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jueves, 31 de marzo de 2022

La (supuesta) locura de Putin

 versió catalana | versión española







Valeria Duca

The mad king (El rey loco)
Retrato de Vladimir Putin 

(circa 2019)

Óleo sobre tabla 60 x 50 cm
Colección Saatchi Art





La moldava Valeria Duca (n. 1995) ha cultivado diversos estilos pictóricos que van desde la abstracción al realismo figurativo. Un realismo lleno de simbolismo, en un intento de crear metáforas visuales. Una narración que representa una difuminación de los límites de la normalidad, y que a veces raya con el surrealismo.

Sus obras han sido adquiridas para las colecciones permanentes de varios museos de Moldavia, Rumania y Ucrania, entre los que destacan el Museo de Historia y Arqueología de Moldavia; el Museo de Artes Visuales de Galati; el Museo de Arte Occidental y Oriental de Odessa; el Museo de Arte Popular en Constanta; y el Palacio del Parlamento y el Museo of the Village, ambos en Bucarest.

La presente obra es un retrato del presidente ruso Vladimir Putin, que aparece con gesto contrahecho y mirada huidiza, caracterizado como un rey loco (The Mad King), aludiendo a su obsesivo delirio de grandeza (megalomanía) de devolver a Rusia la grandeza de la época imperial zarista. Esta interpretación puede servirnos para plantear la veracidad de una afirmación que se repite de forma machacona en los últimos tiempos, sobre todo desde que se produjo la invasión de Ucrania por el ejército ruso. ¿Está loco, Vladimir Putin?



De entrada, debemos decir que los diagnósticos médicos (y por lo tanto, también los psiquiátricos) se usan lamentablemente como una calificación peyorativa en el lenguaje vulgar de tertulias y tabernas. En este sentido, es conveniente recalcar, una y otra vez, que términos como subnormal, cretino, demente o paranoico, son usados muchas veces como un insulto, o cuanto menos aplicados con la finalidad exclusiva de denostar a alguien, sin tener en cuenta que existen personas que padecen estas patologías. Usar un término que define una enfermedad como un insulto es algo que debería desaparecer de nuestro vocabulario. Por exactitud léxica, pero sobre todo para no contribuir a aumentar el estigma que pesa sobre muchos pacientes psiquiátricos.

En segundo lugar, solemos calificar a los que actúan de modo difícil de comprender para nuestra lógica (o a aquellos que nos causan miedo) como dementes. Así son locos los fundamentalistas islámicos, los talibanes, los coreanos del norte, etc. Es decir, todos los que se comportan con "otra" lógica. No está en mi ánimo justificar a ninguno de ellos, sino simplemente criticar el uso indiscriminado de la patología mental para calificar a los que no sabemos, o no queremos comprender. Incluso, algunos, haciendo gala de una frivolización de los diagnósticos psiquiátricos, se atreven a calificar de paranoia o de neurosis obsesiva el comportamiento de ciertos líderes políticos (como fue el caso de Donald Trump, por citar un ejemplo diferente al de Putin). Y no es exacto. Como no lo es tampoco cuando en lenguaje coloquial se identifica la depresión con la melancolía (estoy "depre"), dificultando todavía más la comprensión de lo que sienten los auténticos enfermos de depresión, una enfermedad nada banal que es la causante de la mayoría de suicidios. Nada más lejos de un correcto diagnóstico. Para empezar, ningún psiquiatra consciente se atrevería a formular un diagnóstico sin una correcta exploración psiquiátrica, que no se puede hacer con la misma rapidez, por ejemplo, que (algunos) diagnósticos visuales radiológicos o dermatológicos.

Psiquiatrizar alegremente a los gobernantes, además de ofender a los auténticos enfermos, los libera en cierto grado de su responsabilidad. Y los líderes que toman decisiones equivocadas, con consecuencia para su pueblo o para quienes consideran enemigos tienen que responder por sus actos. Y si sus actos son o pueden ser considerados criminales todavía más. Tuvimos ocasión de ver criminales de guerra hace no muchos años, en la sangrienta guerra de los Balcanes. No eran locos, sino que desgraciadamente estaban muy cuerdos. Pero algunos intentaron un genocidio, que es un crimen, no una enajenación. A estos líderes sanguinarios e irresponsables es a los que hay que pedir responsabilidades, sin eximente alguno.


Retrato de Vladimir Putin titulado "El rostro de la guerra", de la artista ucraniana Dariya Marchenko. Es un mosaico realizado con 5.000 casquillos de bala. 



Volviendo al caso que nos ocupa, algunos psiquiatras, consideran que el dirigente ruso puede tener algunos rasgos de personalidad paranoide, como por ejemplo, la excesiva rigidez, el orgullo, la hipertrofia del yo y la marcada desconfianza hacia los demás. Pero esto son tendencias de su personalidad, no necesariamente patológicas. Todos tenemos algún rasgo en nuestro carácter que si se exagera mucho puede conllevar un desequilibrio mental. Pero para concluir un diagnóstico real hace falta mucho más que eso.

