell, un dels tres reis, agenollat, acaba de fer entrega d'una copa a Josep -probablement el seu present- qui la pren entre les mans. Alguns historiadors de l'art creuen que la cara d'aquest personatge agenollat correspondria al navegant portuguès Pedro Álvares Cabral (1468-1520) que va ser el primer a albirar Brasil (1500). Fins aquí, l'esquema s'adapta al patró més conegut. Tampoc no hi ha sorpreses amb el personatge de la dreta. Un home jove, de pell clara, vestit a l’estil europeu del moment, es treu el barret en senyal de respecte mentre avança la mà esquerra amb el seu regal.


Detall del quadre, on pot veure's el personatge central, el Rei Mag amerindi,
amb el seu tocat de plomes i altres atributs freqüents a les 
cultures americanes.


Però el segon personatge, de peu al centre de l'escena, ja introdueix alguna diferència. A més, està situat al mig de l'escena, com si el pintor hagués volgut centrar-hi tota l'atenció. La seva pell és torrada, sense arribar a ser totalment negra. Els dermatòlegs la qualificarien de Fototip V. Porta un tocat de plomes i un vestit curt, amb pantalons curts que li cobreixen fins als genolls. Als peus, unes succintes sandàlies. Porta diversos adornaments corporals, com ara arracades, collarets de colors, polseres d'or i turmelleres. En una mà porta el que sembla un bastó de comandament o una gran llança (fletxa tupinamba), decorada també amb plomes, i a l'altra el present per al Nen, una copa feta amb un coco i retocs de plata. La seva representació no deixa cap dubte: es tracta d'un amerindi, un indígena de les terres americanes.

La intenció del pintor d’incorporar un rei Mag amerindi a la seva obra és clara. Si els tres reis es començaven a representar com a ètnies diferents per representar l'ecumenisme del missatge cristià, era lògic incorporar el Nou Món a aquesta interpretació. Entre el quadre de Hans Memling i el de Grão Vasco només havien passat 30 anys i el patró iconogràfic amb un rei negre encara no estava del tot establert. I en un país ibèric com Portugal, que com a Castella estava lliurat en aquell moment a la colonització dels territoris de l'Atlàntic, la representació dels amerindis entre els tres Reis Mags semblava molt indicada. El suposat retrat de Pedro Alvares Cabral com el primer Rei Mag quadra encara més amb aquesta interpretació. Un altre detall: el Nen Jesús té a la mà una moneda d'or, al·lusió a la riquesa que provenia de la colonització de les terres americanes.


El suposat retrat de Pedro Alvares Cabral
a la pintura de Grão Vasco 


Grão Vasco va voler unir la clàssica escena de l'adoració dels Reis Mags amb els canvis importants d'aquell moment històric. A Grão Vasco se'l considera el principal pintor del Renaixement a Portugal. Era natural de Viseu i va exercir al nord de Portugal durant la primera meitat del s. XVI. A la seva pintura es poden apreciar les influències de l'escola holandesa i italiana, ja que a la cort de Portugal van acudir-hi pintors d'aquestes procedències, introduint-hi el nou estil. La paleta de l'artista de Viseu és potser una mica més fosca que els altres pintors portuguesos del seu temps i destaca per la marcada caracterització de les cares i el dramatisme de les figures. El pintor fa gala de gran minuciositat i detall en plasmar els escenaris i guarniments, produint un gran efecte realista. La majoria de les seves obres es conserven avui al Museu de Grão Vasco, instal·lat al Palau dels Três Escalões, contigu a la catedral de Viseu.

En tot cas l'obra de Grão Vasco testimonia la importància que va tenir per la cultura de Portugal el coneixement de nous pobles i subratlla la idea de que el missatge cristià té la voluntat d'arribar a tots els pobles de la terra.

I és que potser els Reis no sempre venen d'Orient...


viernes, 7 de agosto de 2020

La nieta negra de Felipe IV









Pierre Gobert 

Retrato de Louise-Marie-Therèse,
 la morita de Moret
(circa 1650)

Óleo sobre lienzo. 
Museo de Remiremont




La Guerra dels Segadors (1640-1652) supuso la primera secesión de Catalunya del Imperio español. Proclamada la República Catalana primero, bajo la presidencia del canónigo Pau Claris, poco después Catalunya pasó a ser un protectorado francés, nombrando Conde de Barcelona a Luis XIII de Francia. 

La guerra finalmente se saldó con el Tratado de los Pirineos, por el que los territorios catalanes del Rosselló, Vallespir, Conflent  y Capcir, así como buena parte de la Cerdanya pasaron a depender de la corona francesa. El acuerdo, se firmó en la Isla de los Faisanes (un pequeño condominio cerca de Fuenterrabía), de forma algo clandestina (Felipe IV no se había atrevido a comunicarlo a las Cortes Catalanas). Y para sellar el tratado se acordó una nueva unión matrimonial entre los Borbones y los Austrias a través del enlace del Rey francés con la hija de Rey español. María Teresa de Austria, hija de Felipe IV y de su primera mujer, Isabel de Borbón, fue prometida con el monarca galo, Luis XIV. La preparación del acto contó con la participación de  Diego Velázquez, que como era costumbre en la época retrató a Maria Teresa para que fuese conocida (en efigie) por el Rey Sol. 


Traite-Pyrenees.jpg
Jacques Laumosnier: La entrevista de Luis XIV y Felipe IV en la isla de los Faisanes. (1660) Óleo sobre lienzo 89 x 130 cm. Museo de Tessé. Le Mans. 


Así, el 9 de junio de 1660, la hija de Felipe IV contrajo matrimonio con Luis XIV de Francia en la iglesia de San Juan de Luz. En su primer encuentro, la princesa se enamoró profundamente de su futuro marido, pero éste respondió con cierta indiferencia hacia ella. Luis XIV era un impenitente mujeriego, y frecuentó un sinfín de amantes a lo largo de su vida. Entre ellas, la Duquesa de La Vallière, tan hermosa como coja; la Duquesa de Orléans, su propia cuñada; y un amor adolescente que casi echa al traste el tratado con España. Luis se había enamorado a principios de su reinado de la ambiciosa María Mancini, sobrina del Cardenal MazarinoMás tarde tendría a su amante principal, Mme de Maintenon. En definitiva, a Luis no le apetecía mucho casarse con su prima española María Teresa, y solo la razón de estado y la necesidad de dejar un heredero legítimo justificaban la boda. Madame de Motteville cuenta que, al salir de su primer encuentro con la que sería su esposa, el rey declaró que 
en un principio, la fealdad del peinado y del vestido de la infanta lo habían sorprendido, pero que al mirarla con más atención había visto que poseía mucha belleza y entendió que le sería fácil amarla”.

luis xiv
Boda de Luis XIV y María Teresa de Austria



Pero no debió resultar tan fácil. El rey seguía cortejando a sus amantes, y solamente esperaba de María Teresa, que cumpliera con su papel reproductor y diera a la monarquía francesa hijos varones para garantizar la sucesión. En esto cumplió, salvo que lo hizo al estilo Habsburgo: tuvo seis hijos pero solo uno logró sobrevivir, el futuro delfín.  

Sola y descolocada en la intrigante y abrumadora corte de Versalles, con más de 10.000 personas a su alrededor, María Teresa se dedicó a lo largo de su vida a ayudar a los pobres y a asistir en hospitales a las curas más desagradables. También se rodeó de una camarilla de españoles. Hasta tenía un cocinero que le preparaba platos castellanos. 


La infanta María Teresa de España - Wikipedia, la enciclopedia libre
Velázquez: La infanta María Teresa. 