Por otra parte, aparte de los condicionantes políticos, militares y económicos, que son los que en definitiva le han llevado a tomar ciertas decisiones, equivocadas o no, hay que considerar el momento vital en que se encuentra el presidente. A punto de cumplir 70 años, ve cada vez más difícil realizar su sueño de transformar Rusia en la gran nación de la época imperial. El propio envejecimiento, la disminución en picado de su popularidad, la difícil situación económica de Rusia y el acoso permanente de la OTAN, hacen que sus ilusiones megalómanas sean cada vez más lejanas. La acumulación de tanta angustia lo puede conducir a una solución suicida. Algo muy peligroso, ya que los suicidas no tienen nada que perder. Pero que en este caso sus temerarias decisiones podrían arrastrar con él a un gran número de personas. Sin que esto conlleve un diagnóstico de locura, es un peligro evidente.

Otro dato es el excesivo pánico que se ha apoderado de Putin frente al posible contagio de la Covid19. Tomó unas medidas de prevención que superan ampliamente la recomendable prudencia frente a la pandemia. Putin hizo construir túneles para impregnar de desinfectantes a sus visitantes, e impuso cuarentenas a las personalidades que debían entrevistarse con él presencialmente. Todo el mundo pudo ver que nadie se le acercaba a menos de 5 metros (mucho más de lo que las más estrictas normas preventivas aconsejaban) cuando se entrevistó, por ejemplo, con el presidente francés Emmanuel Macron. La distancia exagerada es la misma cuando se reune con sus habituales colaboradores, aunque hay que decir que en parte puede formar parte de una teatralización que refuerza su imagen de poder. Recordemos a los antiguos emperadores de China, a los que nadie podía acercarse, ni tan solo mirar fijamente.



Entrevista Putin - Macron (marzo 2022)
La exagerada distancia que mantiene en sus entrevistas denota un
carácter muy desconfiado, y un miedo obsesivo al contagio de covid19
que excede la prudencia y cualquier medida racional de prevención.  




Reunión de Putin con su ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov.
Otra vez la misma distancia. Covidofobia o teatralización? 


Hay que decir que la megalomanía no es exclusiva de Putin. Es un rasgo habitual en numerosos dirigentes políticos, directores de grandes empresas o miembros de la realeza, especialmente los más autoritarios. Suele traducirse por una desproporcionada confianza en sí mismos, una excesiva valoración de su persona, y en la ciega creencia de su decisivo papel en la transformación del mundo. Todo esto no tiene por qué ser necesariamente negativo. Pero en Putin estos rasgos están acentuadísimos, con una cierta voluntad de aplastar a los que se le opongan, y se unen, además a un marcado narcisismo. Podemos concluir que se trata de una indudable personalidad megalomaníaca. Si añadimos su desconfianza excesiva de todo el mundo (sin distinguir amigos de enemigos) se podría concluir que tiene una personalidad megalomaníaca, con tendencia paranoide. A esto se debe añadir la falta de empatía que supone declarar una guerra que él sabe que va a causar muchos muertos.



Tomislav Suheki: Retrato de Vladimir Putin (2020). 

Volvamos al intento de diagnosticar a Putin, a pesar de la dificultad que conlleva. Según los servicios secretos británicos su irascible carácter y su facilidad para lanzar amenazas a sus enemigos podrían ser debidas a los efectos secundarios de las altas dosis de corticoides con las que -hipotéticamente- estaría recibiendo. Según el informe, el presidente ruso podría estar siendo tratado con corticoides por padecer (supuestamente) la enfermedad de Parkinson.

¿Es verosímil esta teoría? Veamos. Un factor a tener en cuenta es su peculiar forma de marcha: camina muy rígido, sin mover nunca su brazo derecho. ¿Se trata de una particularidad personal o un intento de esconder un involuntario temblor? Otro detalle es la impasible y eterna cara de póquer de Putin. La enfermedad de Parkinson produce una cara impasible y estática, como la de una máscara, ciertamente compatible con la eterna cara de póquer de Putin. Aunque la hinchazón de su cara y cuello, el color céreo de su piel y su inexpresividad son también atribuibles a la cirugía estética o a las repetidas inyecciones de bótox que recibe, que tal vez eliminan arrugas, pero que producen una cara totalmente inexpresiva y inmóvil.

Pero esto no es suficiente para establecer un diagnóstico correcto. Los diagnósticos psiquiátricos no deben realizarse sin una base muy bien comprobada. Un error en el diagnóstico psiquiátrico puede ser fatal. Haría falta un buen interrogatorio, pasar mucho tiempo con él, intentar comprender por qué actúa así. Putin era un antiguo miembro del ejército y de la KGB soviética. Supo por lo tanto respetar las reglas estrictas y la estructura jerárquica a las que estaba sometido (cosa que un paranoico sería incapaz de hacer). No tenemos pues, suficientes indicios de una supuesta locura.

Pero los periodistas no suelen hilar tan fino. Cualquier persona que actúe de modo incomprensible es tachado de loco. "Loco", un calificativo genérico que también es usado -lamentablemente- para denostar, para marginar, para insultar, para despreciar (con gran agravio para los auténticos enfermos psiquiátricos).

Con este tipo de diagnósticos erróneos (y que si los hiciera un médico sería justamente acusado de malpraxis) solamente se obtienen los siguientes efectos:
    1. Crear un inesperado atenuante sobre las presuntas decisiones que podrían llevar a Putin a ser juzgado por crímenes de guerra. Algo que beneficiaría (más que perjudicaría) al propio Putin.

     2. Aumentar el miedo hacia Putin, por las imprevisibles decisiones que pueda tomar. Algo que también conviene al jerarca ruso, y que el propio Putin puede estar interesado en hacernos creer.

     3. Continuar perpetuando el injusto estigma con el que durante siglos se ha marginado a los enfermos mentales.

Meditemos sobre todo esto con calma. Y tengamos siempre presente que un loco es un enfermo que sufre, y que es digno de nuestra ayuda y nuestro respeto. En vez de jugar a ser psiquiatras de salón y de lanzar calificativos infundados, exijamos a los líderes políticos de todo el mundo que gobiernen con justicia y con razón, y que respondan acerca de las consecuencias de sus decisiones, sean acertadas o erróneas. Porque no hay sinrazón mayor que ordenar una guerra (tanto ofensiva como defensiva) que justifique la muerte de un gran número de nuestros semejantes. Ni siquiera la Patria.

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La (suposada) bogeria de Putin







Valeria Duca

The mad king (El rei boig)
Retrat de Vladimir Putin 

(circa 2019)

Oli sobre taula 60 x 50 cm
Col·lecció Saatchi Art



La moldava Valeria Duca (n. 1995) ha cultivat diversos estils pictòrics que van des de l'abstracció fins al realisme figuratiu. Un realisme ple de simbolisme, en un intent de crear metàfores visuals. Una narració que representa una difuminació dels límits de la normalitat, i que de vegades ratlla el surrealisme. Les seves obres han estat adquirides per a les col·leccions permanents de diversos museus de Moldàvia, Romania i Ucraïna, entre els quals destaquen el Museu d'Història i Arqueologia de Moldàvia; el Museu d'Arts Visuals de Galati; el Museu d'Art Occidental i Oriental d'Odessa; el Museu d'Art Popular a Constanta; i el Palau del Parlament i el Museu of the Village, ambdós a Bucarest. La present obra és un retrat del president rus Vladimir Putin, que apareix amb gest contrafet i mirada fugida, caracteritzat com un rei boig (The Mad King), al·ludint al seu obsessiu deliri de grandesa (megalomania) de tornar a Rússia la grandesa de l’època imperial tsarista. Aquesta interpretació pot servir-nos per plantejar la veracitat d'una afirmació que es repeteix successivament en els darrers temps, sobretot des que es va produir la invasió d'Ucraïna per part de l'exèrcit rus. Està boig Vladimir Putin?



D'entrada, hem de dir que els diagnòstics mèdics (i per tant, també els psiquiàtrics) es fan servir lamentablement com una qualificació pejorativa en el llenguatge vulgar de tertúlies i tavernes. En aquest sentit, és convenient recalcar, una vegada i una altra, que termes com subnormal, cretí, dement o paranoic, són usats moltes vegades com un insult, o si més no aplicats amb la finalitat exclusiva d’injuriar a algú, sense tenir en compte que hi ha persones que pateixen aquestes patologies. Usar un terme que defineix una malaltia com un insult és una cosa que hauria de desaparèixer del nostre vocabulari, per exactitud lèxica i sobretot per no contribuir a augmentar l'estigma que pesa sobre molts pacients psiquiàtrics. En segon lloc, sovint qualifiquem a les persones que actuen de manera difícil de comprendre per la nostra lògica (o aquells que ens causen por) com a dements. Així són bojos els fonamentalistes islàmics, els talibans, els coreans del nord, etc. És a dir, tots els que es comporten amb “una altra” lògica. No està en el meu ànim justificar-ne cap, sinó simplement criticar l'ús indiscriminat de la patologia mental per qualificar a les persones que no sabem, o no volem comprendre. Fins i tot, alguns, fent gala d'una frivolització dels diagnòstics psiquiàtrics, gosen qualificar de paranoia o de neurosi obsessiva el comportament de certs líders polítics (com va ser el cas de Donald Trump, per citar un exemple diferent al de Putin). I això no és exacte. Com no ho és tampoc quan en llenguatge col·loquial s'identifica la depressió amb la malenconia (estic “depre”), dificultant encara més la comprensió del que senten els autèntics malalts de depressió, una malaltia gens banal que és la causant de la majoria de suïcidis. Res més lluny doncs d'un diagnòstic correcte. Per començar, cap psiquiatre conscient no gosaria formular un diagnòstic sense una correcta exploració psiquiàtrica, que no es pot fer amb la mateixa rapidesa, per exemple, que (alguns) diagnòstics visuals radiològics o dermatològics. Psiquiatritzar alegrement els governants, a més d'ofendre els autèntics malalts, els allibera en cert grau de la seva responsabilitat. I els líders que prenen decisions equivocades, amb conseqüències per al seu poble o per als que consideren enemics, han de respondre dels seus actes. I si els seus actes són o poden ser considerats encara més criminals. Vam tenir ocasió de veure criminals de guerra fa no gaires anys, a la sagnant guerra dels Balcans. No eren bojos, sinó que malauradament estaven molt assenyats. Però alguns van intentar un genocidi, que és un crim, no pas una alienació. A aquests líders sanguinaris i irresponsables és als que cal demanar responsabilitats, sense cap eximent.



Retrat de Vladimir Putin titulat "El rostre de la guerra", de l'artista ucraïnesa Dariya Marchenko. És un mosaic realitzat amb 5.000 casquets de bala. 