De carácter tímido, bondadoso y humilde, la nueva reina era poco amiga del fasto de la corte de Versalles. No hablaba francés, y moriría sin aprenderlo del todo. La Reina madre, Ana de Austria, viuda de Luis XIII e hija del rey hispánico Felipe III (y por tanto tía de M. Teresa)  le hacía de intérprete, más por obligación que por simpatía. Sin embargo, a finales de 1664 Ana de Austria enfermó, falleciendo el 20 de enero de 1666, pronunciando sus últimas palabras en castellano. 

El duque de Beaufort, almirante de la marina y primo del rey, le trajo como obsequio de uno de sus viajes un esclavo negro enano (o pigmeo),  que entró así al servicio de la reina. El esclavo recibió cristiano bautismo con el nombre de «Nabo», y María Teresa pronto le tomó un sincero cariño y confianza.


El duque de Beaufort

A pesar de su corta estatura (68 cm) Nabo era un joven impetuoso, inteligente y agudo, que seducía y divertía al círculo de la reina. Se impuso entonces la moda, entre la alta sociedad, de poseer un esclavo negro y esta moda se plasma casi de inmediato en los talleres de los maestros pintores, que ejecutan retratos en pie de su noble clientela acompañada por negritos disfrazados de paje. 

No se sabe a ciencia cierta si Nabo llegó a compartir el lecho de la soberana, a quien no se le conocían otros amantes, pero en la lujuriosa corte francesa los rumores de los amoríos de la reina y el negrito se convirtieron en un secreto oficioso y se daba como cosa hecha. 


Image
A partir del precedente de Nabo, se consideró de buen tono tener un esclavo negro
 y la moda se extendió en los ambientes cortesanos. 


En 1664 la reina quedó embarazada por tercera vez. Tras un difícil parto, la Reina dio a luz a una pequeña niña con rasgos africanos y diversas malformaciones. La Gran Mademoiselle, Ana María Luisa de Orleáns, duquesa de Montpensier, y prima de Luis XIV, comenta en sus memorias: 
«El hermano del Rey me contó lo difícil de la enfermedad (el parto) de la Reina, de cómo su primer capellán se había desmayado de aflicción, y el príncipe y toda la gente junto con él se habían reído de la cara que puso la reina cuando vio que la hija que había dado a luz, se parecía a un pequeño moro que el señor de Beaufort había traído, que era muy bonito y que siempre estaba con la Reina».

Anne Marie Louise d'Orléans, Duchess of Montpensier, La Grande Mademoiselle - Versailles MV 3476.jpg
La "Gran Mademoiselle", Ana María Luisa de Orleáns,
duquesa de Montpensier, y prima de Luis XIV,
dejó escritos en sus memorias abundantes
detalles sobre la reina Maria Teresa. 


Los galenos y cortesanos asistentes quedaron estupefactos. El cuerpo médico intentó, enseguida, encontrar explicaciones atribuyendo el color de la piel de la recién nacida al régimen alimenticio de la reina durante su gestación. También lo atribuyeron a su mala aclimatación a París, ya que un año antes había dado a luz a otra hija que murió a los pocos meses. O a que a la niña le faltó aire durante el parto... tal vez podríamos considerar factible que la coloración oscura de la piel de la recién nacida fuera provocada por una cianosis, por presencia de pigmentos hemoglobínicos anómalos. Otra posibilidad es que los genes de la casa italiana de los Médici, fuertemente arraigados en la familia real francesa y con varios miembros con la piel morena en su sangre (recordemos por ejemplo a Ludovico "el moro"), hicieran aparición en aquella niña.

Pero, aparte de las estrambóticas teorías exculpatorias, nadie se olvidaba del paje negro Nabo. Naturalmente, todo el mundo pensó en la posible paternidad de Nabo, que tanta intimidad tenía con la reina. Muy curiosamente, el enano negro había muerto súbitamente poco antes, en circunstancias poco aclaradas, tal vez eliminado antes del nacimiento de la niña, para evitar problemas. 

En cuanto a la niña, de rasgos africanos y de color de piel oscuro, le impusieron el nombre de Ana Isabel de Francia. Era débil y delicada, de salud muy precaria, y según la versión oficial murió mes y medio después de nacer (26 de diciembre). No se conocen testigos de la muerte de la pequeña infanta. 


La reina María Teresa de Francia en una miniatura del s. XVII

La duquesa de Montpensier, en sus memorias, plantea claramente lo que era un comentario que circulaba de forma oficiosa en la Corte: 
«Cuando se dieron cuenta de que la hija de la Reina se podía parecer a su esclavo, se lo llevaron, pero ya era demasiado tarde, y le dijeron que la niñita era horrible, que no viviría y que no se lo dijeran a la Reina porque se moriría». 
La versión que se dio por válida en aquel momento fue que la niña había sido apartada de la corte para evitar habladurías, y donada en adopción a alguien de confianza. Años más tarde apareció una monja negra, llamada Louise-Marie-Thérése, a la que todos conocían como la "monja negra de Moret", y a la que pronto se identificó con la hija de María Teresa de Austria. Recordemos que en aquel momento, las personas de raza negra eran exóticas y raras en Europa, y que en todo caso se reducía a algún esclavo esporádico. Una monja negra era del todo excepcional.


Biografía de Luis XIV, el Rey Sol | Red Historia
Luis XIV con la familia real. A la izquierda, de negro, la reina María Teresa.

La teoría de que la monja negra era de sangre real, aceptada entre otros por Voltaire, se fundamentaba en varios argumentos: 
1) su nombre es la suma del de los Reyes (Luis + María Teresa) 
2) La reina María Teresa visitó con cierta frecuencia hasta su muerte en 1683 la abadía de Moret-sur-Loing, donde residía la religiosa Louise-Marie-Thérése. 
3) Se conserva una carta (13 de junio de 1685) del el Secretario de la Casa Real a Monsieur De Bezons, agente general del clero donde el Rey concede una pensión vitalicia de 300 libras a la joven monja. 
4) En 1695 toda la corte francesa asistió a la ceremonia donde la muchacha pronunció sus votos e ingresaba en el convento de las Hermanas Benedictinas de Moret. Poco habitual en una religiosa de color. 

La monja recibía visitas también de la Marquesa de Maintenon, encargada de criar a los hijos bastardos del rey durante algún tiempo, principal amante del rey en estos años, y con quien se casaría en segundas nupcias a la muerte de María Teresa. También eran asiduos visitantes del convento el Gran Delfín Luis (futuro Luis XV), hijo y heredero del Rey Sol, y sus hermanos, los príncipes Luis, duque de Borgoña, y Felipe, duque de Anjou, lo que acrecentaba más las dudas acerca de la identidad de aquella monja negra, a quien la corte le prodigaba tantas atenciones y deferencias. 

La propia «Monja Negra» afirmaba proceder de alta cuna, insinuando en ocasiones que era hermana del Delfín de Francia y del resto de hijos de María Teresa (testimonio del duque de Saint-Simon).

Sin embargo, según otras opiniones, Louise-Marie-Thérése no era la hija secreta de los Reyes, aunque ella misma se lo hubiera llegado a creer, sino una huérfana entregada por Madame de Maintenon, amante del Rey y mujer muy influyente, al convento. La niña habría nacido de una pareja de moros que trabajaban en la Ménagerie del Rey. 
«Varias fuentes informan que Luis XIV tenía un cochero morisco casado con una hermosa mujer. Tuvieron una hija de la que el Rey y la Reina fueron padrinos. Cuando los padres murieron, fue ingresada en un convento. Como ahijada del Rey, esta niña podía referirse al Delfín como su hermano» 
Por esta última posibilidad se inclina Gary McCollim, historiador especializado en la corte de Luis XIV.