Tornant al cas que ens ocupa, alguns psiquiatres consideren que el dirigent rus pot tenir alguns trets de personalitat paranoide, com ara l'excessiva rigidesa, l'orgull, la hipertròfia del jo i la marcada desconfiança envers els altres. Però això són tendències de la seva personalitat, no pas necessàriament patològiques. Tots tenim algun tret en el nostre caràcter que, si s'exagera molt, pot comportar un desequilibri mental. Però per concloure un diagnòstic real cal molt més que això. A més, a banda dels condicionants polítics, militars i econòmics, que són els que en definitiva han portat a prendre certes decisions, equivocades o no, cal considerar el moment vital en què es troba el president. A punt de fer 70 anys, veu cada vegada més difícil fer realitat el seu somni de transformar Rússia en la gran nació de l'època imperial. El mateix envelliment, la disminució en picat de la seva popularitat, la difícil situació econòmica de Rússia i l'assetjament permanent de l'OTAN fan que les seves il·lusions megalòmanes esdevinguin cada cop més llunyanes. L'acumulació de tanta angoixa el pot conduir a una solució suïcida. Quelcom molt perillós, ja que els suïcides no tenen res a perdre. Però que en aquest cas les seves decisions temeràries podrien arrossegar amb ell un gran nombre de persones. Sense que això comporti un diagnòstic de bogeria, és un perill evident. Una altra dada rellevant és l'excessiu pànic que s'ha apoderat de Putin davant del possible contagi de la Covid19. Va prendre unes mesures de prevenció que superen àmpliament la prudència recomanable davant de la pandèmia. Putin va fer construir túnels per impregnar de desinfectants els seus visitants, i va imposar quarantenes a les personalitats que havien d'entrevistar-se amb ell presencialment. Tothom va poder veure que ningú no se li acostava a menys de 5 metres (molt més del que les més estrictes normes preventives aconsellaven) quan es va entrevistar, per exemple, amb el president francès Emmanuel Macron. Aquesta distància exagerada és la mateixa quan es reuneix amb els seus col·laboradors habituals, encara que cal dir que podria formar part d'una teatralització que reforça la seva imatge de poder. Recordem als antics emperadors de la Xina, als quals ningú no podia acostar-se, ni tan sols mirar fixament.



Entrevista Putin - Macron (març 2022)
L'exagerada distància que manté a les seves entrevistes revela un
caràcter molt desconfiat, i una por obsessiva a encomanar-se de covid19
que depassa la prudència i qualsevol mesura racional de prevenció.  




Reunió de Putin amb el seu ministre d'Afers Exteriors, Serguéi Lavrov.
Un altre cop la mateixa distància. Covidofòbia o teatralització? 

Val a dir que la megalomania no és exclusiva de Putin. És un tret habitual de nombrosos dirigents polítics, directors de grans empreses o membres de la reialesa, especialment els més autoritaris. Sol traduir-se per una confiança desproporcionada en si mateixos, una excessiva valoració de la seva persona, i en la cega creença del seu paper decisiu en la transformació del món. Tot això no ha de ser necessàriament negatiu. Però aquests trets estan accentuadíssims en Putin, amb una certa voluntat d'esclafar els que se li oposin, i s'uneixen, a més a més, a un marcat narcisisme. Podem dir que es tracta d'una indubtable personalitat megalomaníaca. Si afegim la seva desconfiança excessiva de tot el món (sense distingir amics d'enemics) es podria concloure que té una personalitat megalomaníaca, amb tendència paranoide. A tot això cal afegir la manca d'empatia que suposa declarar una guerra que ell sap que causarà molts morts.


Tomislav Suheki: Retrat de Vladimir Putin (2020). 

Tornem a l'intent de diagnosticar Putin, malgrat la dificultat que comporta. Segons els serveis secrets britànics, el seu caràcter irascible i la seva facilitat per llançar amenaces als seus enemics podrien ser degudes als efectes secundaris de les altes dosis de corticoides amb què -hipotèticament- estaria rebent. Segons l'informe, el president rus podria estar sent tractat amb corticoides perquè patiria (suposadament) la malaltia de Parkinson. És versemblant aquesta teoria? Vegem-ho. Un factor que cal tenir en compte és la seva peculiar forma de marxa: camina molt rígid, sense moure mai el braç dret. És una particularitat personal o un intent d'amagar un tremolor involuntari? Un altre detall és la impassible i eterna cara de pòquer de Putin. La malaltia de Parkinson produeix una cara impassible i estàtica, com la d'una màscara, certament compatible amb l'eterna cara de pòquer de Putin. Encara que la inflor de la cara i el coll, el color ceri de la pell i la inexpressivitat són també atribuïbles a la cirurgia estètica o a les repetides injeccions de bòtox que rep, que potser eliminen arrugues, però que produeixen una cara totalment inexpressiva i immòbil. Però això no és suficient per establir un diagnòstic correcte. Els diagnòstics psiquiàtrics no s'han de fer sense una base molt ben comprovada. Un error al diagnòstic psiquiàtric pot ser fatal. Caldria un bon interrogatori, passar amb ell molt de temps, intentar comprendre per què actua així.

Putin era un antic membre de l'exèrcit i de la KGB soviètica. Va saber, per tant, respectar les regles estrictes i l'estructura jeràrquica a què estava sotmès (cosa que un paranoic seria incapaç de fer). No tenim doncs prou indicis d'una suposada bogeria. Però els periodistes no acostumen a filar tan prim. Qualsevol persona que actuï de manera incomprensible és titllat de boig. "Boig", un qualificatiu genèric que també és emprat -lamentablement- per injuriar, per marginar, per insultar, per menysprear (amb gran greuge per als autèntics malalts psiquiàtrics). Amb aquest tipus de diagnòstics erronis (i que si els fes un metge seria justament acusat de mala praxi) només s'obtenen els efectes següents: 1. Crear un atenuant inesperat sobre les presumptes decisions que podrien portar a Putin a ser jutjat per crims de guerra, fet que beneficiaria (més que perjudicaria) el mateix Putin. 2. Augmentar la por cap a Putin, per les decisions imprevisibles que pugui prendre, cosa que també convé al jerarca rus, i que el mateix Putin pot estar interessat en fer-nos creure. 3. Continuar perpetuant l'estigma injust amb què durant segles s'ha marginat als malalts mentals. Meditem sobre tot això amb calma. I tinguem sempre present que un boig és un malalt que pateix, i que és digne de la nostra ajuda i respecte. En comptes de jugar a ser psiquiatres de saló i de llançar qualificatius infundats, exigim als líders polítics de tot el món que governin amb justícia i amb raó, i que responguin sobre les conseqüències de les seves decisions, siguin encertades o errònies. Perquè no hi ha desraó més gran que ordenar una guerra (tant ofensiva com defensiva) que justifiqui la mort d'un gran nombre dels nostres semblants. Ni tan sols la Pàtria.


miércoles, 2 de febrero de 2022

Las mascarillas hacen disminuir las infecciones

versió catalana | versión española







Bansky 

Pintura mural con mascarilla 
(2020) 

Graffitti callejero
Bristol



Este graffiti callejero de Bansky inspirado en la Joven de la Perla de Vermeer, apareció un buen día con mascarilla. En cierta forma se ha convertido en un emblema de esta época, marcada por la pandemia de Covid19 y el uso generalizado de las mascarillas, que previsiblemente continuarán usándose todavía por algún tiempo.  

Uno de los efectos de usar mascarilla preventiva durante tanto tiempo es que  además de ejercer un claro efecto preventivo para evitar el contagio del virus SARS-CoV2, también han conseguido una notable disminución de todo tipo de enfermedades infecciosas. 

Por lo menos a esta conclusión ha llegado un estudio llevado a cabo en Guandong (China). El estudio comparó la frecuencia de las infecciones de declaración obligatoria durante las semanas 4-53 de 2020, que corresponde al período de la primera ola de pandemia, con el mismo período durante los años 2015-2019. 

En el curso de este período de 2020 se registraron 514.341 casos de 39 tipos de enfermedades infecciosas de declaración obligatoria, lo que supuso una disminución de un 50,7% en relación a las que se observaban en años anteriores. Estos datos permiten calcular que hubo 982.356 enfermedades contagiosas que se habrían evitado por la aplicación de medidas protectoras como el confinamiento decretado por el gobierno y el uso obligatorio de mascarillas protectoras. Además, estas cifras son todavía más altas en los niños (una disminución de un 82,1%).

Las enfermedades que más disminuyeron fueron las relacionadas con el medio ambiente (-89,4%), las infecciones respiratorias (-87,4%), las gastroenteritis (-59,4%) y a mayor distancia las infecciones de transmisión sexual (-18,2%). De todos estos grupos de afecciones, destacan especialmente el dengue (-99,9%), la gripe (-95,1%) y la enfermedad pies-manos-boca (-76,2%). Los efectos mayores coinciden con las zonas en donde se produjeron más casos de Covid-19. 

Si bien estos datos se han obtenido en la provincia de Guandong (126 millones de habitantes) es fácil pensar que en una mayor o menor proporción pueden ser extrapolables a otras zonas del mundo, en las que se ha impuesto el uso de mascarillas.  

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Les mascaretes fan disminuir les infeccions






Bansky 

Pintura mural amb mascareta 

(2020) 

Graffitti de carrer
Bristol



Aquest graffiti de carrer de Bansky, inspirat en la Jove de la Perla de Vermeer, va aparèixer un bon dia amb mascareta. En certa manera s'ha convertit en un emblema d'aquesta època, marcada per la pandèmia de Covid19 i l'ús generalitzat de les màscares, que previsiblement es continuaran fent servir encara un cert temps. 

Un dels efectes d'usar mascareta preventiva durant tant temps és que a més d'exercir un efecte preventiu clar per evitar el contagi del virus SARS-CoV-2, també han aconseguit una notable disminució de tot tipus de malalties infeccioses.

Almenys ha arribat a aquesta conclusió un estudi dut a terme a Guandong (Xina). L'estudi va comparar la freqüència de les infeccions de declaració obligatòria durant les setmanes 4-53 del 2020, que correspon al període de la primera onada de pandèmia, amb el mateix període durant els anys 2015-2019. 

En el curs d'aquest període de 2020 es van registrar 514.341 casos de 39 tipus de malalties infeccioses de declaració obligatòria, fet que va suposar una disminució d'un 50,7% en relació amb les observades en anys anteriors. Aquestes dades permeten calcular que hi va haver 982.356 malalties contagioses que s'haurien evitat per l'aplicació de mesures protectores com el confinament decretat pel govern i l'ús obligatori de mascaretes protectores. A més, aquestes xifres encara són més altes en els nens (una disminució d'un 82,1%)

Les malalties que més van disminuir van ser les relacionades amb el medi ambient (-89,4%), les infeccions respiratòries (-87,4%), les gastroenteritis (-59,4%) i a més distància les infeccions de transmissió sexual (-18,2%). De tots aquests grups d'afeccions, destaquen especialment el dengue (-99,9%), la grip (-95,1%) i la malaltia peus-mans-boca (-76,2%). On més van disminuir aquestes malalties coincideix amb les zones on es van produir més casos de Covid-19.