Otra hipótesis defiende que Louise-Marie-Thérése era hija del propio rey Luis XIV, que se habría encaprichado de una joven esclava negra que en la corte desempeñaba papeles de «sauvagesse» ('salvaje') en las comedias que se representaban. De hecho en 1919 el archivero Jules Mathorez recordó que Luis XIV fue el padre de diecisiete hijos naturales conocidos y de un número indeterminado de bastardos entre los que se podría encontrar «una heredera negra». Para reforzar su hipótesis Cornette se plantea cómo explicar sino que Luis XIV asistiera a su ordenación como monja el 30 de septiembre de 1695 o que en el nombre que escogió figuraran mezclados el del rey y el de la reina.

El misterio de la monja negra, posible nieta del rey hispánico Felipe IV, no está del todo dilucidado. La religiosa murió en 1732. 


María Teresa de Austria, la reina triste de Francia




Bibliografía

Bernard, C (1990). «La Mauresse de Moret». Revue des Amis de Moret (116): 69-77.

Cervera C. El misterio de la nieta negra de Felipe IV. ABC 
https://www.abc.es/espana/20150320/abci-nieta-negra-felipe-201503181857.html

Montpensier, Mme de  Memorias de la Duquesa de Montpensier Vol. 2, VII.

La infanta María Teresa dio a luz a un niño negro 
https://www.hola.com/casasreales/2001/09/28/reinahijonegro1/#:~:text=La%20infanta%20Mar%C3%ADa%20Teresa%2C%20hija,Europa%2D%20desde%20el%20a%C3%B1o%201660.

En 1664, la reina María Teresa de Austria dio a luz a una niña negra. 
https://historiadeafrica.com/en-1664-la-reina-maria-teresa-de-austria-dio-a-luz-a-una-nina-negra/


jueves, 12 de marzo de 2020

El lactante endemoniado






Atribuído al Maestro de 
Sta. Coloma de Queralt

Retablo de San Bartolomé 
(circa 1360)

Tempera y pan de oro sobre tabla
Catedral de Tarragona 




En la catedral de Tarragona encontramos esta tabla gótica, realizada al temple sobre madera de álamo y recamada de pan de oro, como era habitual en aquel tiempo. Se atribuye al Maestro de Santa Coloma de Queralt y está dedicada a San Bartolomé, apóstol que aparece en la tabla central. En las cartelas laterales se representan leyendas y milagros del santo, como solía hacerse. 

Una de las escenas nos ha llamado la atención.  Aparece en ella la leyenda de un niño que fue robado y sustituído por un diablo con forma de bebé. El pequeño diablo no paraba de llorar, era insaciable. Siempre hambriento, por mucho que mamara nunca era suficiente, mordía con saña los pechos de las amas y llegaba a matar a sus nodrizas. Cuatro de ellas aparecen, con los pechos desnudos a los pies de la cuna y otra de ellas, también mostrando sus pechos aparece de rodillas, implorando al santo que solucionara el desaguisado. 

Pero lo que más llama la atención es el niño. Para indicar que no es un recién nacido normal, sino que es un "doble" diabólico, se le representa de color negro. Ni que decir tiene que no es esta una iconografía gratuita. Como ya hemos comentado en otras entradas del blog, los demonios se representan frecuentemente feos, deformes, peludos y... negros. Toda una declaración de racismo. Recordemos que las imágenes tienen siempre una manifiesta carga ideológica que se ha usado (y se usa) para introducir ideas en la mente del espectador. La identificación de la raza negra con los demonios es intencionada. Conlleva una carga de xenofobia y de consideración peyorativa de los negros como seres inferiores, si no directamente malignos. 


Detalle del retablo de S. Bartolomé. El niño-diablo, con la piel negra, aparece en una cuna de simbólico color rojo, aplastando a cuatro amas de cría.  