Si bé aquestes dades s'han obtingut a la província de Guandong (126 milions d'habitants) és fàcil pensar que en una proporció més gran o més petita poden ser extrapolables a altres zones del món, on s'ha imposat l'ús de mascaretes.


lunes, 6 de septiembre de 2021

La sarna durante la pandemia

 versió catalana | versión española






José Eugenio de Olavide

Sarna. Ácarus macho y ácarus hembra.
(1871-1873) 

Litografía del libro 
Dermatología general 
y clínica iconográfica de las enfermedades 
de la piel o dermatosis

Biblioteca particular


La pandemia de Covid-19 además de afectar profundamente a la sanidad de forma directa, también ocasiona otros efectos colaterales. El más conocido es la llamada sindemia, por la disminución de los diagnósticos de otras patologías. Se está observando un aumento considerable de los casos de cáncer, por ejemplo, que se diagnostica mucho más tarde de lo que era habitual. En otras patologías también se observa un efecto parecido. 

Pero además de los problemas diagnósticos, algunas enfermedades han aumentado considerablemente su incidencia. Este parece ser, por ejemplo el caso de la sarna, en opinión de muchos dermatólogos. Mi amigo y compañero el Dr. Miquel Casals ha estudiado este fenómeno en un reciente artículo publicado hace unos meses en la revista médica "Piel". 



J. E. Olavide: Sarna pústulo-ampollosa.
Lámina del libro Dermatología general y clínica iconográfica
de las enfermedades de la piel o dermatosis
. (1871-73)


¿Cuáles son las causas de este aumento de la sarna? ¿Por qué se propagó más esta parasitosis durante la pandemia?

El confinamiento domiciliario modificó no solamente la incidencia de la sarna, sino también la forma de presentación de la enfermedad y su tratamiento. 

En primer lugar, hay que considerar el papel del confinamiento domiciliario vivido durante el año 2020. Al pasar más tiempo en casa y por tanto en estrecha convivencia con los familiares, se incrementaba el riesgo de la transmisión del parásito a través del contacto directo o mediante fomites (ropa, sábanas...) 

Además, durante el período de confinamiento, la duración de los síntomas comunicada por los pacientes fue mayor. Tal vez fue el miedo de gran parte de la población a salir de casa, a menos que fuera estrictamente necesario, la que hizo que se evitara ir al médico hasta que el prurito era ya  desesperante. Esta negligencia contribuyó, sin duda a retrasar el tratamiento y las medicdas higiénicas recomendables para evitar nuevos contagios. La transmisión intrafamiliar se vio pues muy incrementada. 

El tratamiento con permetrina tópica al 5%, que es el tratamiento de primera línea en nuestro país, no siempre es fácil de realizar correctamente en una situación de confinamiento. Se han observado numerosos fracasos terapéuticos cuando se realiza en instituciones cerradas (en residencias de ancianos, centros de refugiados o cuarteles militares, por ejemplo). Tal vez la dificultad radica en llevar a cabo correctamente las medidas de descontaminación o en completar el tratamiento tópico de forma adecuada, lo que produce frecuentes reinfestaciones. Probablemente es la misma situación la que se ha producido en los brotes del entorno familiar durante el confinamiento domiciliario, con parecidas dificultades de tratamiento.

En estos casos puede recurrirse al tratamiento con ivermectina oral. También se están investigando nuevos fármacos acaricidas, como la beauvericina, que ha demostrado ya su eficacia in vitro.

En todo caso, este regreso de la sarna constituye, como lo califica Casals, una epidemia dentro la pandemia, y hemos de estar atentos a controlarla con todos los medios a nuestro alcance.  



Bibliografía 

Casals, M. Una epidemia dentro una pandemia. Piel. 2021 May; 36(5): 281–283.





La sarna durant la pandèmia 


 




José Eugenio de Olavide

Sarna pústulo-ampollosa
(1871-1873) 

Litografía del libro 
Dermatología general 
y clínica iconográfica de las enfermedades 
de la piel o dermatosis.

Biblioteca particular


La pandèmia de Covid-19 a més d'afectar profundament a la sanitat de forma directa, també provoca altres efectes col·laterals. El més conegut és l'anomenada sindèmia, que fa referència a la disminució de diagnòstics d'altres patologies. S'està observant un augment considerable dels casos de càncer, per exemple, que es diagnostica molt més tard del que era habitual. Així mateix, en altres patologies també s'observa un efecte semblant.

A més dels problemes diagnòstics, algunes malalties han augmentat considerablement la seva incidència. Aquest sembla ser, per exemple, el cas de la sarna, segons l’opinió de molts dermatòlegs. El meu amic i company el Dr. Miquel Casals ha estudiat aquest fenomen en un recent article publicat fa uns mesos a la revista mèdica "Piel". 



J. E. Olavide: Sarna pústulo-ampollosa.
Lámina del libro Dermatología general y clínica iconográfica
de las enfermedades de la piel o dermatosis
. (1871-73)


Quines són les causes d'aquest alarmant augment de la sarna? Per què s’ha propagat més aquesta parasitosi durant la pandèmia? 

En primer lloc, cal considerar el paper del confinament domiciliari viscut durant l'any 2020, que va modificar no només la incidència de la sarna, sinó també la forma de presentació de la malaltia i el seu tractament. Al passar més temps a casa i per tant en estreta convivència amb els familiars, s'incrementava el risc de la transmissió del paràsit a través del contacte directe o mitjançant fomites (roba, llençols...)

A més, durant el període de confinament, la durada dels símptomes que comunicaven els pacients es va incrementar. Potser la por de gran part de la població de sortir de casa, excepte quan era estrictament necessari, va fer que s'evités anar a consultar al metge fins que la pruïja era desesperant. Aquesta negligència va contribuir, sens dubte a retardar el tractament i les mesures higièniques recomanables per evitar nous contagis. La transmissió intrafamiliar es va veure doncs molt incrementada.

El tractament amb permetrina tòpica al 5%, que és el tractament de primera línia a casa nostra, no sempre és fàcil de realitzar correctament en una situació de confinament. S'han observat nombrosos fracassos terapèutics quan es realitza en institucions tancades (en residències de gent gran, centres de refugiats o casernes militars, per exemple). Potser la dificultat rau en dur a terme correctament les mesures de descontaminació o en completar el tractament tòpic de forma adequada, fet que produeix reinfestacions freqüents. Possiblement aquesta mateixa situació es va produir en els brots de l'entorn familiar durant el confinament domiciliari, amb dificultats semblants en fer el tractament.

En aquests casos es pot recórrer al tractament amb ivermectina oral. També s'estan investigant nous fàrmacs acaricides, com la beauvericina, que ja ha demostrat la seva eficàcia in vitro.

En tot cas, aquest retorn de la sarna constitueix, com el qualifica Casals, una epidèmia dins de la pandèmia, i hem d'estar atents a controlar-la amb tots els mitjans al nostre abast.


Bibliografía 

Casals, M. Una epidemia dentro una pandemia. Piel. 2021 May; 36(5): 281–283.

miércoles, 7 de julio de 2021

La mucormicosis, el llamado "hongo negro".

 versió catalana | versión española






Esporas productoras de mucormicosis 


 
Fotografía al microscopio

Archivo 


La mucormicosis es una micosis de muy baja incidencia. Hasta hace poco, era prácticamente desconocida en Occidente. Según  The New York Times solamente se producen 1-2 casos al año en EEUU y en Europa. Pero recientemente han aparecido numerosos casos, especialmente en la India, que afectaban a los enfermos de covid19, aprovechando sus precarias condiciones inmunitarias. Y se expande con rapidez a otros países (Brasil, Uruguay, México, Argentina). Como dice la revista Scientific American  se trata de una auténtica epidemia dentro de la pandemia. 

Los medios de comunicación han hecho referencia a esta hasta ahora olvidada enfermedad, que se caracteriza por producir zonas de necrosis. El color negro de estas zonas necrosadas ha hecho volar la imaginación de los periodistas que han acuñado un nuevo término: "el hongo negro". Una denominación que nadie había usado hasta ahora, pero que se repite cada vez más: por una parte evita la difícil pronunciación de mucormicosis y además confiere un cierto dramatismo a esta patología (ya que recuerda la legendaria peste negra). 

Aunque no hace falta dramatizar. La situación ya es bastante dramática en sí misma. En la India, donde habitualmente la incidencia era mayor que en Europa antes de la pandemia (unos 50 casos/año), se ha alcanzado ya este año 28.252 casos (entre enero y junio 2021). El 86% de los casos tienen relación con la covid19; y un 62,3% en enfermos diabéticos. 



Colonia de Mucor sp. sobre un tomate. 

Esta enfermedad fue ya descrita por Friedrich Küchenmeister en 1855 y puede estar producida por diversas especies de hongos saprofitos, especialmente del orden Mucorales (Mucor, Rhizopus...), que se encuentra comúnmente en el suelo, las plantas, el estiércol y las frutas y verduras en descomposición. También se puede encontrar en el interior de la nariz de personas sanas.  

La enfermedad no se transmite de persona a persona. Las esporas están presentes en el aire, en las salas de los hospitales, por lo que es muy difícil de evitar. Tras inhalar las esporas, pueden llegar a la mucosa nasal o incluso a los pulmones. En personas sanas, este hecho no constituye ningún peligro. Pero en personas inmunodeprimidas, las esporas pueden afectar los tejidos de los senos nasales, colonizar los huesos de la cara, los ojos, y finalmente afectar directamente el cerebro. Los candidatos a sufrir la infección son pues los enfermos de sida, linfomas, leucemias, o los pacientes con covid19 tratados con altas dosis de corticoides. La coincidencia de diabetes (una enfermedad de alta incidencia en la India) y el tratamiento del covid19 con corticoides predispone claramente a sufrir la infección. 



Un caso de mucormicosis y el hongo responsable (Wikipedia) 


La mucormicosis puede causar:

Una infección de los senos paranasales y del cerebro llamada infección rinocerebral: puede empezar como una infección sinusal (congestión y sangrado nasal) y luego provocar inflamación de los nervios que provienen del cerebro. Las zonas de necrosis pueden ser muy extensas y destructivas, produciendo manchas negras alrededor de la nariz y afectando con frecuencia al ojo (hinchazón y dolor en el ojo, párpados caídos, visión borrosa y finalmente la pérdida del ojo). También puede causar coágulos de sangre, bloqueando los vasos hacia el cerebro. Es más común en diabéticos y en transplantados de riñón. 

Una infección de los pulmones llamada mucormicosis pulmonar: neumonía que empeora rápidamente y que se puede diseminar a la cavidad torácica, el corazón y el cerebro. Puede afectar a personas con cáncer o transplantados de riñón. 