La creencia del vulgo relacionaba estos niños diabólicos con el hecho de haber mantenido relaciones sexuales en días prohibidos para ello, o efectuarlas durante una peregrinación (a Compostela o a Roma, por ejemplo). En algunos relatos se entrevé que el marido toma por la fuerza a la mujer (que intenta resistirse por ser día vedado, o simplemente porque no tiene ganas). Se puede comprender así que se aluda a violaciones dentro del matrimonio, o de cópulas tras malos tratos. La mujer, llena de rabia por la violencia sufrida, consagra el posible hijo de su violador al diablo. Algunas de las descripciones que han llegado hasta nosotros nos ayudan a comprender este punto. Como una cantiga galaicoportuguesa del s. XIII: 
"O que será feito
eu endeito
o daquí que seu seja
sen peleja
do demo todavía "

La novela caballeresca francesa La vie du terrible Robert Le Diable (1486), que fue traducida al castellano como La espantosa y maravillosa vida de Roberto el Diablo (1509) nos cuenta como el padre de Roberto, durante el acto sexual exclama "Si pluguiese a Dios que tuviésemos un hijo!". A lo que la madre contesta: "¡Agora concibiese yo y fuese al diablo!". El resultado fue que Roberto, a los tres meses "tuvo todos sus dientes y muchos, con los cuales mordía a las amas y les quitaba los pezones de las tetas".


Resultado de imagen de sant esteve i el petit dimoni vergos
Taller dels Vergós. Retablo de Sant Esteve de Granollers. MNAC. Barcelona
Tras el parto la madre asistida por comadronas y otras mujeres se lava las manos.
En primer término, una nodriza contempla desconsolada a la cuna del
niño-diablo, representado con piel oscura y cuernos.  


Otras veces estos niños diabólicos son la consecuencia de que alguien ha cambiado el niño auténtico por un pequeño demonio. El inquisidor Kramer afirmaba que estos canjes de niños por íncubos estaban motivados por el hecho de que los maridos habían maldecido a sus mujeres preñadas, y que Dios lo permitía porque los padres querían demasiado a sus hijos (!?) y porque las madres eran supersticiosas (sic). Encontramos este tipo de leyendas en Francia, donde estos niños demoníacos eran llamados changon o changuelin; en Inglaterra (fairy); en Alemania (Wechselbalg o Wechselkinder) y en Castilla (partos trocados). 

La leyenda del "cambiazo" permitía a las madres con hijos malformados, deformes o simplemente no deseados o impuestos declarar que había sido trocado por un demonio o por un fauno. Esto les permitía llevarlo al bosque en un intento de recuperar a su auténtico hijo "pinguem et grossum, vivum et sanum". Ni que decir tiene que la mayoría de estos niños abandonados en el bosque morían, por lo que era un infanticidio o en algunos casos una eutanasia disfrazada, para burlar los severos castigos de la Inquisición. 

Como se ve, era toda una construcción ideológica: por una parte se representa al demonio negro, una declaración de racismo. Por otro lado, se justifica el machismo, que considera a la mujer un mero objeto y se aceptan los malos tratos a la esposa (cuando no la violación), siempre con el fondo de la "voluntad divina", con la que probablemente se envolvían también muchos infanticidios. Nótese que los hijos se consideran propiedad exclusiva del padre, y la madre, maltratada y frecuentemente violada por su esposo (convertido en su dueño legal) era considerada un mero instrumento reproductivo, una propiedad del marido, que podía hacer de ella lo que quisiera. Por eso, muchas veces las mujeres maldecían los obligados embarazos que tenían que soportar con la única función de dar hijos a su señor.  

El santo que obra el milagro de la restitución del niño "auténtico" y sano puede variar. En el retablo de Tarragona es San Bartolomé, pero en otras zonas y representaciones puede ser San Lorenzo o San Guinefort. Y también San Esteban, como se representa en una tabla pintada en el taller de los Vergós para St. Esteve de Granollers, actualmente en el MNAC, y que también aportamos aquí. 


Bibliografía  

Sierra i Valentí X. Lírica galaicoportuguesa medieval. ARC. Barcelona, 2009 
https://www.academia.edu/8910059/L%C3%ADrica_galaicoportuguesa_medieval

Toldrà i Vilardell A. Asmodeu: Dona dimoni i sexe a l'Edat Mitjana. PUV. Universitat de València 2011