Otras partes del cuerpo: Puede haber afectación de la piel (tras quemaduras o otras lesiones cutáneas, en casos de leucemia, diabetes mal controlada, VIH, o drogadicciones.  

También puede haber afectación del tracto gastrointestinal (en recién nacidos prematuros o con bajo peso). 

La mucormicosis es una enfermedad con alta mortalidad. Entre sobrevivientes del covid-19, la murcormicosis puede dejar secuelas graves como la pérdida de la mandíbula superior y de los ojos.

Se recomienda pues mantener la higiene personal y enfermedades como la diabetes bajo control. En personas que han de manipular tierra, musgo o estiércol, es conveniente usar zapatos, pantalones largos, camisas de manga larga, mascarilla y guantes.  

Esperemos que esta complicación de la covid19 pueda controlarse y evitar su expansión. 


 



La mucormicosi, l'anomenat "fong negre"





Espores productores de mucormicosi 


 
Fotografia al microscopi

Arxiu 


La mucormicosis és una micosi de molt baixa incidència. Fins fa poc, era pràcticament desconeguda a Occident. Segons The New York Times només es produeixen 1-2 casos a l'any als EUA i a Europa. Però recentment han aparegut nombrosos casos, especialment a l'Índia, que afectaven als malalts de covid19, aprofitant les seves precàries condicions immunitàries. I s'expandeix ràpidament a altres països (Brasil, Uruguai, Mèxic, Argentina). Com diu la revista  Scientific American es tracta d'una autèntica epidèmia dins la pandèmia.

Els mitjans de comunicació han fet referència a aquesta malaltia, fins ara oblidada, que es caracteritza per produir zones de necrosi. El color negre d'aquestes zones necrosades ha fet volar la imaginació dels periodistes que han encunyat un nou terme: "el fong negre". Una denominació que ningú no havia fet servir fins ara, però que cada cop es repeteix més, ja que evita la difícil pronunciació de mucormicosis i a més confereix un cert dramatisme a aquesta patologia (ja que recorda la llegendària pesta negra).

Però no cal dramatitzar, doncs la situació ja és prou dramàtica en si mateixa. A l'Índia, on habitualment la incidència ja era més alta que a Europa abans de la pandèmia (uns 50 casos/any), enguany ja s'ha arribat a 28.252 casos (entre gener i juny 2021). El 86% dels casos tenen relació amb la covid19; i un 62,3% afecten a malalts diabètics.



Colònia de Mucor sp. a sobre d'un tomàquet. 

Aquesta malaltia ja va ser descrita per Friedrich Küchenmeister el 1855 i pot estar produïda per diverses espècies de fongs sapròfits, especialment de l'ordre Mucorales (Mucor, Rhizopus...), que es troba habitualment al sòl, les plantes, els fems i les fruites i verdures en descomposició. També es pot trobar a l'interior del nas de persones sanes.

La malaltia no es transmet de persona a persona. Les espores són presents a l'aire, a les sales dels hospitals, de manera que és molt difícil d'evitar. Després d’inhalar les espores, aquestes poden arribar a la mucosa nasal o fins i tot als pulmons. En persones sanes, aquest fet no representa cap perill. Però en persones immunodeprimides, les espores poden afectar els teixits dels sinus nasals, colonitzar els ossos de la cara, els ulls, i finalment afectar directament el cervell. Els candidats a patir la infecció són doncs els malalts de sida, limfomes, leucèmies, o els pacients amb covid19 tractats amb altes dosis de corticoides. La coincidència de diabetis (una malaltia d'alta incidència a l'Índia) i el tractament de la covid19 amb corticoides predisposa clarament a patir la infecció.


Un cas de mucormicosi i el fong responsable (Wikipedia) 


La mucormicosi pot causar:

Una infecció dels sins paranasals i del cervell anomenada infecció rinocerebral: pot començar com una infecció sinusal (congestió i sagnat nasal) i després provocar inflamació dels nervis que provenen del cervell. Les zones de necrosi poden ser molt extenses i destructives, produint taques negres al voltant del nas i afectant amb freqüència a l'ull (inflor i dolor a l'ull, parpelles caigudes, visió borrosa i finalment la pèrdua de l'ull). També pot causar coàguls de sang, bloquejant els vasos cap al cervell. És més comú en diabètics i en trasplantats de ronyó.

Una infecció dels pulmons anomenada mucormicosi pulmonar: pneumònia que empitjora ràpidament i que es pot disseminar a la cavitat toràcica, el cor i el cervell. Pot afectar a persones amb càncer o trasplantats de ronyó.

Altres parts del cos: Pot afectar la pell (després de cremades o altres lesions cutànies, en casos de leucèmia, diabetis mal controlada, VIH, o drogaddiccions).

També pot haver-hi afectació del tracte gastrointestinal (en nadons prematurs o amb baix pes).

La mucormicosi és una malaltia amb alta mortalitat. Entre els supervivents de la covid-19, la mucormicosi pot deixar seqüeles greus com la pèrdua de la mandíbula superior i dels ulls.

Es recomana doncs mantenir la higiene personal i malalties com la diabetis sota control. En persones que han de manipular terra, molsa o fem, és convenient utilitzar sabates, pantalons llargs, camises de màniga llarga, mascareta i guants.

Esperem que aquesta complicació de la covid19 es pugui controlar i evitar-ne la seva expansió.